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Nicaragua a la sombra del fascismo

21 Mayo 2019
Nicaragua a la sombra del fascismo
Managua. Por Stephen Sefton, Tortilla con Sal

En los resultados de sus exámenes finales de la Universidad de la Sorbona, la filósofa francesa Simone Weil obtuvo mejores resultados que Simone de Beauvoir o Jean Paul Sartre. Como escritora, ella entendía bien las diferentes variedades del fascismo e imperialismo occidental. Así que vale la pena prestar atención a su comentario de que los europeos estaban conmocionados por los crímenes nazis porque los nazis les hicieron lo que los europeos le hacían a las poblaciones nativas de sus colonias. El comentario de Weil no era noticia para la gente en el mundo mayoritario, pero vale la pena repetirlo ahora para la gente de Norteamérica y Europa.

La actual política exterior de EE.UU. y de la UE encarna el fascismo en términos de su combinación del poder corporativo con el poder estatal. La ostentosa versión contemporánea da prioridad a los monopolios de las instituciones financieras y de los medios de comunicación para lograr lo que las élites de EE.UU. y de la UE quieren, sin incurrir en la destrucción masiva de guerras con resultados globales inciertos contra antagonistas decididos y obstinados. Ese es el significado subyacente de las sanciones y la constante guerra psicológica contra Rusia, China, Corea del Norte y Siria y, en América Latina, contra Cuba, Venezuela y Nicaragua.

En América Latina y el Caribe, esta realidad es evidente dada la naturaleza de los representantes de EE.UU. y la UE. Estados Unidos y la UE apoyan a los regímenes represivos de crimen organizado en Colombia, Brasil y Argentina y a las y los contrapartes de estos regímenes en la oposición política de Bolivia, Cuba, Nicaragua y Venezuela. Un corolario de ese apoyo es la incapacidad de estos bloques políticos subalternos para decir la verdad u honrar acuerdos, igual que sus gerentes en América del Norte y Europa.

Abundan los ejemplos de esta realidad. A principios de 2018 la oposición venezolana estaba a punto de firmar un acuerdo con el gobierno del presidente Nicolás Maduro, pero lo abandonó en el último minuto por orden del secretario de Estado estadounidense Rex Tillerson. Del mismo modo, las autoridades estadounidenses abandonaron unilateralmente el proceso de relajación de las tensiones con Cuba tras años de negociaciones y, recientemente, han intensificado las sanciones mediante la activación de medidas no usadas anteriormente de la Ley Helms-Burton.

En Colombia, la última violación del cada vez más degradado acuerdo de paz ha sido el nuevo arresto de Jesús Santrich por falsos cargos de tráfico de droga inmediatamente después de su liberación bajo la Jurisdicción Especial de Paz, la disposición judicial clave del acuerdo de paz. Este abuso del acuerdo sigue más de 120 asesinatos de combatientes desmovilizados de las FARC por parte del ejército colombiano y sus aliados paramilitares narcoterroristas. Una mala fe flagrante similar caracteriza el cínico abuso por los gobiernos de derecha del poder judicial en Argentina, Brasil y Ecuador y las fallidas maniobras desesperadas de la oposición en Bolivia contra la candidatura presidencial de Evo Morales.

Este es el contexto regional para las negociaciones políticas aquí en Nicaragua entre el gobierno Sandinista del presidente Daniel Ortega y la oposición a sueldo financiada de una u otra manera por las autoridades estadounidenses. A diferencia de los varios intentos de diálogo en Venezuela, en Nicaragua las conversaciones ni siquiera son con políticos electos. Los representantes de la oposición controlados por Estados Unidos han excluido deliberadamente de las conversaciones a los partidos políticos de derecha por que electoralmente éstos están en bancarrota. Los negociadores de la oposición son casi sin excepción individuos de organizaciones que dependen de una forma u otra del apoyo financiero de Estados Unidos.

El gobierno nicaragüense ha aceptado conversaciones con estas figuras no representativas de la oposición en un proceso mediado por el Nuncio Apostólico y un delegado de la Organización de los Estados Americanos. Las discusiones han continuado formalmente desde marzo de este año, con algunos avances en temas como la liberación condicional de los prisioneros condenados por delitos durante el intento fallido de golpe del año pasado, el regreso de los partidarios de la oposición que huyeron del país el año pasado o las reformas electorales y el fortalecimiento de las garantías constitucionales existentes. Todas estas son concesiones importantes del gobierno.

Por su parte, la oposición se niega a comprometerse a renunciar a la violencia futura o a hacer un llamamiento conjunto con el gobierno para que se eliminen las sanciones económicas que perjudican a la economía nicaragüense. Tampoco parecen dispuestos a acordar un mecanismo que garantice la aplicación de cualquier acuerdo final que pueda alcanzarse. En efecto, parecen pensar que la amenaza de continuar con las sanciones o incluso de una intervención de Estados Unidos los exonera de tener que hacer concesiones significativas.

A medida que avanzan las conversaciones, la buena fe del gobierno contrasta cada vez más con la mala fe de la oposición, tanto para la mayoría del pueblo nicaragüense como para los delegados mediadores.  Como cortina de humo de su perfidia, la oposición organiza periódicamente distracciones, ya sea algún u otro teatro en los medios de comunicación o de manera todavía más cínica y siniestra con la provocación de incidentes de extrema violencia calculada. El último ejemplo de ello ha sido una serie de ataques por parte de opositores, presos por delitos durante el fallido intento de golpe del año pasado, en la penitenciaría donde están detenidos. Pero las autoridades nicaragüenses previnieron el valor propagandístico de esos ataques al invitar a la Cruz Roja a vigilar las condiciones de esos prisioneros, una medida que ha socavado las falsas acusaciones de abuso de parte de la oposición.

Dos cosas permanecen absolutamente claras en esta etapa de los intentos fallidos de EE.UU. y la UE de derrocar al gobierno Sandinista de Nicaragua. En primer lugar, las personas que apoyan a la oposición nicaragüense son cómplices de los esfuerzos profundamente antidemocráticos y antihumanitarios de los gobiernos occidentales para forzar un cambio de régimen contra un gobierno progresista exitoso. En segundo lugar, al igual que sus contrapartes fascistas en Venezuela y Colombia, la oposición nicaragüense son vendepatrias traicioneros comprometidos a servir y obedecer los intereses corporativos extranjeros. Políticamente, no tienen nada que ofrecer en respuesta al impecable plan nacional de desarrollo humano del gobierno Sandinista del Presidente Ortega.

Todo indica que los delegados de la oposición están decididos a encontrar una excusa para abandonar las conversaciones actuales o para renegar de cualquier acuerdo eventual. Los negociadores del gobierno del Presidente Ortega ya han hecho e implementado importantes concesiones, pero se aferran a su exigencia de que la oposición pida el fin de las sanciones económicas. Al final, es posible que se llegue a un acuerdo final, pero los dueños estadounidenses y europeos de la oposición nicaragüense nunca dejarán que la respeten. De hecho, puede que no sea del todo cierto que la oposición de Nicaragua no tiene un plan para su país : quieren ser los gobernantes de un infierno neoliberal como Honduras o Haití.

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