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La barahúnda de muertos inventados por los antisandinistas

17 Abril 2019
La barahúnda de muertos inventados por los antisandinistas

Por Vicente Verdaguer

Es muy llamativo que desde el inicio de las protestas el interés de los propagandistas fue el de presentar más y más muertos aunque no hubieran ocurrido, y achacarlos enfáticamente a la policía y a la Juventud Sandinista. Este interés quedo evidenciado de manera permanente en los medios televisivos que recogían los reportes de las redes y las lanzaban al aire sin ningún tipo de verificación.

Una variación del interés pero que apunta a lo mismo, se percibe desde el mismo 19 de abril cuando se comienzan a difundir los reportes de falsos ataques a los "estudiantes" de la Upoli, anunciados con teatro y dramatismo en falsos audios en los que se escuchaba la voz de alguien que lloraba y gritaba "nos están matando". Esta frase luego se convirtió en un llanto o en un grito repetido en todo momento y en todas partes. Más que un grito, tenía la insistencia de un anuncio publicitario. La intención, visiblemente de engaño, era vender la idea de que el gobierno era un asesino.

Desde el inicio la intención apuntó a exaltar los ánimos a través de acciones creadas artificiosamente para engañar, a través de una propaganda muy bien preparada y ejecutada desde las redes con grupos especializados para realizar ese trabajo. Esta campaña de propaganda ya había sido ensayada varias veces, desde varios años atrás, en una permanente campaña de desprestigio emprendida siempre desde las redes y los medios, en contra el gobierno que hacía énfasis en la Policía, y especialmente en la de Tránsito. Una de las campañas más brutales ocurrió –la recordarán– durante la semana santa de 2018, dos semanas antes de que se iniciaran los sucesos de abril. Pero en realidad, desde el primer año de Ortega son muchas las formas usadas para ese mismo efecto, lo cual indica que desde entonces algo ya se estaba preparando.

El propósito de construir una imagen monstruosa de Ortega, había avanzado lentamente hasta antes de abril. Sin embargo, es algo que se logra en las primeras semanas de las protestas cuando la propaganda comienza a presentar el número creciente de asesinados, principalmente los ejecutados por francotiradores.

Y es entendible el interés que ponían los propagandistas anti gobierno en presentar cifras altas de muertos, aunque tuvieran que inventarlos, pues cada muerto agregado a la lista era una campanada que se escuchaba en el mundo entero denunciando a un Ortega asesino en masa. Cada muerto ayudaba a construir la imagen que más favorecía a los planes de la oposición de acabar con su gobierno.  

La barahúnda en redes y medios que hablaba de más y más muertos, tenía una doble función, por un lado atraía la atención más allá de las fronteras, y por otro, servía de estímulo, para que la población se sumara a las calles en la sublevación. Y la sublevación era un efecto lógico, si tomamos en cuenta que la mayoría de los asesinatos se producían en circunstancias aberrantes, que como era de esperarse, al conocerse, provocaban en la población, sentimientos de enojo, tristeza, incomodidad, dolor y luego eso se convertía en odio, repudio y arrojo. El resultado: la gente en las calles.

De esa manera se ponía en uso el arma más eficaz en contra de Ortega: la propaganda repleta de mentiras, desinformaciones, teatros y publicaciones engañosas. Se puede afirmar que sin el uso de estas estrategias embusteras, hubiera sido imposible lograr que la población se sumará anímicamente y se volcara en acción y simpatía hacia quienes desde varios años atrás, venían planificando la destrucción de la economía de Nicaragua con el objetivo de acabar con el gobierno de Ortega.

Está claro que la razón de inflar más y más la lista de muertos, se debe fundamentalmente a un propósito propagandístico de guerra psicológica, pues, qué sentido tendría entonces que en esa lista se incluyera también a los sandinistas muertos e incluso a 22 policías fallecidos durante los sucesos. Pero además, para hacer más sensible el dolor, las listas abultadas buscaban cómo hacer creer que el grueso de los muertos eran estudiantes, cuando la cifra de estudiantes muertos no llegó a ser mayor de 20 en todo el país.

El organismo ANPDH, en su afán de abultar más y más la lista, incluyó en ella a más de 200 personas fallecidas por causas ajenas a las protestas a partir de abril, y esa es la razón por la que sus cifras distan mucho, incluso, de las presentadas por la internacional CIDH.

El interés de doblar la verdad como si fuera un plástico viejo, por quienes han estado comandando los sucesos e instigando desde los medios y las redes, ha llegado al colmo de poner entre los muertos a algunas personas que luego han aparecido vivas, desmintiendo su supuesta muerte.

La propaganda, la desinformación, y todo el conjunto de informaciones falsas engañosas vertidas y distribuidas principalmente en internet y televisión, han jugado un infame y efectivo papel en la conformación de la imagen ahora destruida de Daniel Ortega, tanto nacional como internacionalmente. Y esa imagen se la debe fundamentalmente a que esa enorme cantidad de muertos que aparecen en las listas han sido adjudicados exclusivamente a su autoría en esa campaña que presenta a las fuerzas que acompañan a Ortega como sanguinarios y a los armados detrás de los tranques como angelitos. Y parece que a nadie le importa que gran parte de los muertos sean de origen sandinista, ni siquiera a la CIDH y sus grupos de apoyo GIEI y MESENI, pues los muertos se cuentan parejo y al antojo, y todos van al bolsón contra Ortega. Y ya sabemos que fueron muchos los muertos que claramente fueron causados por las personas que estaban detrás de los tranques y las barricadas.

Y es el mismo interés que queda manifiesto cuando a través de Facebook y hasta en los medios se habla de cientos y hasta miles de desaparecidos. La CIDH no registra ningún nombre que yo sepa y el único caso comprobado es el de un sandinista torturado por tranquistas anti-gobierno de Carazo, cuyo cuerpo aún no ha aparecido.

Ha habido pues un claro interés de los líderes anti sandinistas de agrandar la lista de muertos, de inventarlos y de achacarlos a Ortega, y de señalarlo de estar detrás de los francotiradores. Pero, ¿no les parece que hay algo aquí que no cuadra? Si a Ortega, tal como se demuestra al principio, no le convienen los muertos ¿por qué entonces sería tan tonto como para mandar a matar nada más porque sí? Cualquier político en su sano juicio sabe que asesinando a la población el efecto se volvería completamente en su contra. Pero además, si los opositores tienen esa extraña necesidad de ver más y más muertos, ¿no les parece que es un tanto lógico pensar que esas muertes por francotiradores fueron acciones programadas y ejecutadas por anti-sandinistas para crear el estado de odio en la población que luego los motivaría a apoyar tranques y barricadas?

La primera víctima de francotirador ocurrió la noche del día 19 en el sector de la UPOLI. A partir de este hecho, los asesinatos por francotiradores se volvieron recurrentes, de manera selectiva, en cualquier lugar, a cada momento y, extrañamente, la mayoría de los disparos haciéndose contra jovencitos o niños y sin afectar a los líderes que debían ser, por lo menos esos primeros días, fáciles de visualizar entre los mítines y barricadas.

Así que, a mí nadie me podrá quitar la duda de que esos disparos mortales de francotiradores, sobre la cabeza y el pecho de la mayoría de muertos en los sucesos, fueron realizados por criminales antigobierno, con el objetivo de provocar ánimos en los pobladores para que se insurreccionaran en contra de Ortega. A mí siempre me quedará la duda. Sería muy triste y abominable, me pongo a pensar, que algún familiar de los muchos que fueron asesinados, haya recibido durante la vela o en el funeral, las condolencias de quien asesinó a su ser querido o de quien pago al asesino, o de alguien que sabía de dónde habían llegado los disparos.













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