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La Rosa Roja, el águila de la Revolución, Rosa Luxemburgo

16 Enero 2020
La Rosa Roja, el águila de la Revolución, Rosa Luxemburgo

Por Josefina L. Martínez, diario Contexto, España, 15 de enero de 2017

Franz Mehring, periodista, político e historiador alemán, dijo una vez que Rosa Luxemburgo era "la más genial discípula de Carlos Marx" (paradojas del destino, Mehring falleció 14 días después de Rosa).

Brillante teórica marxista y polemista aguda, como agitadora de masas Rosa Luxemburgo lograba conmover a grandes auditorios obreros. Uno de sus lemas favoritos era "primero, la acción", estaba dotada de una fuerza de voluntad arrolladora. Una mujer que rompió con todos los estereotipos que en la época se esperaban de ella, vivió intensamente su vida personal y política.

Era muy pequeña cuando su familia se muda desde la localidad campesina de Zamosc hacia Varsovia, donde transcurre su niñez. Rozalia sufrió una enfermedad de la cadera, mal diagnosticada, que la deja convaleciente durante un año y le produce una leve renguera que dura toda su vida. Perteneciente a una familia de comerciantes, siente en carne propia el peso de la discriminación, como judía y como polaca en la Polonia rusificada.

La actividad militante de Rosa comienza a los 15 años, cuando se integra al movimiento socialista. Según su biógrafo P. Nettl, tenía esa edad cuando varios dirigentes socialistas fueron condenados a morir en la horca, algo que impactó profundamente en la joven estudiante. "En su último año de escuela era conocida como políticamente activa y se la juzgaba indisciplinada. En consecuencia, no le concedieron la medalla de oro por aprovechamiento académico, a la que era acreedora por sus méritos escolares. Pero la alumna más sobresaliente en los exámenes finales no solo era un problema en las aulas; para entonces era, de seguro, un miembro regular de las células subsistentes del Partido Revolucionario Proletariado".

Alertada de que había entrado en el foco de la policía, Rosa emprende una huida clandestina hacia Zúrich, donde se convierte en dirigente del movimiento socialista polaco en el exilio. Allí conoce a Leo Jogiches, quien será amante y compañero personal de Rosa durante muchos años, y su camarada hasta al final.

Después de graduarse como Doctora en Ciencias Políticas -algo inusual para una mujer en ese entonces-, finalmente decide trasladarse a Alemania para integrarse en el SPD, el centro político de la Segunda Internacional. Allí conoce a Clara Zetkin, con quien sella una amistad que dura toda la vida.

La batalla por las ideas

En Berlín desde 1898, Rosa se propone medir sus armas teóricas con uno de los integrantes de la vieja guardia socialista, Eduard Bernstein, quien había comenzado una revisión profunda del marxismo. Según él, el capitalismo había logrado superar sus crisis y la socialdemocracia podía cosechar victorias en el marco de una democracia parlamentaria que parecía ensancharse crecientemente, sin revoluciones ni lucha de clases. El "debate Bernstein" sumó muchas plumas, sin embargo, fue Rosa Luxemburgo quien desplegó la refutación más aguda en el folleto "Reforma o Revolución".

La revolución rusa de 1905, la primera gran explosión social en Europa después de la derrota de la Comuna de París, fue sentida como una bocanada de aire fresco por Luxemburgo. Escribió artículos y recorrió mítines como vocera de la experiencia rusa en Alemania, hasta que logra introducirse de forma clandestina en Varsovia para participar de forma directa en los acontecimientos. Es el "momento en que la evolución se transforma en revolución", escribe Rosa. "Estamos viendo la revolución rusa, y seríamos unos asnos si no aprendiéramos de ella".

La revolución de 1905 abrió importantes debates que dividieron a la socialdemocracia. En esta cuestión, Rosa Luxemburgo coincidía con Trotsky y Lenin, frente a los mencheviques, defendiendo que la clase trabajadora tenía que jugar un papel protagónico en la futura revolución rusa, enfrentada a la burguesía liberal. El debate sobre la huelga política de masas atravesó a la socialdemocracia europea en los años que siguieron. El ala más conservadora de los dirigentes sindicales en Alemania negaba la necesidad de la huelga general mientras que el "centro" del partido la consideraba como una herramienta únicamente defensiva, válida para defender el derecho al sufragio universal. Rosa Luxemburgo cuestiona el conservadurismo y el gradualismo de esa posición en su folleto "Huelga de masas, partido y sindicatos", escrito desde Finlandia en 1906. Este debate reaparece hacia 1910, cuando Luxemburgo polemiza directamente con su anterior aliado, Karl Kautsky.

Socialismo o regresión a la barbarie

La agitación contra la Primera Guerra Mundial es un momento crucial en su vida, un combate contra la defección histórica de la socialdemocracia alemana que apoya a su propia burguesía, en contra de los compromisos asumidos por todos los Congresos socialistas internacionales.

En su biografía, Paul Frölich señala que cuando Rosa se entera de la votación del bloque de diputados del SPD, cae por un momento en una profunda desesperación. Pero como mujer de acción que era, rápidamente responde. El mismo día que se votaban los créditos de guerra, en su casa se reunían Mehring, Karski y otros militantes. Clara Zetkin envía su apoyo y poco después se suma Liebcknecht. Juntos editan la revista La Internacional y fundan el grupo Spartacus.

En 1916 Rosa Luxemburgo publica "El folleto de Junius", escrito durante su estadía en una de las tantas prisiones que se han transformado en residencia casi permanente. En este trabajo plantea una crítica implacable a la socialdemocracia y la necesidad de una nueva internacional. Retomando una frase de Engels, Luxemburgo afirma que, si no se avanza hacia el socialismo, solo queda la barbarie. "En este momento basta mirar a nuestro alrededor para comprender qué significa la regresión a la barbarie en la sociedad capitalista. Esta guerra mundial es una regresión a la barbarie".

En mayo de 1916, Spartacus encabeza un mitin del 1 de mayo contra la guerra, donde Liebknecht es arrestado, pero su condena a prisión provoca movilizaciones masivas, se anuncia un tiempo nuevo.

1917: atreverse a la revolución

La revolución rusa de 1917 encontró en Rosa Luxemburgo una firme defensora. Sin dejar de plantear sus diferencias y críticas, sobre el derecho a la autodeterminación o acerca de la relación entre la asamblea constituyente y los mecanismos de la democracia obrera -sobre esta última cuestión cambia de posición después de salir de la cárcel en 1918-, Rosa escribe que "los bolcheviques representaron todo el honor y la capacidad revolucionaria de que carecía a social democracia occidental. Su Insurrección de Octubre no sólo salvó realmente la Revolución Rusa; también salvó el honor del socialismo internacional".

Cuando la sacudida de la revolución rusa impacta directamente en Alemania en 1918 con el surgimiento de consejos obreros, la caída del káiser y la proclamación de la República, Rosa aguarda impaciente la posibilidad de participar directamente de ese gran momento de la historia.

El gobierno queda en manos de los dirigentes de la socialdemocracia más conservadora, Noske y Ebert, dirigentes del PSD -este partido se había escindido con la ruptura de los socialdemócratas independientes, el USPD-. En noviembre de ese año el gobierno socialdemócrata llega a un pacto con el Estado mayor militar y los Freikorps para liquidar el alzamiento de los obreros y las organizaciones revolucionarias. Rosa y sus camaradas, fundadores de la Liga Espartaco, núcleo inicial del Partido Comunista Alemán desde diciembre de 1918, son duramente perseguidos.

El 15 de enero, un grupo de soldados detuvieron a Karl Liebknecht y a Rosa Luxemburgo (en las fotos) cerca de las nueve de la noche. Rosa "llenó una pequeña valija y tomó algunos libros", pensando que se trataba de otra temporada en la cárcel. Enterado del arresto, el gobierno de Noske dejó a Rosa y a Karl en manos de los enfurecidos Freikorps -cuerpo paramilitar de exveteranos del ejército del Kaiser-. Se organizó una puesta en escena: al salir de las puertas del Hotel Eden, los dirigentes Espartaquistas fueron golpeados en la cabeza con la culata de un rifle, fueron arrastrados y rematados a tiros. El cuerpo de Rosa fue tirado al río desde el puente de Landwehr a las sombrías aguas. Recién se lo encontró tres meses después.

Un año antes, en una carta desde la prisión dirigida a Sophie Liebknecht, en la víspera del 24 de diciembre de 1917, Rosa escribía con un profundo optimismo sobre la vida: "Es mi tercera navidad tras las rejas, pero no lo tome a tragedia. Yo estoy tan tranquila y serena como siempre. (…) Ahí estoy yo acostada, quieta y sola, envuelta en estos múltiples paños negros de las tinieblas, del aburrimiento, del cautiverio en invierno (...) y en ese momento late mi corazón con una felicidad interna indefinible y desconocida. (…) Yo creo que el secreto no es otra cosa más que la vida misma: la profunda penumbra de la noche es tan bella y suave como el terciopelo, si una sabe mirarla".

Clara Zetkin, tal vez quien más la conocía, escribió sobre su gran amiga y camarada Rosa Luxemburgo, compartiendo ese optimismo después de su muerte:

"En el espíritu de Rosa Luxemburgo el ideal socialista era una pasión avasalladora que todo lo arrollaba; una pasión, a la par, del cerebro y del corazón, que la devoraba y la acuciaba a crear. La única ambición grande y pura de esta mujer sin par, la obra de toda su vida, fue la de preparar la revolución que había de dejar el paso franco al socialismo. El poder vivir la revolución y tomar parte en sus batallas, era para ella la suprema dicha (…) Rosa puso al servicio del socialismo todo lo que era, todo lo que valía, su persona y su vida. La ofrenda de su vida, a la idea, no la hizo tan sólo el día de su muerte; se la había dado ya trozo a trozo, en cada minuto de su existencia de lucha y de trabajo. Por esto podía legítimamente exigir también de los demás que lo entregaran todo, su vida incluso, en aras del socialismo. Rosa Luxemburgo simboliza la espada y la llama de la revolución, y su nombre quedará grabado en los siglos como el de una de las más grandiosas e insignes figuras del socialismo internacional".

Su vida contada en una novela

Por Josefina L. Martínez y Alejandra Ríos, diario Contexto, España, 3 de mayo de 2017

La Rosa Roja, la novela gráfica de la escritora e ilustradora británica Kate Evans, nos acerca a la vida de la revolucionaria socialista con humor, sensibilidad e ingenio. El libro fue publicado en Reino Unido en 2015 por Verso Books y ahora se presenta en castellano. Se ha lanzado un proyecto de crowdfunding para publicarlo en España.

Kate Evans recrea la vida de Rosa Luxemburgo desde su juventud hasta su asesinato, acompañándola en su actividad militante y su vida personal: sus amantes, su pasión por la botánica o la poesía, los debates teóricos y los largos periodos en la cárcel. La autora capta con emoción algunos los momentos más decisivos de su biografía, a través de ilustraciones de gran belleza. La juventud de Rosa y sus primeras experiencias militantes con tan solo 15 años en Polonia, su viaje a Berlín para integrarse en el Partido Socialdemócrata alemán, las luchas teóricas y políticas contra el revisionismo de Eduard Bernstein, su admiración por la Revolución Rusa y sus combates contra la guerra imperialista. Conversamos con Kate Evans en Bristol, unos días antes del lanzamiento de La Rosa Roja en España y América Latina.

Rosa nació en una familia judía polaca bajo la opresión del imperio ruso, fue una mujer militante en un mundo político dominado por los hombres, luchó contra corriente para forjar su propio destino, era una mujer con espíritu indomable. ¿Qué significa para ti la figura de Rosa Luxemburgo?

Fue un gran honor poder recrear la historia de Rosa Luxemburgo para una audiencia amplia, porque ella es un raro ejemplo de alguien que nunca se dejó vencer por la vida. Aun cuando ahora es recordada como una mártir, ella en realidad es mucho más que eso, porque cada momento que vivió, lo hizo al máximo, plenamente. Está el ejemplo personal de su vida y su obra, pero también el elemento de sus argumentos relevantes contra el capitalismo, contra el imperialismo y contra las injusticias en todas sus formas. El capitalismo, el imperialismo y las injusticias siguen depredando el mundo en estos días, por lo que tenemos que tomar el ejemplo de Rosa Luxemburgo para luchar activamente contra estas amenazas.

En las anotaciones finales del libro cita innumerables fuentes, desde su correspondencia, sus trabajos teóricos y hasta periódicos de la época. ¿Cómo ha sido el trabajo creativo?

El proceso de crear La Rosa Roja comenzó con una investigación intensa de todos los escritos de Luxemburgo que pude encontrar. También leí muchísimas de sus cartas, que son fantásticas porque son como pequeñas iluminaciones sobre su vida personal; y después lo que hice fue crear la historia, tratando de utilizar sus propias palabras en todos lados donde se pudiera. En ocasiones usé alguna cita que ella hizo en un contexto muy diferente, pero convertí esas palabras en las que ella pronunciaba en la historia. Y eso permitió darle vida al personaje, a Rosa Luxemburgo.

En la obra hay una reconstrucción histórica y hasta una geografía urbana de la época, que nos sitúa en Berlín, en Londres, en París y en Varsovia, todos los lugares donde estuvo Rosa Luxemburgo...

Es un proceso pictórico intenso crear una novela gráfica, por lo que tuve que investigar cada detalle de cómo lucía Rosa y los lugares donde vivía. Viajé a Berlín, pero, claro, Berlín fue destruida en la Segunda Guerra Mundial, por lo que se convirtió en una suerte de "misión histórica" para tratar de encontrar pequeñas remembranzas de la Alemania de aquella época, para encontrar el contexto donde transcurrió su vida.

Durante un año tuve unas 25 o 30 fotografías de Rosa Luxemburgo en mi estudio, que estaban pegadas por todas partes... Entonces todo el tiempo parecía que Rosa Luxemburgo estaba mirándome, me interpelaba. Yo la estaba dibujando y pensaba, "vaya, la estoy dibujando sexy, no sé qué pensaría ella de esto", pero supongo que ella entendería que vivimos en una sociedad mucho más libre, donde este tipo de representaciones más sexuales pueden ser hechas, y le hubiera gustado seguramente [se ríe].

Es cierto, el libro tiene muchos dibujos que retratan su vida privada, su cuerpo desnudo, su actividad sexual. ¿Por qué te pareció importante que apareciera esta dimensión íntima en la historia?

El sexo era importante para ella. Tenía amantes y era muy activa para elegirlos. Sobre la representación de su cuerpo desnudo, Rosa debía haber tenido vello en las piernas y en el pubis, y así la dibujé. La manera en que la industria porno ha moldeado las representaciones del cuerpo de las mujeres es algo que también tuve la oportunidad de desafiar en la novela.

Volviendo a su obra, Rosa Luxemburgo ha hecho grandes aportes a la teoría marxista y al movimiento socialista internacional, con su obra Reforma o Revolución, la lucha contra la guerra imperialista o sus escritos económicos que profundizan sobre las contradicciones de la acumulación capitalista. Para usted, ¿qué es lo más vigente del legado de Rosa Luxemburgo en la actualidad?

Rosa es una marxista, y creo que Marx ha aportado la crítica más coherente del capitalismo. El capitalismo se encuentra muy cuestionado en este momento. Tenemos un neoliberalismo arrasador, que conduce a la consolidación del poder y el dinero en las manos del 1%. En realidad, estamos viendo un retorno a los valores victorianos de la peor manera posible, en términos de desmantelamiento de las condiciones relativas al bienestar de las personas en todo el mundo. Por lo que una crítica al capitalismo es muy útil en este momento. Rosa fue una lectora, una periodista, una teórica y una revolucionaria socialista.

Por último, ¿tienes algún mensaje para transmitir a las lectoras y lectores de su obra en castellano?

No voy a intentar decirles a las mujeres españolas o latinoamericanas cómo hacer una revolución, porque pienso que lo hacéis muy bien por vosotras mismas. Cuando voy a España me encuentro con toda esa solidaridad y ese activismo político, que siempre es muy inspirador para mí, como británica, ya que no tenemos esa misma forma de ser, y por lo tanto yo no tengo nada que enseñaros a vosotros, que sois los expertos. Pero espero que las personas encuentren placer en la historia de Luxemburgo, al mismo tiempo que coraje, fuerza e inspiración.

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