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La serie del orgullo perfecto

20 Marzo 2019
La serie del orgullo perfecto

Por Enrique Beteta Acevedo (*)

En Nicaragua el beisbol es el deporte que anima, alegra y llena de disfrute al pueblo humilde. En todos los rincones del país, hay un cuadro para jugarlo, encontrando grupo de muchachos y adultos con guantes y bates esperando el "play ball" para iniciar el partido.

 

La gente se llena de vigor dándole seguimiento a los juegos, jugando con energía y hoy los pequeñines han dado al país gloria, orgullo y reconocimiento al ganar campeonatos en otras latitudes. Beisbol es similar a pensar la paz armónica entre los pueblos; o a encontrar la tranquilidad que disfrutamos en Nicaragua.

 

Bajo ese principio de paz, armonía y tranquilidad seguiremos disfrutando los hits, las bases por bolas, los dobles, los triples, los robos de bases, las jugadas en las bases, los elevados de sacrificio, la atrapada a cordón de zapato, las intrépidas atajadas de los campocorto, el muro de contención en la tercera base, el infranqueable primera base... Crecemos, crecimos y crecen los nicas oyendo o viendo el beisbol como un deporte de disfrute para todos.

 

Conocido como nuestro deporte rey, nos ha dado muchas alegrías y también tristezas cuando competimos en otras tierras y no ganamos como selección nacional; o cuando en los campeonatos nacionales Germán Pomares el equipo de nuestra preferencia cae. El beisbol sigue vigente y firme.

 

Este deporte nos ha dado brillantes exponentes que han viajado a jugar en otros países, incluyendo las Grandes Ligas, que todos sabemos que es como el nivel superior del beisbol, en donde ya tenemos historia. Ahí han estado David Green, Porfirio Altamirano, Vicente Padilla, Everth Cabrera, Antonio Chévez, Erasmo Ramírez, Jonathan Loáisiga, Cheslor Cuthbert, Marvin Benard, Juan Carlos Ramírez, Albert Williams, Oswaldo Mairena, Devorn Hansack, Wilton López, Alex Blandino (nacido en USA de padres nicas) y un señor que con humildad reconocemos que hizo historia en el beisbol, llamado Denis Martínez conocido con el mote del Chirizo.

 

Vómitos de un pobre señor

 

Este último señor atentó hace unos días contra la paz que ofrece el beisbol en nuestro país Incendió con saña la armonía del deporte rey, brindó declaraciones desde la comodidad del imperio sin importarle el veneno que inoculaba en la alegría de los niños que juegan beisbol con dignidad, que representan a esta tierra de lagos y volcanes en cada campeonato, con tanto amor soberano, ese amor que algunos desde la comodidad imperial nunca lo tuvieron. Se sumó gratis a la campaña del odio, pedía acabar con las enormes olas del estadio, solicitaba que los miles de niños y niñas que llegan ver los partidos no tuvieran diversión, dizque por la situación "anormal" del país. Es el mismo que en algún momento pidió una cifra estratosférica de dinero para ser manager de nuestra selección nacional, sin mostrar un ápice de conciencia con las condiciones económicas del país. Ese mismo con alma capitalista, espíritu capitalista.

 

Este mismo señor intentó mediante una campaña llena de cobardía –no tiene otro epíteto de cómo nombrarla– boicotear la serie internacional de beisbol entre Nicaragua y Puerto Rico que se desarrollaría los días 15, 16 y 17 de marzo en el Estadio Nacional que gracias a la Revolución todavía lleva su nombre.

 

La nobleza de este proceso revolucionario es de ese tamaño, tiene ese corazón hermoso, robusto, lleno de amor cristiano, aún a pesar del vómito envenenado arrojado por el señor Denis Martínez, que desde una ciudad imperial pedía a gritos que los hermanos de Puerto Rico no vinieran a Nicaragua a darle alegría al pueblo, a transmitir amor a la pelota, a brindarnos entrada tras entrada (o esa emoción vibrante con vigores unidos en el noveno inning, dejando tendido en el terreno al rival).

 

El orgullo perfecto ponchó al vómito

 

El hombre del vómito no quería que el pueblo asistiera los tres partidos con emoción, que no gritara al egoísta, al vendido, al desclasado, al burgués, que este pueblo se divierte, que se llena de emoción con el beisbol, que nadie lo detiene.

 

Sí, vemos con orgullo el juego perfecto y disfrutamos cada out, pero también tenemos orgullo perfecto, nítido, cristalino, limpito. Ese orgullo perfecto nos hizo ponchar su campaña vomitiva y cobarde contra el pueblo y le pegamos jonrón a sus lanzamientos envenenados.

 

Con nosotros no pudo: el juego del orgullo perfecto se lo ganamos todos, cada lanzamiento que nos envió se lo bateamos y lo disfrutamos, gozamos darle hit, doble, triple y jonrón. Ahí estaban los niños bateándole su lanzamiento al señor Martínez; los adolescentes gozaron cada batazo; las mujeres le robaron base; los adultos de la tercera edad recibieron bases por bolas, y los jóvenes le tocaron bola y se le embasaron todo el tiempo. En ese juego, jugamos todos y todas.

 

Tenemos que agradecer a nuestros hermanos de Puerto Rico que, siguiendo las huellas del astro Roberto Clemente, mostraron firmeza en su decisión de venir a Nicaragua, independientemente de los correos enviados por un grupo de peleles locales y de apátridas que residen fuera de nuestro territorio, a quienes nunca les ha interesado el bienestar del pueblo.

 

Nos deleitamos ver las jugadas de los hermanos de Puerto Rico, gozamos ver el desarrollo de cada inning, y con atención escuchamos sus declaraciones. Los vimos disfrutar en nuestro país. Nos emocionamos cuando develizaron el monumento a Clemente ese mensajero de amor que trajo esperanza y paz al pueblo de Nicaragua en momentos difíciles. Ese mensajero de amor sigue dándole paz a Nicaragua.

 

¡Gracias Clemente, mil gracias Puerto Rico!

 

(*) Viceministro de Salud.

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