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Sandino ante sus detractores

14 Febrero 2020
Sandino ante sus detractores

Por Rafael Casanova Fuertes, historiador. Conferencia impartida el 16 de febrero de 2012 en Niquinohomo

Como todas las grandes figuras de la historia, Sandino, no solo fue personaje de carne y hueso, sino también un ente mixtificado desde distintos ángulos, tanto por sus detractores como también por sus admiradores.

El predominio total de medios locales libero–conservadores y el control de las transnacionales capitalistas sobre las agencias internacionales de noticias, hizo que se planteara una imagen distorsionada de Sandino y su gesta heroica. Entre estas elucubraciones malignas, estuvo la presentación de Sandino como un vulgar bandolero, a sus hombres y seguidores como tales. Posteriormente, en la medida en que su lucha fue más conocida, hubo otros recursos como el de reconocerlo como patriota y nacionalista liberal, pero a la vez, existió el mecanismo de ignorar sus propuestas revolucionarias. En otros extremos, sus detractores lo presentaron, como un ser incongruente en términos ideológicos y hasta un individuo irracional y desequilibrado.

Con el ascenso del FSLN en 1979, surgieron nuevos mecanismos o recurrencias, para que se dudara del papel del héroe. Los opositores derechistas al proyecto revolucionario, desde su concepción peyorativa sobre los movimientos revolucionarios, concibieron a un "Sandino destructor de la propiedad y la sociedad al igual que sus reivindicadores, los sandinistas de los años ochenta". En fin, una serie de atributos negativos, que tenían como principal objetivo, desprestigiar al principal referente simbólico e histórico de la Revolución Popular Sandinista (RPS).

Estas distorsiones se dieron desde el mismo momento en que Sandino inició su lucha en Las Segovias, pero emergieron con más énfasis en los años ochenta pero, sobre todo, después de los años noventa, con el retorno de las fuerzas conservadoras al poder político. Tiempo en que los intelectuales conservadores no solo apuntaron al desprestigio de Sandino, sino a una total desnaturalización de su papel ante la historia, para borrarlo oficialmente como el Héroe Nacional reconocido a estas alturas por la generalidad de la población y la opinión pública internacional. Esta pretensión –como se conoce– no contó con el respaldo de mayoría de los intelectuales ni del mismo pueblo nicaragüense.

Por esa razón, el presente enfoque tiene por objeto hacer una valoración crítica de las mismas, concluyendo con la presentación de un perfil de Sandino sobre la base de la perspectiva de estudiosos y de sus contemporáneos, quienes desde distintos puntos de vista, coinciden en definirlo como un ser humano al que le tocó encarar su época no solo como individuo sino también como un auténtico revolucionario de su tiempo.

a) Sandino: un bandolero

Desde el mismo momento en que inicia su gesta libertaria en 1927 se le atribuyeron dotes bandidescas y hasta antecedentes de tal naturaleza; algunas versiones lo colocaron en el norte de México acompañando al caudillo mexicano Pancho Villa (ver cita de W. C Sandino 2009 p.133) hoy considerado un héroe por los mexicanos y la generalidad, pero en aquel tiempo fue calificado como bandido por la opinión pública norteamericana y las élites oligárquicas del Subcontinente.

La prensa local apuntó a minimizar la causa de Sandino, a hacer caso omiso de sus propuestas así como también a presentar las actividades militares de las columnas sandinistas contra los marines, como leves escaramuzas o correrías bandoleriles.

Posterior al asesinato de Sandino en 1934, se dio la publicación en 1936 de un libro de su principal victimario, el General Anastasio Somoza García, llamado El verdadero Sandino o el calvario de las Segovias. En esta obra –que según versiones fue realizada por dos oficiales de la GN– se presenta al movimiento sandinista como un bandolerismo vulgar, un azote de la población civil del Norte. Los integrantes del EDSN, son presentados como incultos delincuentes, carentes de escrúpulos y de principios ideológicos. Al mismo Sandino como propiciador de actos criminales y delictivos.

Mientras duró el somocismo en el poder, esta fue la imagen oficial que se presentó sobre Sandino. En algunos textos escolares no solo se exaltó a Somoza García como el portador del progreso, sino que además se le atribuyó entre los méritos de su gestión la pacificación de Las Segovias. Esto último no fue más que una apología al asesinato selectivo de Sandino en febrero de 1934 en Managua y a la masacre de civiles en los campamentos de Wiwilí. En los años ochenta, los medios de difusión conservadores, retomaron los ataques contra el General Pedro Altamirano (La Prensa, 30 de julio de 1980 p. 12; 27 de agosto de 1980 p.2), tratando de demostrar, que Sandino no pudo ejercer control sobre algunos de sus generales.

Es prácticamente imposible, que no haya habido injusticias en una confrontación de estas dimensiones, entre ellas los excesos muy conocidos de los marines. Pero Sandino no fue ajeno a la acusación que le hacía la prensa nacional e internacional de la época y en una entrevista a Carleton Beals dejaba en claro lo que pasaba en el escenario de Las Segovias:

Si todo se lo debemos al enemigo… si no hubiéramos sido atacados, no tendríamos ropa ni munición y habríamos perecido, pero no sabemos vivir como bandidos. No hemos quitado nada a los campesinos. En El Chipote, los campesinos nos llevaban hasta nuestras trincheras, ganado y alimentos para nuestros hombres. No nos ha faltado nada. ¿Cree usted que si fuéramos bandoleros podríamos haber resistido medio año en un puesto fortificado como ese contra el poder inmenso de los Estados Unidos?... el enemigo olvida que el pueblo de Nicaragua nos mantiene, olvida que las municiones y las armas nos las da él. (Ramírez, 1981 p.145)

Está demostrado, además, que hubo fuertes sanciones contra los infractores, como el fusilamiento del Coronel Juan Altamirano en Jinotega por haber violado a una jovencita jinotegana. Haciendo alusión a la disciplina, en el año de 1931 Sandino escribió lo siguiente: "Nuestro ejército es el más disciplinado, abnegado y desinteresado en todo el mundo terrestre...). No importa que plumas rastreras nos den el calificativo de "bandidos". El tiempo y la historia se encargarán de decir si los bandidos están en las Segovias nicaragüenses, en donde reinan el amor y la fraternidad humanas". (Ramírez 1981 p. 395).

b) Sandino: un incongruente

En abril de 2010, el entonces embajador estadounidense en Managua Robert Callahan, en una descripción unilateral de la historia del país, hizo una referencia al papel de Sandino y, en particular, a una comunicación que envió el General Sandino a un Jefe yanqui de Jinotega, en 1927. En sus comentarios el señor Callahan trata de demostrar que Sandino fue incongruente porque según él en esta carta, Sandino está solicitando la intervención norteamericana, que fue la misma que él combatió.

La carta a la que hace alusión el señor embajador fue ampliamente utilizada por sus detractores en su tiempo y muchos años después. Esta carta fue suscrita al finalizar la Guerra Constitucionalista, cuando ya Sandino ha decidido con sus hombres iniciar la lucha contra la intervención. Y el mismo Sandino se encargó de explicar la razón de esta comunicación al jefe militar departamental de los marines en Jinotega. Este fragmento lo resume:

"Por tanto si Estados Unidos, con buena fe ha intervenido en el país, proponemos como condición sine que non para deponer nuestras armas que asuma el poder un gobernador militar de los Estados Unidos mientras se realicen las elecciones presidenciales por ellos mismos". (Somoza García, 1936. P.III)

Sandino explicó que la misma fue redactada por el señor José Moral, quien en esos días (mayo de 1927) acompañó a su padre, Gregorio Sandino con las propuestas de desarme de sus tropas, ofreciéndole garantías, para él y sus hombres. Don Gregorio llegó por parte del general José María Moncada.

Vistas las propuestas se necesitaba, según Sandino, enviar una contestación por escrito ante el requerimiento de su contraparte –él envió por su parte una respuesta contundente al general Moncada– pero se requería de enviar una propuesta a los autores materiales e intelectuales de la intervención. Y segundo, la hizo con el objeto –como él mismo lo explica– de demostrar de que no sería contestada por los yanquis –tal como sucedió– una manera de terminar de convencer a sus hombres "del bandidaje yanqui, que cuando se les abren las puertas, no entran, porque ellos están acostumbrados a asesinar por las espaldas en las encrucijadas de los caminos" (Sandino, Walter C., 2009.p.106–107). Tras leerla, él autorizó su envío al mencionado jefe militar, "con el convencimiento que tengo de los hipócritas que son los yanquis y de la subterránea y macabra política que han desarrollado en Nicaragua, dije estas palabras: al ladrón hay que darle las llaves. Abrámosles las puertas de par en par y veremos si entra. Ya se convencerán ustedes de que no hay sinceridad de parte de esos bandidos" (Sandino, Walter C., 2009.p.105).

Por otro lado, estaba el compromiso del gobierno norteamericano con los dirigentes títeres de los partidos Liberal y Conservador, que lo colocaba en el dilema de hacer una nueva negociación con Sandino –que no iba a hacerla– dados los compromisos con Díaz y Moncada. No iban a aceptar esta oferta de Sandino que, en esencia, proponía la abstención de los partidos políticos en la política interna y que la dirección del país la asumiera un Gobernador Norteamericano, mientras se realizaban las elecciones. Las fuerzas de Sandino entonces se desarmarían si recibir un centavo. Tampoco es una propuesta dirigida ni a un embajador ni a otro representante o Ministro de Estado de EEUU, sino al jefe de marinos de Jinotega. Era una proposición hecha a –lo que llamaríamos bajo nivel– un jefe departamental de la marinería, alguien que no está en capacidad de dar una respuesta ni inmediata ni definitiva.

Sus detractores insisten en que la negativa de los norteamericanos a esta propuesta de Sandino fue la que lo hizo iniciar su lucha, lo cual es una solemne falsedad. Colocan en mayúscula y letras grandes esta parte, pero nunca han mostrado la respuesta de los marines. Por estos mismos días Sandino engañó también a Moncada al emplear todo un ardid para alejarse lo más posible de sus fuerzas y evitar ser desarmado y capturado por las fuerzas de éste, además de comunicarle verbalmente que iba a aceptar la rendición. Le escribió una carta desde la hacienda "El Cacao" en Boaco que se iba dirigir a Jinotega inventando un pretexto, para después el 12 de mayo anunciar públicamente en Jinotega que no entregaría sus armas a los interventores yanquis (Ramírez 1981.P.130– 131–134).

Sandino explicaría años más tarde, el 10 de abril de 1929, esta situación ante los detractores de la época: "Dos miserables y cobardes intelectuales de Managua de quienes por sentir desprecio no digo sus nombres, han seguido con minuciosidad los pasos que he dado durante mi vida y no encontrando nada de qué acusarme se han detenido frente a dos cartas de carácter político que he escrito en la historia de la guerra constitucionalista". (Walter C. 2009 p.107). Estas son, según el héroe, la carta enviada a Moncada el 9 de mayo de 1927 y la del 24 de mayo al jefe de marinos de Jinotega en la que se supone una absurda exposición de Sandino para desprestigiar su omnipresente papel de Héroe Nacional.

Sandino sigue aclarando que "Alrededor de esas dos notas se han detenido con la lengua de fuera babeantes, los ojos encendidos como un par de reses rabiosas incapaces de comprender ni apreciar el soplo divino que ilumina el cerebro de los hombres que aceptan el sacrificio de su vida en momentos culminantes, para salvar del oprobio aún a las mismas reses que se dejan marcar y que todo y que todo quieren babearlo y alejarlo con sus cascos sucios y asquerosos herrados con el oro que el amo les ha puesto para que con sus servicios reporten más ventajas a las cajas fuertes del Wall Street" (Las Segovias, Cuartel General El Chipotón, Nicaragua, C.A. abril 10 de 1929 y año décimo séptimo de lucha antiimperialista en Nicaragua. Walter C. 2009 p.107).

Estos son los días en que está preparando su ataque militar a Ocotal en julio de 1927. El actuar del Güegüense ha estado presente en toda nuestra historia. Sandino estaba ganando tiempo en el terreno de los hechos, para acometer con efectividad la defensa del decoro nacional, mancillado por Estados Unidos. Por esos mismos días, en mayo de 1927, el martirizado general Francisco Sequeira "Cabuya", poco antes de ser asesinado, se comprometió a desarmarse y lo primero que hizo fue atacar a los marines en La Paz Centro. Sandino hizo lo propio en ese mismo tiempo y mantuvo con las armas en la mano el pendón de la dignidad durante seis años contra los interventores norteamericanos.

c) Sandino: un irracional

En una exposición más reciente, se proyectó a Sandino como una persona con problemas psico-emocionales, de amargura social, producto principalmente de ser un hijo bastardo. Por tanto, su rebeldía fue un pretexto para volcar estas emociones. Estos puntos de vista, que ya los había esbozado Somoza García en la mencionada obra, son retomados por el siquiatra e historiador Alejandro Bolaños Geyer (q.e.p.d.) en sus obras El Iluminado y Sandino. Sus argumentos basados en principios freudianos tuvieron por objeto, demostrar "la falsedad de Sandino como héroe", quien según su criterio fue producto de una imagen creada por la propaganda que se desarrolla cuando se dieron los acontecimientos primero en el exterior y después por sus seguidores en lo interno del país.

Valga una digresión para aclarar que no fue casual la publicación de estas obras al retornar al poder en los años 90 los representantes de las élites conservadoras que apoyaron la intervención norteamericana en tiempos de Sandino y en los años ochenta. No solo apuntaron a desmantelar las reformas sociales y políticas de los años ochenta, sino a trastocar los símbolos. Debe recordarse que fue durante la administración del ingeniero Enrique Bolaños Geyer entre 2001 y 2006 en que se dieron iniciativas para cambiarle el nombre de "Augusto C. Sandino" al Aeropuerto Internacional y denominarlo "Rubén Darío". Una frustrada maquinación malsana que trató de dividir la opinión de los intelectuales nicaragüenses, contraponiendo las dos principales figuras a través de las cuales se conoce a Nicaragua. También debe recordarse que en algunos de los documentos de esta misma época, algunos funcionarios estatales empezaron a llamarlo de forma muy simple: "Aeropuerto Internacional de Managua". Pero la generalidad de la población no cayó en la trampa y se le siguió llamando con el nombre del Héroe.

Volviendo a los contenidos, veremos que Somoza García, retrató en su introducción a Sandino con frases como las siguientes:

a) Deambuló erradamente en los campos de la teosofía sin ninguna guía...

b) Se creía un iluminado psíquico, un predestinado apóstol de las alturas...

c) En muchos aspectos Sandino era un caso digno de estudio freudiano. Solo la psiquiatría podría orientarlo debidamente. (Somoza G. 1976 P. VI y VII).

¿Tomaría –entre otras cosas– la palabra al general Somoza García, el médico siquiatra e historiador Alejandro Bolaños Geyer para hacerle una configuración patológica al héroe, casi setenta años más tarde? Veamos en esta cita textual, lo que dice el Dr. Bolaños Geyer: a) Para cerrar esta primera parte, transcribo dos cartas de Sandino en los anexos A y B en las que vierte la sarta de disparates que leyó en las obras de Trincado. Dichas cartas muestran el desequilibrio mental de Sandino. (Bolaños 2001,P.37).

Estas dos cartas son una dirigida al Coronel Abraham Rivera y otra al señor José Hilario Chavarría (Bolaños 2001 p.70–78). Bolaños no aborda con objetividad las concepciones de la Escuela Magnética Universal –que Sandino asume como propias– sino que dentro de la lógica de Somoza García, aprovecha el desconocimiento que existe sobre esta sociedad y el atraso cultural que persiste, para tratar de desprestigiarlo ante la opinión pública. Obvia mañosamente, como lo demuestra la experiencia histórica, pues quienes han asumido distintas formas de pensamiento (como el gnosticismo, la teosofía, etc.), han tratado hasta ahora de racionalizar el origen del mundo y el papel de ellos como individuos en el mismo, con independencia de sus perspectivas y concepciones. Sandino asimiló el sistema de ideas de la Comuna Universal para aplicarlas a la situación concreta de Nicaragua y de América, según las cuales de la lucha del bien contra el mal, el triunfo definitivo del bien daría origen a un sistema de fraternidad. Esto era lo que él llamó el comunismo racionalista. Razón por la cual, ni su práctica de defender con las armas en la mano la soberanía nacional, ni su propuestas o creencias en la necesidad de alcanzar un mundo mejor, fraterno y sin injusticias, son irracionales, mucho menos desequilibradas.

Bolaños aborda a Sandino a partir de dos dimensiones de su vida: la niñez y parte de su juventud, y Sandino ya en su proceso de madurez, convertido en Héroe por la propaganda. En la primera hace énfasis en lo que denomina la tragedia de Sandino como hijo bastardo de Gregorio Sandino y su madre abandonada por éste. Bolaños transforma la bastardía en una tragedia, obviando la historia y la geografía de su país (y en el subcontinente), donde la bastardía y los hijos naturales son algo generalizado, producto de los libertinajes de los señores de la clase pudiente y de las abundantes uniones libres entre los sectores populares. Según Bolaños, eso y nada más es lo que hace que Sandino se venga de México en 1926 a pelear en la Guerra Constitucionalista, cuando el amigo mexicano le dijo que los nicaragüenses eran unos "vende patria".

Mi interpretación psicológica es que Sandino de pronto sublima la gran tragedia de su vida que roe lo más íntimo de sus entrañas: vendepatria significa el deshonor de su madre, el estigma que en el fondo de su alma lo atormenta desde su tierna infancia. En el sótano del subconsciente, luchar contra el vendepatria significa lavar el deshonor de su madre. (Bolaños, 2002, P.15).

Bolaños en su análisis freudiano, comete un error, al ver la bastardía como el móvil principal de la rebeldía social del individuo. Por otro lado, omite, que hubo connotados bastardos en la historia política del país, como Emiliano Vargas Chamorro, quien pasó a la historia como Emiliano Chamorro, hijo natural de Don Segundo Chamorro, o el caso del ex presidente Fernando Guzmán, en los treinta años conservadores. Ellos fueron, además de mandatarios, destacados dirigentes del Partido Conservador –el mismo partido al que ha pertenecido la familia Bolaños–, sin que en las referencias biográficas aparezca el "complejo de bastardía" que atribuye a Sandino. Ellos, como otros connotados bastardos, jugaron un papel muy importante en la preservación de los intereses de las clases dominantes de este país. Es decir, que no por ser bastardo se es revolucionario o se es reaccionario, es por otras razones, –que no tiene cabida abordarlo en este espacio– que un individuo, adopta una postura política (reaccionaria o revolucionaria) en un tiempo y espacio determinados.

Bolaños Geyer, en su afán desmitificador para demostrar que Sandino fue producto de la propaganda, recurrió, entre otros, a una obra del ex oficial GN Edmundo Delgado y a un trabajo mecanografiado de Abelardo Cuadra, que ninguna editorial, ni ningún patrocinador tomó en serio, tanto por su forma como por su contenido. Cuadra es el mismo que, en buena parte de su conocida obra testimonial "Hombre del Caribe", exalta el papel de Sandino como héroe en expresiones como las siguientes: a) Fue precisamente al ver al yanqui que yo me sentí más sandinista. (Cuadra, 1977. P.155); b) vimos que había una falta de preparación cívica en los nicaragüenses, porque de haber existido tal preparación, todos tendrían que haber abandonado sus casas para irse a las filas de Sandino en las montañas. (Cuadra, 1977.P.142) En la otra versión mecanografiada que escribió en los ochenta "Sandino ¿patriota? Farsante, paranoico y mentiroso", presentó un perfil totalmente contradictorio de Sandino, acomodado a la postura que asumió en esos años en contra del proceso revolucionario iniciado en 1979. (Bolaños, 2002, P.64–151). Pero –como se expresa anteriormente– nadie, tomó en serio esta nueva versión por razones que no necesitan explicación.

Aunque cabe destacar que Bolaños Geyer –el historiador que realizó uno de los mejores estudios sobre la Guerra Nacional de 1855–1857– en su enfoque sobre Sandino, tuvo una arista de honestidad que no se debe de desconocer. Aun cuando su eje central es desnaturalizar a Sandino como héroe, publicó el resultado de una encuesta realizada por él mismo en el año 2000 entre profesores de geografía e historia de Nicaragua. Esta encuesta, arrojó los siguientes resultados –que quizás Bolaños jamás calculó: A la pregunta Sandino es un héroe el 82% respondió que sí; un 16 % respondió que no; un 2% no contestó. Mientras que solo un 6% respondió que fue un bandolero, contra un 78% que respondió negativamente y un16% no contestó. Un 61% afirmó que fue él quien sacó a los marines de Nicaragua, contra un 29% negativo y 10% que prefirió no contestar. Esto nos da una idea que ante la mayoría de los nicaragüenses, Sandino es un héroe, aún con todos los mecanismos de distorsión mediática, que se expresaron en su contra. (Bolaños, 2001, P.13).

d) Sandino un nacionalista liberal

En esta dirección, predominó la idea de rescatar a Sandino como un nacionalista alejado de las ideas redentoras del socialismo, para librarlo del FSLN y de los izquierdistas "marxista leninistas", quienes lo utilizaron para justificar sus "proyectos comunistas". Así, se sobredimensionaron los problemas que tuvo el héroe con la Internacional Comunista (IC) y los comunistas mexicanos durante su viaje a México. En síntesis, se trató de presentarlo como alguien que no rebasó las concepciones del liberalismo. Esto puede parecer lógico, pues fue evidente que entre 1926 y 1927 participó como parte de la Revolución Liberal constitucionalista. Sandino no negó en ningún momento su apego inicial al liberalismo y su participación como tal entre 1926 y 1927. Pero los acuerdos de El Espino Negro obran como una especie de parteaguas, en términos políticos e ideológicos.

Resulta convincente que desde antes del 19 de mayo, en que define claramente su posición, al explicarles a los principales de Jinotega dijo entre otras cosas las siguientes: "que lanzaríamos una protesta contra los Estados Unidos en nombre del Partido Liberal de las Segovias, ya que no podíamos hacerlo en nombre del Partido Liberal de Nicaragua, porque en esos días estábamos desmembrados" (Ramírez 1979, p.83). Ante unos interlocutores liberales, Sandino aun cuando hace uso de un lenguaje muy sutil, les aclaró que ya él y sus seguidores no son parte del liberalismo tradicional, sino de un liberalismo revolucionario, que él llamó muy sutilmente el liberalismo de las Segovias, desligado de Moncada y su grupo.

Por otro lado, Sandino no necesariamente tenía que proclamarse comunista o ser parte de la IC (Internacional Comunista), para entender la principal contradicción política y de clase que predominó en su tiempo histórico. Las contradicciones que tuvo con la IC no lo empujan hacia una posición derechista a pesar de que también entra en contradicciones con el Gobierno Mexicano. Él rechaza y critica la postura inadecuada del dirigente comunista Hernán Laborde, quien basado en un esquema dogmático quiso comprometer a Sandino contra el Gobierno Mexicano (Ramírez 1984 p.135). Sandino tuvo claridad que la contradicción principal era la lucha contra la intervención, aun cuando el Gobierno Mexicano no había cumplido su compromiso de ayudarle con recursos económicos y avituallamiento para continuar la lucha en Las Segovias. Sandino tiene claridad que su guerra contra la intervención norteamericana requería del concurso no solo de los comunistas, sino de un conglomerado más amplio de personalidades y sectores que la rechazaban y habían estado apoyando su lucha contra el imperio yanqui. Válido es destacar que Sandino tuvo siempre una buena imagen del comunista salvadoreño Farabundo Martí.

Por estas diferencias él no dejó de ser revolucionario. Una posición de Sandino que se puede resumir en el siguiente comunicado del año de 1930: Hasta el presente nuestro ejército reconoce el apoyo que los sinceros revolucionarios le han prestado en su ardua lucha; pero con la agudización de la lucha, con la creciente presión por parte de los banqueros yanquis, los vacilantes, los tímidos, por el carácter que toma nuestra lucha, nos abandonan, porque solo los obreros y campesinos irán hasta el fin, solo su fuerza organizada logrará el triunfo (Ramírez 1981. p.357).

Por tanto, así como se revela en este y otros documentos, no se puede perfilar a un Sandino como alguien que siguió atado a los cánones del liberalismo tradicional, sino que por el contrario hubo una ruptura paulatina con el liberalismo, desde sus inicios, hasta convertirse en una alternativa contrapuesta que propuso transformaciones de carácter radical para la sociedad nicaragüense de la época.

e) Sandino y el sandinismo son iguales

En los años ochenta, los detractores establecieron una vinculación que remarcaron como negativa para la historia del país: la relación simbólica de Sandino con el FSLN. Es decir, el rechazo a Sandino fue extensivo a sus reivindicadores y viceversa. Esta conducta se proyectó en la medida en que se desarrolló la oposición al proyecto revolucionario y se polarizaron las contradicciones. Si al menos los anteriores rescataban a Sandino como un héroe nacionalista, en este caso no se reconoció en Sandino ningún valor positivo. Por el contrario, se presentó a Sandino como un "destructor de la propiedad", "autoritario", "militarista", "comunista", "sectario" al igual que sus seguidores los sandinistas de la nueva generación.

Un ejemplo de esta óptica fue el trabajo realizado en 1984 por Juan Matagalpa (seudónimo del ex GN Edmundo Delgado) titulado: Sandino, los Somoza y los nueve comandantes sandinistas. Delgado, quien fue un participante activo en la "operación limpieza de bandoleros", a la orden del general Somoza García, en las montañas del Norte, siguiendo la línea de la obra de quien fuera su jefe, describe de este modo la calidad de un guerrillero:

a) "El papel de un guerrillero es hacer el mayor daño posible sembrando el terror, pero sin exponerse"...

b) "Esta clase de guerrilleros formados por Sandino constituyó su fuerza criminal y combativa". (Matagalpa 1984 P. 167–168).

Delgado se rebeló contra Somoza años después y fue el tío carnal del conocido mártir Ajax Delgado. En sus catilinarias escritas en 1984 y dirigidas contra la administración sandinista de los años ochenta, no se olvida además de desnaturalizar la figura de Sandino para vincularlo a los que él considera sus discípulos, la Dirección Revolucionaria de los años ochenta.

a) "Las grandes batallas de Sandino contra los marinos... que repercutieron en todas las naciones latinoamericanas con resonancia de epopeya Homérica... se redujeron a simples escaramuzas... pero sirvieron para la creación de un mito de leyenda fabulosa, con carisma de héroe verdadero y necesario".

b) Así nació Sandino como un dios mitológico, de un mar de mentira que era un mar de sangre igual que los nueve comandantes de ahora en Nicaragua que heredaron ese mismo carisma sandinista para destruir al pueblo…" (Matagalpa 1984p. 168–169).

Es innegable que Sandino y el Frente Sandinista de Liberación Nacional, como alternativas de las clases populares y para las clases populares (en sus distintas épocas) no iban a ser vistos con beneplácito por las clases pudientes del país (empresarios y terratenientes). Delgado, quien años después de su retiro forzoso de la GN devino en un exitoso empresario, en su obra no solo justifica su asesinato y su propia participación en la represión que siguió a febrero de 1934, sino que también vierte su posición de clase contra Sandino extendida hacia el Frente Sandinista, desde antes de la caída de Somoza.

"Le dije –a un opositor organizador de los movimientos de 1978– que si no se daba cuenta como segoviano de quién había sido Sandino, de que como capitalista (…) como yo (…) que éramos un ejemplo y estímulo para la sociedad (…) que si apoyábamos a los comunistas (del FSLN), nos lo quitarían todo cuando se posesionaran del poder". (Matagalpa 1984p.241–249)

En su entrevista con Ramón Belasteguigoitia, Sandino deja entrever un programa que propone profundas reformas sociales que fueron rechazadas por los representantes de la gran propiedad terrateniente de la época, y esto no puede ser asimilado por Delgado, alienado por las concepciones ideológicas del capitalismo. Dentro de esta lógica tampoco el FSLN va a ser bien visto por Delgado, primero por tener a Sandino como su referente ideológico y segundo por realizar las conocidas reformas y medidas sociales que favorecieron a las clases populares en los años ochenta.

Al menos Abelardo Cuadra en el mencionado testimonio "Hombre del Caribe", expresa un arrepentimiento sincero, porque al leer su frustrada segunda parte de los años ochenta, en donde se contradice, se le puede otorgar la duda de que la senilidad haya afectado su raciocinio. En el caso de Delgado, éste no mostró ninguna señal de arrepentimiento de haber sido parte de un aparato represivo criminal como la GN, ni de haber sido cómplice y participante en masacres contra civiles como las de Wiwilí y las expediciones punitivas dirigidos contra los miembros del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN), tras el asesinato de Sandino en 1934. (Matagalpa 1984 p. 241–249).

Y finalmente, hay un aspecto en que Delgado tiene toda la razón: en esencia Sandino y el sandinismo reciente (del FSLN), son iguales, pero no en la forma peyorativa como él lo caracteriza, sino porque ambos movimientos fueron una auténtica reacción de las clases populares oprimidas en contra de las clases dominantes y sus alternativas políticas, y pusieron como eje fundamental el rescate de la independencia política y económica de la Nación.

Sandino, un Revolucionario de su época

Se ha logrado consensuar sobre cuál era básicamente el ideario de Sandino desde los conocidos esfuerzos de Carlos Fonseca por sistematizar en distintas cartas, comunicados y otros documentos. Es evidente de que fue fuertemente influido por las ideas del socialismo libertario (de allí proviene la bandera rojinegra) más conocido como anarquismo que asimiló de su estadía en México. "Yo le dije (a Moncada) que yo consideraba un deber morirnos o libertarnos. Que con ese fin yo había enarbolado la bandera rojo y negra simbolizando libertad o muerte. Que el pueblo nicaragüense de aquella guerra constitucionalista había esperado su libertad" (Ramírez 1979 p.72). Pero Sandino tampoco llegó ideológicamente virgen a México, pues llevaba de Nicaragua la influencia del liberalismo nacionalista de los generales José Santos Zelaya y el de Benjamín Zeledón, opuesto en su época al intervencionismo foráneo. Cuando Sandino retornó a Nicaragua en 1926, se encontró con un liberalismo totalmente castrado que no guardaba muchas diferencias con la actitud entreguista de los caudillos conservadores. Esta reflexión la deja plasmada en este fragmento: "Sin embargo ya en el teatro de los acontecimientos nos encontramos que los dirigentes conservadores y liberales eran una bola de canallas, cobardes y traidores" (Sandino, 2009p.42).

Hay un fuerte apego, a su origen e identidad étnico–social: "Soy nicaragüense y por mis venas circula más que cualquiera otra la sangre india americana que por atavismo encierra el misterio de ser patriota leal y sincera" (Sandino 2009, p.114).

En Sandino se presenta también la influencia del nacionalismo mexicano, del panamericanismo bolivariano y del morazanismo centroamericano. Es por ello, que en su manifiesto deja entrever explícitamente su papel, en el manifiesto del 1 de julio de 1927 expresó: "El vínculo de nacionalidad, que me da derecho a asumir la responsabilidad de mis actos en las cuestiones de Nicaragua y, por ende de la América Central y de todo el Continente de nuestra habla..." (Castillo, 2009, p.114). ·Los hombres dignos de América latina, debemos imitar a Bolívar..." (Sandino, 2009 p.259).

Sandino adecuó los contenidos de la misma de Escuela Magnética Universal de Joaquín Trincado al momento histórico que le correspondió encarar. Antes de los acuerdos de 1933, antes de la elección de Sacasa, en una circular enviada el 27 de agosto a la tropa, expresaba que "Nuestro ejército se prepara para tomar las riendas de nuestro poder nacional, para entonces proceder a la organización de grandes cooperativas de obreros y campesinos nicaragüenses, quienes explotaran nuestras propias riquezas naturales en provecho de la familia nicaragüense en general" (Ramírez 1979 p. 254).

Esta integración de los contenidos lo deja claro en 1933, en una carta a Alfonso Alexander: "Estamos organizando en este puerto fluvial del Coco una sociedad de trabajo y mutua ayuda basada en la fraternidad que UD. conoce y practicó en nuestro ejército denominada cooperativa del Río Coco" (Dospital, Michelle. 1996 p.174); y en una carta a Abraham Rivera, aseguró: "De manera que la injusticia desaparecerá de la tierra y solamente triunfará la justicia" (Ramírez 1984 p.147). Es decir que Sandino está pensando en la construcción de un nuevo tipo de sociedad, en donde predomine la justicia, el trabajo de los individuos asociados, en beneficio de sí mismos y de toda la sociedad nicaragüense, opuesta al sistema capitalista que imperaba en la época.

Entre la distorsión y la realidad

Es innegable que, de acuerdo con lo que decía Goebels, el teórico de propaganda nazi, la mentira repetida mil veces se convierte en verdad, y que algunas de estas versiones distorsionadas sobre Sandino fueron aceptadas como verdades por una parte de la población. Pero reiteramos que Sandino sobrevivió en la clandestinidad a ese terrorismo mediático, primero como un verdadero patriota antiimperialista y después como un auténtico revolucionario de su tiempo, que propuso una alternativa de cambios sociales y políticos radicales, en representación de las clases populares.

Además del mérito indiscutible de Carlos Fonseca –el principal estudioso de su gesta– hubo sobrevivientes sandinistas, intelectuales y hombres progresistas por medio de testimonios orales, en reconocidas investigaciones científicas, etc., que hicieron posible que ese otro Sandino no desapareciera, y por el contrario emergiera como una figura emblemática, a la par de Darío y de otros elementos representativos de nuestra nación. Pero más que eso, su figura y su gesta se proyectaron más allá del país de lagos y volcanes como certeramente lo asegura Salvador Calderón Ramírez: "Dígase lo que se quiera, su figura llegó a ser símbolo de un gran ideal y sus hechos heroicos adquirieron resonancias épicas y marciales, y al fundirse en una onda armoniosa colmaron la conciencia de América". (Calderón R., Salvador Últimos días de Sandino. Ediciones Botas. México, 1934 p.17 citado por Lejoune, 1985 p.165).

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