¡Por fin se fue Herr Ratzinger!

24 Agosto 2011
Por Antonio PÉREZ [Por motivos técnicos –tormenta local-, ayer (lunes) tuvimos que abreviar nuestra crónica justo cuando estábamos comentando el mega-botellón o macro-rave del aeródromo de Cuatro Vientos. Sólo pudimos ofrecer un resumen. He aquí el relato completo: Vigilia en el aeródromo de Cuatro Vientos: Obviamente, hablamos ahora de un espectáculo. Ni más ni menos. Todo el Estado Vaticano se mueve en ese plano; eso sí, creyendo que lo hace en el plano simbólico cuando, en realidad, lo está degenerando. Herr R. convocó en un descampado relativamente lejos del centro de Madrid a una macro-rave de tropecientos mil jóvenes. ¿Por qué sacó a sus huestes de la ciudad? ¿Por qué levantó el asedio a Madrid? Al igual que Aníbal probablemente perdió la oportunidad de arrasar al imperio romano por no atreverse a entrar en Roma, ¿perdió el pastor alemán la oportunidad de destruir al Madrid librepensador? ¿el Herr Doktor Professor en Naderías fue víctima del llamado ‘complejo de Aníbal’? Pues no. Herr R. no tiene complejos. Pero Madrid, sí y ya se sabe que en una ciudad acomplejada, sometida además a un asedio inclemente, puede pasar de todo. Era necesario sacar de Madrid a las mesnadas turísticas porque toda ciudad es un medio difícil para todo ejército de ocupación. Al rato, le pierde la molicie. La ciudad no aguanta ocupantes: los corrompe o los fagocita. Además, las huestes vaticanas necesitaban un espacio cerrado en el que consolidar las jerarquías nacidas en los días anteriores. Lo explicaremos: La masa de turistas era un Ectoplasma gelatinoso –y probablemente amarillo fosforito- que asfixiaba Madrid. Estaba controlada en todo momento por sus perros pastores pero una ocasión como la JMJ debía servir para estimular a los mandos y también para que surgieran nuevos conducatores. Ese Ectoplasma comenzó siendo homogéneo hasta la clonación, lo cual es una característica eficaz para el encuadramiento de las falanges pero disfuncional para el degüello definitivo. Por lo tanto, necesitaba toparse con una bacteria diferente que le sirviera como revulsivo agente catalizador y le sacara de su tendencia al marasmo –léase, la invasión blanda-. Esa bacteria fue la manifestación atea. Pero no adelantemos acontecimientos. La anábasis de los tropecientos mil a sus Cuarteles de Invierno –i.e., la base militar en los aledaños de Madrid-, ocurrió poco después de ser detectada –y agredida- la ínfima bacteria atea pero también poco antes de que se pudiera completar el plan inicial de Herr R. Este maquiavélico plan contemplaba una estrategia a desarrollar en las siguientes cuatro fases: Madrid se rinde antes de presentar batalla. Las tropas amarillas toman posesión pero, en las primeras horas, el Ectoplasma no está todavía diferenciado. Todavía es una masa amorfa compuesta fundamentalmente por: * Turistas-manifestantes: masas relativamente pasivas, hordas de mirones prepotentes que apenas observan el territorio conquistado; son tropas ocupantes a las que guía una quinta columna de meapilas madrileños –imprescindibles pues recordemos que protagonizan una macro manifestación en una ciudad extranjera-. Su soldadesca funciona en dos niveles: una red semi-rígida de mandos tonsurados que controla a una yuxtaposición simple de individuos que todavía no han necesitado entrar en combate pero que llega a Madrid aleccionada sobre la inminencia de la batalla -“el Maligno acecha en la capital, cada día camufla sus tentaciones con disfraces más imprevisibles”, etc.- Se limitan a cantar coplas regionales o himnos nacionales presumiendo así de su lugar de procedencia; también corean slóganes muy elementales. Su ritmo es primario y proviene directamente de los estadios de fútbol. El paso de las horas en la ciudad violentada va decantando una primera destilación de: * Gamberros (pendencieros, hooligans): grupos porosos como el corcho pero todavía fláccidos como babosas y mórbidos cual seminaristas en celo. Son obra de los suboficiales, sargentillos de parroquia y promotores culturales bañados en agua bendita. Comienzan a observar el territorio a conquistar definitivamente –i.e., a expulsar a los ateos-. Se esfuman los cantos regionales porque ya están impregnados de la universalidad católica –con perdón por la redundancia-. Aparecen los primeros slóganes de combate, esos que denuncian la presencia de Lucifer representado por cualquiera que no comulgue a diario. Sin embargo, su principal objetivo es envalentonarse mutuamente. El ritmo apenitas se acelera. Sube el volumen acústico de sus imprecaciones. Cuando comienza a hacerse notoria la presencia de algunos madrileños renuentes a la invasión –etiquetados automáticamente como ‘ateos’-, estos grupos experimentan una segunda destilación. Los de religiosidad más profunda, se convierten en: *Comandos: grupos férreamente jerarquizados con licencia eclesial para causar heridos y con autonomía para actuar en todo Madrid. Son como las centurias de la Falange Española, una mezcolanza de señoritos aventureros y lumpen desesperado y descerebrado. Inofensivos uno a uno salvo que, cual suele suceder, ese uno vaya armado. Aumenta entre ellos el porcentaje de sargentillos y, por ende, aparecen algunos oficiales y mandos –no sólo clérigos- que dirigen directamente las operaciones. Los oficiales de enlace se mantienen en retaguardia. Los slóganes se dirigen exclusivamente no contra el Ángel Caído de los gamberros sino contra el ‘Satanás laico’ –es decir, ateo-. El ritmo llega al paroxismo. Una vez cumplida la primera batalla –generalmente, simple escaramuza-, los comandos tenían órdenes de facilitar el proceso inverso: allegarse a los gamberros para que éstos ingresaran en la Gran Masa y, con el poder evocador de los cantares de gesta corregidos y aumentados, la excitaran hasta su transmutación en Masa Ocupante Activa –MOA, como Pío, el ex terrorista estalinista, ahora teórico del terrorismo de derechas y por ello aupado hasta la puerta de la Academia de la Historia-. Tal era la cuarta fase en la estrategia vaticana de sojuzgamiento de Madrid. ¿Por qué no se llegó a materializar esta cuarta fase? ¿Por ese complejo de Aníbal al que aludíamos antes? Pues sí y no: en parte porque herr R. se asustó de su propia audacia pero, sobre todo, porque tuvo miedo a que la inocente bacteria resultara ser un virus oncogénico que diera origen a una metástasis atea generalizada. Y también porque un Estado Mayor de mariscales de gabinete como es la gerontocracia vaticana no siempre tiene la habilidad de los mariscales de campo. Sin embargo, los mariscales de gabinete tienen una ventaja sobre sus colegas pata-en-el-barro y es que saben conservar las ganancias acumuladas. ‘Lo mejor es enemigo de lo bueno’, vienen a decir. Y ese acumulado lo constituían los nuevos líderes surgidos en las terroríficas batallas contra la bacteria atea, a fin de cuentas uno de los objetivos declarados de las JMJ’s. El proceso de liderización sobrevenida comenzó, como hemos dicho, gracias a los ateos. O, mejor dicho, gracias a la agresión que sufrieron en la Puerta del Sol. Sin comerlo ni beberlo ni quizá saberlo, los ateos fueron la perfecta excusa para que destacaran a mamporros indirectos –los directos se los hizo la Policía- los jaques y valentones que, en el aeródromo, terminarían consolidando su liderazgo mediante la narrativa musicada y coreada de sus romances de gesta. Los mexicanos se sintieron hijos de los Cristeros –fanáticos que, por un crucifijo de más o de menos, ensangrentaron México en los años 1920’s-, los ugandeses seguro que presumieron de militar en el muy católico Ejército del Señor –especializado en robo de niños- y los españoles tenían todo el dinero de sus papás y todas las medallas de sus abuelos para vanagloriarse ochenta años más. Fue en Cuatro Vientos donde, con toda una noche por delante, todos ellos chismorrearon y, en especial, cabildearon con sus perros pastores. En ese campo del deshonor nacieron los nuevos líderes que mañana mismo empezarán a preparar la siguiente ofensiva –justo la que veremos en los próximos días y años-. Por todo ello, lo que herr R. dijera o dejara de decir en el aeródromo, era estratégicamente lo de menos. De ahí que –nuevos liderazgos aparte-, la verdadera disputatio en Cuatro Vientos se dirimiera entre dos dioses -Ratzinger y el Chou de sí mismo-, no entre el dios Rat. y sus adoradores. Por eso decíamos al principio que comentaríamos “la lucha que el sábado se desarrolló en un aeródromo madrileño entre el dios Ratzinger y el dios Espectáculo -¿dios Hollywood?-“. A este respecto, señalaremos que, de cara a la galería, ganó el Gran Chou pero, de puertas adentro, perdió el dios Espectáculo por la simple razón de que no peleaba. No podía ser de otra forma porque Herr Ratzinger no hubiera permitido nunca ni el más leve barrunto que amenazara su papolatría, suspicacia manifiesta por la que tampoco permitió los pequeños milagros -ver Glosario V-. Escenografía: presenciamos un concierto de rock con banderas de países, no engalanado con los estupendos pendones y gonfalones propios de las aglomeraciones rockeras. Sin embargo, mención aparte merece el Árbol de la Vida (AV) que dominaba el escenario/altar/tabernáculo. Como es bien sabido este tipo de árbol es un icono, topos o motivo mítico –mitema- común a muchas mitologías pues los árboles son importantes en todos los países, independientemente de haya muchos o pocos -incluso con más razón lo son en las comarcas desérticas; por ejemplo, véase en la península arábiga el valor del árbol del incienso-. En la Biblia, aparece muy pronto el Árbol de la Vida (ver Génesis II: 9) pero su imagen actual necesita de algunas enmiendas: en el original, Jehová, escarmentado por el fracaso de la prohibición que impuso a Adán-Eva para que no comieran la fruta del otro Árbol –el de la Ciencia Moral-, expulsa a la parejita de Homínidos Precursores temeroso de que “no vayan ahora a tender su mano al Árbol de la Vida, y comiendo de él, vivan para siempre” (Génesis III: 22) En otras palabras, somos mortales por doble o triple carambola, porque Jehová hace pagar a un árbol -que no se ha movido de su sitio- y a los humanos -que no saben dónde pisan- lo que esos pendejos semovientes que fueron los primeros humanos le han hecho a otro árbol. De locos. Para mayor confusión, resulta que el otro árbol del Edén, el Árbol de la ciencia del Bien y del Mal (ACBM) no es, como insinúa su nombre, el robusto Tratado de Moral que fructifica en sesudísimos y justísimos preceptos éticos sino otro arbolito callado y quieto… igualmente prohibido. Jehová le advierte al homínido Macho Alfa que ni se acerque a ACBM: “no comas, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis II: 17) Tenga usted un jardín del edén para esto, para que los árboles se llamen distinto pero produzcan el mismo fruto y para que, además de mostrar una mínima biodiversidad, resulten letales los dos –lo sentimos, juramos que nosotros no hemos escrito ni una sola de los millones de ediciones de la Biblia-. Resumiendo: desde el punto de vista de Nuestros Padres Biológicos, AV y ACBM son lo mismo. Jehová no es el dios de los taxónomos pero puede serlo de los disléxicos y de los afásicos. Y lo que es mucho peor, tanto AV como ACBM son Árboles de la Muerte -por ello, nuestro preferido es Kaliaviri, el Árbol de los Dearúa amazónicos; ese sí era árbol de vida… hasta que llegaron los misioneros de las otras florestas-. Comprendemos que, con semejante libro de texto, a herr R. no le saliera bien el examen. Pero tampoco les salió mejor a los diseñadores del dichoso AV del Hangar. Lo que vimos fue una telaraña con boina cayéndose a chorros. Y, para remate, a este seudo-AV le pintaron de amarillo que será el color corporativo de Vaticano Inc. pero también es el color de la agonía del árbol. Bien mirado, los diseñadores leyeron con inusitado rigor las enseñanzas bíblicas y, en consecuencia, a la vida en Jehová la pintaron de Muerte. Fin de la ampliación] El acabóse ¡Por fin se fue!: Herr Ratzinger volvió a su bunker el lunes 21 agosto, dicho sea de paso festividad de san Pío X, un santo que, en vísperas de la I Guerra Mundial, tomó valientemente las medidas que le exigía el Evangelio y de las que –oh, casualidad-, ahora se cumple su Centenario: “Pío X, allarmato per il vento di fronda che passa su quasi tutta l'Europa, teme per il Vaticano e pensa difendersi in caso di una prossima rivoluzione. Il comandante della sua Guardia Svizzera, col. Repond, ha ordinato al Belgio un buon numero di rifles e di munizioni per l'armata papalina” (Regeneración, ed. italiana, sept. 1911) Es decir, que, en plena sublevación de los desheredados europeos, su primera preocupación fueron las armas. Si sustituimos “l’armata papalina” por la Jornada de la Juventud –o por la Banca Vaticana-, podremos sospechar que cien años no es nada. Antes de abandonar Madrid, ofició una misa en Cuatro Vientos, suponemos que para exorcizar los horrorosas tentaciones que seguramente asolaron a los jóvenes turistas que habían pasado la noche en las pistas de ese aeródromo. O quizá para tener otra ocasión recaudatoria pues, según dice la Organización de la JMJ-2011, 200.000 beatos habían pagado por asistir a tan espiritual representación dramática. Y se fue en loor de élites electas (los Gobiernos central, autonómico y municipal) y no electas (los reyes y príncipes), sin decir ni una sola palabra sobre la mal llamada “crisis económica” –en realidad, saqueo de la riqueza pública-. ¿Para qué aludir a un tema desagradable que, encima, es desconocido para su selecto auditorio? Ahora se vanagloria de haberse reunido no sólo con ‘la juventud’ sino con todos los colectivos sociales. Pero, ¿realmente se arrejuntó con todos? No. En primer lugar y ya que de juventud española hablamos, faltaron clamorosamente los jóvenes desempleados. Además, también le faltó reunirse con las Mujeres como tales –no nos valen las funcionarias del Vaticano que fungen de empleadas domésticas, vulgo monjas-. Pese a su trompeteada universalidad, herr R. tampoco se reunió con las minorías o mayorías étnicas y raciales - negros, magrebíes, indígenas-. Y, por descontado, no quiso ver ni en pintura a representantes de otras religiones como pudieron haber sido los protestantes, judíos, taoístas, etc. Se entrevistará con esa morralla seudo-atea en aquellos países donde no le quede otro remedio pero, en Madrid, de su cacareado ecumenismo, cero. Ecclesia Tours. Dejando aparte el proselitismo, la coacción a los poderes civiles, el avasallamiento al resto de los humanos no católicos y otras cuantas menudencias, las JMJ deben leerse como una gigantesca operación comercial, del ramo turístico para más señas. En el Vaticano alguien ha debido pensar: “Recibimos muchos turistas en la mega-catedral de San Pedro y les vendemos muchos souvenirs pero no podemos limitar este negocio a un sitio tan pequeño. Exportémonos. Invadamos el mundo con nuestras ofertas turísticas. No nos limitemos a los santuarios ya consolidados –Lourdes, etc-. Dejemos el Vaticano para guardar el oro y las divisas –el dinero ocupa poco espacio- y construyamos nuevos castillos en el aire, es decir, destinos extraterritoriales, efímeros y con clientela cautiva –léase, países dominados por el integrismo católico-. Organicémoslo por sectores de edad; probemos primero con la Juventud que es un sector de alto poder adquisitivo, mucho tiempo libre y gran mansedumbre. Luego vendrán otros sectores etarios. En tiempos de globalización, ¡borremos las fronteras!”. Eso es pensar a lo grande, única manera de convertir a un Estado territorialmente microscópico en una superpotencia turística. Que la idea está teniendo un gran éxito lo demuestra que, en Filipinas, “dicen” que la JMJ logró congregar a cuatro millones de jóvenes. Por comparanza, esos católicos filipinos quizá tenían un escaso poder adquisitivo pero, ¿qué nos dicen de los españolitos, por mucho que se lamenten de la crisis actual? Habrá crisis pero eso no les afecta a esa minoría de privilegiados -ni les afectará a las élites brasileñas, próximos anfitriones de la JMJ-. Uno de los escasísimos números que se han barajado y que nos parecen aproximados es de los restaurantes atrapados por Ecclesia Tours. Se habla de 2.500 comederos concertados –entre ellos, todas las franquicias de las cadenas gringas de comida basura y prioritariamente ellas-, una tremenda ampliación de mercado posibilitada por una oferta garantizada por la creación, así sea aparentemente efímera, de una clientela cautiva. ¿A qué precio social?: al de haber estado a punto de desencadenar una guerra de religión a la madrileña. El origen del turismo de masas como guerra santa encubierta. Incluso cuando abandonan el proselitismo directo y se transmutan en tour operators, los curas siguen siendo irresponsablemente peligrosos. A todo esto, sería ingenuo creer que la JMJ le ha salido gratis al Vaticano y nada más que gratis. El gerente del holding San Pedro Co. no hubiera entrado jamás en una operación cuya expectativa se redujera a ‘lo comido por lo servido’. No, el negocio exige no sólo recuperar la inversión –para herr R., cero en este caso- sino obtener beneficios. Entonces, la gran pregunta debe ser: ¿cuánto ha ganado el Estado Vaticano? ¿Cuántas sacas de oro se ha llevado Ratzinger en su avión? Nunca lo sabremos pero es plausible pensar en decenas de millones de euros. Por lo demás, Ecclesia Tours es una empresa confesional privada que funciona según las reglas bendecidas por la Santa Alianza Estado-Empresa-Iglesia, ahora llamada ‘neoliberalismo’. Y marcha muy bien puesto que puede hacer unas ofertas que-nadie-puede-rechazar: viajes, transportes locales y manutención gratis, guías especializados a pie de avión, actividades de ocio a precio de beneficencia, etc. ¿Quién ha corrido con los gastos?: el contribuyente español. ¿Quién con los beneficios?: la Curia romana. En la agonía del Estado del Bienestar, perfecta joint-venture entre empresas públicas y privadas que cumple fielmente con el sacrosanto precepto de socializar las pérdidas y privatizar las ganancias. Recapitulación: Las cifras: es imposible conocerlas. Súmese la legendaria negrura contable del Vaticano a la opacidad de los diferentes Gobiernos españoles y se concluirá que, unos y otros, nos ocultan las cantidades más inocentes. Esta conspiración de silencio en medio de la batahola nos recuerda un chiste de indios: “En el Salvaje Oeste, el centinela de la caravana grita: ¡que vienen los indios y son 100.003! Extrañado por tan curiosa cifra, alguien le pregunta -¿Cómo sabes que son exactamente 100.003? A lo que el vigía contesta –Porque veo como cien mil delante y tres detrás”. Pues eso. Por ejemplo, la comisión que cobró la Organización a los restaurantes concertados fue tres y el resto de sus ingresos, como cien mil. La rimbombancia hizo estragos. Por ejemplo, la Organización de la JMJ declaró que habían llegado –léase, invitado- nada menos que 400.000 latinoamericanos; siendo muy moderados, si hacemos la cuenta de la vieja nos resulta que, a 3.000 US$ per capita, la América Latina católica le ha costado al erario español unos 1.200 millones de US$ (850 millones de euros), cifra a todas luces inadmisible incluso para los que estamos acostumbrados tanto a las hipérboles vaticanas como a la sinrazón de los presupuestos gubernamentales. En cuanto a las desgravaciones otorgadas graciosamente por el Gobierno central a las empresas patrocinadoras –todas ellas, transnacionales-, nunca conoceremos el lucro cesante del erario público pero, al menos, hemos comprobado que cientos de miles de turistas sacros les han hecho abundosa publicidad llenando de logotipos empresariales toda su anatomía. Normal, a fin de cuentas son sus patronos pero, aun así, es descorazonador que hayan vuelto métodos propagandísticos tan excesivamente personalizados como arcaicos. Más importante que los hombres-anuncio es el tema concreto de las exenciones tributarias y aquí sólo podemos imaginar que los tiburones de las finanzas habrán aprovechado la ocasión para ampliarlas ad infinitum. La transnacional de la energía habrá donado media docena de bombillas y logrará no pagar ni un centavo por la construcción de diez represas; la transnacional del ladrillo, habrá levantado cuatro carpas para el aquelarre en El Escorial y lo anotará como si hubiera construido ese colosal monasterio. A ese grosero fraude lo llaman ‘ingeniería contable’. Otra muestra de lo difícil que es averiguar las cifras en juego nos la proporciona la publicidad televisiva del magnoevento. Veamos: pese a estar en caída libre, en 2010 la inversión publicitaria en España se acercó a los 13.000 millones de euros, es decir, doscientos ochenta millones de euros por ciudadano (sí, han leído bien, 280; casi 400 millones de US$). Si nos limitamos a la publicidad en las televisiones generalistas y abiertas, se pronostica que, en este año 2011, esos canales ingresarán 2.222 millones de euros, o sea, seis millones diarios. Olvidándonos de la campaña previa a su llegada pero teniendo en cuenta que herr R. ha copado las pantallas durante siete días, podríamos decir que ha recibido una publicidad gratuita de 42 millones de euros. Computando únicamente la televisión estatal y aplicando todos los factores de corrección imaginados y por imaginar, postulamos que el Gobierno ha gastado y/o ha perdido por lucro cesante, no menos de 15 millones de euros (= 20 m. US$; cálculos de informes de InfoAdex, PriceWaterhouseCoopers y elaboración propia) Evidentemente, hemos pisado arenas cuantitativas tan movedizas como para no tomar demasiado en serio nuestras propias cifras ni siquiera en una materia tan pública como es la publicidad. Pero como el Enemigo no sólo es irresponsable sino también ampuloso, no se ha recatado a la hora de calcular en millones el número de jóvenes abducidos. Por nosotros, como si son docenas –de millones o de personas-. A este respecto, es oportuno señalar que el planeta ha crecido demográficamente de tal modo que millones de personas no significan casi nada. En los primeros siete meses de este año, visitaron España 32 millones de turistas a sabiendas de que nadie les regalaría ni una gorra. Por centenares de millones se cuentan los televidentes de cualquier partido-del-siglo y nadie se ha molestado en comprobar esa cifra. Por millones –y por el coltán- están asesinando en el Congo y nadie se da por aludido. Generalidades: uno de los detalles que más pueden irritar a los puristas es que la JMJ-2011 siempre se ha presentado como evento “Mundial de la Juventud”, como si todos los jóvenes del mundo comulgaran con las ruedas de molino vaticanas. Nunca han dicho juventud católica ni siquiera ‘cristiana’, siempre juventud a secas como si sólo existieran Ellos. En sano rigor, esta flatulencia es intrínseca a lo katolikós (universal) pero bien podríamos recordar que ni siquiera alcanza a todo lo católico sino solamente al que sigue el rito romano. Es lo que tiene moverse por las calles en un inodoro con rodamientos: se cae en la ilusión de que el planeta cabe en el papamóvil. Otro de los detalles que nos han llamado la atención es que las televisiones se han empeñado en dar una imagen infantiloide de la juventud vaticanista. Pero, ¡ojo!, esas niñitas descerebradas gritando como en un concierto de rock no son precisamente ingenuas ni tampoco niñas. No nos confundamos. Han sido seleccionadas por sus perros pastores y ahora son activistas pero mañana serán lideresas. A ellas/os queremos repetirles que están siendo burdamente engañadas: la vida en la Iglesia no será nunca más ese vaganbudeo feliz gratis et amore; trabajarán toda su vida y entregarán a la Iglesia el fruto de tu trabajo. Pero serán felices porque tendrán trabajo… gracias a que se lo quitarán a otros. Y un aviso a los pequeños y medianos navegantes: en sus últimos años, Franco se ganó la indiferencia de los empresarios porque no les permitía ganar más dinero. Las trabas burocráticas –léase, el soborno al falangista, la mordida del jefe de negociado, la coima de los conseguidores, la necesidad de los procuradores-, dificultaban los negocios. Y entre todas esas trabas, sobresalía la pacatería de la Iglesia. Quiero decir, que sobornarla era más caro. Que se preparen los pequeños y medianos empresarios españoles porque, si se instaura otra dictadura clerical –y Ratzinger ha venido a prepararla con ayuda de Rajoy-, les saldrá más cara la anuencia de los obispos que la de los sociolistos. Y para que no se crea que estamos poseídos por el demonio de la negatividad, añadiremos que algo hemos aprendido de esta JMJ. Espigando la documentación nos hemos enterado de que Papa debería escribirse P.A.P.A., puesto que es el acróstico de Petri Apostoli Potestatem Accepi (en menos palabras, ‘heredero de Pedro’) Poca enseñanza es pero también inútil. Además, puesto que lo cortés no quita lo pizarro, queremos agradecer a herr R. que no señala con el dedo, como hacen todos esos líderes maleducados –Sarkozy en especial-. A nosotros nos enseñaron que apuntar con el índice es de mala educación y lo tenemos presente aunque ahora no se entienda como grosería sino como representación teatral con el rabillo ojo puesto en las cámaras. Nuestros motivos y otras hierbas: ¿Qué nos ha llevado a redactar esta crónica? En primer lugar, la defensa propia. Como cualquier otra potencia mundial, el Estado Vaticano está en guerra (santa) contra la Humanidad y nosotros queremos seguir siendo humanos. Lo que hemos soportado en España ha sido una guerra que, como todas, lo es total y por todo el Poder –territorial, espiritual, cultural, pasado, presente y futuro-. Esa guerra totalitaria no la hemos declarado nosotros pero, fieles a nuestras acrisoladas costumbres, hemos aceptado el combate porque nunca rehuimos la pelea, ni siquiera cuando estamos en inferioridad. Simplemente, usamos diferentes tácticas según la ocasión. Contra Franco hacíamos guerra de guerrillas. Ahora quizá la podamos hacer abierta. Y decimos ‘quizá’ porque somos plenamente conscientes de que el Enemigo está especializado en la guerra sucia, es decir, no declarada -y si la medio declara, la maquilla como “intervención humanitaria”-. En segundo o cualesquiera otro lugar, ya que la agresión vaticana se escudaba en la juventud, nos pareció tarea urgente el informar a los jóvenes. Los españolitos de ahora tienen una imagen folklorista del Mal que nos resulta insuficiente –como hemos dicho en alguna crónica alejándonos de la adulación imperante-. Y, desde luego, no vislumbran siquiera la perversidad que puede alcanzar el Vaticano –Estado creado por Mussolini- cuando consigue la más mínima palanca de mando. Como gentes que padecieron su Poder Omnímodo, era nuestro deber prevenirles. Por fortuna, tenemos a nuestro favor que el culto a la personalidad tiene mala prensa. Por esta feliz coyuntura histórica, la papolatría que hemos experimentado no tiene mucho recorrido, máxime cuando ha sido tan imprudente y desaforada como para opacar ritos claves como la eucaristía, los milagros, la Biblia o la Misa. Asimismo, hemos subrayado que estas JMJ no dejan nada al azar. Sin embargo, se nos podría preguntar: en una aglomeración multitudinaria, ¿de verdad que no se mueve una hoja sin permiso de los perros guardianes? Alguna razón tendría quien así nos interrogara. Podríamos responderle que, en efecto, tiene razón… pero tiene poca. El quid de la cuestión está en decidirse por abolir el azar –algo que hemos recriminado a herr R. en alguna otra crónica- o por dudar sistemáticamente. En el primer caso, atribuimos maquiavelismo a quien sólo tiene mala leche o suerte y, en el segundo, hubiéramos concedido a los malvados el beneficio de la duda. Puesto que ya son demasiados los humanitarios que absuelven al Estado Vaticano por falta de pruebas, escogimos la primera opción. Otra cuestión es el tono beligerante que hemos empleado. Algunos pensarán que ha sido innecesariamente agresivo y excesivo, sobre todo por enfocar el Magical Tour desde la perspectiva bélico-empresarial. ¿Había necesidad de utilizar términos como invasión, asedio, ingeniería contable, consejo de administración o huestes? ¿Se puede exagerar comentando la perfidia del Vaticano? Pues nos parece que, dada la inusitada impunidad de la agresión, sí la había y que, probablemente por motivos de seguridad, nos hemos quedado cortos. Pero a quien no esté de acuerdo y no tenga tiempo para leer lo que algunos fervorosos cristianos escriben sobre la Puta de Babilonia, le ofrecemos una solución de compromiso: tomen como metafóricos el tono y los términos de estas crónicas. Para ello, pueden recurrir a la historia y la actualidad del Vaticano. En ellas encontrarán excesos a tutiplén y un lenguaje inundado por sabrosísimas metáforas bélicas. Verbigratia, una ‘Compañía de Jesús’ cuyo preboste ostenta el grado de General y cuyo manual corporativo se titula “Maniobras Espirituales” –perdón, Ejercicios-; o unos modernos ‘Legionarios de Cristo’, fundados por un descendiente de los cristeros mexicanos que no se privó de correr con un harén de 900 esclavas. Metáforas por metáforas, las nuestras son mucho más inocentes. Pero no olviden los improbables adeptos a la teoría de la metáfora que mantenemos un punto innegociable: siempre nos resultará imposible dialogar con creyentes. La distancia entre ellos y nosotros es excesiva. Creer es antónimo de razonar; además, creer es prejuzgar y tener prejuicios o no tenerlos es clave en cualquier diálogo -to be or not to be-. Por si ello fuera poco, coronemos con la constatación empírica de que los creyentes siempre traicionan -si no a ti, a tu grupo-; y, en el mejor de los casos, los creyentes bondadosos se distraen con el vuelo de una mosca. Así no se puede conversar. Hartos de tanta verbosidad, volvamos por nuestros fueros verdaderos: como sospechábamos días atrás, el mayor delincuente ha invadido Madrid con la inestimable ayuda de sus quintacolumnistas -los gobiernos central, autonómico y municipal-. El criminal se ha ido pero aquí siguen los otros. En los meses subsiguientes, sólo les pediremos que no delaten y persigan más de la cuenta. Que se apeen del tanque aunque sólo para recordar que un Estado dizque democrático no debe ser un leviatán de chivatos. Créannos, no es futurista. No sigan modos arcaizantes por muy queridos que sean por los Estados bárbaros. Admitan de una vez que el joven herr R. fue entrenado para la delación y que, de adulto, bien la practicó profesionalmente durante sus largos años como máximo directivo de la Congregación de la Doctrina de la Fe -antes Santo Oficio, por otro nombre Inquisición-. Item más, admitan que los inquisidores no sólo eran y son torturadores sino también, y principalmente, informadores. Concedan asimismo que, en los Estados ‘de democracia avanzada’ –es decir, putrefactos-, la “información válida” es sinónimo de obtenida por medios inconfesables. De ahí que sean presididos por los prebostes de los servicios secretos, léase por la dinastía de los Bush (CIA), Vladimir Putin (KGB)… y Ratzinger (Inquisición) Basta ya de antiguallas. Una Administración moderna, i.e. transparente, es incompatible con una presidencia amamantada en el secreto. Finalmente, reiteramos que estas crónicas han sido redactadas con la intención expresa - de justificar nuestra oposición a la visita de Herr R. porque “no le queremos ni aunque pagara su visita“ (ver la primera entrega) Esperamos que la exposición pormenorizada de los desastres causados durante su invasión de Madrid haya contribuido a extender esta opinión. En su defecto, siempre podremos decir que este trabajo nos ha ayudado a soportar el pío asedio turístico e incluso nos ha divertido. Si también ha regocijado a otros, habremos protegido el hueco de una almena en la Gran Muralla que defiende el libre pensamiento. Y esperamos que esta metáfora no sea interpretada como masónica u orientalizante sino como la preferida por aquellos que pretenden construir una aldea simplemente habitable: la propia de unos albañiles de la Razón. Última hora: Como ya es costumbre en las JMJ, el postre del ágape turístico corrió a cargo del Camino Neocatecumenal, más conocidos como los kikos, congregación integrista dirigida por Kiko Argüello -el ojito derecho de los obispos españoles-, un buscapleitos para quien el Opus Dei es un nido de comunistas. Entre las incontables hazañas de Francisco José Gómez de Argüello Wirtz, alias Kiko (León, España, 1939) se cuenta la de haber pintado en pocos días –sus abducidos hablan de horas- los frescos que ‘adornan’ la nueva catedral madrileña, glamorosa proeza que le ganó el título de ‘el Miguel Ángel de la Almudena’. Su estilo pictórico es el neobizantinismo; por ello, Kiko nos parece el pintor que se plagia a sí mismo calcando retablos e iconos que llevan quince siglos también plagiándose a sí mismos. Esta opinión no es compartida por los académicos de la Universidad San Antonio de Padua (Murcia, España), una de sus numerosas Alma Mater. Glosario VI Amor: para herr R., sólo existe el Amor de Dios. Lo repite continuamente y, en Madrid, se lo espetó con toda crudeza al sostener que, en el matrimonio, un hombre y una mujer “formando una sola carne, se realizan en una profunda vida de comunión”. Es decir, que el amor entre humanos, así sean tan ordenancistas como los cónyuges homologados por el Vaticano, es sólo carne –comunión no es pescado, también es carne-. Y luego se quejarán de ‘la ola de pornografía que nos invade’. Poder: según les instruyó Ratzinger a los seminaristas españoles, “el poder, el tener o el placer a menudo son los principales criterios por los que se rige la existencia”. A nadie se le escapa la perversidad de la frase puesto que disgrega los iguales –el poder y el tener- y los amalgama con el placer cuando, en realidad, el placer es la antítesis de los otros dos. Soltería: una facultad exclusiva del clero. Para el común de los mortales, es un estado civil inalcanzable pues, como herr R. les advirtió a los turistas en el aeródromo, los demás han de casarse. Hemos de suponer que, si alguna vez viaja a China, tendrá que borrar de sus archivos semejante exigencia puesto que, para los mandarines del Imperio del Centro, la soltería generalizada sería un buen freno a la natalidad y, por tanto, una meta -si se quiere, anómala- de los planes de desarrollo. Valentía: facultad inherente al buen católico. El que se enfrenta al Maligno y proclama su fe a los cuatro vientos, ese es valiente. El que coquetea con la Razón, es un cobarde. Al igual que Arquíloco, a muchas personas humanas no les importaría demasiado que las etiquetaran como ‘cobardes’; pues que tengan cuidado estas almas de cántaro porque cuando una cultura guerrerista como la vaticana llama cobarde a alguien, le está arrojando a un averno peor que de los pecadores. Y si a éstos les trata como les trata… Valores: en esta JMJ, poquísimas veces hemos oído el término “valores”. Claro está que no esperábamos oír la expresión “valores cristianos” puesto que la Iglesia católica no reconoce la existencia de otros valores que no sean los suyos. Y éstos, ¿cuáles son? Pues los de la ONU, la ONCE y el Barcelona F.C. Valores que se pretenden universales y/o universalizables y que sólo son en su inter-galáctica hipocresía y mendacidad. Con cierto motivo, la Axiología está de capa caída en el Vaticano. Agradecimientos: Hay términos, estados de ánimo y nombres que nos fueron regalados por: Cánovas del Castillo (Antonio O.), papaboys (Edward), papamóvil (Juan Mario), ¡quiero más! (S. Harries, María T., Marta E., Antonio M. et al) En otro orden, nos ayudaron mucho: en lo informativo, Méndez, Orihuela y TeleSur –sólo le falta que nos instruya igualmente sobre las rebeliones internas en su país-; en lo técnico, JC, Arturo et al. Índice 1. Las palabras del Papa, ¡No Pasarán!, 1.303 palabras (miércoles, 17.agosto.2011) 2. Turismo religioso y turismo deportivo, 1.959 palabras (jueves, 18.agosto) 3. Problemas con lemas, anatemas y mitemas, 1.968 palabras (viernes, 19.agosto) 4. Cronología con recia poesía, 2.263 palabras (sábado 20.agosto) 5. Teomaquia en el aeródromo (incompleta; domingo, 21.agosto) 6. El acabóse, unas 5.800 palabras (lunes, 22.agosto)
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