¡Hasta pronto, hermano Fidencio Duarte!

12 Octubre 2018
¡Hasta pronto, hermano Fidencio Duarte!
Por Ramón Matus (*)
 
Fue amor a primera vista. El muchacho se enamoró de la Revolución (que por entonces solo era un puntito brillante en la oscura noche de la esperanza, una ilusión compulsiva en la mente de un grupito de jóvenes estudiantes). Nagarote y León lo vieron conspirar y luchar. Se hizo guerrillero y como era tan terco, a pesar de las balas y denuncias, decidió no morir en ninguna guerra. Entro a la plaza de la alborotada Managua, el 20 de Julio del 79 encima de una vieja tanqueta con su gran sonrisa, su melena hippy y su uniforme sucio. “Venia tan alegre, que hasta vi linda a la Capital” contaba años después.
 
 Combatiendo a la “contra” en los montes de Nueva Guinea y Rio San Juan conoció a su otro amor a primera vista, que sería su gran amor definitivo y mama de tres niñas (que sumadas a otros niños de una relación madrigal, vendrían a conformar su amada prole): Doña Magaly Baquedano. Una mujer de esas que ya no hay.
 
Fidencio Duarte con su cara de malo de película de vaqueros, su cuerpo menudo y enorme espíritu guerrero, nunca le dijo que no a su Partido rojinegro, ni en sus más grandes desaciertos, como aquella toma de la casa sede de la Unión Opositora, hecha aun sufriendo el dolor de la derrota del 90.
 
Vinieron los años duros del desempleo, luego de su obligado y prematuro licenciamiento del Ejercito. El teniente primero Duarte se convirtió en comerciante y acabado el experimento, se marchó a otras tierras buscando el sustento de su familia
Volvió hace un par de años al lado de su amada familia, ya enfermo, pero siempre alegre y contento, se dedicó con ahínco a trabajar en su pequeña empresa familiar. “Los dos mejores y más felices años de toda mi vida”, decía.
 
Ya no tomábamos como antes, mientras oíamos a la “Venancia pechos de cabra” y “El Playa Girón” en aquellas interminables veladas de antaño en compañía de otro guerrero ido, Felipe Martínez, pero si hablábamos de sus proyectos, del sandinismo (su “gran amor a primera vista”), de los amigos idos, de tristezas y alegrías, de boxeo, de nuestros hijos y, sobre todo, de Nicaragua en positivo y esperanza.
 
Que la tierra te sea leve, hermano, amigo, consuegro, compañero. Por ahí te alcanzo.
 
"Los cobardes agonizan muchas veces antes de morir... Los valientes ni se enteran de su muerte".
Julio César
 
(*) Militante del FSLN.
 
 
 
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