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Dejen de conspirar, mójense sus blancas nachas, asoleen sus calvas jupas y organicen su partido

09 Julio 2019
Dejen de conspirar, mójense sus blancas nachas, asoleen sus calvas jupas y organicen su partido

Por Ramón Edilberto Matus

Los finos y especializados artesanos del milenario arte de la cristalería están convencidos (y con toda la razón) que solo ellos dominan a la perfección la técnica de soplar a través de la granula y crear pacientemente maravillosos objetos y utensilios de cristal. Aunque a ojos de los incautos e inexpertos, tal tarea parezca fácil e insulsa.

Incautos, inexpertos, pero sobre todo ambiciosos, inescrupulosos, arteros y traidores a su propio país, resultaron las élites y los desclasados que han pretendido tumbar al gobierno y entregar al país (¡otra vez!) a los gringos. Creyeron que ambos despropósitos resultarían fáciles y muy rápidos de conseguir. No solo es soplar y hacer botellas.

El Presidente no huyó abandonando el gobierno como el de Ucrania en su momento, ni el US Marines Corp desembarcó en Corinto para instalar a un títere suyo en Managua, ni los bombarderos, misiles cruceros o drones asesinaron a nuestros líderes, ni mucho menos ningunas "tropas de Paz" intentaron "restablecer la Democracia" en nuestro suelo.

Han sido meses de arduo trabajo de búsqueda de la Paz de la nación, por la reconstrucción de la Economía y la lucha por la defensa de nuestra Soberanía a nivel diplomático, en todos los foros e instancias. El sacrificio y paciencia del pueblo y la tenacidad de nuestros líderes van dando frutos; el golpe fue derrotado y el encarrilamiento verdaderamente democrático y constitucional del país avanza pese a todo.

Los aprendices de golpistas, si quieren ser parte de esta nueva oportunidad de reconstrucción cívica y pacífica de la República, tendrán que abandonar el chantaje, la amenaza y el entreguismo y demostrar aunque sea niveles mínimos de patriotismo. De lo contrario, quedarán autoexcluidos del proceso aunque continúen con su campaña de descrédito a nuestras autoridades, daño a la economía y sigan invocando a fuerzas exógenas a la intervención.

Pero al final, si (como ellos mismos han pregonado) la solución pasa por la realización de elecciones nacionales, ¿cómo pretenden ser parte de este esfuerzo colectivo sin un vehículo electoral?

Desde la independencia hasta el triunfo de la Revolución Popular Sandinista en 1979, trece constituciones políticas soslayaron el derecho inalienable de los ciudadanos nicaragüenses a organizarse políticamente, dentro de un marco particularmente normado, con la excepción de las famosas "paralelas históricas" libero-conservadoras.

Por extraño que parezca, el Frente Sandinista, un partido tildado por esa misma derecha ultraconservadora de ser "verticalista", "antidemocrático" y "hegemónico", es precisamente el único que en casi doscientos años de historia republicana de Nicaragua creó la estructura legal y dio rango constitucional a leyes que garantizan el pluripartidismo, la libertad y el derecho de los ciudadanos de cualquier estrato social, raza y género para que formen partidos políticos, bajo reglas democráticas garantizadas por la Ley.

Los decretos de la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y luego la primera verdadera Ley de Partidos Políticos de 1983, la Constitución revolucionaria de 1987 y la Ley Electoral de 1988 (que dejó atrás, en amplitud y profundidad a la norma somocista de 1974) que más tarde sería reformada en una nueva Ley en los años noventa y en 2000, siempre contando con la participación definitiva de la bancada sandinista en la AN.

El marco legal ahí está para que los advenedizos de la "Alianza cívica" o como quieran llamarse, tengan mediante un proceso de diálogo y consenso con nuestro gobierno y otros participantes invitados, el derecho de utilizarlo.

No es un secreto que esta "Alianza" (que en realidad es sólo una suma de individuos sin representatividad propia, designados por la cúpula del gran capital criollo) pretende negociar cargos y cuotas de poder para ellos mismos, a espaldas del resto de la "oposición" organizada formalmente en Partidos políticos. Sin embargo, esto ya no es posible.

El gobierno, cabeza de un Estado que consolida su capacidad negociadora (luego de recibir un claro espaldarazo de la mayoría del pueblo nicaragüense) con otros actores y jugadores no solo a lo interno, sino con Estados Unidos (principal impulsor del golpe derrotado), la Secretaria General de la OEA y otras organizaciones y gobiernos claves para la solución negociada y constitucional del conflicto, no está dispuesto a seguir perdiendo su valioso tiempo con un interlocutor devaluado, sin peso ni categoría para asumir los compromisos y retos que la reconstrucción del país demanda.

Una reforma a la Ley Electoral (o cualquier otra reforma) que posibilite constitucionalmente la celebración de elecciones de autoridades nacionales, regionales y municipales, en tiempo y forma, sólo puede ser el resultado de acuerdos sensatos con contrapartes serias e idóneas y la ineludible participación de los Poderes del Estado nicaragüense con o sin el acompañamiento respetuoso de actores calificados internacionales, si así lo definen las partes dialogantes.

Esa es la única ruta. Insistir burda e idiotamente en la falsedad de la vinculación y obligatoriedad de las resoluciones internas de la Asamblea Permanente o de cualquier índole de la OEA, de los organismos dizque de Derechos Humanos o la cansina amenaza de sanciones económicas contra nuestro país por parte de actores extranjeros, pues aparte de inmorales, resultan obviamente inútiles frente a la dignidad y decisión de nuestro pueblo y nuestro gobierno.

El tiempo se agota: busquen con sinceridad el dialogo.

Nosotros no los necesitamos para continuar la reconstrucción del país. Dejen de conspirar y creer que todo es muy fácil. Organicen su partido, tejan su alianza, mójense sus blancas nachas, asoléense sus calvas jupas en los caminos y calles de nuestro país, a ver si encuentran quien quiera votar por los vendepatria y el primer Domingo de Noviembre del 2021 los esperamos en las urnas de votación.

Nosotros los sandinistas siempre estamos preparados y dispuestos, sea al trabajo, al combate, a elegir o ser elegidos. Somos más y mejores.

El resto es puro cuento de ustedes, pues no es tan fácil soplar y hacer botellas. O como diría mi mamá: "No es lo mismo verla venir, que platicar con ella".

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