Nicaragua, el imperio contraataca

30 Noviembre 2018
Nicaragua, el imperio contraataca

Nicaleaks

Mientras muchos golpistas en Nicaragua lloran a moco tendido y abandonan el país convencidos de que su aventura sangrienta iniciada en abril pasado está completamente derrotada, el imperio gringo, su padre putativo, sale al rescate intentando intimidar al sandinismo con sanciones a la vicepresidenta Rosario Murillo y un asesor del Ejecutivo.

Desde que cayeron los tranques de la muerte, la oposición golpista en Nicaragua ha perdido terreno inexorablemente, lo que ha provocado desesperación en sus financiadores y promotores norteamericanos, que pretenden levantarles la moral con sanciones que los traidores a su Patria pidieron desde hace un par de años.

Sancionar a Rosario Murillo y a Néstor Moncada Lau con una “Orden Ejecutiva” de Donald Trump es algo más bien una acción “efectista” que busca moralizar a un grupo criminal vencido que clama ante su benefactor imperial para que castigue –con lo que sea-, a la víctima que se defendió de la agresión, en este caso, el gobierno y pueblo sandinista.

Si la población de Nicaragua -sin distingos políticos-, no resultara afectada de alguna manera por las leyes demenciales de los gobernantes norteamericanos, sería hasta cómico el razonamiento del peligroso payaso mayor de la Casa Blanca: que nuestro pequeño país, uno de los más pobres del mundo, es una “amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos”.

A partir de 2016, Violeta Granera, de la “sociedad civil”; Ana Margarita Vijil Gurdián, entonces presidenta del MRS; Marcos Carmona, director de la CPDH y otros, realizaron constantes peregrinaciones a Estados Unidos para pedirle a la ahora excongresista Ileana Ros-Lehtinen y al senador Marco Rubio, ambos del ala ultraderechista del Partido Republicano, que gestionara sanciones económicas en contra de Nicaragua.

Granera, Vijil, Carmona y los otros, no fueron como un grupo aislado. Eran miembros de una delegación escogida por sus pares opositores asociados en distintas ONG como el CENIDH, CPDH, ANPDH, CINCO, Movimiento por Nicaragua y Hagamos Democracia, entre otros, que a la vez venían entretejiendo los pasos para asestar un golpe de Estado al presidente Daniel Ortega.

La verdad es que se dividieron el trabajo. Unos fueron a Estados Unidos, otros a Europa y hubo quienes como Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal, Gioconda Belli y otros, se dedicaron a reclutar a intelectuales representantes de la nueva izquierda que vegeta cómodamente a la sombra del neoliberalismo y sus medios de comunicación al servicio de los intereses imperiales.

Los grandes empresarios que se unieron al intento de golpe de Estado lo hicieron en parte por el temor a ser incluidos entre las sanciones de la Ley Magnitsky o la Nica Act, y paradójicamente se verían entre los más afectados cuando las sanciones entren en completa vigencia.

Este nuevo ataque injerencista del gobierno de Estados Unidos, confirma lo que el sandinismo sabe desde mediados de julio pasado, cuando cayó el último tranque: los opositores golpistas están desarticulados y lo único que los mantiene con aliento es la relación simbiótica con el gobierno norteamericano, en la que los une el común odio al sandinismo.

Trump, quien dirige una nación que cuenta con el ejército más moderno del mundo con un presupuesto de 583,000 millones de dólares, con más de un millón 400 mil soldados activos y un millón 500 mil en la reserva, pretende hacer creer que Nicaragua, con poco más de 12 mil soldados y con un armamento de lo más elemental, se cierne como un peligro para la mayor potencia del mundo.

El bufón mayor agrede, amenaza, y sus comparsas aquí aplauden y publican “en bruto” todos los estúpidos señalamientos. No ocultan su desesperación por acceder al poder al precio que sea.

Sueñan con que el presidente Ortega salga corriendo junto a su familia y les deje el país para que hagan lo que les venga en gana con los sandinistas. La sanción a la vicepresidenta Murillo los ha envalentonado y otra vez hablan de adelanto de elecciones y de rendición incondicional.

Quieren que el partido que los derrotó en el intento de golpe de Estado, se les humille sumisamente porque se hacen acompañar del bravucón del barrio. Ilusos. No conocen al sandinismo. Tendrán que esperar hasta el 2021 para intentar hacerse con el poder. Las sanciones de sus socios no intimidan, serán ellos los que seguirán huyendo de Nicaragua en la medida en que se convenzan de que están irremisiblemente derrotados.

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