Los altares de la Virgen María, de Bolívar a Chávez

07 Diciembre 2018
Los altares de la Virgen María, de Bolívar a Chávez

Por Francisco G. Navarro (*)/PL

Por el título pareciera que esta crónica acontece en Caracas o Maracaibo, pero lo altares a la Virgen María son la comidilla de muchos en esta capital, que hoy celebrará la fiesta religiosa por antonomasia del país.

Y es que un tramo de la avenida De Bolívar a Chávez, principal arteria vial de Managua, está escoltado desde ambas orillas por medio centenar de retablos alegóricos a la madre de Jesucristo, anunciadores de la proximidad de La Gritería, a la vez que escenario de un animadísimo intercambio social, salpicado de platos y bebidas típicas de Nicaragua acompañadas por sus consiguientes pregones.

Reverbera la capital nica bajo un horno celeste que dispara los termómetros digitales callejeros hasta los 35 grados y las disímiles representaciones de la Virgen Inmaculada se dan un baño de luz y colores.

De noche se ve mucho más bonito, comenta un transeúnte managua como si le leyera el pensamiento al forastero que, a pesar del bochorno ambiental, disfruta el embrujo de la escenografía mariana y el carnaval de artesanías y víveres que circunda los altares.

Porque cuando el sol se acuesta temprano, como siempre sucede en estas tierras volcánicas y lacustres, la magia de la luz creada por el hombre resalta las imágenes de la madre del hijo del Dios.

Las últimas fechas de noviembre y las iniciales de diciembre no lo serían aquí sin la presencia de la doble cordillera de los altares de la arteria bolivariana donde el pueblo llano adorará como lo ha hecho en cuatro siglos distintos a la Virgen María.

Cada institución encargada de levantar un retablo trata de que el ingenio y la inventiva le estampen su sello propio.

Así el erigido por el Instituto Nicaragüense de Pesca y Acuicultura pone a navegar la imagen sagrada de los cristianos en una barca cuyas velas hechas de redes esperan por el soplo de los vientos de la paz y el bien.

Y el común denominador de todas las aras de la Purísima Concepción es la profusión de flores y plantas que hacen del conjunto religioso un vergel, donde ni el castigo del sol meridiano puede impedir que los pulmones se llenen de sosiego.

Lleve su pailita de aluminio, convoca un vendedor callejero o emprendedor como le llaman, mientras exhibe sobre un trozo de pavimento una colección de pequeñas cacerolas y jarros manufacturados con el elemento químico acreedor de la medalla de bronce entre todos los que atesora la corteza terrestre.

Aunque el buen hombre ignore el detalle, propio del campo de la química pura, y solo cavile en cómo llevar a su hogar la cotidianidad del pan, que la honradez multiplica.

A pocos pasos una señora entrada en años invita a probar de su vigorón, esa mixtura de yuca, ajo, cebolla, tomates, repollo, chiles congos, cilantro y el infaltable y crocante chicharrón que hacen la fiesta del paladar sobre la pista verde de unas hojas de plátano.

El rio de esas festividades del cuerpo desembocará la noche de este viernes en el cauce mayor de la Gritería, víspera de la celebración de la madre Inmaculada, cuando miles y miles de devotos tomen las calles bajo un cielo preñado de juegos de artificio y estruendo de petardos para gritar a todo pulmón: '¿Quién causa tanta alegría?' y los celebradores aticen el coro: '!La Concepción de María!'.

Luego diciembre continuará con su paso de mes fronterizo y acto seguido la avenida De Bolívar a Chávez volverá a ser una monumental iglesia al aire libre en cuyas dos riberas asfálticas levanten su gracia los sagrarios del Nacimiento.

Con sus pesebres iluminados por la estrella de Belén y resguardados por el cono flamígero de un volcán, esa esencia telúrica de Nicaragua.

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