Oligopolios, transnacionales, ¡cárteles mafiosos!

03 Diciembre 2010
Por José Gabriel Moya Bluefields, 3 de diciembre de 2010 El sector privado (el gran sector) en Nicaragua, ha sido por lo general deficiente en su concepción y aplicación empresarial, por mucho que se vistan de Empresarios, en las mayoría de los casos no han sido más que productores, comerciantes, banqueros, entre otros. No hay diferencias entre ellos con relación al manejo y dominio de la gerencia empresarial, pues son cortados con la misma tijera: semiempresarios. No han sido capaces de larvarse con la madeja de la teoría empresarial. Desde luego, nos llevan una ventaja luz con respecto a los que ni siquiera hemos administrado una pulpería, pero que no nos descalifica para verter nuestras opiniones al respecto. Más allá de las teorías económicas y del rol de los medios de producción en el sistema capitalista, es menester señalar que en países como el nuestro, el segmento del sector privado de la economía local es –desde su surgimiento– un sector que se convirtió en uno de los mayores lastres para el desarrollo económico de Nicaragua. El segmento de los banqueros, organizados en la Asociación de Bancos Privados de Nicaragua (Asobanp) y grandes comerciantes y empresas de servicios organizados o no en el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSPEP) e independientes, siempre han estado con el dedo apuntando y culpando a otros –no me refiero a sus comparsas en gobiernos que les han sido favorables– y pasando ellos mismos desapercibido, ocultos, en silencio, cuando en realidad –repito– han sido y son un verdadero obstáculo para desarrollo económico centrados en su políticas exacerbadamente leoninas. Basta con reflejar que las tasas de interés que por siempre han impuesto a sus clientes (léase víctimas) nada tienen que ver con la oferta y la demanda, esas tasas de interés siempre han sido artificiosamente artificiales, y la tasa interna de retorno del comercio rebosante de rentabilidad, estrujando los bolsillos del nicaragüense. Pero además, Siempre han tenido la audacia de subirse a la tribuna y gritar, vociferar, y enarbolar las banderas del desarrollo, de la democracia y la libertad, cuando nunca ha sido capaz de reconocerla o de ponerla en práctica. En la estructura de costos, estos precios del dinero han sido inflexibles, es decir, no tienen ninguna sensibilidad, y no pueden bajar porque obedecen a una lógica de la ineficiencia administrativa y de la codicia. No es una conjetura teórica sino un hecho comprobado por si mismo. Estos costos aparecen como precios más altos de las tasas de intereses o de las tasas de ganancias. De manera que "per se", se constituyen en estafadores de sus clientes (entiéndase víctimas). Tantos banqueros, banquitos, y otros, e incluso, empresas transnacionales como Movistar y Claro, se aprovechan de estas prácticas y condiciones imperantes de sobrevaloración en los precios de sus servicios. Ambas empresas (Movistar y Claro) son ejemplos clásicos de la afirmación que aquí se apuntala. Claro y Movistar van incluso más allá, al quintuplicarnos o más, el precios de venta de las recargas, y más aún, se revuelcan en nuestra dignidad mediante lo que he denominado "juego de control y poder" que llevan acabo con las promociones que ya hemos pagados por adelantados (al comprar recargas sobrevaloradas). De manera que la manifestación económica más lógica, y de la cual se vanaglorian, es la de cartelizarse. Ciertamente ha habido momentos estelares en la lógica de la competencia capitalista y recordamos casos relacionados con las empresas cerveceras en Nicaragua, las que incluso, permitieron modernizar el parque industrial cervecero en Nicaragua. El planteamiento que hago en modo alguno debe entenderse como absoluto,. ciertamente el capital ha contribuido a forjar el sistema capitalista, pero a pesar de ciertas circunstancias altamente favorable como en el tiempo del boom algodonero, aún en ese periodo de bonanza capitalista, insisto en que las políticas aplicadas mediante las tasas de interés y las referidas a las tasas de ganancias ha golpeado las oportunidades de un mayor desarrollo socioeconómico e incluso, mutilado las oportunidades de segmentos de la clase media en sus aspiraciones de desarrollo de alternativas empresariales. De igual manera también han quedado atrás un sinnúmero de personas en la bancarrota o despojados de su propiedades y pertenencias en virtud de la incapacidad de pago al sistema bancario. De manera que quienes se han considerado el motor de la economía nicaragüense son quienes también, al mismo tiempo, se han constituido en freno del desarrollo económico capitalista. Ellos son quienes han impuesto las reglas del juego a su favor, en condiciones de traición, premeditación, alevosía y ventaja. Traición en la medida que por unos dólares más violentan los principios que dicen sustentar cuando en realidad no son solo "motores" del desarrollo, sino también freno del desarrollo económico.
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