«Soy un pecador»

27 Julio 2011
Por José Gabriel Moya
La redención espiritual al margen de la material es una ilusión, y la redención material al margen de la espiritual es una aberración. José Gabriel Moya H.
Efectivamente, Dios está en todas partes, y en cada uno de nosotros. Somos hijos e hijas de Dios. Las religiones están impregnadas, al margen de la voluntad de los hombres, de un contenido y efecto político. Y la política, no está al margen de las religiones. Quien opine que los ámbitos de acción son exclusivos, impenetrables o intocables, hoy en día, está equivocado. Ni la religión ni la política son asuntos privados, ambas son de orden público. Ambas, legitiman o deslegitiman sistemas políticos y gobiernos, por lo tanto, tienen áreas en común No es mi objetivo con esta breve nota achacar responsabilidades, pues yo no puedo hacer lo que ya está hecho, y cada quien debe asumir sus responsabilidades. Esta breve nota sólo pretende contribuir a esclarecer algunos conceptos del quehacer de los representantes de la iglesia católica y el gobierno. En la década de los ochenta, la jerarquía católica se convirtió en puntal como adversaria de la revolución, en vista, entre otros aspectos, a la fragilidad de los partidos políticos y a la hegemonía del Frente Sandinista, por lo tanto, la jerarquía asumió el liderazgo interno en la confrontación política; la jerarquía iba siempre varios pasos más allá de los partidos políticos, pues ella era capaz de decir lo que callaban los partidos políticos. Era una realidad compleja. A mi juicio, no existe ningún elemento comparativo entre lo sucedido en la década de los ochenta y la actual situación. La fragilidad de los partidos políticos que participan en la contienda electoral del año 2011, proviene de su incapacidad para gobernar Nicaragua, demostrada de manera indubitable y fehacientemente, pues tuvieron 17 años en el poder. ¿Es difícil gobernar para las mayorías? ¿Es difícil entender las necesidades de las masas empobrecidas? Los únicos responsables de su debilidad actual han sido sus dirigentes, son ellos – y nadie más-, quienes gobernaron a espalda de los intereses de los pobres, sometiendo a la población a la indefensión social, económica, y cultural. A la Indefensión política no, porque el pueblo tuvo capacidad de reaccionar políticamente. He leído cuidadosamente los motivos que han originado fricciones entre algunos de los dirigentes de la Iglesia católica y el gobierno, y ciertamente, no encuentro fundamento para escandalizarse por el uso de un lenguaje próximo al de la Iglesia Católica. En todo caso, hace tiempo que los partidos políticos que se denominan demócratas cristianos o socialcristianos que tendrían que haber renunciado a semejante calificativo. En la circunstancia actual, es pues, la contienda electoral la única razón que explica ciertas exacerbaciones. En muchas ocasiones, los nicaragüenses acostumbramos a decir, por ejemplo, “religiosamente lo prometo o lo haré”, para darle solemnidad y la credibilidad del caso a nuestras palabras y no tiene nada deplorable. Y es, desde luego, aspiración de todos los partidos políticos de dotar a sus miembros y simpatizantes de algo que se ha perdido: la mística. ¿Qué de malo tiene articular la mística revolucionaria con la mística cristiana? Ninguna. Por el contrario, si se funde la idea de la justicia, del bien común, del amor al prójimo, de comprender al ser humano como centro y fin de nuestras actividades, y de concebirnos como seres espirituales, es decir, que trascendemos la materialidad física, entonces ¿dónde está el problema? Lo fundamental es que utilicemos nuestro “Poder Consciente”, para discernir y actuar con la claridad que ameritan las transformaciones que desafían nuestras realidades. La Primacía espiritual nos impone la necesidad de velar por las condiciones materiales de vida y, y sobre todas las cosas, de crecer espiritualmente. Estoy claro que es un exabrupto convertirnos en “adoradores” de hombres, y peor aún, pretender ser “adorado” como Dios. Yo no conozco un revolucionario así, por el contrario, se ha enseñado la humildad y, sobre todas las cosas, ser un Servidor. Y no veo en el gobierno esa intención o pretensión con relación al líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Como tampoco puedo poner en duda la “opción preferencial por los pobres” manifestada por el FSLN, desde su origen, en los tiempos de Sandino. En los tiempos de hoy, tampoco puedo poner en duda su vocación Socialista, Cristiana, Solidaria y Revolucionaria. Yo no entiendo, porqué un ser humano, por el solo hecho de estar en el gobierno, tiene que renunciar a su espíritu, a su Dios. Imposible renunciar al Padre, pues el templo más grandioso de Dios es el cuerpo humano. Aún, en los que tienen una concepción materialista de la historia, ahí está Dios, pues es él quien nos da la vida. Somos espíritu encarnado. Alcanzar la redención es nuestra misión en la tierra, y sólo la alcanzaremos, cuando seamos capaces de ser Uno con el Padre. Por lo tanto, estamos obligados a dar testimonio de nuestra fe y de nuestros actos. Desde luego, soy un humilde Servidor, y no tengo pretensión de pensar que mis ideas le pondrán punto final a este tema, eso sería una arrogancia, pero si quiero señalar, que quienes tienen –se supone que así es-, la responsabilidad de la conducción espiritual, deben evitar la partidarización de sus posiciones políticas personales. No somos infalibles. Gracias a Dios no está en duda la palabra de Dios. Y en materia de ámbitos tanto las Instituciones Religiosas como las gubernamentales tiene su especificad establecidas. No obstante, es importante tomar en consideración, que la redención espiritual al margen de la material es una ilusión, y que la redención material al margen de la espiritual es una aberración. Es por lo tanto, indispensable vivir la especificidad en la mayor armonía posible, no hay parcelas inmobiliarias en este tema, ni límites inescrutable. José Gabriel Moya Managua, 27 de Julio de 2011 Moyagabriel21@yahoo.es
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