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Eddy Raúl, un grande del FSLN

25 Junio 2020
Eddy Raúl, un grande del FSLN

Eddy Saúl Rizo Zeledón, nació el 25 mayo 1959 en el municipio San Rafael del Norte, departamento de Jinotega. Su padre fue Tirso Rizo –de ancestros italianos– profesional del magisterio que se desempeñó como inspector del Ministerio de Educación y como un connotado historiador de su natal San Rafael del Norte. Su madre fue Carmencita Zeledón, ama de casa. La familia Rizo-Zeledón, procreó cinco hijos: Mario Francisco, Claudia, Carmen María, Eddy Saúl, y Eréndira.

A principios de los años 60, la familia Rizo-Zeledón se trasladó a vivir a la ciudad de Matagalpa para que sus hijos e hijas tuviesen acceso a la educación secundaria. En esta ciudad Eddy Saúl realizó sus estudios de educación secundaria en el Instituto Nacional "Eliseo Picado".

Sus inicios en la lucha revolucionaria

Desde su adolescencia, Eddy Saúl se integró a la lucha política revolucionaria contra la tiranía de la dictadura militar que había establecido en Nicaragua la dinastía de la familia Somoza, apoyados en la represión de la llamada Guardia Nacional, ejército cipayo de relevo de los marines yanquis expulsados de nuestro suelo patrio por el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua que lideró el General de Hombres Libres, Augusto C. Sandino.

En 1976, Eddy Saúl se integró a la Asociación de Estudiantes de Secundaria (AES), siendo uno de los destacados fundadores del capítulo departamental de Matagalpa de esta beligerante organización que le aportó al FSLN centenares de guerrilleros adolescentes.

La AES era impulsada por connotados dirigentes del Frente Estudiantil Revolucionario (FER), organización universitaria creada por el FLSN que se convirtió en semillero de cuadros guerrilleros urbanos y de la montaña. El FER también fue una organización forjadora de cuadros políticos que descollaron como creadores de distintas expresiones organizativas de los diferentes sectores sociales de Nicaragua que luchaban por reivindicar los derechos conculcados por la dictadura.

Su vida universitaria

Cuando vino el tiempo de los estudios universitarios de sus hijos, Tirso y Carmencita se trasladaron a la ciudad de León a mediados de los años 70 para que sus muchachos se matricularan en la UNAN. Considerando la alta demanda de alternativas de albergues para estudiantes procedentes de toda Nicaragua, los padres de Eddy Saúl hospedaban jóvenes estudiantes en su casa del Barrio Zaragoza.

Eddy Saúl se matriculó en la UNAN, clasificando en la disputada carrera de Medicina, a la que aplicaban más de un millar de bachilleres para lograr uno de los escasos 90 cupos. Con su antecedente de dirigente del AES, inmediatamente se integró al FER llegando a ser el Presidente del Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN) de la Facultad de Medicina, elegido por ser un excelente estudiante y un destacado dirigente caracterizado por su integridad moral, su espíritu fraterno, sus convicciones sandinistas, su sólida formación política y su decisión ética de Patria Libre o Morir.

Desde este cargo de dirección, Eddy Saúl contribuye al fortalecimiento del trabajo político de captación de nuevos miembros del FER para ampliar la cantera de cuadros que requerían las unidades guerrilleras del FSLN.

Participa en el cotidiano trabajo organizativo de hormiga en los barrios y comarcas leonesas para crear nuevas células de militantes sandinistas, capacitarlos en escuelitas de formación política y dar el entrenamiento militar elemental o básico. Apoya el trabajo clandestino para abrir nuevas rutas en los departamentos de origen de los estudiantes universitarios. Realiza el activismo político en los barrios para desarrollar las redes comunitarias que desarrollarían las luchas sociales en la ciudad de León.

Organizar para combatir, combatir para organizar

El arduo trabajo de los dirigentes del FER, entre los que destaca Eddy Saúl, logra robustecer la capacidad de movilización popular de los barrios de la ciudad de León, cuyos pobladores se manifiestan cada vez con mayor frecuencia en las intensas actividades de agitación política a través de marchas populares de protesta, fogatas nocturnas acompañadas de arengas políticas, toma de iglesias, toma de institutos de secundaria, pintas en los muros de los barrios y distribución de volantes con mensajes de combate a la dictadura.

Asimismo, se empiezan a realizar audaces acciones de propaganda armada, operativos de recuperación de armas y de dinero para financiar la lucha armada, hostigamiento a patrullas de la guardia somocista que recorrían los barrios a reprimir a los jóvenes y a catear viviendas de familias opositoras o a capturar a familias enteras.

Esta lucha va creciendo exponencialmente hasta desembocar en las acciones armadas de la insurrección popular de septiembre de 1978.

Eddy Saúl se destaca en todas las tareas revolucionarias de agitación política, las que se convierten en un importante aporte para desatar la insurrección de septiembre de 1978. Además de aportar a las tareas pre-insurreccionales, participa decididamente en los heroicos combates de la Insurrección de Septiembre en la que el pueblo de León y los guerrilleros sandinistas se enfrentan a la genocida Guardia somocista armados con pistolas y armas de cacería.

Después de una semana de lucha insurreccional contra la Guardia Somocista, combatiendo con medios y fuerzas desiguales, se produce el repliegue de las columnas guerrilleras para preservar a los combatientes, reorganizarse y emprender las nuevas batallas. Se emprende la tarea de sistematizar las lecciones aprendidas, engrosar con más jóvenes las filas de las columnas guerrilleras, mejorar la logística, masificar la preparación combativa de las tropas, organizar nuevas rutas para introducir el armamento procedente de Honduras y estructurar unidades de apoyo en cada barrio.

Además, Eddy Saúl forma parte del contingente de cuadros del FSLN que emprenden las nuevas tareas post-insurreccionales de fortalecer el movimiento de masas a través del Movimiento Pueblo Unido (MPU), estructurar los Comités de Acción Popular (CAP), organizar a las Milicias Populares como fuerzas de apoyo combativo a las columnas guerrilleras. Para realizar estas tareas, Eddy Saúl es asignado al combativo barrio El Laborío. Paralelamente, participa en las tareas de entrenamiento militar de las células guerrilleras para las futuras batallas.

La etapa pre-insurreccional de 1979

En marzo de 1979 se firma la unidad de las tres tendencias en que lamentablemente se había dividido el FSLN: la tendencia denominada "Guerra Popular Prolongada" (GPP), la tendencia denominada Proletaria, y la tendencia denominada "Insurreccional" (Tercerista). El Frente Occidental "Rigoberto López Pérez" (FORLP) fue ejemplo de la concreción de esa unidad en la acción desde antes que se firmara oficialmente la unidad en un acto público realizado en La Habana, Cuba. Ya desde la insurrección de septiembre de 1978 se habían realizado acciones conjuntas entre los compañeros de la GPP y los Insurreccionales.

Este espíritu unitario fue uno de los factores clave de la victoria que logró que León fuese la primera ciudad liberada de Nicaragua. Además de la firme voluntad y del espíritu de unidad de las columnas guerrilleras de las tres tendencias, no se toleraban los diversos sesgos divisionistas de muchos compañeros. Se produjo la unidad de los diferentes movimientos de masas y de todos los sectores civiles de oposición al somocismo que apoyaban el combate militar que encabezaba el FSLN.

Desde ese espíritu de unidad, Eddy Saúl –que pertenecía a las unidades de combate de la GPP– lucha a la par de compañeros de la tendencia insurreccional en varios de los múltiples combates encarnizados de la etapa pre-insurreccional de León que acontecían todos los días.

Entre los combates de esta etapa pre-insurreccional que va de abril a junio de 1979, destacan tres grandes emboscadas de aniquilamiento a la Guardia Somocista:

• El 27 de abril columnas guerrilleras del FSLN emboscan a un convoy de la Guardia Somocista en La Barranca, un pequeño promontorio ubicado en el Barrio Sutiaba, propicio para una emboscada eficaz. Esta acción se realiza como respuesta a la masacre del 16 de abril de 1979 realizada por la Guardia Somocista en una casa de seguridad del FSLN en el Reparto Veracruz (Carretera a Poneloya), en la que caen asesinados seis miembros del Estado Mayor del FORLP: Róger Deshon Argüello, Óscar Pérez Casar, Edgar Lang Sacasa, Carlos Manuel Jarquín, Aracely Pérez Darias e Idania de los Ángeles Fernández.

• El 18 de mayo, columnas guerrilleras del FSLN emboscan a otro convoy somocista en la calle San Pedro del Barrio Sutiaba, asestándole una derrota demoledora.

• El 25 de mayo de 1979, las columnas guerrilleras combinadas de la GPP y de los Insurreccionales, montan una emboscada en el Puente de La Leona, ubicado en el kilómetro 84 de la Carretera Managua-León (a 7 kilómetros antes de llegar a León).

La insurrección final

El 4 de junio de 1979, con el inicio del Paro Nacional, se da inicio a la insurrección de la ciudad de León. La Guardia Somocista incapaz de seguir patrullando la ciudad ante el ímpetu guerrillero y el combate popular que los emboscaba en cada esquina, se vio obligada a acuartelarse desconcentrando sus fuerzas en cinco puntos estratégicos de la ciudad:

• El Comando Central

• La Cárcel "La 21", contiguo al Comando, ambos ubicados en el centro de la ciudad

• El edificio del Hospital del Seguro Social, cercano al Comando Central

• El edificio del Banco Central, ubicado al suroeste de la cuidad, en el bypass que une la carretera León-Managua, con la carretera León-Chinandega

• El Aeropuerto Godoy, ubicado al noroeste de la ciudad en dirección a Poneloya.

Las calles las controla el pueblo armado que recibe el inclemente bombardeo incesante de la genocida aviación somocista contra la población civil.

El Estado Mayor del FORLP decide que, mientras cuatro columnas guerrilleras atacan a los guardias somocistas apostados en el Cuartel Central, la Cárcel "La 21" y el Hospital del Seguro Social, otras cuatro columnas guerrilleras crearán un anillo que cubra todas las rutas de acceso a la ciudad de León desde Managua por el Sur, desde Chinandega por el Noroeste, desde Matagalpa o desde Estelí por el Noreste.

La misión de estas columnas guerrilleras era evitar que llegaran refuerzos de la Guardia y batirse a muerte para impedirlo.

Es así que se monta una gran emboscada en un sitio cercano al empalme del municipio de Quezalguaque conocida como "La Desmotadora", donde había un promontorio rocoso que servía de banco de materiales para la grava que se usaba en la construcción de carreteras (por eso le decían "La Pedrera").

Se monta otra emboscada en "La Cartonera".

Rodrigo Salomón González García (Argelio)

Ambas emboscadas las realizan la Columna "José Benito Escobar Pérez", al mando de Sergio Lira (Zacarías), y la Columna "Carlos Agüero Echeverría", al mando de Rodrigo Salomón González García (Argelio).

Con estas emboscadas se logra frenar a las fuerzas de los ejércitos centroamericanos que, aglutinados a través de la figura del Consejo Centroamericano de Defensa (CONDECA), habían llegado a Chinandega y querían avanzar hacia León.

Luego, la Columna Carlos Agüero Echeverría es trasladada a la comarca Las Parcelas, en el municipio de La Paz Centro, con la misión de emboscar en las Lomas de Pancorva a los posibles refuerzos que vinieran desde Managua o de la Base Militar de la EEBI establecida en la hacienda ganadera El Tamarindo, ubicada a 32 kilómetros al sur de la ciudad de León.

La EEBI intenta decenas de veces romper el muro de contención de la Carlos Agüero Echeverría, quien se lo impide a fuerza del heroísmo de sus combatientes con el saldo de varios combatientes caídos y heridos.

El 16 de junio de 1979, el nuevo jefe de la GN en León, el sanguinario Mayor General Gonzalo Evertz –alias "Vulcano"–, conocido entre el pueblo como el "Chacal de Waslala", por sus horrendos crímenes cometidos contra los campesinos de esa zona del país, organiza su escape del comando hacia El Fortín de Acosasco. Organiza su fuga disfrazado de mujer, escoltado por parte de sus tropas que estaban acantonadas en el comando. Utiliza el cobarde ardid de formar un escudo humano formado por población civil y por pacientes adultos y niños que secuestró en el Hospital del Seguro Social. En su huida, caen abatidos más de sesenta guardias somocistas, pero Vulcano logra escapar y refugiarse en El Fortín.

El 20 de junio, el destacamento que dejó Vulcano resguardando el Comando Central de la GN, se rindió ante el incesante ataque de las columnas guerrilleras del FSLN. Eddy Saúl es uno de los protagonistas de esta rotunda victoria del pueblo. Dieciséis días después de haber iniciado la insurrección popular, León era la primera ciudad liberada de Nicaragua.

Sin embargo, quedaba el reducto de guardias bajo el mando del sanguinario Vulcano posicionados en las estratégicas colinas del Fortín de Acosasco desde donde martirizaban a la población de los barrios aledaños con incesante e indiscriminado fuego de morteros y cañones.

El Estado Mayor del FORLP organiza el Plan para la toma del Fortín de Acosasco. Para ello se designan dos columnas guerrilleras y una unidad de Combate:

• La Columna Guerrillera "Carlos Manuel Jarquín (Jacinto), de la tendencia Insurreccional, al mando del legendario y heroico guerrillero Emiliano Muñoz Lumbí, mejor conocido como Emiliano Pancasán (QEPD), con Carlos Manuel Sosa Fonseca (Jereremías) como segundo al mando.

– La Columna Guerrillera "José Benito Escobar Pérez", de la tendencia GPP, al mando de Sergio Lira Gutiérrez (Zacarías). El Estado Mayor decide reforzar a esta Columna con una unidad de combate perteneciente a la Columna "Carlos Agüero Echeverría", al mando de Rodrigo González (Argelio). Argelio selecciona a la Unidad de Combate "Marta Angélica Quezada", bajo el mando de Raúl Cabezas Lacayo (Alonso).

– Por parte del Estado Mayor del FORLP, designa a dos de sus miembros para dirigir la operación: la legendaria guerrillera María Leticia Herrera Sánchez (Comandante Vicky o Miriam) y el Comandante Leopoldo Antonio Rivas Alfaro (Comandante Óscar).

Eddy Saúl, como uno de los jefes intermedios de la Columna José Benito Escobar Pérez, va en la primera línea de fuego para el asalto al Fortín de Acosasco. El primer día de la operación, Eddy Saúl es herido mortalmente mientras cumplía la noble misión de evacuar a un combatiente herido de seudónimo "Manolo", a quien solidariamente –como correspondía a la ética de los combatientes sandinistas– no quiso dejar abandonado en el campo de batalla y se arriesgó para salvarlo.

Eddy Saúl cae herido por una bala calibre 5.56 de fusil Galil (fabricado por Israel), y es evacuado desangrándose, asfixiándose, porque la bala le perforó un pulmón. Después de una hora de batallar por su vida, expira cuando estaban empezando a darle asistencia médica. Su cadáver fue sepultado en la iglesia Zaragoza de la ciudad de León, hasta dos días después de su muerte.

Los últimos minutos de Eddy Saúl

Por Jorge Danilo Portocarrero Argüello, político de la Unidad de Combate "Martha Angélica Quezada". Testimonio de los últimos minutos de vida de Eddy Saúl Rizo Zeledón.

Yo no conocía a Eddy Rizo. Lo conocí hasta unos pocos minutos antes de su muerte. Sin embargo, aquellas circunstancias marcaron mi memoria con una huella indeleble de esos momentos tan aciagos. Como un homenaje a nuestro héroe sandinista y a petición de algunos compañeros que apreciaban mucho a Eddy, me atreví a escribir este pequeño testimonio de las circunstancias de su caída en combate, a riesgo de omitir detalles que se me escapan a 41 años de distancia.

Una tarde del 24 de junio de 1979, los miembros de la Columna Carlos Agüero Echeverría (CAE) estábamos en el campamento que habíamos instalado en la comarca Las Parcelas, colindante con la hacienda Los Arcos y las Lomas de Pancorva, desde donde salíamos a emboscar a los contingentes de la Guardia Somocista que intentaba infructuosamente atravesar nuestras líneas para llegar a la ciudad de León a reforzar y rescatar a las acorraladas tropas del genocida General Gonzalo Evertz, alias "Vulcano".

El Jefe de la Columna, Rodrigo González (Argelio), convocó a reunión a la Unidad de Combate "Martha Angélica Quezada", una de las cuatro de la Columna, cuyo jefe era Raúl Cabezas Lacayo (Alonso), quien se caracterizaba por su enorme mística revolucionaria y su don de fraternidad. El objetivo de la reunión era comunicarnos la decisión de mandarnos como refuerzo de la Columna "José Benito Escobar Pérez" para participar en la toma del Fortín de Acosasco.

Nos quitaron las precarias armas de cacería con la que combatíamos: fusiles Winchester 44, escopetas, rifles calibre 22, todas recuperadas en las fincas ganaderas de La Paz Centro. También teníamos carabinas y fusiles Garand recuperados a la Guardia. Ese armamento fue sustituido por un lote recién llegado de fusiles FAL.

Nos entregaron a cada uno un fusil FAL con una dotación de cuarenta proyectiles 7.62 milímetros y granadas de mano. También nos asignaron una ametralladora liviana FAB. Para nosotros era un estímulo y un honor haber sido seleccionados para esa misión. La CAE por su parte, continuaba con su heroica batalla de todos los días de contener a los refuerzos de la EEBI que intentaban llegar a León.

Planificando el ataque al Fortín

El 25 de junio, partimos hacia el barrio El Coyolar de la ciudad de León. Llegamos por veredas al lugar y nos reunimos con los mandos de las unidades guerrilleras que participarían en el ataque.

El plan definido por el Estado Mayor es que la Columna "Carlos Manuel Jarquín", dirigida por Emiliano Muñoz Lumbí, mejor conocido como "Emiliano Pancasán" (QEPD), con Carlos Manuel Sosa Fonseca (Jeremías) como segundo al mando, subiría las colinas del Fortín de Acosasco por el costado Suroccidental, ubicando su puesto de mando y su puesto médico en la casa hacienda ganadera de una familia Argüello.

Por su parte, la Columna "José Benito Escobar Pérez" y la Unidad de Combate "Martha Angélica Quezada", subirían las colinas del Fortín de Acosasco por el costado Oeste.

Una vez planteada nuestra misión, nos trasladamos en varias camionetas a través de la carretera hacia Poneloya hacia el punto acordado. A los pocos kilómetros giramos al sur y nos introdujimos a varias fincas rurales atravesando callejones y potreros hasta llegar a una casita campesina donde nos esperaba un baqueano.

Luego llegamos a una pequeña choza donde Zacarías tenía el puesto de mando y el puesto médico de la Columna José Benito Escobar Pérez. Zacarías, nos planteó la misión de desplazarnos en un segundo escalón a la ofensiva que encabezaban dos unidades de combate de esta Columna. Nos empezamos a desplazar cuesta arriba para ascender hasta la cresta geográfica de la serie de colinas, en una de las cuales está ubicada la vieja fortaleza militar en la que se refugian los últimos guardias de León.

Los genocidas estaban muy bien armados con fusiles Galil, fusiles M-16, ametralladoras livianas MAG, ametralladoras pesadas de 30 y de 50 milímetros, morteros de 81 milímetros, cañones de 75 milímetros, un tanque Sherman con un potente cañón, varias tanquetas con sus cañones y ametralladoras, y varios transportadores blindados de orugas, más el eventual apoyo del fuego de la aviación.

Hicimos una apreciación de la situación, con el típico análisis militar de las fuerzas del enemigo versus nuestras fuerzas, su armamento versus el nuestro, las condiciones topográficas de las colinas en las que estaba asentada la fortificación militar, las condiciones climatológicas del invierno, los grandes obstáculos de las líneas de abastecimiento logístico. Eran evidentes las claras ventajas del enemigo.

Desde esta lógica del tecnicismo militar, jamás alguien se hubiera atrevido a lanzar una operación ofensiva con tantas ventajas del enemigo, principalmente la ventaja de la posición geográfica y la superioridad del armamento. Sin embargo, nosotros teníamos una ventaja insuperable: la moral combativa, la decisión de Patria Libre o Morir y las reservas inagotables de tropas porque contábamos con el respaldo de todo el pueblo de León dispuestos a vencer o morir.

Perdimos el factor sorpresa

Los compañeros del primer escalón ya iban alcanzando la cresta militar, es decir, la pendiente topográfica más próxima a la cresta topográfica, cuando ocurrió algo fatídico: un compañero realizó una maniobra involuntaria con su fusil y accidentalmente disparó una ráfaga. Esto alertó a la guardia, la que inmediatamente se salió de la fortaleza a reforzar a los centinelas que tenían apostados y a ocupar algunos puntos de gran visibilidad y ventaja defensiva.

Combatientes de la Unidad de Combate "Martha Angélica Quezada"

Se perdió el importantísimo factor sorpresa, el resultado fue un desastre. La guardia emplazó sus ametralladoras en puntos clave para reforzar el fuego de sus fusiles con el que prácticamente barrían los pastizales de jaragua que era el único manto vegetal que cubría las laderas de las colinas por las que íbamos ascendiendo.

No había otra opción que retirarse descendiendo hasta las cárcavas o zanjones que la erosión provocada por las lluvias de junio habían formado en las laderas. Inmediatamente, ocupamos las cárcavas para protegernos del fuego enemigo y desde ahí responderles con nuestros fusiles FAL y nuestras ametralladoras livianas FAB.

Los compañeros del primer escalón de la ofensiva estaban en total desventaja porque tenían que recorrer un largo trecho para llegar hasta las cárcavas. También había un callejón cubierto de alamedas de árboles de Tigüilote que podían protegernos del fuego enemigo. Ese callejón estaba en la base de las colinas, con un trazado de Norte a Sur. Su profundidad y las alamedas de tigüilotes brindaban un importante parapeto para protegerse del fuego enemigo, la dificultad consistía en llegar hasta allí.

En ese trayecto comenzaron a caer los heridos, entre ellos un compañero de seudónimo "Manolo". Eddy Rizo, en un hermoso y heroico gesto solidario decide rescatar a este compañero y, en el cumplimiento de esa misión, también resulta herido.

Me toca cargar al herido

Otros compañeros de los que venían descendiendo en retirada a través de las laderas, lo vienen cargando. Cuando Raúl Cabezas se entera que Eddy está herido, me dice: "vos tenés buena contextura física; ayudá a cargar a Eddy para trasladarlo hasta el puesto médico". Raúl era de contextura menuda, de baja estatura y estaba muy conmovido porque conocía muy bien a Eddy desde los tiempos del AES y del FER donde ambos militaron. Después me relató toda la trayectoria de lucha revolucionaria de Eddy.

Escuadra de la heroica Columna Guerrillera "José Benito Escobar Pérez". Al centro, Eddy Saúl Rizo Zeledón y a su izquierda, de boina, Raúl Cabezas Lacayo.

Avanzando a rastras, llegamos hasta donde estaban los compañeros que venían bajando a Eddy. Estaban agotados y emocionalmente muy agitados por la urgencia de salvar a Eddy. Recordé las clases de primeros auxilios que había recibido en la Cruz Roja y las técnicas que nos habían enseñado en los entrenamientos de las escuelitas guerrilleras, para cargar a los heridos.

En el último tramo antes de llegar al puesto médico, cargué a Eddy metiendo mi hombro derecho en su entrepierna y coloqué mi brazo izquierdo bajo su axila izquierda, lo pulsé y comencé a avanzar hacia la humilde choza campesina.

Eddy se iba asfixiando porque una bala calibre 5.56 de fusil Galil le había entrado por el costado derecho de la pelvis y salió por el hombro izquierdo, perforando a su paso un pulmón. La hemorragia, a través de un pequeño hilo de sangre que salía por el diminuto orificio de entrada, lo estaba desvaneciendo. Su mirada era tierna y su expresión gestual era bondadosa y agradecida con una sonrisa tímida pero melífica como queriendo decirnos "tranquilos... estaré bien".

A cada segundo que transcurría, su rostro blanco de chele norteño, palidecía. La perforación del pulmón lo estaba asfixiando. Su respiración forzada inhalaba con fuerza y su bravo pecho se expandía luchando por obtener el oxígeno que se le escapaba. Su mirada languidecía pero a veces abría los ojos con más intensidad para proyectar la luz de la esperanza.

Por fin, llegamos al puesto médico. El compañero médico ordenó que inmediatamente acostaran a Eddy en unas tablas. Con la urgencia del caso le canalizó en su brazo una cánula para administrarle un suero que ayudara a estabilizarlo.

Transcurridos diez minutos, el médico comunicó la noticia fatal: Eddy había expirado.

«Hermano, se nos fue un grande»

El llanto guerrillero de los hermanos combatientes de la José Benito, explotó. Raúl lloraba inconsolablemente y con sus botitas militares pateaba el lodo mientras gritaba... "Hijos de las mil putas guardias genocidas... Hermano, se nos fue un grande. Sentite privilegiado de haber cargado a un cuadroncononón del FLSN"...

Los compañeros de la José Benito Escobar Pérez, estaban moralmente destrozados. Hasta ese momento me enteré quién era Eddy Rizo. Entonces supe que el destino me había brindado el honor de cargar en mis hombros a un ser humano extraordinario, a un joven revolucionario ejemplar, a un líder estudiantil carismático, a un hermano de lucha. Yo que me había iniciado en el AES de Chontales, supe que había muerto otro AES como Manuel Olivares y Marco Antonio Sequeira Molina, caídos en 1978 en una casa de seguridad del barrio Monseñor Lezcano de Managua.

Ante la imposibilidad de tomarse el Fortín de Acosasco, los jefes de la operación decidieron implementar la estrategia del cerco y el asedio las 24 horas del día. Nosotros quedamos entrampados en las cárcavas alimentándonos con agua de charco y "melenqueando" pasto.

Era imposible salirse de las cárcavas a buscar alimentos, el que se salía caía víctima de los francotiradores que, desde las posiciones privilegiadas de la cresta geográfica nos hostigaban cada quince minutos.

Por nuestra parte, nos coordinábamos para crear cortinas de fuego en dirección a las posiciones de los francotiradores. El problema era la escasez de municiones, hasta que tuvimos que dejar de disparar para quedarnos con una reserva de apenas 10 proyectiles y nuestras granadas de mano.

Una noche recibimos la orden de que todas las fuerzas guerrilleras teníamos que abrir fuego a las 12:30 de la madrugada contra las posiciones de la guardia somocista. El objetivo era que los guardias se refugiaran para esquivar nuestro fuego, mientras una avioneta Cessna de nuestra incipiente y precaria fuerza aérea sobrevolaba el Fortín de Acosasco para dejar caer paquetes de cartuchos de dinamita. Cumplimos la orden de disparar a las 12:30 pero la avioneta nunca llegó.

Milicianos heroicos

En otra de las larguísimas noches de hostigamiento incesante de los guardias a nuestras posiciones y de nuestra repuesta inmediata, recibimos una gratísima sorpresa. Un enorme contingente de milicianos, realizaron la proeza de construir zanjas para llegar desde la zona noroccidental hasta nuestras posiciones para abastecernos de alimentos y de municiones.

Era una osadía mayúscula, un heroísmo sin límites de aquellos pobladores que lo arriesgaban todo para proveernos. Excepto unos cuantos iban armados con revólveres, la mayoría iba desarmada cargando las bolsas con alimentos y los saquitos de manta azul con los proyectiles.

Nuestra emoción era indescriptible al ver a aquellos niños, mujeres adolescentes y adultos mayores con sus rostros sudados y llenos de lodo. Jamás he visto tanto amor, cuánta determinación para lograr la victoria. Entre ellos recuerdo a la compañera Flavia Orozco con su agitado rostro adolescente y su menudo cuerpo avanzando a rastras sobre el lodazal para llegar hasta nuestras trincheras. Cumplieron su misión de abastecernos y se regresaron por la misma ruta.

El 6 de julio, a las 3:00 p.m. tres helicópteros Sikorsky de la Fuerza Aérea Somocista, nos sorprendieron. Volaron a baja altura procedentes del Océano Pacífico rumbo al Fortín. Cuando escuchamos el ruido de sus motores ya los teníamos encima. Solamente uno de ellos aterrizó para recoger a Vulcano e inmediatamente alzó vuelo. Los otros dos nunca aterrizaron, se quedaron a baja altura descargando cajas de municiones y de raciones frías.

El 7 de julio, a las 6:00 a.m. comenzamos a recibir las explosiones de los famosos rocket de los aviones bombarderos Push and Pull, el fuego de metralla de los aviones caza T-33, las bombas incendiarias lanzadas desde los helicópteros Sikorsky, la metralla de las ametralladoras calibre 50 que improvisadamente instalaron en las alas de los aviones de carga C4 (Los Dundo Eulalio). Simultáneamente, recibíamos el fuego de los morteros y de los cañones de los guardias del Fortín. Se trataba de la llamada preparación aérea y artillera de la ofensiva para ablandar las posiciones enemigas.

Organizaron una columna de marcha encabezada por un tanque Sherman y dos tanquetas. Le seguían varios camiones militares con los guardias avanzando a pie a los dos lados de cada camión. Cerraban la Columna de marcha los transportadores blindados.

A las 7:00 a.m. iniciaron la marcha descendiendo por las colinas del lado suroeste rompiendo el cerco donde estaba la Columna Carlos Manuel Jarquín con las tropas de Emiliano y de Jeremías. El combate fue intenso. Los compañeros no tenían armamento para frenar el avance del tanque Sherman. Los guardias tuvieron varias bajas y nuestras tropas también.

Raúl rescata a una enfermera

Entre los heridos estaba la enfermera del Puesto Médico. Se estaba desangrando por un balazo de ametralladora 30 milímetros que le perforó los intestinos. Raúl Cabezas inmediatamente la reconoció, pues era su vecina y antigua colaboradora del FSLN. Se conmovió al verla y, en un gesto solidario le ordenó al médico que la montara a un Jeep 4x4 marca Nissan color verde, para llevarla urgentemente al Hospital San Vicente.

Raúl me ordenó que designara a un combatiente de mi escuadra para que sostuviera la espalda y la cabeza de la compañera herida que iba acostada en el piso trasero del jepp. El médico iba conduciendo el jeep y Raúl iba en el asiento delantero derecho.

Los jefes de la operación le ordenaron a una unidad de combate que diera persecución a la Columna de marcha de la guardia para "arrearlos", mientras el grueso de las tropas se movilizó a la Hacienda Casa Blanca y a la Carretera hacia Salinas Grande a emboscar a la guardia que huía despavorida con rumbo a Puerto Sandino para escapar en barcos pesqueros hacia la República de El Salvador.

Cuando la columna de marcha de la guardia venía atravesando los pastizales de la Hacienda Casa Blanca, comenzó la emboscada. Se desviaron hacia el camino a Salinas Grandes donde había otra gran emboscada. El aniquilamiento fue total. Las tanquetas y los transportadores blindados quedaron varados balanceándose sobre grandes rocas. De las tanquetas salían ancianas, mujeres y niños familiares de los guardias. En los camiones llevaban enceres del hogar: utensilios de cocina, ropa de cama, bacinillas, mecedoras, sacos de ropa.

Algunos guardias se vistieron de civil y lograron llegar a la Hacienda El Tempate, la que disponía de algunos pequeños botes en los que se trasladaron a través de los manglares hasta Puerto Sandino.

Fue entonces cuando las lecciones éticas del Comandante en Jefe Carlos Fonseca Amador se pusieron en práctica... "Implacables en el combate, generosos en la victoria"... El dolor por la muerte de tantos hermanos combatientes, la rabia por las masacres contra la población civil indefensa, el recuerdo de la saña de las torturas en las mazmorras somocistas, impulsaban a los combatientes a fusilar a los guardias capturados en las dos grandes emboscadas. Estaba fresca la memoria de la muerte de Eddy Rizo, del Comandante Abel, de Verónica Lacayo, de los Héroes de las Lomas de Pancorva y de centenares de compañeros. Pero la ética de Carlos se impuso. Había que tener misericordia y perdonarles la vida.

Nuestro jefe ha muerto

La euforia por la contundente victoria era enorme, pero nos llegó una triste noticia: Raúl Cabezas Lacayo, nuestro hermano Alonso, nuestro jefe carismático y fraterno, había muerto en un accidente de tránsito mientras trasladaba a la compañera enfermera gravemente herida.

El tráfico vehicular era un caos porque solamente circulaban esporádicamente algunos vehículos de las columnas guerrilleras y no tenía sentido respetar las señales de Alto o de Ceda el paso. Una camioneta Cherokee en la que viajaban unos compañeros guerrilleros se lanzó el alto. Ellos avanzaban del Restaurante El Sesteo hacia la Iglesia El Calvario. Impactaron la puerta del chofer del jepp Nissan en el que viajaba Raúl, que avanzaba de Guadalupe hacia la calle de los bancos. El chofer perdió el control, el jepp subió a la acera.

Con el impacto, Raúl sacó medio cuerpo por la ventana y su cabeza impactó en un poste del tendido eléctrico, falleciendo de inmediato.

Junto a Eddy Rizo, habíamos perdido a otro grande. Fundador del AES, militante del FER, constructor de rutas y de redes en el Municipio de La Paz Centro. Místico, hermano fraterno. Era el segundo miembro de la familia Cabezas Lacayo que caía. Antes había caído su hermano Emir, de quien tanto nos hablaba Raúl con un amor inmenso y una gran admiración, más que de hermano de sangre, de hermano revolucionario.

Con la consigna "La marcha hacia la victoria, no se detiene", el FORLP avanzó derrotando a la guardia somocista en los encarnizados combates de La Paz Centro. Desalojó a la EEBI de la base militar de la Hacienda El Tamarindo y se tomó Puerto Sandino.

Luego, el FORLP avanzó a la toma de Nagarote, jamás había visto a tantos guerrilleros juntos. Otra vez la victoria tuvo un mal sabor con la caída del heroico Comandante Fanor Urroz (Mariano), miembro del Estado Mayor. Cayó combatiendo mientras dirigía la toma del cuartel del pequeño poblado de Nagarote.

Las columnas guerrilleras avanzaron hacia Managua siendo las primeras en llegar a la Loma de Tiscapa y ocupar el famoso búnker de Somoza, las instalaciones de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería y el Hospital Militar.

La victoria era nuestra, pero en los corazones guerrilleros estaba el dolor por los hermanos caídos a las puertas del triunfo.

Cuarenta y un años después, militantes sandinistas que trabajaron con Eddy Rizo en múltiples tareas del FSLN, se reunieron para hacerle un homenaje en su aniversario y me pidieron que brindara este testimonio para honrar la memoria de uno de los centenares de héroes del FSLN que aportaron a nuestra liberación nacional para hacer de Nicaragua una sociedad justa y libre.

El Fortín

El Fortín de Acosasco fue construido como un fuerte militar en el período de 1889 a 1890, durante el segundo mandato del Presidente de la República de Nicaragua, médico y político conservador Roberto Sacasa y Sarria. Se trata de una pequeña fortaleza militar construida en el cerro de Acosasco, el más alto de una serie de colinas que descienden de Norte a Sur, hasta el cementerio de Guadalupe.

Está ubicado al suroeste de la ciudad de León. Desde la altura de sus estribaciones se domina totalmente la visión del valle en el que se asentó la ciudad de León. El Río Chiquito bordea la serie de colinas por el costado Norte.

La administración del Presidente Juan Bautista Sacasa en el período de 1933 a 1936, lo abandonó.

La dictadura militar de la dinastía Somoza lo convirtió en una cárcel, centro de tortura y de asesinato de presos políticos que los adversaban.

El 7 de julio de 1979, fue tomado por las Columnas guerrilleras del Frente Occidental "Rigoberto López Pérez" y se izó por primera vez la bandera rojinegra del FSLN.

El 14 de julio de 1983 fue declarado Patrimonio Histórico Nacional.

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