Los desafíos de nuestra Policía Nacional

12 Agosto 2010
A un mes de los trágicos sucesos de Chichigalpa, no faltó la "mala hora" de la Policía Nacional en el recuerdo de sus detractores, los medios de la derecha y su pléyade de "sabios" llámense Tunnermann Berhein, Serrano Caldera, Cairo Manuel López (fantasma en la CSJ) o un tal Orozco, de una ONG que por vergüenza se autodenomina "Instituto" y que además dice estudiar "estrategias públicas", así como otros que huyen del anonimato dispuestos a opinar hasta por los codos como expertos, aún cuando el tema sea ¿por dónde orinan los ángeles? Nadie, o mejor dicho, muy pocos podemos decir en este país que no hemos sido víctimas de un modo u otro de una parte de algunos miembros de la Policía Nacional, sea en una mordida de tránsito o del "jefe de sector", indiferencias a las denuncias de delitos, atropello a las leyes, etc., etc., y algunos la comparamos hasta con la Guardia Nacional somocista, mientras que cuando actúa a nuestro favor y somos parte del club de "Amigos de la Policía", es "nuestra" Policía y además es "nacional". Algunos compañeros bien intencionados son férreos críticos de las actuaciones indebidas de algunos miembros de la institución en aras de su mejoría, de que actúe DESDE, CON y PARA EL PUEBLO, pero una cosa es lo ideal y otra la cruda realidad, una realidad que no hacemos nada para cambiarla. Otros compañeros, sesgados por sus actuales posiciones políticas han externado vibrantes comentarios, criticando a la institución que se deja manosear por el presidente Daniel Ortega cuando éste contrata un grupo de escolta personal, pero igual que los diarios que originaron la supuesta violación al precepto constitucional de que la Policía Nacional debe dar seguridad personal al primer mandatario, ocultan que la Carta Magna tampoco le prohíbe contratar a quien quiera para que lo proteja. Tampoco faltan otros, entre tantos autollamados comentaristas, analistas, cronistas deportivas incluidos, que tomaron bandera en el asunto y durante los acontecimientos de Chichigalpa, en vez de llamar a la calma y no a la violencia, subliminalmente encendían los ánimos, y como las sierpes, clamaban de que "ya no basta" con que la primera comisionada Aminta Granera dé condolencias por las víctimas de los incidentes, insinuando que como ya no basta, Granera y toda la superioridad policial debería renunciar… es decir llamaban al caos total en la institución, con claros propósitos políticos. Obviamente, el comisionado general Carlos Palacios no contribuye a aumentar la credibilidad, la confianza, en la Policía Nacional, cuando en declaraciones a los periodistas niega que un agente en Chichigalpa, disparaba horizontalmente un AK, ubicado en una acera y con la gorra hacia atrás, cuestión que todo el mundo vio en las tomas de la televisión. Granera, Palacios y demás oficiales superiores deben hacer una investigación exhaustiva y transparente, caiga quien caiga, incluso sancionando a los superiores por no controlar el actuar de sus agentes en la trifulca. Granera también causa hilaridad cuando asevera, asegura, que en Nicaragua "no hay pandillas, no hay maras", como que si la captura de "El 13" de la Mara Salvatrucha de El Salvador, precisamente en Chichigalpa, se produjo cuando éste andaba de vacaciones o pagando promesas a algún santo y no en su trabajo de estructurar sus "clicas". O como cuando parece no saber que sus agentes se esfuman del Roberto Huembes cuando sujetos tatuados hasta donde no les da el sol, escoltados por círculos de seis o más elementos, también pintarrajeados, llegan a beber y a recibir informes, al tiempo que los dueños de los locales corren a los demás parroquianos. Nadie puede llamarse a engaños de que las hienas de los diarios y sus sabios, expertos, especialistas, estrategas, tienen como objetivo descalificar, deslegitimar, a la Policía Nacional como órgano a cargo de la seguridad ciudadana, ante el fracaso rotundo de su fin primordial: que enderece sus fusiles en contra del Poder Ejecutivo, por ello campaña tras campaña, ora por la corrupción de algunos de sus miembros, ora por sus excesos, etc., etc. Claro está que para ellos, la Policía Nacional por sus mismas debilidades sería más vulnerable a permear la lealtad al Presidente de la República, al actual, porque jamás lo intentaron en los 20 años anteriores. Ya que con el Ejército comprobaron que era imposible y optan por lucrarse del cuerpo castrense, incluso en este nuevo aniversario (en septiembre) y llaman a patrocinadores a anunciarse en sus publicaciones. En fin, no tienen vergüenza la que le debería sobrar al órgano militar y prohibir ese lucro a costa de la entidad. Otro asunto que dio mucho que hablar fue el discurso de Aminta Granera exigiendo respeto a la Policía Nacional, lo que cayó mal en algunos que demandan "dar" respeto primero para luego exigirlo. Pero todos obviaron un segundo mensaje de la directora general oculto en ese discurso, al dejar en claro a tirios y troyanos que ÉSTA ES LA POLICÍA NACIONAL QUE TENEMOS, QUE MERECEMOS, AÚN CUANDO SEA SEÑALADA DE CORRUPTA, DE ARBITRARIA, ETC., ES LA POLICÍA NACIONAL Y ES AUTORIDAD LEGAL Y CONSTITUCIONALMENTE CONSTITUIDA que no permitirá agresiones a sus agentes y oficiales, aún cuando se instigue a ello desde un micrófono, una cámara de televisión o un diario. Y, a mi juicio, Granera tiene razón aunque muchos se rasguen las vestiduras y se llenen de ceniza la cabeza, como dice la Biblia… como verdaderos HIPÓCRITAS, FARISEOS. ¿Cuándo esos sabios, los estrategas, los expertos y demás, se molestaron por advertir el sesgo corrupto de parte de algunos miembros de la Policía Nacional? ¿Cuántos lo denunciaron? ¿Cuántos propusieron (aún hoy no lo hacen) medidas para corregir el actuar de agentes y oficiales? ¿Cuántos se molestan por saber cuánto gana un policiíta de línea, cuántas veces ve a su familia por semana, cuál es su futuro como persona? Tenemos la Policía Nacional que merecemos porque hemos sido CÓMPLICES de todas sus debilidades, corruptelas, arbitrariedades, etc., porque hemos guardado silencio por largos 20 años al tiempo que el cáncer de la corrupción a cada segundo corroe a los agentes y oficiales que son humanos (y la carne es débil, decía Rubén Darío), tentados a cada instante y al mismo tiempo lacerados por necesidades inmediatas, personales, de sus hijos, de la familia, y los civiles, todos, dispuestos a comprarte un favor, a acceder a una mordida, etc. Nos quejamos de que hace uso de la fuerza… por favor. La Policía Nacional es un órgano por antonomasia coercitivo, por ley facultado a usar la fuerza. Y no debemos llorar porque esa fuerza, aún en exceso y no autorizada, venga de chavalos que no tuvieron otra oportunidad para ganarse la vida más que ser policía, que ni siquiera son bachilleres (con tercer año entran a la Academia), o semianalfabetas totales en el caso de los policías voluntarios, y que en el caso de los que van a la Academia el mayor peso de las clases son físicas, como aplicar "el popo", en fin reducir a cualquier… civil. Y si a ello le sumas que les provees de un fusil o una pistola y les das por ley la investidura de "autoridad" ¿de qué quejarse por el uso de la fuerza? Si no tienen instrucción ni están conscientes que abusan de su autoridad, de su fuerza y hasta de sus armas de reglamento, porque en eso no los educan. Somos CÓMPLICES de que esta Policía Nacional sea lo que es porque nadie movió un dedo, por ejemplo, cuando un suboficial asesinó fría y brutalmente al estudiante Roberto González en la acera del Banco Central, porque no pedimos que lo llevaran a los tribunales, porque nos conformamos con una investigación que determinó que la muerte se produjo en una refriega, lo que es falso, y sólo quedó un asesino suelto, un caído más en una lucha, una madre anciana, indígena, afanadora, con su único hijo asesinado a boca de jarro, su esperanza, sus sacrificios para que fuese un profesional. Igualmente somos CÓMPLICES de que esta Policía Nacional es la que merecemos porque callamos, incluidos los estrategas, los expertos, los especialistas, los sabios, cuando el escándalo de los oficiales que tenían su propia banda de "tumbadores" de droga en Bluefields. Y nos conformamos con una investigación (a cargo de Granera precisamente) que tan sólo sirvió para darle de baja a uno de ellos y que cobra su pensión sin trabajar, y dejar libres a los demás. Y podríamos seguir hasta nunca acabar, porque todos hemos callado mientras los miembros de la Policía Nacional son tentados por poderosas y adineradas fuerzas a cada instante, porque no hemos sido capaces de proponer un plan para hacer realidad la proyección de 1990, que la institución debería nutrirse al menos en un 10% cada año de nuevos agentes y oficiales, y es lo contrario, porque no somos capaces de dar un presupuesto suficiente a sus necesidades, porque no planteamos un verdadero plan de relevo de cuadros, y a breve plazo, para que los futuros jefes no tengan vínculos nefastos. Con sus debilidades, ésta es nuestra Policía Nacional, que hasta ahora impide un nivel de violencia narco y política como los que existen en Guatemala, Honduras y El Salvador, que renguea por algunos de sus miembros, que no tiene relevos de calidad, bien educados, bien formados, incorruptibles, y en vez de intentar manipularla como lo hacen las hienas y sierpes de los periódicos y otros medios, hay que mejorarla. Es el desafío de todos.
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