Oración de hoy

22 Agosto 2011
Por Marcio Vargas Aguilar Esta vez, joven amigo y compañero, quizás te sorprenda que en vez de las postalitas de recuerdos y asuntos políticos, que de cuando en vez te escribo, decida hoy invitarte a una oración, la oración de este Otro Día más en el mundo de la lucha diaria. No es parte de esas cadenas cristianas del "evangelio de hoy" ni las prédicas de sumos sacerdotes o señores de la ley del fariseísmo de muchos líderes de religiones con dioses falsos. Es otra cosa, es oración, hablar directo a Dios, aunque te parezca extraño. Y quizás hasta Dios, a quien van dirigidas las oraciones, se sorprenda porque esta vez, distinto a cada mañana en que acostumbro dar gracias por abrir los ojos a un nuevo sol y pido perdón por mis pecados que son ya tantos en tantos años vividos con tanta intensidad, y perdón para quienes me hieren y consuelo para quienes he herido yo y sigo hiriendo, y perdón para mis amigos y para quienes se consideren mis enemigos... Hoy, en cambio, Dios todopoderoso, amor de los amores, creador de todo lo que existe, visible e invisible, Dios de la misericordia y también Dios de la Justicia Perfecta..., te pido ¡CASTIGO!. Por mucho tiempo me he querido negar a mí mismo que vos, Dios de la paz y de la solidaridad, seas un Dios castigador. Pienso en Job sólo como un símbolo. Pienso en la tragedia del pueblo hebreo, un pueblo asesino de los profetas y enviados de tu reino, sólo como una advertencia. Quiero o he querido creer que los ángeles vengadores del libro de Revelación o Apocalipsis, son sólo parte de un mensaje cifrado a la Roma Imperial de cuando fue escrito. Y he persistido en soñar que la Bestia no existe. Pero decime vos, compita, que andás por ahí en León, creo, iniciando las labores de campaña electoral, construyendo en solidaridad ante los desastres heredados tras casi 17 años de aplicación del liberalismo salvaje en excusa de pacificación..., vos joven revolucionario, vos muchacho sandinista, vos miembros de la juventud patriótica de Nicaragua..., decime si no se te revienta el corazón de arrechura frente a lo que ha ocurrido en Libia en regreso a la "tripolandia" de la pos guerra,, como una suerte de colofón (temporal, que la lluvia de felonías sigue, no lo duden) de la ofensiva descarada, brutal, salvaje, cruel del imperialismo occidental, y aplaudida con cinismo y sangrienta frialdad por "honorables" medios de comunicación mundial. Pues bien, joven amigo, te invito a que me acompañés (sin temor, que pedir justicia a Dios no va contra el derecho internacional ni es nocivo para la salud) y elevemos el corazón al reino de los cielos y digamos hoy: Señor mi Dios todopoderoso, me pongo de rodillas en el Mediterráneo, y te pido castigo ardiente, en fuego, para los criminales, para la Roma actual, para el imperialismo yanque y europeo. No me importa la "espada del Islam" que es el nombre de uno de los hijos del coronel, Khaddafy, a quien se le adjudica, tras ser educado en una famosa universidad -de esas casi todas ellas financiadas por dinero de petróleo árabe incluido el dinero del tesoro de la familia Bin Laden-, con las exquisitas recetas imperiales de la real corona británica, haber sido el gestor del "viraje" de la Jamahiriya Arabe Popular Libia hacia el capitalismo global del nuevo milenio, con los saludos y besitos de Bush II y Blair y demás criminales a la cabeza de los estados colonialistas. Y hay que recordar un abrazo reciente, 2008 en Roma, del mulato Obama al líder libio, como hermanitos. El gran puñal (teledirigido, sin mano visible, sin piloto) detrás. Tampoco me interesa si Khadaffy cae por voluntad de su pueblo o no. De todas formas todo lo que empieza termina, menos la materia y vos mi Dios, que pienso es el nombre de lo mismo. Dios..., para lo que pido pido castigo es para la infamia. Pido la ira y la furia bíblica, tu voz de trueno, las espadas justicieras y filosas de los arcángeles en las entrañas y los cuellos almidonados de los culpables, ya sean estos reyes borbones, oranges, habsburgos, o simples zapateros bufones de coronas y con apellidos "socialistas". Castigo para que griten y se prolonguen en el viento los aullidos de terror y dolor de los duces Berlusconis, las fuhereres Merkeles, los neonazis, racistas de Dinamarca o Suecia o Noruega o de donde sea que sea la europa imperial rediviva ahora con mayor crueldad que antaño y ogaño. Bestia depredadora, banda mundial de ladrones de petróleo y agua y todo lo que sirva para sobrevivir al diluvio universal que ellos mismos provocan. Que caiga la justicia del todopoderoso sobre el renegado húngaro franchute Sarkozy, pretendido exterminador de los gitanos y cara viva de la famosa Directiva del Retorno de la vetusta, odiosa y siempre imperialista Europa. Castigo a los banqueros mundiales y sus recetas efeemeinescas del campiro capitalista global. Que tu voz de trueno, señor, haga Temblar el Big Ben con Cameron y los pútridos reyezuelos de Bukingham adentro, y derrumba como a los muros de Jericó a las columnas del Capitolio y la Casa Blanca de Washington..., verdaderos "antros de una gleva de morfinómanos", como les llamó certero siempre, nuestro Sandino, con su palabra y fusil de Luz y Verdad. Ya otro grande nuestro, el poeta Rubén, te lo había dicho así: "¿por qué tardas, qué esperas/ para tender tu mano de luz sobre las fieras?". No tardes con tu justicia furiosa, Señor. No te pido, Dios mío, que intervengás en los asuntos internos de los países árabes, que ellos ya tienen su Alá, que sos vos mismo, para resolver sus propios problemas. Sino que te pido, te imploro, te ruego, de demando, te invoco, te lloro, te suplico...que enviés tu fuego purificador sobre la pandillas de criminales asesinos de la OTAN. Que la luz devastadora de la muerte caiga sobre las siete cabezas de la Bestia imperial y que sienta y sufra el mal global reventadas sus venas y arterias en sangre hirviente. Que no quede piedra sobre piedra. Que no queden cenizas. Que desaparezcan las bestias imperialistas de la tierra y de todo el universo y por los siglos de los siglos, ¡oh alfa y omega, antes del antes y después del después!. Dios misericordioso...¡furia y castigo sobre el imperialismo sin que dejés ni cenizas, ni polvo, ni siquiera una sombra en un pedazo de pared como la esclofriante huella de Hiroshima. Que no quede del reino del mal, de la bestia imperial, ni siquiera un lamento, un recuerdo, pero ni tantito así..., NADA, Ché. Todo esto te lo pido, Dios, por la paz, el amor, la solidaridad, la vida y la dignidad de los oprimidos del mundo, en el nombre de tu hijo amado, Cristo Jesús. Que así sea. Amén. Patria y Libertad Marcio Vargas Aguilar Periodista nicaragüense Director de OTRO DIA Orden de la Independencia Cultural "Rubén Darío" PLOMO
Comentar     Arriba