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Mincho, ebanista de sueños, capitán de los grandes

10 Julio 2019
Mincho, ebanista de sueños, capitán de los grandes

Por Marco (publicado por Jossy Alemán)

Ronald Paniagua Gaitán nació en el seno de un hogar humilde en el barrio San Miguel de la ciudad de Masaya, el 21 de Marzo de 1959. Hijo de Enrique Paniagua, de oficio conductor, y de Feliciana "Chanita" Gaitán, una de las más reconocidas artesanas del bordado de la Ciudad de Las Flores.

Con mucho esfuerzo y sacrificio, sus padres le garantizaron estudios de primaria y secundaria, pero de muy joven tuvo que aprender un oficio para contribuir al sostenimiento de su hogar. Trabajó entonces como carpintero y llegó a ser un buen ebanista, de cuyas manos resultaban hermosos labrados en madera. Su conciencia revolucionaria se forjó en ese ambiente, como artesano y como obrero, en donde tuvo también que sufrir humillaciones y recibir pagos que no equivalían al resultado de su arte.

Ya en 1977 Ronald se había integrado al Frente Sandinista de Liberación Nacional, participando en diferentes acciones de oposición a la Guardia Nacional del dictador Somoza. En Febrero de 1978 participó en el brote insurreccional de Monimbó. Cuando cayó Bosco Monge, se dice que Ronald estaba con él.

En octubre de 1978, ante la escalada represiva de la Dictadura que convirtió en un delito ser joven, su madre decidió enviarlo a él y a su hermano Carlos a casa de su hermana en San José, Costa Rica, donde pretendía ponerlos a salvo. Ronald y Carlos se incorporaron rápidamente a trabajar: Ronald como ebanista y Carlos como mecánico y continuaron sus estudios.

Sin embargo, el compromiso y fervor revolucionario de Ronald no le permitió sentirse a salvo y acomodarse. Antes de terminar el año buscó contacto en aquel famoso Parque de la Iglesia La Merced, para integrarse nuevamente al FSLN, con la mala suerte que cayó en una trampa: fue reclutado por un colombiano infiltrado, que se llevó un grupo de jóvenes nicaragüenses patriotas y los llevó a entregarlos a la Guardia de Somoza.

En esa ocasión Ronald escribió una carta a su madre, en la que le planteaba su compromiso indeclinable por la liberación de su pueblo y le pedía perdón por el dolor que le causaba al integrarse a la guerrilla, pero que sus convicciones no le permitían disfrutar de la comodidad de la vida que llevaba en la casa de su tía, que le prometía regresar vivo, con una Patria Libre, en la que la injusticia y la explotación serían cosa del pasado.

A como pudo salió ileso de aquella emboscada y esta vez le tocó más de 15 días regresar a pie hasta San José. Recuerdo que sus pies estaban llagados, en carne viva, pero sus convicciones permanecían inquebrantables.

Fue entonces que me tocó revelarle que tenía varios años de colaborar con el FSLN y que si su decisión era integrarse al frente de combate, lo haría conmigo. En aquellos meses había aparecido el compañero "Ernesto", Iván Montenegro Báez, quien con la compañera Renata, Irma Irene Zúñiga (salvadoreña), habían accedido a llevarnos ante la insistencia de integrarnos al frente de combate. "Deberían entender que nos son más útiles aquí ustedes, que se pueden mover legalmente", decía el Comandante.

A inicios de 1979, después de la dolorosa noticia de la muerte del sacerdote Gaspar García Laviana, fuimos llamados a integrarnos a las filas guerrilleras y viajamos a Liberia, Costa Rica. Allí nos recibieron tres Comandantes del Estado Mayor del Frente Sur: "Ernesto", "Emilio" Javier Pichardo y "Marvin" José Valdivia. Nosotros íbamos tres, Ronald, Johnny –un compañero que había salido de monje "cartujo", músico y cineasta, de origen nica-inglés– y yo. Nos entrevistaron y el primero en decidir fue Ernesto: "Yo me quedo con el obrero" que era Ronald. Emilio me escogió por tamaño y condición, diciendo "este está bueno para ponerle una cincuenta" y en tanto "Marvin" dijo, "yo me quedo con el poeta". Y fuimos remitidos cada uno a las respectivas bases.

Ronald fue seleccionado entonces para formar parte de la Columna "Jacinto Hernández" integrada por 120 hombres y 3 mujeres, al mando de los comandantes "Domingo", Adolfo García Barberena; "Rosendo", Oscar Benavides, y "Ernesto", Iván Montenegro. Su misión, abrir un nuevo flanco de batalla en Zelaya Central y en su momento, recuerdo, se habló en la radiocomunicación de descompresionar al "Danto", Germán Pomares, en la toma de las ciudades del norte.

La misión no logró concretarse. Muchos de los compañeros cayeron emboscados por tropas de la Guardia de Somoza; otros murieron envenenados con "camotillo", una raíz venenosa que se mezclaba con la comida. La población de la zona era oriunda de la región de Occidente, había sido trasladada por la Dictadura de Somoza mediante el Proyecto de Reforma Agraria "Rigoberto Cabezas" (PRICA) y les otorgó títulos de parcelas de 60 manzanas. El verdadero propósito del dictador era descompresionar de campesinos la zona de León y Chinandega para garantizarse el acaparamiento de las mejores tierras del país. Pero estos desafortunados "agradecidos" con el Dictador envenenaron a muchos de los compañeros de la Columna Jacinto Hernández.

Según el relato que "El Venadito" y otros sobrevivientes hicieron a la madre de Mincho, la escuadra llegó hasta un lugar llamado "La Batea", donde tuvieron un enfrentamiento con la Guardia Nacional Somociana. Mincho les cubrió la retirada.

Dice "Venadito" que él le rogó: "No te quedes hermano, venite con nosotros", pero el compañero quedó cubriendo la retirada, con sus convicciones, sus sueños y su grito de "Patria Libre o Morir".

Compañero Ronald Paniagua Gaitán: ¡Presente, Presente, Presente!

Por los héroes, nuestros muertos, juramos defender La Revolución.

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