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Hasenfus, una espía sandinista y la caída de los halcones de Reagan

07 Octubre 2019
Hasenfus, una espía sandinista y la caída de los halcones de Reagan

Por Manuel Espinoza

El 5 de octubre de 1986, en la zona de El Tule, a unos 30 kilómetros al norte de la ciudad de San Carlos en el departamento Rio San Juan, colindante con Costa Rica, el Ejército nicaragüense derribó un avión tipo C-123K. La nave procedía de la base de Ilopango en El Salvador y transportaba pertrechos militares para abastecer a las tropas contrarrevolucionarias de ARDE, que operaban al sur de Nicaragua bajo el mando de Edén Pastora. La tripulación se componía de cuatro tripulantes. Tres de ellos norteamericanos y un nicaragüense. Como resultado del derribo dos de los norteamericanos y el nicaragüense murieron.

Los norteamericanos eran mercenarios contratados por la CIA y ya le habían servido en operaciones similares en el sudeste asiático, sobre todo en el periodo de la guerra en Vietnam. Williams Copeer (piloto), Wallalace Blane Sawyer (copiloto), Eugene Hansenfus (estibador) y el nicaragüense Fredy Vílchez (radio-operador de la contra). Hansenfus saltó antes del impacto y logró sobrevivir. Al día siguiente fue encontrado y capturado en una choza abandonada por tropas del EPS, destacándose el recluta Raúl Antonio Acevedo que prestaba su Servicio Militar Patriótico (SMP), quien al verlo le gritó: "¡Rendíte gringo o te volamos verga!".

Las naves mercenarias en vano trataban de evitar a los radares sandinistas a viajando a unos 700 o más metros de altura. Los cohetes anti-aéreos tierra-aire, C2M de fabricación soviética, o "flechas" como en la tropa se les denominaba, eran utilizados para colimar (dar una dirección única o paralela a un haz de luz) y abatir blancos aéreos a mas altura. Además, la precisión de los "flecheros" José Fernando Canales y Byron Montiel, quienes reciben la orden de disparar sus "flechas", logra impactar la nave de fabricación norteamericana. El avión transportaba 13 mil libras de armas, 100 mil cartuchos para fusiles AK-47, 60 AK-47 plegables, 60 RPG-7 y 150 pares de botas marca "jungla".

Esta es la parte que más se conoce de este capítulo de la guerra de la administración Reagan contra la Revolución Sandinista en la década de los 80. En todo caso, las imágenes de un yanqui mercenario capturado, atado y conducido por los tres cachorros del SMP que se destacaron en esta acción, es la que por décadas ha recorrido el mundo como muestra de la heroicidad del pueblo nicaragüense ante la intervención yanqui, y tal como Sandino es la demostración viva de que son y serán siempre vencidos por nuestro pueblo en nuestro territorio nacional.

Casi todo se conoce sobre los muchos antecedentes importantes y muchos otros hechos después del derribo, que hacen que ese flechazo estremezca al gobierno norteamericano a su más alto nivel y derrote a los directores intelectuales principales de la guerra sangrienta contra nuestro país. La emboscada antiaérea colocada con exactitud tuvo resultados más complejos que la interrupción del abastecimiento a las fuerzas contrarrevolucionarias, la captura del gringo y la cantidad de armas y las imágenes de victoria sandinista a nivel internacional.

Otros resultados del flechazo

Antes de ese histórico flechazo, en junio de ese año Nicaragua había salido victoriosa sobre el gobierno de EEUU con el fallo de la Corte Internacional de justicia en la Haya, declarándolos culpable por la guerra directa de desgaste económico impuesta y sentenciándolos a pagar 17 mil millones de dólares por acciones de terrorismo de Estado, evidenciado en el manual de operaciones psicológicas elaborado por expertos de la CIA (léase operaciones de terror contra el pueblo de Nicaragua) así como por las voladuras de los tanques de petróleo y el minado en varios puertos de Nicaragua.

Pero los norteamericanos, que nunca pensaron en perder en La Haya, desacataron la sentencia: su embajador se levantó de la sala de la Corte antes que se dictaminara el fallo, al saber de antemano cuál sería el dictamen. Se supo desde ese momento cuál sería la actitud sinvergüenza de EEUU ante ese mandato jurídico internacional. Hoy se entiende más que nunca.

Frenar la guerra sangrienta contra nuestro pueblo y seguir evidenciando el nivel de involucramiento del gobierno de Reagan continuaba siendo una necesidad urgente, pues las puertas de La Haya seguían abiertas a más casos en su contra. Esa es la razón principal que mueve la declaración del gobierno sandinista al denunciar que el avión de Hansenfus era una muestra de las acciones clandestinas del gobierno norteamericano contra el nuestro. Sobre todo, porque dentro del avión se encontraron muchos documentos que evidenciaban su involucramiento de diversas formas.

Una serie de acciones conspirativas de los órganos de inteligencia de Nicaragua fueron echadas a andar para llegar a este resultado y echar a andar una nueva etapa en la develación internacional de la agresión norteamericana. Muy poco se ha abordado a lo interno sobre este tema, pero los norteamericanos aseguran que el derribo del avión se logró por la penetración de los órganos sandinistas en las filas contrarrevolucionarias, tanto en el FDN en el norte como en ARDE en el sur.

Una espía sandinista

En varios libros (en inglés), los norteamericanos escriben que se supone que desde las filas del mando de ARDE se dio a conocer el día, el vuelo y la ruta para propiciar el derribo. Pero no siempre eran norteamericanos quienes hacían esos vuelos de abastecimientos. Todo esto coincidió con que hacía muchos meses atrás la CIA ya había alertado sobre las dudas que recaían sobre la amante del contra conocido como Policía López o L-26, radicado en Honduras, a quien le recomendaron alejarse de ella por ser informante sandinista. Por eso, la CÍA lo trasladó a la base de Ilopango en El Salvador, para desde ahí coordinar los vuelos de abastecimiento a las fuerzas contrarrevolucionarias que operaban a lo interno de Nicaragua.

El L-26, desconociendo la advertencia, posteriormente logró llevar a su amante a vivir con él en la base aérea. El día que derribaron al avión de Hasenfus, al ver que eran norteamericanos los que es día volarían hacia Nicaragua, la mujer activó su canal de comunicación secreto y avisó a Managua.

Inmediatamente apareció en todos los medios de comunicación de EEUU la respuesta de la Administración Reagan a través del entonces subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos, el tristemente célebre Elliot Abrams (actual inquisidor en los asuntos de Venezuela), quien aseguró que el gobierno norteamericano no tenía relación alguna con esos vuelos. Tal falsedad le costaría a Abrams cinco años de investigación por parte del congreso, diversas comisiones y jueces de corte en busca de su propio involucramiento en este tipo de actividad ilícita y en contradicción con las cinco enmiendas Boland emitidas por el Congreso mismo.

No pasó mucho tiempo cuando parte de los documentos encontrados en el avión sacaban a la luz una triangulación de venta de armas para inyectar fondos a la "Contra" entre EEUU, Israel e Irán a espaldas del congreso norteamericano y violando las enmiendas Boland (1982), que establecían la prohibición de utilización de cualquier tipo de recursos de Estados Unidos para derrocar al gobierno en Nicaragua y las acciones de cualquier agencia en actividades de inteligencia para derrocar al gobierno nicaragüense. Ya el 10 de octubre, tan solo cinco días después del derribo, Abrams era llamado a testificar sobre lo ocurrido.

Lo encontrado en el avión dio origen a que en noviembre de 1986 uno de los escándalos más agudos de crisis política en la historia de Estados Unidos conocido como el Irán – Contra. Tal fue el nivel de cataclismo que hasta el mismo Ronald Reagan podía ser destituido de su cargo. Al final, Reagan logró escaparse, pero muchos funcionarios del ejecutivo no.

Caen los halcones de Reagan

El 26 de febrero de 1987, la comisión Tower entregó su informe donde se detalla los interrogatorios a 80 testigos, incluyendo al propio Ronald Reagan,  y a dos de los intermediarios del comercio de armas: Manucher Ghorbanifar y Adnan Khashoggi. En el informe se ponían en tela de juicio las acciones de John Poindexter (Consejero de Seguridad Nacional 1985-1986), Coronel Oliver North (del Consejo de Seguridad Nacional y Enlace con la Contra) Caspar Weinberger (Secretario de defensa 1981-1987) y otros. La comisión determinó que Ronald Reagan no tenía conocimiento detallado del programa y en especial sobre la financiación con esos fondos a los Contras nicaragüenses.

El 16 de marzo de 1988, Oliver North y John Poindexter del NSC fueron acusados de múltiples cargos. En 1990, Poindexter fue condenado de varios cargos de conspiración, por mentirle al Congreso de Estados Unidos, obstrucción a la justicia, y alterar o destruir documentos relativos a la investigación. Caspar Weinberger fue condenado por mentirle al consejero independiente de Estados Unidos, Lawrence E. Walsh. A partir del derribo del avión de Hansenfus, la investigación prosiguió hasta cinco años después, logrando inculpar a finales de 1991 a otro grupo de funcionarios.

Muchos de los otros funcionarios condenados son personajes renombrados. A Abrams se le encontró culpable de dos acusaciones de uso de información privilegiada. Otto Reich (jefe de la Oficina de Diplomacia Pública para América Latina y el Caribe). John Negroponte (Embajador en Honduras). Clair George (Jefe de Operaciones de la CIA) Duane R. Clarridge (Jefe de la División para L.A de la CIA). Alan Fiers (Jefe de la Fuerza de Tarea Centro América dentro de la División para Latinoamérica de la CIA). Robert McFarlane (Consejero de Seguridad Nacional 1981- 1983)

Para mayor de su amargura, Ronald Reagan se negó a darles el indulto. No fue sino hasta 1992 que el nuevo presidente George H. W. Bush (quien fue jefe de la CÍA y vicepresidente durante los ocho años de Reagan) perdonó a los seis oficiales de la administración Reagan: Abrams, Fiers, George, McFarlane y Weinberger.

Sin duda alguna, el estremecedor impacto del derribo de ese avión de Hansenfus sigue en su sonido ensordecedor a la espera de más filibusteros que se atrevan a ensangrentar a nuestro país.

Saludos siempre de admiración a esa juventud heroica sandinista de todos los tiempos.

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