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Carta de Carlos Fonseca a su padre, 1959

13 Noviembre 2019
Carta de Carlos Fonseca a su padre, 1959

Guatemala, 22 de abril de 1959

Querido Papá:

El miércoles ocho de abril vine a Guatemala en un avión militar piloteado por los tenientes Zeledón y Villalobos y de custodia el teniente Agustín Torres López. Este último fue también el que llegó en la madrugada del día mencionado a traerme a "La Aviación". Debo decirle que cuando me sacaron a esa hora de la celda sufrí una gran sorpresa. Por un momento temí que lo hacían con el objetivo de golpearme porque la oscuridad es la hora propicia de los malvados. Fui comenzando a ver las cosas claras cuando el carro no tomó la dirección que conduce a la presidencial sino la que lleva al aeropuerto "Las Mercedes". En el avión se me dijo que me llevaban a la República Dominicana, lo cual francamente no me afligió. Lo que se me vino a la cabeza fue que en la Dominicana existía un ambiente desconocido para mí que me dificultaría continuar participando en la lucha por la justicia y la libertad para todos los hombres –el pueblo–, en la lucha contra este mundo en que la alegría es patrimonio exclusivo de cuatro antropófagos.

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Bueno, pues, para no cansarlo terminaré ya la forma en que me dejaron en Guatemala. Después de llegar al aeropuerto "Aurora" me llevaron a la embajada de Nicaragua donde Torres López explicó secretamente (!!) al embajador un informe sobre mi persona, en el que en primer lugar seguramente estaba el hecho de haber sido enviado yo a Moscú a entrenarme. Parece que esos imbéciles jamás podrán darse cuenta que no es en Moscú donde se aprende a luchar y que Managua, como Santo Domingo y Madrid son las mejores escuelas de entrenamiento político porque en ellas uno puede sufrir el tremendo dolor de contemplar a miles de personas viviendo, o mejor dicho muriendo bajo la ignorancia y la miseria. Tal espectáculo despierta en los seres honrados una capacidad combativa como solamente lo podría hacer la mejor escuela. Después de presentarme al embajador González, éste expresó que lo conocía a usted. Inmediatamente yo les hice ver las pésimas condiciones en que yo era dejado, sin ropa, con los zapatos en mal estado y sin personas conocidas en el país que me pudieran ofrecer ayuda. El tal embajador se limitó a decir que no había recibido órdenes de ayudarme. Yo le demostré que eso no hacía razonable negarme la ayuda. Cuando yo ya estaba cansado de la terquedad del embajador fui conducido a la propia ciudad, en una de cuyas calles me dejaron "libre".

En medio de toda mi sorpresa y mi soledad no fue posible que perdiera la tranquilidad. Busqué a la organización estudiantil "Asociación de Estudiantes Universitarios", quienes me han dado hospedaje y me han buscado un empleíto en la feria, todo lo cual me está sirviendo para organizar mi vida aquí. El ambiente que existe en la universidad de aquí es magnífico. La cultura se siente hasta en el aire. Todos reconocen que fueron los diez años de Revolución lo que produjeron una universidad de esa calidad. Pienso estudiar en la facultad de derecho todo el tiempo que permanezca fuera de Nicaragua, que supongo durará varios meses. No he comenzado a estudiar porque la matricula aquí terminó hace varios meses y todavía la Asociación no me ha conseguido una autorización que está gestionando.

En resumidas cuentas el viaje a Guatemala me está resultando ventajoso porque me ha brindado la oportunidad de conocer más de cerca la experiencia de este pueblo que durante mucho tiempo atrajo el interés de toda América. No se puede decir que el gobierno de este país sea democrático sino más bien que el pueblo no permitiría un gobierno peor. El movimiento estudiantil posee una seriedad, una capacidad para enfocar los problemas importantes que le ha hecho posible ganar una gran influencia en la vida del país.

Nunca, como ahora que por la fuerzas se me ha separado de mi pueblo, me he sentido tan cerca de las penas de ese pueblo. Nada en el universo me hará desertar de las heroicas y gloriosas filas de luchadores por el bienestar de la humanidad. Toda mi vida me daré enteramente a esa causa. Siento orgullo cuando me doy cuenta que entrego a la humanidad, al pueblo Nicaragüense, lo mejor que se puede poseer: la juventud, porque la vida es la juventud. Alguien, usted mismo, me preguntará en que consiste mi ganancia al participar en una lucha. Entonces contesto: esta ganancia existe pero decidimos que no sean nuestras manos las que deban recibirlas sino las millones de manos populares, manos de niño, manos de muchachas, de madres, de artista, manos populares. En esta lucha ganamos la felicidad del hombre que es a vida sin engaño, la vida sin robo, la vida llena de amor. Somos millones de luchadores con espíritu así y yo todavía tengo ante mí el deber de progresar, de mejorar.

En la foto, en primer plano, Fausto Amador, padre de Carlos Fonseca

Querido Papá:

Usted no puede medir el cariño que le tiene este su hijo. Y por eso es precisamente que sufro cuando recuerdo la situación a la que tiene que servir. Y en la vida de usted no solamente eso me hace sufrir. Yo creo que usted tiene un corazón sensible al dolor humano. También reconozco su especial capacidad de trabajo, su inteligencia para trabajar. Digo que sufro cuando me doy cuenta que un hombre –mi padre– con cualidades elevadas ha tenido que vivir todo el tiempo en un ambiente maldito en que devorar es lo fundamental.

Y ya que todo esto último es motivo de sufrimiento para este hijo, quiero gozar la alegría de saber que mi padre siente satisfacción por el destino que he escogido.

Saludos a doña Lolita, Iván, Fausto Orlando.

Lo abraza,

Carlos

Para que la contestación me venga sin ningún obstáculo escríbame al siguiente nombre y dirección:

M. Richard Kong,
11 Avenida, 17–22, Zona 1,
Guatemala, A.C.



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