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Leonel Rugama contado por su mamá y por Juan Chow

15 Enero 2019
Leonel Rugama contado por su mamá y por Juan Chow

Por Juan Chow (*)

El 15 de enero de 1970, sin llegar a cumplir los 21 años de edad, cayó combatiendo contra todo el ejército somocista, dentro de una casa capitalina, junto con dos jóvenes revolucionarios, el poeta Leonel Rugama, quien viniera a la vida en un valle de Estelí, en 1949. Fue un poeta que, evidentemente, no tuvo tiempo para la literatura. Tomó tan en serio la vida que escogió el camino del martirologio de los santos, para enderezar un mundo hostil; hundiéndose en las catacumbas de la clandestinidad militante, del sandinismo revolucionario de los años 60.

Poco o nada se sabía de Rugama. Un poeta guerrillero era impensable; sin embargo, allí estaba la prueba de lo que él mismo quiso demostrar: Los intelectuales socan. Para demostrarlo, un día abandonó la protección de las catacumbas, y entrevistó a varios de ellos,

 

 

 

 

Entrevista a la madre de Leonel Rugama, doña Cándida Rugama (maestra) realizada en enero de 1989 por Bayardo Gámez y Flor de María Ramírez

 

 

 

proponiéndoles conformar un Comando Guerrillero de Poetas, que asaltaría bancos y colocaría bombas en la embajada estadounidense.

 Casi todos lo vieron como loco; sólo Beltrán Morales le confesó con seriedad que no serviría como guerrillero, y que su papel estaba en la literatura; al punto que cuando una mañana, en el cafetín de la UCA, Leonel le aconsejó que hiciera ejercicios físicos; le respondíó que los había comenzado, y ya levantaba una silla con una mano, mientras levantaba realmente una silla con una mano.

 Rugama creó, en escasos veinte años, como un irónico matemático que ha sentido en carne propia la belleza de las brasas, extraordinarios poemas como La tierra es un satélite de la luna, Como los santos, Las casas quedaron llenas de humo y otros que lo convierten en un caso singular de la literatura hispanoamericana... ¡un raro! Cantó, siendo uno de ellos, la moral de los héroes: Porque los héroes nunca dijeron que morían por la patria, sino que murieron. Un verso de este aliento, epopéyicamente homérico, es invaluable, como invaluables son varios suyos, digamos el que afirma que los pobres no nacen por hambre y tienen hambre de nacer para morirse de hambre.

 Cuando cayó desarmado de su fusil, hacía tiempo que estaba armado por la gracia; porque Leonel Rugama no fue un guerrillero que se volvió poeta, antes bien, fue un poeta que se volvió guerrillero.

(*) Poeta, nacido el 10 de diciembre de 1956. Publicó su primer libro de poesía en 1986, dirigió las revistas literarias Ojo de papel, y Las Palabras Sobran. Director literario de los talleres de poesía ¡Eureka?

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