La imprescindible modernidad de Bolívar y Sandino

29 Noviembre 2018
La imprescindible modernidad de Bolívar y Sandino

Por Massimo Angelilli (*)

Ningún sandinista puede sentirse tal, sin sentirse bolivariano.

Puede resultar  un axioma incuestionable o una afirmación de una obviedad incuestionable; sin embargo, contiene en su interior una experiencia histórica difícil ignorar.

La figura de Sandino, por muy arraigada que esté (y no podría ser de otra manera) en su específico contexto geopolítico e histórico, debe su eternidad sobre todo a tres factores. Aunque hay otros de suma importancia.

En este caso, hemos identificado en el trabajo de valorización y reelaboración de Carlos Fonseca Amador, en la biografía esencial de Gregorio Selser y en la tradición oral popular, aquellos de mayor interés. Los inequívocos nexos que se encuentran con las hazañas de Simón Bolívar.

Las repetidas invasiones del ejército estadounidense, desplegadas en suelo nicaragüense, en la primera mitad del siglo pasado, obligaron a un humilde campesino (y luego obrero) de Niquinohomo a tomar las armas. A continuar con la epopeya de Benjamín Zeledón, en la defensa de la legítima soberanía nacional.

A no interrumpir, la construcción de un proyecto continental libre e independiente. De las desproporcionadas ambiciones expansionistas del imperio norteamericano. Propuestas que, como podemos fácilmente constatar, no dismunuirán  durante todo el siglo XX, hasta llegar a nuestros días.

Bolívar así como José Martí y otros ilustres protagonistas del mito original de Nuestra América, dedicó toda su vida a crear una verdadera conciencia latinoamericana y a luchar en contra del colonialismo. Buscando alianzas serias y duraderas, que a menudo se derrumbaron bajo los golpes letales de la traición.

Los mismos que condenaron a muerte a Sandino.

Por lo tanto, las afinidades entre los gigantes de unificación latinoamericana, no solo se reflejan en la luminosidad de sus vidas, sino también en la oscuridad de su triste epílogo. En todo caso, no son suficientes para impedir que la reverberación sea recopilada por las futuras generaciones, para prolongar su propagación.

Gregorio Selser, periodista y escritor argentino residente en la Ciudad de México, fue uno de los primeros en comprender el significado y la enorme importancia de la lucha emprendida por Sandino. En un "pequeño" país como Nicaragua, se escenificaba un choque colosal similar al brutalmente bíblico: David contra Goliat.

Un ejército "improvisado", casi sin armas, pero con la más alta y noble conciencia de luchar por una causa justa, opuesto a la milicia más grande y mejor equipada del mundo, pero animado por un espíritu represivo y mercenario. Un choque desigual, desequilibrado y desleal como sólo puede ser la eterna batalla entre el bien y el mal.

Selser, gracias al título de su biografía sobre Sandino, acuñó una de las denominaciones más exitosas en la historia de las luchas de liberación, no sólo en América Latina: El general de los hombres libres. En estas pocas y fulminantes palabras se recogen los abusos sufridos durante siglos y los deseos de emancipación sin prórroga.

La interpretación en clave clasista, es decir de reinvindicación no sólo "nacional" sino "clase contra clase", se debe inequívocamente a Carlos Fonseca Amador. El fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional, quién sitúo el pensamiento antiimperialista de Sandino en una dimensión marxista y en una perspectiva de descolonización.

Obviamente no fué su único mérito. Creó las bases ideológicas, sociales y militares para continuar el camino iniciado treinta años antes y abruptamente interrumpido por el establecimiento de la tiranía Somocista. Responsable del asesinato del propio Sandino, con la complicidad decisiva de la administración de los Estados Unidos, y precursora de las dictaduras sangrientas que marcaron los años a seguir en todo el subcontinente.

Si bien los rasgos sobresalientes de la guerrilla sandinista, entre los años veinte y treinta del siglo veinte, fueron perfectamente atribuibles a las demandas fundamentales de la izquierda global de ese tiempo- hasta el punto de que Farabundo Martí, uno de los primeros internacionalistas en integrarse con el Ejército del Pueblo y luego líder del Partido Comunista de Salvador, gritó "¡Viva Sandino!" inmediatamente antes de ser asesinado por un pelotón de fusilamiento- no recibieron el apoyo "oficial" de la Tercera Internacional, que como es bien sabido en ese momento no consideraba factibles los proyectos de liberación nacional.

En este sentido, el viaje que el propio Sandino hizo a la Ciudad de México fue emblemático, siendo en ese momento la "cuna" cultural de la izquierda latinoamericana, con el fin de recaudar fondos y adhesiones, en la cual fue recibido por una ovación popular y nada por parte del Partido Comunista, e ese entonces totalmente alineado con las directivas de Moscú.

Sin embargo, el conflicto en tierra nicaragüense había traspasado las fronteras y barreras "ideológicas", exactamente como Bolívar en el siglo anterior. La cuestión nacional, por lo tanto, no podía trascender de la cuestión de clase. La exigencia política, social e histórica de romper de una vez por todas las cadenas del colonialismo, mantuvo unidos estos dos objetivos ineludibles de una venganza sofocada durante siglos, a la cual la Revolución Cubana dio un magistral impulso.

Que no habría sido posible sin la inspiración y el ejemplo de Bolívar; Y, por supuesto, de José Martí.

Figuras históricas, esenciales y de referencia, convertidas en tales también por sus profundas raíces en la conciencia popular. Lo mismo puede decirse de Sandino. Desde las montañas de Segovia, atrincherado con su Ejército loco, no partían únicamente proclamaciones y acciones militares. De ese lugar físico tomaba forma también un imaginario poético, que habría caracterizado la narración dedicada a él. Y no solo. Personajes, hombres, mujeres e incluso niños ("El coro de los Ángeles"), distinguidos por el coraje y la dedicación, pronto se convirtieron en el corazón y el alma de las historias y de las canciones, que se entregarán directamente a la tradición cultural que en breve contribuiría al nacimiento de una sociedad nueva.

Sobre las ruinas de la injusticia, con los brotes sembrados por Simón Bolívar.

Sin embargo, si hay algo realmente poderoso en la universalidad del mensaje dejado por estos precursores de la liberación, es su modernidad.

Los cambios que han ocurrido durante este largo período, no han afectado de ninguna manera la esencia de su pensamiento. Y el peso de lo que han logrado. El capitalismo, y con él su brazo armado el imperialismo, nunca ha cesado su actividad depredadora, “solamente” ha modificado sus formas. Las ha perfeccionado, remodeló, incluso adecuándolas a un modelo menos intransigente y más conciliatorio con los deseos de la "gente común". Utilizando a menudo técnicas de cooptación y participación que van desde las más brutales, como el espantapájaros de privación que provoca la renuncia al paraíso neoliberal; a los más refinados, como la revolución digital.

Sin olvidar el aspecto religioso, no en su expresión oficiante "clásica", sino más bien por el papel totémico y a menudo mesiánico confiado al Mercado. Al cual están subordinados muchos sectores de la sociedad, incluso los más importantes; del trabajo a la salud pasando por esa profunda fisura que es la cultura. Ciertamente no es una coincidencia que Antonio Gramsci sea mucho más conocido, y sobre todo se tome en consideración, en el otro lado del océano que aquí en Italia.

Sin embargo, la capacidad de (auto) regeneración del capitalismo es ahora un tema fuera de discusión. Tanto de superar incluso a uno de sus máximos teóricos y sostenedores, Francis Fukuyama, quien con "El fin de la historia" decretó el triunfo incuestionable del Capitalismo sobre cualquier otro intento de eliminarlo. O, por lo menos de encontrarle una alternativa creíble.

A parte de las experiencias controvertidas y problemáticas experiencias del bloque soviético.

La feliz intuición de Hugo Chávez, de forjar un socialismo del siglo XXI, va en esta dirección. Reformulándolo, ni siquiera paradójicamente, en una fórmula de los orígenes. Es decir, portando a termine, tanto desde el punto de vista geográfico como del contenido, los propósitos bolivarianos y martinianos de una única gran América soberana e independiente.

Si el capital se divide para dominar mejor, el socialismo debe unirse para convertirse en hegemónico. La ley de discriminación está vigente en la economía como en la sociedad y para derrocarla se necesita de la mayor unidad posible.

Por lo tanto, el ALBA - Alianza Bolivariana de las Américas- responde a esta urgente solicitud y une las primeras rebeliones con el proyecto de integración latinoamericana. Basado en el reconocimiento de identidades particulares, y no en particular, y de intereses comunes.  Sobre el apoyo mutuo y reciproco, según las posibilidades de cada realidad individual.

Un tema revolucionario y "antiguo" al mismo tiempo. Que llama directamente a la constitución de la Asociación Internacional de Trabajadores, embrión de la Primera Internacional. Una necesidad inmediatamente sentida por las clases sociales, abrumadas por el advenimiento de la Revolución Industrial. A escala mundial. Esta lectura también puede servir como una "advertencia" contra alguna teoría arriesgada, en nuestra opinión, que sancionó la desaparición de las clases reemplazadas por categorías aún no bien definidas. No es absolutamente cierto que las clases ya no existan, en una versión inteligentemente actualizada, siempre hay una que explota a la otra. La opción de la lucha de clases es, por lo tanto, aún más que válida y legítima.

El subcontinente, con sus dinámicas a menudo llevadas al extremo por una política de agresión permanente perseguida por la administración estadounidense, republicana o democrática, sugiere prácticas de resistencia siempre efectivas en cualquier rincón del planeta. Principalmente en esta Europa, atrapada entre morderse soberanismos y socialdemócratas útiles.

El ALBA refuerza el concepto primordial de solidaridad internacional, de frente a las intenciones nunca abandonadas de interferencia e intervención del poderoso vecino.

Incluso a través de modalidades "insulsas", en comparación con la militarización masiva de la segunda mitad del siglo XX.

Golpes suaves, pero todavía golpes.

Para resistirlo, los millones de Bolívar y Sandino que continúan renaciendo desde el Río Bravo hasta la Tierra del Fuego.

(*) Asociación de Amistad Italia-Nicaragua

https://animainpenna.wordpress.com/2018/11/25/laimprescindibile-modernita-di-bolivar-e-sandino/

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