Libia y la doble moral de los santos obispos

20 Julio 2011
No deja de ser curioso, querido Sancho, el silencio que ha guardado la Conferencia Episcopal y otras instituciones que, se supone, representan la cara moral de nuestro país -como son aquellas que dicen defender los derechos humanos-, en relación al genocidio que desde hace cinco meses está cometiendo la OTAN contra el pueblo libio. Como el que calla otorga, es de creer que las susodichas organizaciones están de acuerdo con la matanza a pesar de proclamarse creyentes de las enseñanzas de Cristo, de sus diez mandamientos y, sobre todo, del quinto, que prohíbe matar al prójimo. Es extraño que los tonsurados sigan en su silencio de sepulcro, a pesar que el Papa Benedicto ha condenado las masacres indiscriminadas que los Estados Unidos y sus secuaces de la OTAN están realizando allá en la Jamahiriya, lo que hace suponer que el Sumo Pontífice ha dado una clara señal para que sus servidores, en todo el mundo, condenen ese crimen de lesa humanidad. ¿Será que nuestros jerarcas se han vuelto sordos ante la voz del Papa? Ese tipo de conducta da pie para considerar cuanto de cierto tiene la afirmación que la Iglesia siempre ha estado, desde la época constantiniana, al lado de los poderosos, de los fanáticos extremistas, de los inquisidores dogmáticos, de los fascistas y en fin, de las causas más injustas que ha sufrido la humanidad. Y es más, contra sus mismos hermanos curas que difieren de este modo de pensar y proceder, a los que han achicharrado y defenestrado a través de los siglos. Debemos colegir, querido Sancho, que si los jerarcas del patio desobedecen las ordenes del Sumo Pontífice, varón que se considera infalible en asuntos de conciencia y religiosidad, poca autoridad moral les queda para hablar de paz, justicia, paciencia, perdón y tolerancia en otros asuntos, sobre todo los que competen a nuestra cotidiana vida política en todas sus facetas. Hablando de fariseos Me pregunto si estos sumos sacerdotes, como Álvarez, Mata, Brenes y resto, han analizado alguna vez a conciencia el por qué Jesús al responder a los fariseos, sobre a quien debían obedecer, si a Dios o al Emperador Romano, dijo: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, que equivale a decir que la Iglesia debe circunscribir sus actos al plano de la salvación espiritual del hombre y que no le corresponde actuar en política partidaria. Por cierto la aseveración “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” ha sido la frase más manoseada por la iglesia católica romana que históricamente la ha interpretado según sus conveniencias terrenales, e incluso a veces sustituyendo al mismo César para abarcar la totalidad de intereses y ganancias mundanas. De ahí que en esa mezcolanza de advertencias electorales, consejos y directrices subliminales, que atribuidas al obispo Báez publican los diarios de la carretera Norte, exista una serie de contradicciones flagrantes a las propias creencias cristianas, entre ellas el pedir que el estado sea laico, cuando es lo que menos quieren esos jerarcas que desean una regresión a los siglos coloniales y épocas conservadoras, cuando la Iglesia era el domine absoluto de la política estatal, de la educación, vida y hasta del destino de los muertos. ¡Ah que tiempos señor don Simón! ¡Cómo cambian los tiempos para los curas! Cuanto clamaron durante los gobiernos liberales para que se eliminara el laicismo de la Constitución Libérrima. Allá por 1940 armaron otro berrinche para ubicar al matrimonio religioso sobre el matrimonio civil. En ambos casos rumiaron la derrota. Ahora resulta que Báez –ante actitudes católicas del presidente Ortega- exige lo que antes repudiaba la Iglesia: el laicismo del Estado. ¿Se habrá dado cuenta de lo equivocado de aquella anterior posición? ¿Será que de repente se le antoje exigir la vigencia legal del aborto terapéutico para contrariar a Daniel? Por otra parte, con las declaraciones políticas de sus cartas “pastorales” estos sumos sacerdotes violentan el ecumenismo de la iglesia y más, la posición laica de respeto a todas las creencias que la misma Iglesia debe practicar como madre y maestra de moros y cristianos. Porque resulta que ahora los católicos según estos curas, se dividen en bueno y malos según el voto que emitan. Se llenan la boca estos tonsurados hablando de “democracia” y en eso caen en otra contradicción, puesto que la Iglesia no es en ningún punto democrática, más bien es monárquica, autoritaria, absolutista, fascista, dogmatica, servil, teocrática, intolerante y, como decíamos antes, ligada históricamente a los bienes terrenales y a las causas más injustas que han ocurrido en el mundo. Resultan pues extravagante que vengan estos señores a interferir en la cosa política nicaragüense, cuando primero deberían barrer y asear su casa, ver la viga que tienen en sus ojos y no la paja que puede haber en ojo ajeno. El obispo Báez habla como si considerara a la gente un rebaño de borregos sometidos, aterrorizados y acríticos, aunque algunos toleren que estos curas hayan convertido el púlpito en tribuna política contra el gobierno sandinista. Las “irrestrictas” exigencias de Báez Sin pizca de caridad cristiana condenan a Daniel y la Primera Dama porque ambos hacen invocaciones religiosas en los actos públicos, sin duda estos sumos sacerdotes proceden de esa manera porque se consideran dueños de la conciencia y la manera de pensar de la gente y a ellos mismos como dueños y domines absolutos de la moral religiosa. Igual podríamos decir, querido Sancho, del comportamiento político de algunos que se autoerigen en defensores de los derechos humanos. Para ellos, igual que para los de la Conferencia Episcopal, su mundo se limita a la guerra neurasténica de acabar con Daniel, en tal sentido bien pueden los gringos y sus secuaces de la OTAN asesinar en Libia, Afganistán, Irak y en cualquier parte del mundo, dar golpes de estado –el ultimo en Honduras- contando con el silencio cómplice de tales “instituciones”. El obispo Álvarez ha anunciado que “la Iglesia” -que no se mete en política-, emitirá dentro de pocos días una Carta Episcopal llamando a la feligresía a “votar sin miedo” (La Prensa 17 de Julio) “sin presiones ni chantajes”, además de otras instrucciones para que la ciudadanía vote según el criterio e intereses de estos curas. En resumen las directrices electorales de estos Sumos Sacerdotes, junto con las advertencias de Báez, llevan la intención ocluida de amenazar con las penas del infierno a los que no voten según sus ordenanzas. Llegan al colmo el obispo Báez y los señores de la Conferencia de considerarse dueños hasta del lenguaje común y corriente de nuestra gente y expresan que Daniel y Rosario están usurpando en sus discursos “conceptos universales y ecleciásticos” que la Iglesia no debe dejarse arrebatar. Locurita, querido Sancho, porque si esos conceptos se consideran universales es lógico que sean del dominio de toda la gente. ¿Será que piensan imponer bozal y capirote a los que se atreven a hablar sin tener la licencia de estos curas? En otra parte de sus declaraciones, publicadas en La Prensa, Álvarez dice que los nicaragüenses a la hora de votar deben “responder irrestrictamente a los Evangelios” y a su conciencia cristiana católica porque eso “garantiza la objetividad y el camino de la verdad”. ¿No crees, querido Sancho, que detrás de esta “irrestricta” imposición hay una amenaza evidente contra aquellos que se consideran creyentes? Esta claro que estos obispos se creen el non plus ultra de la sabiduría, de la verdad y la santidad. En resumen, las sibilinas y subliminales palabras de Báez condenan en su trasfondo a las penas del infierno a quienes no comulguen con sus ruedas de molino. Al paso que vamos es de esperar que la anunciada Carta Pastoral, además de las instrucciones precisas de la manera de votar, traiga también la forma en que se constituirán los tribunales inquisitoriales para achicharrar a los que estén contra la “objetividad y la verdad irrestricta” de estos castos y santos varones. Todo se puede esperar en esta época en que los pastores de almas olvidan sus atribuciones y obligaciones para intervenir en político de la manera burda y manipuladora en que lo hacen nuestros amantísimos obispos. Una critica por la postura deshumanizada y anticristiana de estos obispos ante el genocidio que sucede en Libia, nos lleva a establecer que ellos jamás estarán a favor de la lucha por los pobres ni para siquiera criticar a la mafia imperialista que extermina a los libios, a los afganos, iraquíes, palestinos y resto, ya que sus conciencias tienen serias limitaciones… Y no les alcanza para tanto.
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