La lucha de clases no es una ficción

31 Agosto 2009
Por Juan Carlos Santa Cruz Sociólogo Los vientos de la globalización y el enmascaramiento de la realidad social con el argumento de las leyes del mercado, han sepultado, al menos en algunas ideas de ciertos pensadores por encima del bien y el mal que la lucha de clases es un invento pasado de moda, y que desapareció con el muro de Berlín. La lucha de clases no es un concepto equivalente a violencia expresada en golpes, aunque también existen circunstancias que eso se da. La violencia de la lucha de clases se expresa como consecuencia de un fenómeno estructural. Desde el punto de vista gráfico es imposible negar la realidad en la relación antagónica ricos y pobres, los que tienen grandes recursos y los que sólo poseen sus brazos. No se debe ver a la lucha de clases como algo sin sentido, por el contrario, desde la aplicación de las medidas neoliberales que ha implicado el enriquecimiento de varios, y la pobreza de muchos, el antagonismo objetivo entre ricos y pobres es más que notorio. No sólo los ricos han dado el gran golpe a los pobres para alimentar paraísos fiscales, sino que al desinflarse el gran globo de dinero plástico cuyo mercado controlaban, han vuelto a exigirle al pueblo a través de sus gobernantes, particularmente los de los países desarrollados, que compensen las pérdidas delincuenciales de estos verdaderos verdugos de los sectores populares. Cuando hablamos de pobreza y extrema pobreza tan presente en Nicaragua no estamos expresando una frase hueca, sino llamando a las cosas por su nombre. Esa pobreza es consecuencia de la estructura injusta que ha imperado en Nicaragua, históricamente, y que ha llegado al extremo de que doce familias amasan gigantescas sumas de dinero, que luego de manera hábil sacan del país hacia la región y luego hacia los paraísos fiscales. Esto se denomina extrema riqueza versus extrema pobreza. En nuestra realidad cotidiana un pobre roba un gallo y se hace un escándalo, un rico roba 600 millones de dólares al Estado, vía Cenis y es considerado por sus pares como una especie de "caballero de la esperanza". Mientras existan estos extremos habrá un verdadero abismo y que en términos laborales se concreta entre explotadores y explotados, como es la relación del capitalista Pellas y sus trabajadores en los Ingenios. Mientras los capitales Pellas transforman la caña en azúcar y finos licores los obreros agrícolas se van consumiendo de infección renal crónica. Mientras haya lucha de clases el cumplimiento de muchos artículos de la Constitución serán sinónimo de papel mojado cuando se dice pomposamente que "todos somos iguales ante la ley". Es claro que la ley los iguala ante el Juez, y luego para finalizar la audiencia toman distinto camino, el rico se va en su camionetona, y el pobre estrena calabozo. Los hijos de los ricos serán bilingües a los seis años y los hijos de la pobreza extrema se especializarán ,desde esa edad, en el aplanamiento de calles ayudados por sus pies descalzos vendiendo tortilla o agua helada. Unos dirán que es resultado del destino, y otros opinamos que es consecuencia de una relación irreconciliable de clases entre ricos y pobres. Por supuesto que no estoy promoviendo el suicidio colectivo de los archimillonarios, por mea culpa, sino que mas bien estoy sensibilizando y desenmascarando a los cínicos que pregonan que eso de la lucha de clases no se da en Nicaragua porque "felizmente desde 1990 vivimos en democracia por obra de doña Violeta". Les decimos que la democracia nada tiene que ver con que "unos escupan sangre para que otros vivan mejor". El destino para vivir mejor lo fijan los pueblos, no con resignación sino con análisis claro de la realidad, con convicción y decisión porque la causa es justa. La lucha de clases es un fenómeno que existe independientemente de que haya capitalistas que tengan buenas relaciones con sus trabajadores. La lucha de clases existe con democracia y con golpe de estado , en tal caso la equidad y la justicia social pueden hacer más leve estas relaciones antagónicas. Aunque suene un tanto extraño ,mientras exista lucha de clases la libertad de expresión es una ficción, no existe. Les pongo un ejemplo, a los adalides de la seudo libertad de expresión ¿qué pasaría con la publicidad de ciertos medios de comunicación si desde ellos se lanzaran críticas al megacapital Pellas? Simplemente no habrá más publicidad de licores, azúcar, tarjetas de crédito, bancos, carros del monopolio, aseguradoras, hospitales, etc. La mayoría de estos medios la autollamada libertad de expresión de la SIP, terminarían quebrando. Y la famosa libertad de expresión pasará de la ficción a la realidad para permanecer bajo los dictados de la bota del gran capital de los que tienen sobre los que no tienen. Gran caballero don dinero que ubica en su justo término a los que se afrentan hasta quedar afónicos molestos por solo la palabra "pueblo Presidente", pero que se humillan y se convierten en serviles sin ruborizarse ante el gran capital, aunque éste les deje con una mano atrás y otra adelante cuando se atrevan a criticarles. Esa es la lucha de clases, señores, con la debida dispensa de las rigideces teóricas de la academia. Entonces, no nos engañemos, esperando que los dueños de los capitales de medios de comunicación publiquen los logros de la alfabetización, si a ellos más bien los perjudica que los jóvenes sepan leer, y para qué les puede interesar divulgar que la salud es gratuita si a ellos, en tanto oligarcas, no les preocupaba para nada que sus peones estuvieran enfermos, porque mano de obra sobra y con mejor salud que la del pobre obrero con enfermedad renal crónica. Al fin y al cabo según el esquema de la Sip, habría que preguntarse en que les favorece ,a los oligarcas en su tal libertad de expresión, que divulguen que el Gobierno del Poder Ciudadano entrega títulos, si más bien les está quitando el derecho a quemar ranchos de campesinos y luego despojarlos de sus tierras, precisamente por haber cometido el pecado de haber ocupado esa tierra sus abuelos, y sus padres, pero sin títulos. Amigos, la lucha de clases no es una ficción, pero si lo es la proclamada libertad de expresión en la pluma y en los labios de los que vanguardizan esa lucha de clases en contra de los sectores populares. Entonces, si solo el pueblo salva al pueblo, y si el pueblo unido jamás será vencido, ya es tiempo de organizar las instancias de la comunicación popular, desde el "pasá la voz", hasta nuestros propios semanarios de información y educación en valores, en donde la globalización de la solidaridad con los más débiles sea la consigna.
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