Turismo religioso y turismo deportivo

18 Agosto 2011
Por Antonio Pérez Los hechos de ayer, 17.agosto.2011: a) todo comenzó cuando un grupo de curas bastante adultos, acompañado por un grupo de integristas de mediana edad y protegidos desde la retaguardia por unos cientos de católicos de gimnasio –“mens insana in corpore insepulto”-, se concentraron en la Puerta del Sol y agredieron verbal y físicamente a los manifestantes ateos. Vista la superioridad numérica y legal de los ateos, la Policía separó a ambos bandos –huelga añadir, con palabras para los beatos y estacazos para los pecadores-. Horas después, miles de manifestantes (legales) ocuparon la Puerta y, entonces, la Policía permitió la entrada a la plaza de comandos vaticanistas acaudillados por curas y monjas de uniforme quienes insistieron en las agresiones. Finalmente, la Policía socialdemócrata apaleó, hirió y detuvo a los legales. Así lo hemos visto en los canales alternativos y al revés lo han mostrado los canales comerciales. “El que quiera ver, que vea”, dice el Evangelio en alguno de sus rollos de papel higiénico. b) el juez pone en libertad sin fianza al químico integrista José Alvano Pérez Bautista (JAPB), acusado con pruebas contundentes de preparar ataques contra los ateos utilizando gas sarín –el usado en los mortales atentados del metro de Tokio-. JAPB únicamente se tomó la molestia de alegar que todo lo hizo “en broma”. En Irak, con muchas menos pruebas, han ahorcado –o están en ello- a Alí el Químico. En España, JAPB ha estado detenido poco más de un día. Por su parte, jueces ingleses están condenando a cuatro años de prisión a internautas que bromearon sobre hipotéticas acciones no violentas –y nunca llevadas a cabo- en el marco de la última sublevación popular. Los comentarios: a) Es obvio que los provocadores de la Puerta del Sol recibieron órdenes del cardenalato y que las obedecieron a sabiendas de que actuarían fuera de la ley pero conociendo también que su impunidad estaría garantizada por la propia Policía. ¿Alguien puede creer que esos curas trabucaires y esas monjas del secuestro de niños actuaron de motu propio? Las Dos Espadas, la civil y la religiosa, tasajeando a los infieles: seguimos en el Medioevo. Y ya que estamos en la Edad Media, recordemos que fue en aquél tiempo cuando comenzó el turismo religioso –ahora llamado “peregrinación”-. Aquellos dizque peregrinos, espiaban a los vecinos y luego participaban en las guerras que ellos mismos habían azuzado. Si bien es verdad que todavía no eran guerras religiosas, observemos el comportamiento de aquellos santos turistas porque los de ahora, los de Madrid-JMJ 2011, siguen el mismo patrón: abusar de los locales. No podía ni puede ser de otra forma: llegan arropados por el Poder, inflamados de ardor guerrero –versión Cruzadas-, seguros de su impunidad y orgullosos de esos uniformes que pregonan su unidad al servicio de un minúsculo Estado europeo -¿acaso no ondean la bandera blanca y amarilla del Vaticano?-. Se comportan no como si hubieran llegado a tierra conquistada sino, peor aún, como si tuvieran que limpiarla de elementos indeseables. Puede que lo llamen visitas interactivas pero no vemos interactividad cuando hincan sin preguntar y donde les place sus aparejos de tortura –sus cruces, sus melopeas, sus mantras y sus almíbares-. ¿Han pensado en la situación contraria?, ¿cómo reaccionarían si se metieran en sus casas muchedumbres de jainitas o de musulmanes aboliendo por la fuerza los mataderos o clavando la media luna en sus dormitorios? Pues, como es seguro que no lo han pensado, recordaremos a los turistas píos que se olviden de las estadísticas oficiales porque, digan ellas lo que digan, en España los católicos son una minoría. No obstante, aprovechando el hecho de que muchos de estos turistas son también turistas deportivos, bueno será analizar las diferencias entre uno y otro tipo de turismo. El turista deportivo se paga su vicio, sólo lo practica cuando se lo exigen los desplazamientos de su equipo y, desde luego, no se distrae con los consumibles ajenos a su monomanía –sólo compra entradas al estadio, bufandas y vasos y sólo se emborracha a la salud de sus ídolos-. Por su parte, el turista meapilas es un paniaguado que no gasta ni un euro y que se distrae con el vuelo de una mosca al tiempo que aprovecha la invitación del Gobierno español para atiborrarse de bibelots y de “experiencias”. No hay comparación con el turista deportivo. Este último es pura fe impertérrita ante el sufrimiento; el religioso es un psicótico proclive a la dispersión y al despilfarro –como corresponde a todos los mantenidos-. De ahí que para controlarlos sean necesarios tantos curas y tantas monjas armados con sus respectivos perros pastores. El turista deportivo es masa crédula pero autónoma; el turista religioso es masa que se cree creyente pero a la que, en realidad, las tentaciones del mundo-demonio-carne la tienen al borde de la felicidad por lo que cotidiana y necesariamente es una aglomeración que debe mantenerse programada, zombificada y dirigida. No hay color. Para creyentes, los turistas deportivos. b) Al soltar a JAPB, el profesional químico altamente especializado en gas sarín –trabaja en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas-, España ha demostrado estar convencida de que es un país mucho más civilizado que la Noruega de las matanzas de Oslo y Utoya –ocurridas, por cierto, 26 días antes del atentado fallido en Madrid-. ¡Dónde va a parar!, aquel es un país hereje mientras que España es un país católico; que el serial killer noruego sea católico a machamartillo es un detalle individual, o sea, sin importancia. En cuanto a los castigos impuestos a los internautas londinenses, moraleja: la justicia europea está unificada. En toda ella, se machaca al disidente y se condecora al probo profesional aunque manifieste instintos asesinos. Ya lo decía una película: “La empresa perdona un momento de locura”. Glosario II Alegría: probablemente la palabra más repetida para y por los turistas religiosos. La palabra totémica de la tribu vaticana. Lástima que las orgías beatíficas estén vigiladas por un logotipo corporativo –la ubicua cruz-, que es obviamente una herramienta de tortura y muerte. Otrosí, los ayunos, látigos y cilicios, ¿son alegres? ¿Sería jocoso que una ONG escogiera como logotipo una horca o una silla eléctrica? Los clásicos suponen que la alegría es un estado de ánimo autónomo con raíces individuales aunque se pueda manifestar colectivamente. Están equivocados porque hay una clase de alegría, la manifestada a toda hora en Madrid por los turistas papales, que es una alegría inducida, controlada, excitada, programada y templada. “¡Alégrate!, ¡aleluya!”. Sin embargo, lo asombroso es que, teniendo motivos para ser sincera, sea manifiestamente falsa. Para explicar esta aparente contradicción, pondremos un ejemplo: Rafael Arnáiz es uno de los Patronos de la JMJ 2011 y también uno de los miles de fascistas que ganaron la santidad en agradecimiento por haber empuñado las armas contra la República española. Pero Arnáiz no sufrió “martirio” sino que murió de enfermedad natural en plena Guerra Civil. Además de lo obvio -engrosar la lista-, ¿por qué fue santificado? Pues simplemente porque era un acaudalado niñato que “gozaba apretando el acelerador de su coche” (obispo J.A. Martínez Camino, ABC, 07.abril.2011) Ahí está la clave: la alegría de los ricos, por mucho que esté contaminada de mecánica, imprudencia homicida, ostentación y de despilfarro -o precisamente por todo ello-, debe ser compartida por los fieles pues quién sabe si algún día, Dios mediante, accederán a ella. ¿Largo me lo fiáis? No tanto porque estos turistas eclesiales son los únicos jóvenes que tienen asegurado un trabajo futuro. Los impíos serán rechazados porque no se ha hecho el reino de este mundo para esa chusma -al revés, el mundo se ha fabricado contra ellos-. Por tanto, los jóvenes turistas tienen motivos para alegrarse porque pertenecen al mayor conglomerado económico del mundo: la Corporación de los Creyentes. Indulgencias: hasta hoy, los curas de a pie no estaban facultados para librar de la excomunión a los cristianos que hubieran cometido alguno de los “horrendos pecados”: adulterio, apostasía, herejía y asesinato –aborto incluido-. Sin embargo, el presidente del consejo de administración de Iglesia Española S.A., mister Rouco CEO, ha decretado que hasta los curas de aldea pueden en estos días borrar la excomunión. Muy preocupados, preocupadísimos, ante lo que parece una interpretación sui generis del Código Canónico, nos preguntamos: ¿el decreto Rouco no puentea al jefe máximo, a saber, el presidente de la Corporación Católica, Inc., herr Ratzinger? Otra pregunta: con estas rebajas de agosto, ¿no se estará malbaratando el milagroso poder de las indulgencias? Comprendemos que el Vaticano anda escaso de recursos fiscales pero recuerde, señor Rouco, que Lutero surgió por un quítame allá esas indulgencias. Y mire don Papa que eso de los impuestos sobre el pecado es materia tenebrosa, mire que con menos motivos los teólogos de la liberación pueden montarle una herejía. Ahora que, para indulgencias, ninguna más estrafalaria que la auto-indulgencia, justamente la que se ha recetado el Gobierno negándose a admitir que está gastando dinero público en un acto privado –en puridad, una invasión por un Estado extranjero-. Habiendo Parlamento y Tribunal de Cuentas, ¿quién es el Gobierno para auto-perdonarse? Enfin, un ejemplo más de que la sempiterna impunidad de la Iglesia es contagiosa. Laicismo: ¿por qué le llaman “laicismo” cuando quieren decir ateísmo? Entendemos que lo digan los curas porque así ningunean al ateísmo –al enemigo, ni agua ni nombrarlo- pero nos resulta difícil asimilar que los ateos se muestren tan pacatos. ¿Que entre los laicistas no sólo hay ateos sino también deístas como Voltaire e incluso cristianos de esos que llaman “de base”? Bueno, pero estamos en España, un reino donde el nacional-catolicismo todavía no ha perdido ni un ápice de lo que ganó en la Guerra Civil por lo que el país permanece en un estado latente y arcaizante de esclavitud. Por ello, aquí no hay zonas grises, aquí se es meapilas o ateo redomado. Liturgia (a veces llamada liturgia de la palabra): el Vaticano la usaba para referirse a toda santiguadera distinta de la Misa. Sin embargo, la Misa tiene tan mala fama –por aburrida, reiterativa y obligatoria- que ahora la llaman liturgia para llevar incautos al misadero. Por otra parte, ¿qué es eso de “liturgia de la palabra”? La liturgia es puro rito y las palabras que en ella se usan tienen el significado que les permiten los ritos, no su significado original, convencional y admitido. Pretender ahora que hay palabras litúrgicas independientes de las ceremonias es ilógico. Enfin, los filólogos vaticanistas siguen demostrando que se mueren por enredar; eso cuando no es algo peor: padecer el prurito de originalidad. Privacidad: “la cultura laicista pretende que la fe y la religión no se vean en la convivencia social y se reduzcan a la privacidad pero la fe que hemos recibido no es sólo para nosotros; la vocación cristiana es evangelizadora” (cardenal Sistach, Barcelona, 14.agosto) Más claro no canta un gallo. El consejo de ministros del Gran Hermano está constituido exclusivamente por cardenales. Reliquias: pronosticamos que la reliquia estrella del aquelarre madrileño será la sangre del santo súbito Beato Juan Pablo II. Ya estoy viendo la grimosa ampolleta en primerísimo primer plano televisado. Veamos un antecedente: en el siglo XII, Amberes se hizo rica con la exhibición del Santo Prepucio hasta que, en el siglo XIV, le surgió la competencia de Roma, poseedora de otro Santo Prepucio mucho más milagrero puesto que su autenticidad estaba certificada por un testimonio excepcional: el de la propia Madre, también conocida como Virgo Miriam –hoy, María-. Herr Ratzinger, no se confíe usté viendo esas masas de turistas uniformados porque, de hecho, su corporación está perdiendo espectáculo, audiencia, perspectiva histórica, ambición milagrosa y, sobre todo, marca o trade mark. No se sulfure con la pregunta pero, ¿acaso puede competir en espectacularidad una misérrima ampolleta con el Santo Prepucio?
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