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A corazón abierto, ¡Patria y Libertad!

16 Agosto 2019
A corazón abierto, ¡Patria y Libertad!

Por José Aragón, poeta y pintor nicaragüense residente en España

En el 2018, un sector de la extrema derecha nicaragüense que históricamente ha estado al servicio de los intereses norteamericanos, intentó  subvertir, por medio de un golpe de estado violento, la paz, la estabilidad, la convivencia y el progreso  que con tanto esfuerzo se ha venido construyendo en el país durante los últimos doce años.

Aquella acción terrorista que pretendió desafiar al pueblo y destruir los logros sociales y los derechos conquistados por y para las mayorías de nicaragüenses, terminó convirtiéndose en el mejor escenario para evidenciar la fuerza, la unidad, la decisión, la inteligencia, la generosidad  y el patriotismo de la dirigencia sandinista, la militancia y el pueblo nicaragüense alrededor de un proyecto de país que tiene como centro de sus políticas a las personas, hombres y mujeres, que por siglos habían sido marginados de cualquier oportunidad y derecho. 

La década de los años 90 hasta el 2006, sumaron 16 años de desastres neoliberales en los cuales la derecha nicaragüense tejió un inmenso laberinto de corrupción, tráfico de influencias, combinado con una pésima gestión administrativa que  terminó entregando nuestra soberanía económica a los organismos financieros controlados por el imperio yanqui y dejó como herencia una crisis energética sin precedentes, los más elevados índices de desempleo y pobreza que generaron insoportables niveles de violencia, delincuencia e inseguridad ciudadana. 

Por eso, cuando en el 2007 el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) asumió el gobierno del país, la dirigencia y la militancia sandinista junto a la mayoría del pueblo, concentraron sus esfuerzos de manera prioritaria y frenética en las tareas urgentes. Tareas  que pusieran fin a la interminable lista de  problemas sociales causados por las políticas inhumanas de los gobiernos de Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños que dejaron sumido al país en el mayor desastre social, económico, cultural y moral jamás vivido en tiempos de paz.

En estos últimos doce años, por medio de ese intenso trabajo, el gobierno sandinista logró diseñar y aplicar efectivas políticas de desarrollo que han beneficiado al pueblo trabajador de la ciudad y el campo, poniendo  énfasis en el impulso y fortalecimiento del papel de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad, la protección y cuido del medio ambiente y el combate de la pobreza extrema que, como hemos dicho, con los gobiernos neoliberales alcanzó niveles indecentes. Hoy, ese esfuerzo sandinista y sus resultados altamente positivos, son reconocidos por la ONU, el Foro Económico Mundial y hasta por el Secretario General de la OEA Luis Almagro que, recientemente se ha referido a la gestión del gobierno nicaragüense en estos términos: “(Daniel) Ortega, teniendo muchos menos recursos, trata de resolver el tema de salud, el tema de educación, sigue tratando de resolver los temas sociales de su país”.

Y es que, desde el 2007, el rostro de Nicaragua ha cambiado radicalmente. Hoy en todo el territorio nacional son visibles los resultados de la gestión sandinista que se reflejan en modernos hospitales, nuevas carreteras, bellos parques infantiles y de recreación familiar, escuelas; comunidades rurales y barrios de todas las ciudades disfrutan del servicio de energía eléctrica y agua potable que mejoran exponencialmente la calidad de vida y la salud de la población; los pueblos del caribe y el pacífico por fin están unidos por una extensa carretera asfaltada que facilita el intercambio comercial, cultural y humano entre las dos importantes regiones; un moderno estadio deportivo se alza sobre el horizonte de Managua que, junto al Polideportivo Alexis Argüello y el Paseo Salvador Allende, conforman un orgulloso reflejo de nuestras aspiraciones de paz, progreso, dignidad y engrandecimiento de nuestra laboriosa nación.

Ante una gestión de gobierno tan eficaz con resultados y avances evidentes en todas las áreas, el apoyo del pueblo ha ido creciendo y, desde el 2006, en cada elección que se convoca, el FSLN ha sumado votos de los sectores obreros, campesinos, artesanos, emprendedores y mujeres que se han visto beneficiados por cada uno de los programas impulsados por el gobierno revolucionario. Un ejemplo claro de ese reconocimiento y apoyo del pueblo a las acertadas políticas del gobierno fue cuando, aun en medio de la violencia golpista, los pueblos de la costa caribe nicaragüense fueron convocados a elecciones regionales y votaron abrumadoramente por los candidatos y el programa del FSLN, dejando en evidencia la necedad política de los sectores derechistas violentos que osaron poner a prueba la inteligencia de un pueblo que por primera vez disfruta los beneficios de la paz y el progreso.

El año pasado, en la euforia de su aquelarre sangriento, los dirigentes golpistas proclamaban, a voz en cuello, el fin del sandinismo y amenazaban con operaciones de exterminio a los militantes que, según sus delirios malévolos, no alcanzarían en el avión que se llevaría al exilio a la dirigencia del FSLN. Un año después, mientras la dirigencia golpista se divide cada día más y se desgasta en sus luchas intestinas por beneficios personales y por ganarse el favor del imperio, el 19 de julio recién pasado el pueblo nicaragüense dio una demostración de fuerza, unidad y apoyo popular sólido y decidido al proyecto sandinista y a sus dirigentes principales, Daniel y Rosario en esta lucha por la paz, la convivencia y el desarrollo que nos merecemos. ¡Cumplir cuarenta años celebrando la paz en medio del acoso y sed de venganza del imperio y sus serviles, no es tarea fácil, es una hazaña heroica y el mejor homenaje a los hombres y mujeres que han ofrendado su vida en esta patriótica lucha!

En estos cuarenta años el mundo ha cambiado en muchos aspectos. Han cambiado las fronteras y el clima; el capitalismo ha llenado los mares de basura y ha desforestado selvas enteras; el imperio norteamericano ha impulsado guerras sangrientas en Irak, Libia, Siria, Afganistán, provocando los mayores desastres humanitarios que han convertido al Mar Mediterráneo o la frontera norte de México en macabros sitios donde se ahogan y mutilan las esperanzas de millones de seres humanos que huyen de las bombas, la muerte y el hambre que el imperio y sus aliados imponen a sus humillados países. En Estados Unidos y Europa se han construido muros y cárceles con los que  intentan amedrentar y disuadir a los millones de personas que emigran de unas tristes realidades provocadas por el violento saqueo imperial que roba petróleo, oro y todo tipo de materias primas, cegando vidas humanas para alimentar su enfermizo e irrefrenable instinto consumista que está llevando al límite las capacidades del planeta…

Todo ha cambiado en el mundo en el transcurso de estos 40 años, menos la obsesión del imperio por apropiarse de Nicaragua y esclavizarnos. Lo intentó el filibustero Walker, lo intentó William Howard, Calvin Coolidge o Ronald Reagan, pero en todos sus intentos, siempre se han encontrado con la valentía y el coraje de nuestros héroes que han defendido con sus vidas la dignidad de nuestra querida patria. Este año, la apoteósica celebración del 40 aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista, dejó muy claro que el ejemplo de Zeledón, Sandino o Carlos Fonseca, está vivo en miles y miles de corazones rojinegros, patriotas revolucionarios aglutinados en el FSLN dispuestos a dar la batalla por la defensa de la paz, el respeto a nuestra soberanía, nuestra identidad y nuestros valores. Somos una gran Nación. Tenemos el privilegio de habitar sobre una tierra fértil, bella exuberante. Somos hombres y mujeres inteligentes, laboriosos, pacíficos, emprendedores  y orgullosos de nuestra identidad y de nuestros logros. Somos un país que quiere vivir y convivir en paz, desarrollarse y compartir con el mundo el amor, el respeto y la amistad.

Este año,  este 19 de julio el pueblo entero ha  alzado su voz y energía para dejar muy claro a la extrema derecha que en nuestro país ya no caben sus violentas estratagemas que sólo han llenado nuestra historia de dolor, humillación, explotación y pobrezas. El grito unánime de los nicaragüenses es hoy el mismo que Sandino alzó en Las Segovias contra el yanqui y sus serviles: ¡Vamos a seguir construyendo la paz, el progreso y defenderemos a corazón abierto, Patria y Libertad!

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