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Por qué la oposición no quiere negociar

12 Marzo 2019

Por Manuel S. Espinoza J.

En el mundo de especulaciones de la política coyuntural nacional, se perciben varias razones para la salida de la oposición de la mesa del dialogo aun con la presencia de la OEA y el nuncio del Vaticano como garantes y testigos.

Se asegura que prácticamente se salen por una especie de cordón umbilical que los supedita y subordina a la Conferencia Episcopal de Nicaragua. Si bien es cierto el papel protagonista de la iglesia en el intento de derrocamiento del gobierno sandinista, no son estos el verdadero poder que se oculta tras bastidores. Mas bien habrá que verlos como un formato que se complementa y unifica bajo un solo propósito norteamericano y derecha local, incluyendo a la ultraderecha, que es la iglesia. Recuerden, que "la iglesia recoge ofrenda y jamás paga la música". En todo caso es más simple despejar la ecuación aduciendo a una señal de los norteamericanos, que también están más que involucrados en el golpe suave de 2018-2019.

Independientemente de todas las insinuaciones, una lógica es la que adquiere más fuerza y es que necesitan mantenerse a flote en la palestra política nacional. Como dicen en términos militares, "en la visual".

¿Qué tiene la oposición?

Hay claros ganadores políticos entre ellos mismos, pues el desconocimiento de unos como representantes de otros es el día a día en la oposición. Están completamente divididos entre el gran capital (los 15 más ricos de Nicaragua) y los minúsculos grupos políticos que conforman la mal llamada Alianza Cívica y tatatatatá... (por su nombre tan largo). Otros formatos reducidos están tratando de articularse desde el exilio. Ejemplo, el directorio político y militar en la vecina Costa Rica, como en un tiempo lo fuera la contrarrevolución en Honduras al inicio de los años 80.

Están sin capacidad movilizativa –como la que con mucha suerte lograron capitalizar en abril y mayo del año pasado–, con operadores criminales pagando sentencias en prisión y otros fuera del país, sin capacidad mediática nacional como la tuvieron para generar desinformación y desprestigio, y solo cuentan con lo que le reproducen en medios internacionales.

Finalmente han quedado encerrados en un callejón de doble vía: por un lado la crisis económica del país, que ha hecho que los grandes y reales empresarios abandonen su agenda de apoyo de una salida rápida y violenta; y por el otro lado, el formato constitucional y oficial acordado con la OEA. Así, han visto diluirse como el agua entre las manos la victoria a corto plazo.

Tras la recién victoria electoral del FSLN en la Costa Caribe y con la trenada de proyectos de infraestructura y programas gubernamentales y sociales –que a pesar del deterioro de la economía no paran de aparecer como de la nada– la oposición ha visto la inexorable derrota electoral en  2021.

En general, desde hace mucho se dice que con dos puentes a nivel como el de las Piedrecitas o el del 7 Sur, Daniel (o mejor dicho, el FSLN) ganará sin problemas las próximas elecciones presidenciales.

Las opciones golpistas

A la Alianza Cívica y tratatatatá! solo les quedan tres grandes "esperanzas":

A) Poder recuperar el activismo y la movilización en función de una celebración y hasta reedición de lo que iniciaron el 18 de abril del año pasado. (Objetivo a corto plazo)

B) Que EEUU mantenga e incremente su política de presión sobre el gobierno al fin de que esta se manifieste tangiblemente en el estado psicológico de la población y lograr más financiamiento a los diferentes formatos de la oposición (dentro o fuera del país); en el mejor de los casos, iniciar la ayuda paramilitar al golpismo, como ocurrió en los años 80 en Honduras.

C) Que el gobierno de Nicolás Maduro en Venezueal sea derrocado ya sea por la intervención militar, el desgaste total económico, la aniquilación física de los dirigentes más altos del gobierno venezolano o por el derrocamiento vía movilización y protesta permanente en las calles, que genere un baño de sangre y promueva la intervención. En resumen, que esta victoria USA sobre el Chavismo sea un claro ejemplo de terror al sandinismo.

De ahí que lo único táctico, que puedan lograr los dizques opositores locales, es el punto A. No tienen más que generar ruido mediático, presentando una solidez monolítica en política nacional cuando en realidad son solo una caja de resonancia. No tienen ni pueden presentar alguna garantía de cumplimiento de acuerdo alguno. Solo han sabido jugar bien el papel del demandante. Por eso mismo, el clamor por el diálogo se disipa ahora con salidas y entradas. Por ahora, no están interesados en nada más que la recuperación de fuerzas y el momentum para volver a pretender ser relevantes tanto como una opción política para el país.

Con esa misma tónica descarada e irresponsable han seguido y seguirán haciendo política nacional. Esa táctica les ha dado mucho fruto económico a cada uno en lo personal y nada más.

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