¿Qué hacemos para regular el tránsito de vehículos por Nicaragua? Un reflexión personal

13 Abril 2011
Por Fernando Javier Largaespada Padilla En ese mundo destacan ciertos problemas de muy graves y trágicas consecuencias. En forma más global y estructural creo que el problema del síndrome "Nicaragua puente de las Américas", sobre todo terrestre, nos plantea a todos (estado, ciudadanía, empresas, instituciones de diversa índole) un reto tremendo, ineludible y urgente que debe de ser abordado como un problema de sociedad, que exige un plan y una estrategia de estado y de toda la sociedad. El reto de la circulación y las vías forma parte ya de la gran familia de la seguridad ciudadana, calidad de vida y del famoso –y muchas veces mal interpretado– concepto de gobernabilidad. En efecto, con un rápido estudio se puede conocer el monto bruto del parque vehicular del país y su índice de crecimiento, sobre todo en los últimos 10 años. Esas cifras hacen ver con toda claridad que ya está sembrada la semilla para el caos y la tragedia en varios campos (contaminación, congestionamiento de las vías de circulación, accidentes etc) En el caso de los "dinosaurios" (buses, camiones, rastras, furgones), las dimensiones aumentan cualitativamente. Igual daño hacen en mi jardín una pareja de elefantes cuando pelean, que cuando hacen el amor. O un tigre hasta cuando acaricia araña. Esos vehículos de decenas de toneladas hasta con el aire que desplazan hacen daño. Es impresionante la cantidad de camiones y furgones que circulan por Nicaragua, que se va asemejando ya al hecho histórico del algodón, que generó millones arrasando las tierras de occidente y envenenando a centenares de miles de especies vivas, en primer lugar a los campesinos. Los tratados de libre comercio (textos de más de 500 páginas que muy pocos han leído, menos estudiado) conllevan una cadena de consecuencias o costos negativos insospechados. Uno de ellos es el aumento acelerado de la circulación de vehículos comerciales. Las cifras de hoy me indican que por la frontera sur pasan cada día entre 800 a 1.000 furgones cuatro o cinco veces más que el monto de vehículos particulares. ¿Cuántos de estos furgones son bombas de tiempo? ¿quién revisa el estado de las llantas, los frenos, la dirección, el embrague cuando entran al país? Ellos son potenciales instrumentos de muerte, no sólo porque algunos circulan para transportar drogas, sino por el estado altamente deteriorado de sus motores y partes. El último accidente, el del domingo pasado con el saldo fatal de tres fallecidos, es uno entre muchos ejemplos. El responsable fue, una vez más, un furgón, cuyo conductor pude ver unas horas antes entrando por Peñas Blancas. Dicen los medios que el pobre chofer que falleció llamó unos minutos antes por celular a la familia diciendo que estaba preocupado porque había perdido el control de los frenos. La semana pasada, fui a Peñas Blancas. De Sapoá a la frontera (creo que son 5 kms) había una hilera de furgones esperando y del otro lado lo mismo. Pude observar una gran cantidad de dichos furgones con llantas en muy mal estado, algunas volando literalmente en pedazos. Durante ese trayecto, sólo quedaba libre una de las vías. Para avanzar era ineludible circular contra la vía (es decir, la situación impone 24 horas al día una violación estructural de las normas de tránsito). Como en esa zona en varias partes hay curvas, uno va corriendo el riesgo de que un furgón de ida o de vuelta, venga a alta velocidad (cosa frecuente) y te desbarate, por mucho prudencia que apliqués para avanzar. Mi tesis es que, en estos momentos, lo más grave no son las violaciones puntuales a la ley y reglamento de tránsito (que no hay que despreciar en absoluto) sino los vehículos circulando permanentemente en "estado de violación a las leyes y reglamentos", "embarazados de violación a estas leyes y reglamentos" Al menos desde Sapoá urge comprar tierrras (ignoro a qué institución corresponde esta tarea) y hacer un gran estacionamiento en donde hagan fila los furgones para que estos vehículos nos expropien cada día más el derecho a circular y no creen un estado (no un hecho) de violación permanente a todas las normas de tránsito. El proyecto de la costanera puede y debería entrar en este plan más integral. Doy seguimiento permanente al crecimiento del turismo. Muchas veces he expresado mis dudas sobre las cifras. Conozco los procesos de turismo de América Latina y el Caribe. En Nicaragua, la cantidad de turistas no está en coherencia con el monto que se supone dejan al país. Varias veces me he preguntado si se está categorizando correctamente a estos personajes que llamamos turistas. Si acaso se está contabilizando como turistas a los furgoneros, nos estaríamos equivocando. Si esto fuera así (cosa que no me consta y me parece no que es así) se contarían como turistas cerca de 25 mil a 30 mil furgoneros cada mes, que entran como extranjeros y atraviesan el país consumiendo quizás un tiste helado con chancho frito en Rivas y una vigorón o quesillo en Chinandega. Eso bajaría la media de consumo por turista al día. Las estadísticas señalan que las muertes por accidentes de tráfico compiten en Nicaragua y en el mundo con las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. En la carretera sur, cada vez que circulo puedo contar, a veces por decenas, camiones que transportan piedras canteras, sacos de cementos u otros materiales pesados de construcción, sin ninguna baranda protectora que medio garantice que la carga no vaya a aplastar en una subida a los vehículos que vienen atrás. Esto ha sucedido ya en algunas cuestas. Yo prefiero estacionarme hasta que se alejen a seguir detrás de ellos esperando que me caiga encima una avalancha mortal. Muchos de esos camiones avanzan en las subidas a 10 kilómetros por hora evidenciando motores que amenazan con detenerse en cualquier momento o frenos que pueden fallar en cualquier momento. Un somero y rápido estudio de observación participante, podría en un día demostrar que de unos 100 camiones y furgones que circulan por Nicaragua, una gran mayoría lo hacen en condiciones de desgaste de llantas, motores extenuados, frenos en pésimo estado, luces destrozadas, placas –sobre todo traseras– ineligibles o ausentes, cargas pesadas sin soporte de retención, etc. Varias veces he tomado fotos de estos increíbles modelos. Estos vehículos no violan un simple artículo de la ley o reglamento de tránsito, como invadir por unos segundos un carril, muchas veces sin consecuencia de ningún tipo. Esto vehículos circulan en permanente, visible, evidente violación a varias leyes y normas de tránsito. Circulan "embarazados" de violación a leyes y reglamentos y dada su contextura y volumen, se convierten en amenazas graves y permanentes de tragedias y homicidio. En Peñas Blancas me preguntaba: ¿quién controla y supervisa el estado de los motores, frenos, etc. de estos furgones y camiones nacionales y extranjeros que transitan a diario como bólidos por Nicaragua? De lo poco que conozco creo que esta supervisión no está contemplada en nuestras leyes, reglamentos e instituciones. El furgón del triste accidente de hoy es un ejemplo de ello. Las oficinas de aduana y migración no revisan este tema y nadie más lo hace cuando un furgón entra al país ni cuando circula en nuestras calles y carreteras. Por otra parte, el deterioro gravemente amenazante de estos vehículos en circulación es tan evidente, tan visible, tan cotidiano y se ha vuelto tan "normal" que podemos preguntarnos si no se debería de priorizar, dentro de las limitaciones de recurso ya conocidas de nuestras instituciones responsables, medidas enérgicas para detener de inmediato estas "violaciones circulantes" y establecer procesos rigurosos y exigentes (no sólo multas) para disminuir la amenaza de estas bombas de tiempo. En resumen: todos conocemos y observamos a diario estos vehículos circulando en pésimo estado como instrumentos potenciales de tragedias y homicidios. Cuando un furgón o camión provoca un accidente como el de hoy los daños en muertes y destrucción son cualitativamente más graves que en centenares de otros accidentes. No podemos cambiar todo en un día pero, creo que a lo inmediato se pueden tomar ya medidas muy enérgicas e iniciar operaciones que hagan sentir y ver, sobre todo a los propietarios, pero, también a los conductores, que la circulación de estos mastodontes en pésimas condiciones son una amenaza y una irresponsabilidad tan grave como la de una persona que circulara por calles y carreteras disparando festinadamente un fusil ametrallador. Aunque parezca raro a los juristas, la circulación descarada de estos vehículos en pésimo estado ¿no es una forma de "asociación para delinquir"?
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