Proyecto social y correlación de fuerzas

04 Agosto 2011
Por Julio César Mendoza Siles El problema de los líderes de las democracias representativas es que se distancian tanto e ignoran tanto a los ciudadanos que los eligen que terminan representándose a sí mismos. Por ello, la legalidad y legitimidad de sus actos sólo existen en el discurso oficial pero no toma cuerpo en la conciencia de la gente y muy poco en la vida social. También, ignoran u ocultan algo fundamental en toda coyuntura social o política: legalizar y legitimar un acto político o un proyecto social tiene su origen, permanencia o transformación en la correlación de fuerza de los actores sociales que actúa en esa coyuntura. Todos los actores sociales tienen un poder y se expresa en la fuerza necesaria que acumulan para realizar un proyecto social que determinará la realidad actual y la futura. Por ejemplo en los dieciséis años de neoliberalismo, las privatizaciones de los bienes del estado institucionalizó la vida del país. La democracia representativa de derecha, en nombre del pueblo, subastaba bienes del estado al mismo tiempo que dictaba leyes para legalizar y legitimar la compra-venta. El precio del voto de los diputados representativos se valoraba en proporción a la cuantía del bien a vender. En este escenario “institucional” un sector de la derecha dividida y la nueva izquierda asalariada confiscaron al pueblo su derecho constitucional sin límites de proponer y elegir a sus candidatos para cargos públicos. En el gobierno sandinista, el modelo de justicia social y participación ciudadana articulan la dirección intelectual, moral y política del país. Su base institucional es el consenso social. Equidad social, combate a la pobreza, productividad, calidad de la educación son elementos que se presentan como el marco de necesidades actuales de entendimiento y de posibilidades actuales de acción para todos los actores sociales. Además, la participación ciudadana anida en el entendimiento tradición y renovación del saber cultural, en la acción integración social y solidaridad y en la socialización formación de identidades personales. En el actual proceso electoral de Nicaragua, se enfrentan dos visiones del mundo y dos proyectos sociales ¿Quién de los actores sociales impondrá su hegemonía, su proyecto político-ideológico? La mayoría de los nicaragüenses han sabido comprender que el agente de los cambios sociales, que el agente que inclinará la balanza a favor o en contra de determinado proyecto social es un agente colectivo. En consecuencia, orientan sus acciones políticas en el propósito de garantizar el control del estado y celebran que la Corte Suprema de Justicia restituyera su derecho constitucional sin límites de proponer y elegir a los candidatos de su preferencia a cargos públicos. Algunos alegan que legalizar y legitimar no pueden meterse en un mismo saco. Esto es cierto si el acto fuera un sesudo análisis coyuntural, por ejemplo, el análisis coyuntural de una campaña electoral que trae consigo un simple cambio de personas en el gobierno. Pero en la coyuntura actual electoral de Nicaragua, está en juego un programa social en desarrollo, que ya involucra a grandes agrupaciones sociales y cuyo límite es el propio dinamismo de las fuerzas sociales y productivas. Este dinamismo social es el que legaliza y legitima el programa social porque lleva en su seno las condiciones institucionales y humanas para su realización.
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