El General Patricio Centeno en San Jacinto

17 Septiembre 2010
El General Patricio Centeno en San Jacinto Por José Santos Rivera (*) El general Patricio Centeno fue un heroico soldado que conquistó heridas y honores defendiendo la libertad de Nicaragua y de Centro América, en la lucha contra el filibustero William Walker en 1856. El general Centeno, nació en Jinotega, el 14 de noviembre de 1817, hijo de don Fernando Centeno y doña Damacia Martínez. Su esposa se llamaba Juana Evangelina Pineda y procrearon tres hijos, Rosaura, Modesta y Fernando. Se educó en los centros escolares de su pueblo y sobresalió notablemente en la carrera de las armas. En 1856 había alcanzado el grado de teniente coronel y al organizarse la columna que el general Tomás Martínez destacara para San Jacinto, al mando del coronel José Dolores Estrada, el coronel Centeno fue nombrado segundo jefe de aquella columna de patriotas. El 5 de septiembre, la columna de San Jacinto fue atacada por los filibusteros, siendo rechazados con bajas del enemigo, con la pérdida del valiente cabo primero Justo Rocha y algunos heridos de poca gravedad. Por esos días hubo algunas escaramuzas en la zona, hasta llegar al 14 de septiembre de 1856, día en que se vieron atacados por 200 filibusteros jefeados por Byron Cole, decididos a presentar batalla pues llevaban mucha ventaja de su parte. Eran excelentes rifleros, portaban armas modernas de repetición, en nada comparables con los pocos rifles de chispa y las escasas municiones de los hombres del General Estrada, quienes habían decidido morir en defensa de sus posiciones. El enemigo atacó ferozmente, empeñando gran parte de su fuerza sobre el flanco izquierdo de la columna de San Jacinto, hasta posesionarse de un punto del corral que cubría el flanco menos protegido. Los nicaragüense peleaban pecho a pecho con el enemigo. Las fuerzas del Coronel Estrada eran batidas por la superioridad de las armas filibusteras. Ante esa situación, sin perder el coraje, devuelven golpe por golpe. No teniendo tiempo de cargar sus fusiles, hunden sus bayonetas en el pecho de los filibusteros. El valiente sargento Andrés Castro, sin tiempo para cargar su rifle de chispa, detiene a pedrada limpia el avance de un filibustero, que cae fulminado al querer saltar sobre la trinchera. Al ver que el flanco izquierdo está siendo abatido, surge un hombre de semblante noble y de aspecto enérgico, que se dirige al primer jefe y con voz jadeante dice: "Coronel Estrada, estamos perdidos sino atacamos por retaguardia. Déme unos cuantos soldados que yo me encargaré de lo demás". El jefe respondió: "Tengo muy poca gente, vuelva a su puesto de honor, aquí lucharemos hasta morir el ultimo". Los patriotas retrocedían más y más. De nuevo vuelve el soldado a la demanda: "¡Coronel Estrada! ¡Autoríceme atacar por los flancos y la retaguardia, hagalo por nuestros valientes soldados!". Obtiene una segunda negativa, y luego una tercera. Son muchas las bajas que sufren los nicaragüenses y tratan de replegarse para intentar un último empuje. Todo se hubiera perdido si ese mismo soldado, al ver la intransigencia de su jefe, no toma por su cuenta la decisión que él consideraba la más acertada y estratégica. Con varios oficiales y soldados se dirige a atacar los flancos y a picar la retaguardia por el centro del enemigo. Los valientes soldados hicieron una carga formidable que a la vez, espantó a la yeguada de la Hacienda hacia los corrales, lo que hizo pensar a los filibusteros en un poderoso contraataque. Se llenaron de terror y después de cuatro horas de fiera lucha, salieron despavoridos por los llanos y por montes, siendo exterminados a machetes y con las mismas armas capturadas al enemigo. Algunos murieron colgados de los árboles centenarios de San Jacinto. Persecución hasta la muerte El capitán Cisne, el teniente Siero, el oficial Fonseca y demás soldados, fueron los héroes de esa hazaña. El sargento Francisco Gómez persiguió con tal ardor al enemigo, que cayó muerto de cansancio. Los persiguieron a cuatro leguas de distancia, hasta San Ildefonso. Faustino Salmerón dio alcance a Byron Cole, ahorcándolo de un árbol. Bartolo Sandoval, alias "el loco", iba al frente de aquellos implacables perseguidores victoriosos. De la casona de la hacienda se oyeron gritos de triunfo. Los valientes soldados nicaragüenses vieron despejarse la neblina y el sol luminoso de septiembre iluminó la victoria sobre los invasores de Walker. La hazaña valiente y audaz del coronel Patricio Centeno, fue el anuncio precursor de la libertad. Comprendiendo el peligro que corría la suerte de la nación desobedeciendo las órdenes del General Estrada, en un arranque sublime de coraje y patriotismo, se lanzó al ataque por la retaguardia y derrotó al invasor. Estos son los más altos blasones del héroe Patricio Centeno. Pero en el parte de la Batalla de San Jacinto, su nombre no aparece. Los historiadores, con excepción de Sofonías Salvatierra y algún otro, no lo mencionan y una actitud de ingratitud y de silencio se advierte en las páginas que recogen la acción de San Jacinto. La insubordinación heroica de Patricio Centeno fue castigada con la omisión de su nombre en el parte de la batalla. Pero la verdad no puede ocultarse y con la honradez y modestia de un patriota verdadero, dejó escrito de puño y letra el testimonio de su vida. Pasados los sucesos de la Guerra Nacional, se trasladó a Jinotega a vivir sus últimos años. Fue un constante servidor de la Nación; su nombre aparece suscribiendo el Acta del Cabildo Abierto del primero de abril de 1887, para solicitar la creación del departamento de Jinotega. Años después el Congreso le otorgó grado de General, en reconocimiento a sus méritos. Desempeñó hasta su muerte el cargo de Comandante de Jinotega. Se le cuida durante su enfermedad y cuando falleció el 25 de abril de 1890, se le tributaron altos honores al soldado de la Patria. Amontonemos sobre su tumba piedras eternizadoras de su nombre y mármoles consagradores de su espíritu de guerrero y de patriota. A un siglo de su muerte, en ocasión de celebrarse las jornadas patrias de septiembre recordemos a los valientes soldados de la guerra nacional de 1856, precursores del General Benjamín Zeledón, 1912, y de las huestes heroicas del General Sandino en 1927. (**) Este documento fue publicado el 18 de septiembre de 1989 en un diario nicaragüense, por el historiador jinotegano, profesor José Santos Rivera.
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