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La crisis del multilateralismo y la falta de seguridad internacional

25 Junio 2020
La crisis del multilateralismo y la falta de seguridad internacional

Por Manuel Espinoza J.

En el contexto global actual de alta inestabilidad e incertidumbre, la pandemia del COVID-19 no solo ha puesto en evidencia la acentuación de las tendencias de transición ya existentes en el orden internacional, sino que ha desatado profundos cambios demandando con urgencia revisar los niveles de seguridad global y la incapacidad de respuesta del multilateralismo a esta y otros problemas del sistema internacional.

Aunque hay otras amenazas urgentes de larga data como el Cambio Climático, las guerras proxy, el hambre, la migración y pobreza; con la pandemia del corona-virus, la humanidad demanda con mayor fuerza que se enfrente a esta de manera colectiva internacionalmente. Sin embargo, la gobernanza global en la capacidad de respuesta de las instituciones multilaterales se ve colapsada por el aumento del egoísmo colectivo del interés nacional de cada Estado.

LA ONU y la necesidad de su reinvención

Lo expresó siempre con firmeza y claridad el canciller de la dignidad Miguel D'Escoto Brockmann siendo presidente de la Asamblea General de la ONU de septiembre de 2008 a septiembre de 2009. La ONU es un símbolo de la ingobernabilidad global y esto se manifiesta hoy más que nunca.

Es imposible no ver el papel que aún puede jugar la ONU a través del Consejo de Seguridad (CS-ONU) en el marco de esta pandemia y es un grave error pensar que solo la Organización Mundial de la Salud (OMS) debe lidiar con este tipo de amenazas! Afirmar lo anterior es no conocer la interrelación de toda la problemática global de seguridad, internacional y el alcance del Consejo de Seguridad para adoptar una o varias resoluciones sobre el corona-virus como amenaza global.

Hace años el CS-ONU emitió varias resoluciones anteriormente como las 1308 y la 2177 para contrarrestar el SIDA/VIH y el Ébola respectivamente. En ambos casos hizo varias recomendaciones con la que se pretendía una actuación colectiva internacional en pro de la atención a dichas amenazas. Hoy día por lo menos estas resoluciones hubieran sido fácilmente re-pronunciadas aun cuando no hagan mucho sobre todo con la postura norteamericana de castigar a la OMS con la suspensión de fondos para su funcionamiento.

Lo anterior nos dice, que este máximo órgano de la ONU sigue prisionero del eterno conflicto entre las potencias, pues la razón USA de tal acción reciente contra la OMS se basa en su inclinación y falta de acciones enérgicas contra China por ser el causante de la tragedia pandémica en los EE. UU, por la falta de transparencia ante el brote inicial. Pero China inicialmente les había acusado a ellos como los culpables de llevar el virus a la ciudad de Wuhan durante unos juegos militares a finales del 2019.

Ese mal de confrontación entre las potencias no es nuevo. La ONU de lo que más adolece es de democracia global. Las principales potencias, utilizan a la ONU y sus agencias como palancas de poder que proyecten, propicien y mantengan el orden que beneficie sus intereses regionales y globales.

En octubre de este año se cumplirán 75 años de haber sido creada la ONU como resultado de la conferencia de San Francisco y son las mismas potencias nucleares la que continúan manteniéndola bajo secuestro el accionar desde el Consejo de Seguridad. Por eso la tarea de mayor urgencia de este órgano es incluir a más miembros permanentes. Pero además hay cientos de tareas más a cumplir no solo para lograr una mayor credibilidad y legitimidad internacional, sino maximizar la efectividad para actuar en defensa de la paz y el bienestar y la seguridad global.

Los urgentes cambios transformadores son requeridos de igual manera en las funciones y atribuciones de la Asamblea General de la ONU (AS-ONU) Por su nivel de representatividad geográfica, su responsabilidad global no puede ser menor que la del CS-UNU. Esta debe recuperar mayor poder de decisión en el mantenimiento de la paz internacional, poder arrebatado por el consejo de seguridad en las últimas décadas. El nuevo presidente electo de la Asamblea General del 75 Período de Sesiones de las Naciones Unidas, el embajador de Turquía, Volkan Bozkir, expresó que en sus principales prioridades está la defensa del multilateralismo.

Pero es como pedirles peras al olmo. Producto del "distanciamiento obligatorio" el CS-ONU se ha reunido vía videoconferencias y así mucho menos que pueda solucionar las peticiones del mundo entero de poner fin a todas las guerras y unir todo tipo de esfuerzos para combatir la pandemia.

El planeta entero debe recordar que la ONU nace de la imposibilidad de la Sociedad de Naciones de evitar la Segunda Guerra Mundial. Y desde su creación en 1945 la ONU ha tenido un mal papel en general en la prevención de los conflictos locales y en su solución ya que estas, en su enorme mayoría, han sido administradas por las potencias de turno. A medida que el cambio del orden internacional se hace más evidente surge siempre la interrogante si este cambio transitorio no terminará en una nueva guerra global. Y que tanto la ONU podrá prevenirla y evitarla.

La impunidad de las potencias

¿Pero cómo pretender hablar y hasta soñar en prevenir las guerras, si EEUU acaba de dar un ejemplo de impunidad total ante las regulaciones de la ley internacional? Recientemente el presidente norteamericano, firmó una orden ejecutiva "sobre el bloqueo de la propiedad de ciertas personas asociadas con la Corte Penal Internacional (CPI)". Esta acción de la Casa Blanca está relacionada con la intención de la Corte de investigar crímenes de guerra cometidos por las tropas estadounidenses en Afganistán.

Es aquí donde se evidencia la doble moral de esta potencia y similares en función del acatamiento y cumplimiento del Derecho y las leyes internacionales pues la CPI fue creada en 1998 por la cruenta guerra en Yugoslavia y el genocidio en Ruanda. Uno de sus objetivos principales es someter a los criminales de guerra ante la justicia.

En ese año, la Asamblea General de la ONU convocó a una conferencia diplomática en Roma, lo que resultó en su creación el 17 de julio. Según el Estatuto de Roma la CPI entró en vigor en 2002. Actualmente, 123 países de todos los continentes han firmado y ratificado el documento.

Esta es una de las aspiraciones fundamentales de la humanidad para prevenir una nueva guerra tras finalizar la IIGM en 1945. Una especie de juicio de Núremberg permanente. Por obvias razones de poderío de las potencias esta no tuvo lugar sino hasta después del derrumbe del sistema bipolar. Está de más decir, que el poder de las grandes potencias sobrepasa y controla las capacidades de actuación de las instituciones multilaterales y no existe poder internacional alguno sobre ellos que les obligue a obedecerlas.

Si bien es cierto hasta el momento, no se han impuesto tales sanciones, la orden ejecutiva del presidente crea un mecanismo legal para sus implementaciones y sobre todo un precedente de máxima impunidad ante toda acción desmedida criminal en todas las cuasi infinitas guerras que provoca, administra y participa y no solo en el caso de Afganistán.

Lo anterior es gravísimo para las expectativas de paz y seguridad internacional del mundo entero. Si la ONU no puede prevenir la guerra menos que evitará nuevos juicios de Núremberg. Y menos la vergüenza de organización conocida como OEA que pueda hacerlo en el plano regional; más bien es una fuente de desestabilización por encargo de la Casa Blanca. El caso de Bolivia y su nefasta participación aun esta humeante.

Los pedazos de Europa

Un formato menor de decisiones colectivas regional es la Unión Europea, con órganos comunes de decisión. Su peor examen después del tema migratorio y la salida de Gran Bretaña, ha sido la actual pandemia. Esta demostró el egoísmo del realismo político de sus diversos intereses nacionales. Hoy por hoy se puede ver como cada Estado miembro de la Unión continúa procediendo cada quien a su manera para superar el Covid-19 y no lo hacen colectivamente.

El que hable de solidaridad europea está viendo hacia las nubes. Su unidad se basa en lo militar, en su apuesta a la OTAN. Por eso les conviene mantener vivo el miedo del oso ruso y el dragón chino y así sin pensarlo justifican enormes sumas de euros en los gastos militares. Pero las armas nucleares y las convencionales modernas no pueden combatir las pandemias, el cambio climático, la migración incontrolable y otros desafíos que enfrentan los europeos en su conjunto, pero lastimosamente para ellos de manera individual.

Por eso buscan a Polonia y a otros de Estados de Europa Oriental para que les sirva de amortización a la hora del enfrentamiento con Rusia, pues esta demás decir que ni los británicos morirán por los alemanes, ni los alemanes por los franceses o españoles. Hasta EEUU se aprovechan de su situación y sacaran de Alemania tropas para enviarlas a Polonia alentando el miedo entre los europeos con el recuerdo de la Alemania agresora de la segunda guerra mundial. Por su lado no es que los alemanes necesiten tropas norteamericanas en su territorio, pues ellos tienen muy buenas relaciones con Rusia ahora. Se trata de simplemente obligar a EEUU a que costee más en la defensa europea y manteniéndolo así como un disuasivo provechoso "cuasi gratuito".

Cuando se revisa con atención el estado de la unidad de los miembros de la Unión Europea, se ve a leguas, que su desunión es clara y peligrosa a su vez. Se vio en Italia en su relación con Rusia en medio de la pandemia o desde antes con China y la Iniciativa de la Ruta de Seda.

Sin duda esta pandemia es una prueba más que debe solo unificarlos más a pesar de la salida de los británicos y otros temas más. Por ejemplo, el Centro de Coordinación de Respuesta a Emergencias (CCRE), fundado en 2013 debe dar la falta de respuesta a Italia como lección por aprendida precisamente para manejar una situación como la pandemia en curso. Rusia actuó más rápido al pedido italiano. Sobre todo, porque esta no acaba aun al igual que las crisis económicas que enfrentaran cada uno de los Estados miembros y el Banco Central Europeo donde aún las cifras no terminan de elevarse. Con problemas de peso como la crisis de los refugiados, la movilidad de las personas, y el nuevo dilema de la participación de Turquía en Libia donde ya tuvo su primer encontronazo con Francia y hasta con la OTAN misma, este mecanismo y otros de la unión deben mejorarse.

La incapacidad de los países ricos ante la pandemia

Si en el plano político-jurídico las organizaciones multilaterales están seriamente debilitadas y cuestionadas por su incapacidad de mantener la paz y la seguridad internacional el panorama de las organizaciones de carácter económico, financiero y comercial es el mismo de desolador.

No hablemos del G-7, pues lógicamente 7 países por muy ricos que sean no pueden con los problemas económicos del planeta. Ni siquiera con los de ellos mismos. Igual sucede con el FMI, del Banco Mundial (BM) o del Banco Central Europeo. No tienen el dinero suficiente para esto. No tiene respaldo alguno todo ese capital financiero. Todo su dinero es especulativo virtual. Aun cuando busquemos un formato mayor como el G-20 la situación sigue siendo la misma.

El G-20 está formado por 19 países y la Unión Europea, entre los que se encuentran los países que forman el G7. Creado en 1999, con el fin de tratar temas relevantes de la economía mundial, es un foro de ministros de finanzas y presidentes de los bancos centrales de las veinte principales economías industrializadas y emergentes del mundo. La suma de la población de sus países representa dos tercios de la población mundial y el 85% del PIB.

En marzo pasado se llevó a cabo una cumbre virtual del G20, en su declaración final sobre unir esfuerzos en la lucha contra el coronavirus se perfila la competencia entre ellos mismos por crear una vacuna lo más rápido posible en un tono de "sálvese quien pueda" y con propósitos comerciales globales diversos y mezquinos. Solo China en su momento y la Federación Rusa intentan reforzar los mecanismos de cooperación y solidaridad internacional al anunciar la gratuidad de sus vacunas y medicamentos para sus ciudadanos y el deseo de compartirlas con otras naciones.

El G-20 anunció que 5 billones de dólares serán destinados a aliviar a la economía global. Pero la realidad es que es muy poco para la crisis económica que ya inició y con costo bastará para palanquear la crisis de los países miembros más fuertes. Es lógico puesto que las contradicciones entre los países que integran al G-20 son parte de las principales dinámicas de conflicto en muchas esferas en el sistema internacional. Muy difícil esperar de ellos respuestas unidas de acción global si se le agregan diferencias políticas, geopolíticas y geoeconómicas por todo el planeta.

Un claro ejemplo de esto es la crisis energética convertida en una verdadera confrontación que como nunca bajó el precio del oro negro a nivel mundial. Sin embargo, cada líder que participó en la cumbre virtual demostró mayor preocupación por la situación de la economía de cada uno de sus Estados en el marco de la pandemia y la guerra misma por la producción y precios de los hidrocarburos, que por el por la pandemia como problema global. No es casual que en el debilitamiento y falta de respuestas de este formato económico mayor se ve la crisis de la globalización misma.

No solo estamos hablando entonces de la falta de gobernabilidad global político jurídica y económica, sino también regional, que amenaza a profundizar el deterioro del multilateralismo en general. Mientras no se vea al multilateralismo como una de las formas por excelencia para superar las amenazas tradicionales y emergentes el caos y la guerra están a la vuelta de la esquina, pues el cambio del orden internacional obligatoriamente pasa por el reajuste de las relaciones de poder global y regional y esto de nuevo significa guerra.

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