Sanciones y amenazas: la vieja historia de siempre

28 Noviembre 2018
Sanciones y amenazas: la vieja historia de siempre

Por Cecilia Costa, barricada.com.ni

"Lo que está ocurriendo con Nicaragua clama al cielo. Pocas veces se ha visto una política tan descarnada de acoso y derribo como la practicada por los gobernantes norteamericanos contra Nicaragua, con la complicidad activa de toda la derecha internacional y la pasividad de un sector de la izquierda. Dentro de las terribles dificultades con que se mueven, los sandinistas siguen fieles a su proyecto inicial de una revolución no alineada, de una economía mixta y de un sistema político pluralista". Eso fue publicado el viernes 16 de noviembre de 1984 en el diario El País, de España, escrito por Jordi Solé Tura.

Para comentar la noticia de las sanciones que el Departamento del Tesoro dirigió el martes contra la Vicepresidenta de Nicaragua, Rosario Murillo, y contra Néstor Moncada, secretario privado presidencial, hemos decidido rescatar un análisis escrito el 16 de noviembre de 1984. Porque ayer como hoy el imperio no perdona a Nicaragua. No perdona que un pequeño ejército mal armado al mando del General Sandino haya derrotado a sus marines. Y no lo olvida: en el Salón Histórico del Pentágono, cuelgan las placas de bronce con las derrotas militares sufridas en el siglo XX: Nicaragua en 1933 y Vietnam en 1967.

En los ochenta, los gobiernos imperiales no perdonaron a los sandinistas haber guiado a un pueblo entero hacia la liberación. Desde el 19 de julio de 1979, mientras las columnas guerrilleras entraban a Managua, a pocas horas de la histórica celebración del triunfo de la Nicaragua libre, ya las fuerzas contrarrevolucionarias se organizaban (dentro y fuera del país) para impedir a la Revolución Popular Sandinista transformar en realidad el sueño de una patria digna y soberana.

Inmediatamente después del triunfo, la administración estadounidense empezó a organizar, armar y financiar a la contrarrevolución nicaragüense. A cualquier costo, se debía evitar que se "instalara otra Cuba" en el continente latinoamericano. El propósito era llegar a imponer un "somocismo sin Somoza", en alianza con los sectores de derecha, cierta parte del mundo católico y parte del sector empresarial que se declaraba abiertamente antisandinista.

Mientras tanto, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), secundando los planes desestabilizadores promovidos por la CIA, se ocupaba de aislar internacionalmente a Nicaragua, con una fuerte campaña mediática de desprestigio. También en ese momento se acusaba a los sandinistas y a sus líderes de ser "antidemocráticos". En realidad, el imperio no perdonaba a los sandinistas haber derrocado "el último marine".

Esta vez la administración republicana, liderada por el controvertido presidente Donald Trump –cuya política exterior es funcional a los intereses del poderoso complejo militar-industrial que representa el poder fáctico que ejerce lobby en la vida política estadounidense– volvió a manifestarse con evidente injerencismo en los asuntos internos nicaragüenses. Hoy no se perdona a los sandinistas haber transformado a Nicaragua en un país próspero, con las mejores carreteras de Centroamérica, con la cartera de proyectos mejor ejecutada de toda Latinoamérica, con índices envidiables de desarrollo humano sostenible y una seguridad ciudadana ejemplar en la región.

Mal ejemplo

Como en 1933, como en la década de los ochenta, Nicaragua es un mal ejemplo y no sólo para América Latina y el Caribe. Es un mal ejemplo porque ha demostrado que existe otro paradigma, un paradigma socialista, solidario y anticapitalista capaz de traer paz, trabajo y prosperidad a las mayorías.

Hoy la derecha golpista, la derecha vendepatria exulta de felicidad desde sus medios. Muy equivocadamente celebran y magnifican unas medidas que tienen un efecto concreto casi inexistente y que sólo pretenden desprestigiar a Nicaragua frente a la opinión pública mundial.

La sanción contra los dos funcionarios nicaragüenses, consiste en esencia en congelar cualquier propiedad o activo que la Vicepresidenta y el Secretario privado presidencial tengan o controlen en cualquier jurisdicción estadounidense e impiden a personas y entidades estadounidenses hacer negocios con ellos.

La orden ejecutiva, firmada por el presidente republicano de EEUU Donald Trump, reza: "Yo, Donald Trump, como presidente de Estados Unidos, considero que la situación en Nicaragua (…) constituye una extraordinaria e inusual amenaza para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos y, por tanto, declaro una emergencia nacional para lidiar con esta amenaza".

Una vez más, el mandatario, acusó el gobierno sandinista liderado por el Comandante Daniel Ortega, de haber desmantelado la democracia en Nicaragua y de haber reprimido las protestas estalladas en abril, usando la violencia de forma indiscriminada contra la población civil. Es el discurso oficial al cual nos hemos acostumbrado a partir de mediados de abril y que pretende falsificar la realidad. Un discurso confeccionado por el imperio, amplificado y repetido mil veces por los medios de comunicación meanstream, que pretenden de esta forma ocultar el papel jugado por la administración estadounidense en el financiamiento a grupos de derecha, supuestos movimientos sociales y ONG que organizaron el intento de golpe de estado fallido.

Mientras la prensa corporativa internacional sigue negando la guerra de quinta generación a la que fue sometido con brutalidad nuestro país de abril a julio de este año –y de la cual sobran evidencias– la acción tomada por Trump llega como nueva advertencia al Gobierno Sandinista.

Con su acción, el gobierno estadounidense pretende decirle a un pueblo que votó a sus líderes y por un proyecto político cristiano, socialista y solidario, que esta opción no es válida. Que la única opción válida es la "democracia made en USA", la misma que se practicaba en el México de Peña Nieto (con casi 30 mil desaparecidos); la democracia de las elecciones de Brasil, donde el candidato favorecido está en la cárcel sin que nadie haya todavía probado su culpabilidad; la democracia de Honduras, donde hace un año se consumía un fraude electoral que sumió el país en la desesperación que se patentiza hoy en la caravana de migrantes.

El Tesoro de EEUU agregó –como siempre, sin evidencia alguna– que la acción se motiva con el involucramiento de los sancionados en prácticas de corrupción, desmantelamiento de las instituciones democráticas y presuntas violaciones de derechos humanos. Es la retórica clásica de la política exterior estadounidense: todos los líderes latinoamericanos de izquierda que representan una amenaza para los intereses imperiales en este momento se ven señalados como corruptos o enjuiciados sin pruebas consistentes. Recordemos el caso de Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, Rafael Correa en Ecuador y Lula en Brasil.

En los países donde la judicialización de la política no le puede funcionar, como Cuba, Venezuela y Nicaragua, históricamente se han usado los ataques terroristas, la guerra económica y más recientemente la guerra de quinta generación. Por supuesto, nunca el imperio admite su involucramiento en estas acciones.

Pese a la doble moral que los caracteriza, los gobiernos de EEUU siguen presentándose al mundo como los paladines de la democracia y los derechos humanos. No sorprende, por lo tanto, que la Casa Blanca haya expresado que continuará ejerciendo presión sobre el Gobierno sandinista y sus partidarios, sin descartar ni medidas económicas ni herramientas diplomáticas.

Cabe destacar que el pasado primero de noviembre, el asesor de seguridad nacional de Trump. John Bolton, había definido Cuba, Venezuela y Nicaragua como la "troika de la tiranía" y había amenazado con incrementar las sanciones contra Nicaragua, prometiendo que la nación centroamericana sentiría "todo el peso de las sanciones robustas de Estados Unidos".

En esa ocasión el consejero reafirmó que las medidas sancionatorias continuarían hasta que se den elecciones "libres, justas y democráticas", manifestando de esta forma su desprecio hacia la institucionalidad y la decisión que el pueblo nicaragüense expresó a través de su voto hace dos años.

Si la hostilidad en contra de Cuba, Venezuela y Nicaragua fue expresada abiertamente por el asesor, hay que mencionar que en septiembre pasado la intervención del presidente Trump en la ONU, fue interpretada por muchos como un intento de desempolvar la tristemente famosa Doctrina Monroe. Esta doctrina, basada en el lema "La América para los Americanos", fue concebida originalmente en 1823 como herramienta para contrarrestar el colonialismo europeo en el continente americano, y sucesivamente fue utilizada como dispositivo injerencista para intervenir en los asuntos políticos de los países latinoamericanos.

Sanciones para que Nicaragua se rinda

Mientras estamos escribiendo, nos llega la noticia que la noche de este martes fue aprobada por unanimidad en el Senado estadounidense la Nica Act (Ley Nicaraguan Investment Conditionality Act). Aunque falten todavía dos etapas para que la ley entre en vigencia, es evidente que las sanciones y la aprobación de la Nica Act procuran generar incertidumbre en los inversionistas extranjeros y perturbar la economía del país, ya afectada este año por la intentona golpista.

En los años ochenta se usó el arma del bloqueo económico; ahora se vuelve a lo mismo. Sin embargo, lo que la administración de EEUU parece desconocer es que "no se puede vencer a un enemigo que no está dispuesto a rendirse". El pueblo nicaragüense no se rindió ni se rinde, al igual que los valientes pueblos cubano y venezolano.

Los Hijos de Sandino seguirán defendiendo la Revolución y no será esta tercera ronda de sanciones o la amenaza de una próxima entrada en vigor de la Nica Act que lo harán desistir.

A manera de conclusión, compartimos una breve reflexión del periódico Libertad publicada en noviembre de 1980, que nos ayuda a interpretar la coyuntura actual:

"Si la Revolución se hubiera preocupado exclusivamente por erradicar a Somoza dejando intacto su régimen, si hubiera permitido que las minas de oro y otros recursos importantes de la nación continuarán en poder de compañías extranjeras, si no hubiera tocado las tierras ociosas para ponerlas a producir y generar desarrollo y alimento para su pueblo, si no le hubiera dado armas al pueblo para defender sus derechos y conquistas, con toda la seguridad no estaríamos en presencia de una campaña tan asquerosa y millonariamente montada como la que hoy se emprende contra Nicaragua. Los nicaragüenses serían buenísimos, la Revolución sería un dechado de bondades, los principales órganos de la oligarquía y el imperialismo contarían loas al Frente Sandinista".

Aquí Nicaragua Libre. Aquí hay una herencia de dignidad que nunca estuvo ni está en venta. Otra vez enfrentaremos las maniobras injerencistas y defenderemos con nuestras palabras y nuestras acciones la Paz, la Patria y la Revolución.

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