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Carlos Arroyo, un 17 de octubre

18 Octubre 2019
Carlos Arroyo, un 17 de octubre

Por Vivian Torres Solís, periodista y militante del FSLN

Yo fui testigo de cómo asesinaron a Fermín. Nunca lo escribí. La Guardia no supo quién era y le decían el "guerrillero desconocido". Pero yo lo reconocí en cuanto cayó de espaldas desde lo alto de la malla, a escasos tres metros de donde yo estaba en aquél momento. "¡Hey! –me dije. ¡Es Fermín, ese es Carlos Arroyo!".

Era el 17 de octubre de 1977, cerca de las dos de la tarde. Habíamos terminado de trabajar en el noticiero Sucesos en Radio Corporación. Las oficinas estaban en Ciudad Jardín al oriente de Managua. Incendiario fue el informativo porque transmitimos la represión de la Guardia la noche anterior y la madrugada de ese día en Masaya. El grupo de periodistas alistamos los casetes y las grabadoras mientras planificábamos la cobertura para esa tarde.

De pronto escuchamos tatatatatá… "¡Eh!, esos son balazos", gritamos y luego el runrunrun de un helicóptero. Asomada a la ventana de la oficina veo la nave y grité: "¡Allá pasa algo, hay tiroteo!". Tomé mi grabadora, la encendí y salí en carrera de la sala de redacción. El Gordito, José Esteban Quezada, nuestro jefe, gritó "¡corré Teatino! (Santana, mi colega en el notirciero) ¡No la dejés sola!".

Corrimos por Ciudad Jardín, hacia el noreste, con la mirada hacia el cielo fijándonos en el helicóptero rasante. Llegamos hasta los semáforos de la Colonia Tenderí. Seguía la balacera. La gente en la calle corría y gritaba desesperada. "Doñita, ¿qué pasa?", le pregunté a una vecina. "¡Ay, hija!, la guardia va siguiendo a un muchacho y le va disparando allá por el Colegio" (Maestro Gabriel).

Aparecieron varios camiones de la Guardia. Eran un montón. Con cascos, pecheras, sambrones, granadas, botas, fusiles. Los dirigía el coronel Manzano, jefe de Tránsito en Managua, y un capitán Vega. Todos operaban en las instalaciones de la Guardia Nacional conocidas como La Aviación, donde hoy es la sede de la Policía Nacional en Managua, el complejo Ajax Delgado.

Teatino y yo nos metimos en los callejones de la Colonia Tenderí, para evitar a la Guardia y los disparos desde el helicóptero. Llegué a la malla norte del Instituto Maestro Gabriel, detrás de lo que hoy es INETER, en las cercanías de las oficinas del INSS, donde ahora queda Migración.

Desde la malla lo vi al guerrillero. Saltó sobre la parte oeste de la malla del colegio, de unos dos metros de altura. Se impulsó, puso el pie izquierdo en la alambrada y se proyectó al tubo superior de donde se agarró y se volantineó hacia dentro. Cayó al patio de pie, arma en mano. Corría y corría, veloz y solo, por el patio de unos 150 metros de extensión. Llegó al otro lado de la malla y de nuevo saltó cayendo en la callecita del barrio San Luis.

Yo corrí pegada a la malla. Los balazos no cesaban. Llegué al tope y lo vi venir de regreso, pues al salir a la callecita, del otro lado, venían los Guardias. Él se metió a una casita de paredes de madera. Y los guardias dispararon desde afuera, y ahí fue donde dentro de la casa matan a Flor de Liz Robles, una jovencita estudiante que ahí vivía.

Sale el muchacho de la casita al patio. Corre y dispara. La Guardia también le vuela bala. Y me tiré a tierra. Mi grabadora encendida, mirando siempre. No debía perderme nada. Y ahí lo reconocí. "Santa Madre, si ese es Fermín, ese es Carlos Arroyo".

Se regresó y en medio de la balacera, se lanza sobre la malla. Salta, pone el pie izquierdo en el cerco y se impulsa hacia arriba. Sujeta el tubo superior. Y en ese momento se oye de nuevo el ratatatatá de una ametralladora. Le acertaron en la espalda y cae boca arriba. Pero está vivo. Lo veo vivo.

Y se le acerca prepotente el tal capitán Vega. Lo ve que está vivo. El montón de guardias alrededor. Alguien hablaba por radiocomunicador. Ya no se oía el helicóptero. Estoy grabando, mirando la escena. Y Vega levanta el pie izquierdo, calzado de botas negras militares y se lo coloca en la garganta. Se está ahogando en sangre.

Vega levanta el fusil M-16 y le dispara a la cabeza. Luego ráfagas. Lo asesinó. A sangre fría. Grité y me solté en llanto, tendida en la tierra de esa callecita. El Guardia volteó a verme. Viendo el peligro, mi colega Teatino me arrastró hacia atrás. Y salimos de ahí.

Minutos después informábamos en la radio, y entró una llamada telefónica para mí. Era el "Tío Luis" mi responsable clandestino en el FSLN. "Flaquita, sé que lo reconociste. La Guardia no sabe quién es. No digás su nombre. Hay que ganar tiempo", me ordena.

Ese mismo día, ya había caído Pedro Arauz cerca de Tipitapa. Más tarde, en otras partes de la ciudad también golpea la Guardia. Y también Genoveva y Angélica caen allá por el Cine Cabrera y capturan a varias militantes en la casa de seguridad de donde había salido Carlos Arroyo, en Residencial Las Mercedes.

A esa casa había llegado Róger Langrand a recogerlo en un carro de su propiedad. Salieron alrededor de las dos de la tarde. En la casa quedaron tres mujeres militantes entrenadas política y militarmente.

Langrand tomó la Carretera Norte y se dirigió hacia el oeste. Llegó a la Colonia Maestro Gabriel, adonde Carlos Arroyo debía instalarse en una nueva casa de seguridad. Carlos descendió del carro y casi al llegar a la vivienda, se da cuenta que la casa ya estaba tomada por la Guardia y se devolvió.

Minutos después, Langrand volvió a pasar por el sitio donde bajó Carlos, como se hacía siempre que se transportaba a un clandestino. Ahí lo encontró y Carlos subió al carro. Enrumban hacia el noreste, pero ya los habían detectado los agentes somocistas. En carros particulares los siguieron por las calles del barrio Blandón. Ahí se une el helicóptero y los guardias uniformados.

Al día siguiente llegó a nuestras oficinas vociferando el dueño de la radio, Fabio Gadea, pidiendo que le dijera el nombre del guerrillero porque el coronel Aquiles Aranda se lo estaba exigiendo y señalaba que "esa periodista seguro que sabe su nombre".

"No, no sé quién es", le respondí al energúmeno.

En 1979 triunfa la Revolución. El tal capitán Vega no huyó a tiempo. Fue capturado y juzgado en los Tribunales Populares Antisomocistas. Me llevaron como testigo. Y fue la única vez que relaté esto. Lo condenaron por asesinato. Cumplió diez años en la cárcel. Lo sacaron en 1990 y se fue del país.

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