El celibato, mandato «contra natura»

15 Abril 2010
Por Mario Fulvio Espinosa Quien haya leído la novela "El crimen del padre Amaro", del genial portugués Eca de Queiroz, (o visto la película, con Gael García) se habrá enterado de la frustración y rabia que se apoderan del citado cura al saber que Amelia, la mujer que ama, esta embarazada y que él no puede casarse con ella pues lo impide el celibato que le impone su iglesia. Son de antología los reproches que lanza Amaro contra los inventores del celibato y los cargos de conciencia que se apoderan de él en tales circunstancias. Maldice a aquellos que le obligan a renunciar a ser un ser humano normal, a tener el derecho de amar, poseer una familia y ser feliz como los demás hombres. Sus cargos de conciencia pronto amainan cuando Amelia muere al parir al hijo y con la entrega del recién nacido a una vieja arpía que, a cambio de dinero lo hará desaparecer. Al concluir la tormenta Amaro sigue sin mayor novedad ejerciendo su ministerio, los superiores disimulan su desliz en grado tal, que pronto llega a ser obispo de una diócesis para mayor gloria de Dios. ¿Pero, en qué consiste ese celibato que tanta pena causó al padre Amaro? En realidad el celibato es una disposición contra natura que de un modo inflexible impone la Iglesia católica a sus sacerdotes, prohibiéndoles tener relaciones sexuales de cualquier tipo, y por ende casarse, tener familia y llegar a una realización humana plena y feliz. Sin embargo, tanto los apóstoles de Cristo como los primeros padres de la Iglesia fueros casados, tuvieron hijos y llevaron una vida normal al lado de los suyos. A tres siglos de la muerte de Jesús, en el Concilio de Nicea (325) hubo intentos de imponer el celibato, pero uno de los obispos más respetados, el monje egipcio San Pafnucio, convenció a todos los presentes que no fuese obligatorio, de hecho el celibato radical se aprobó hasta el Siglo XVI en el Concilio de Trento. En el aspecto teológico el celibato es contrario al mandato divino de "creced y multiplicaos" que Dios impuso a Adán y Eva, creados varón y mujer con la misión de multiplicarse y poblar la Tierra. Esta misión sólo es posible teniendo relaciones sexuales, por tanto resulta inaudito poner barreras ficticias a la naturaleza, la misma Teología católica señala que "la gracia no destruye la naturaleza, sino que la desarrolla y perfecciona". "Eso hace –dice el teólogo español Enrique Miret-, que desde todos los puntos de vista, psíquico, médico, humano, religioso, jurídico, ético y moral, fracase cualquier decisión eclesiástica que vaya contra los principios fundamentales de la naturaleza". Si a través del celibato se busca la santidad de los curas, debemos recordar que el comportamiento de los hombres siempre está sujeto a errores, un imperativo moral como el celibato no tiene en cuenta la advertencia de Freud: "los deberes irrealizables sólo sirven para producir patologías, individuos infelices y enfermos". La imposición del celibato de parte de sujetos que se sienten "puros, castos y elegidos", en nada ha contribuido a que el mundo tenga más paz y bienestar, por el contrario, esta norma pecata ha desembocado y proliferado en curas pederastas y pedófilos cuyos crímenes mantienen en vilo al mundo entero. El celibato, por tanto, no ha contribuido a cambiar las tendencias sexuales de los curas, sino a traumatizar sus conductas y a multiplicar –amparados por el encubrimiento de papas y obispos-, el número de victimas de sus violaciones y acciones de pedofilia y pederastia. Si la obligatoriedad del celibato sigue vigente, su incumplimiento por parte de los curas es evidente y va en aumento, sin embargo, la Iglesia sigue empecinada en negar la realidad. Esta cerrazón de Roma impide o al menos dificulta abordar con profundidad y seriedad el tema, sobre todo cuando los obispos, a falta de un criterio apropiado para defender lo indefendible, caen en la explicación rudimentaria de que son cosas del Diablo contra la iglesia, y cierran diciendo que "las puertas del infierno no prevalecerán contra ella" (la Iglesia). Esto es cerrar los ojos ante los delitos de los curas que, por ser predestinados miembros de la grey de Cristo, siempre encontrarán la forma de vencer al demonio, aunque esa victoria nunca llegue.. En el campo de la sicología, la represión contra natura que es el celibato, provoca la angustia y el rechazo de los curas reprimidos, que como en el caso del Padre Amaro, al desahogar sus pasiones se desbordan en actos criminales contra victimas inocentes, delitos que en su gran mayoría quedan impunes. Ejemplo de esto puede ser el caso del Padre Dessy, quien sólo pudo ser denunciado y enjuiciado en otro país, porque sus victimas bien sabían que nuestra curia se haría "de la vista gorda". Porque resulta que la imposición del celibato conduce a la comisión, de parte de la alta jerarquía, de otros crímenes conexos, como son la ocultación del delito, la complicidad, el encubrimiento y el abandono vil de las victimas. ¿Qué protección jurídica puede tener el niño nacido de una relación "sacrílega"? ¿Por qué se le niega el derecho elemental de ser acogido y reconocido por su padre y conocer sus raíces familiares? ¿Qué clase de criterio practican los altos jerarcas de la Iglesia que convierten en aberrada y clandestina la más hermosa forma de comunicación humana que es el amor? ¿Seguirán en su papel de victimas sin derecho a reparación los estuprados y violados, porque sus victimarios deben permanecer "a la sombra" para tranquilidad de Dios y de su Iglesia? El celibato, además, es la negación de los derechos humanos básicos de la mujer, es la exacerbación del machismo religioso, un proceso inquisitorial contra la libertad sexual y de conciencia. Una prueba más del imperialismo moral y del neocolonialismo ético y jurídico de la jerarquía eclesiástica, que conecta de manera trágica con las más negras pesadillas con que actuó y actúa el Santo Oficio. La irracionalidad del celibato, la superstición y el dogmatismo son enemigos de la dignidad humana e impiden la llegada del reino de amor y justicia con que soñaba Cristo.
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