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Otto que es Aniceto y viceversa, y una foto que los inmortaliza

28 Mayo 2020
Otto que es Aniceto y viceversa, y una foto que los inmortaliza

Esta es probablemente la foto más bonita, mejor lograda, más auténtica, que le tomaron a Otto de la Rocha, al menos en los últimos 30 años de su vida. El ojo de Pablo Cisneros Ayón captó la imagen durante una excepcional sesión de fotografías que el artista aceptó realizar durante su transformación de Otto de la Rocha a Aniceto Prieto. Con toda seguridad, la fotografía solo ha sido posible por la complicidad entre dos amigos que se quieren y se respetan. Pablo nos ofrece su testimonio de cómo fue el proceso para captarla

Por Pablo Cisneros Ayón

Tomábamos el cafecito con rosquetes por las tardes. Solíamos salir a la terraza a disfrutar el aire fresco, ver la gente pasar; platicar sobre cualquier tema y ver los pájaros volar. Otto tenía una fascinación particular por los pájaros, o más bien por la sensación de libertad que expresa su vuelo y andar.

Personalmente, me gustaba escuchar sus anécdotas de cómo empezó a cantar y su incorporación en distintos tríos musicales, pero también encontraba en su conversación muchas razones para admirar su desarrollo personal y profesional durante la Revolución.

Saltábamos de tema en tema y era en esos momentos que me contaba sobre su vida. Por ejemplo, me decía que él no se consideraba un artista, sino un obrero del arte.

Ideológicamente, para mí eso significa tener una percepción distinta de lo que se hace y cómo se hace, seguramente por eso es que el acercamiento de Otto con su pueblo fue siempre desde una posición muy horizontal.

Me gané su confianza con el tiempo, con mucho tiempo, con muchos cafés juntos, con muchas celebraciones y también con muchos momentos difíciles. Y esta fue una de las puertas para conocer a un Otto de la Rocha cercano, afable, familiar. Conocí a un hombre de rutinas, de trabajo incansable, sempiterno, honrado, bromista, tierno, confiable, revolucionario, humilde, sencillo, honesto, integral.

Al escucharle, me percataba que había vivido casi todo –bueno, su generación vivió casi todo–  y me regocijaba saber que había salido victorioso de todas.

Una tarde, de esas de café y rosquetes que les cuento, le propuse la idea que hace rato se me había ocurrido de acompañarlo en una sesión de fotos en su transformación de Otto a Aniceto Prieto. Al principio no le sonaba tanto la idea, pero finalmente no solo aceptó sino que además fue muy colaborador, propositivo.

Evidentemente, estar frente a una cámara no era ningún problema para él. Conocerlo y tener confianza ayudó definitivamente a tener un acercamiento más profundo, más íntimo, más real. Montamos el set, colocamos las luces, calculé los valores de iluminación, configuré la cámara y dejamos todo listo para la sesión.

Mientras estábamos en el set, me daba cuenta que dejaba de ser Otto y se convertía en Aniceto y hacía muecas, voces, poses y estilos de Aniceto. Momentos después volvía a ser Otto y así nos la pasamos todo ese rato hasta que en un momento vi en el visor de la cámara, a través del espejo, que me estaba viendo y entregando una parte de él

Lo supe de inmediato: justo en ese instante hice clic en el obturador, y un par de veces más por si acaso. Sin ver la fotografía, sentí que lo había conseguido y supe que ya tenía la foto que andaba buscando, pero seguí tomando más porque hasta ese momento aún no estaba transformado completamente en Aniceto. Sin embargo, entendí que se trata justamente de eso: que Aniceto es parte de Otto, y viceversa.

Como fotógrafo, me interesaba explorar esa línea fina entre el artista y su obra, cómo se va convirtiendo en un personaje de ficción pero que al mismo tiempo es sin duda parte de él.

Aniceto, es un complemento de su personalidad, es la ficción traducida en picardía, es un trabajo de investigación antropológica empírica en la cual no solo nos caracteriza como nicaragüenses, sino que trasciende incluso a la contribución de creación de identidad y afirmación como pueblo. Es esa transformación en la que deja de ser él para darle vida  a un personaje que en definitiva representa y se encarna en miles de nicaragüenses.

Después de la sesión, desmontamos todo. Había sido una tarde productiva.

Al día siguiente, mientras tomábamos el acostumbrado café, vio las fotos en la cámara y se dio por satisfecho.

Hoy comparto este trabajo fotográfico en memoria de nuestro querido Otto de la Rocha.

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