A nuestros Padres y Madres, Brigadistas del amor

24 Agosto 2011
Por Edwin Madrigal. "Porque ellos sí supieron combatir a la ignorancia con su mente y corazón, exponiendo hasta su vida por esta liberación". Hablar de la gran Cruzada Nacional de alfabetización es hablar de la unidad de un pueblo que venció las barreras de la ignorancia, que construyó y sigue construyendo amor sobre la base firme de ayudar a los demás. La Alfabetización significó miles de historias entrañables en las montañas, en la selva, en las riveras de los ríos, en las quebradas, trochas y caseríos. La alfabetización es aquel joven, aquel cipote, chavalo y chavala que cobijados por la energía luminosa de Sandino y Carlos, emprendieron el recorrido épico y victorioso en defensa de la revolución. Así marcharon miles, así se reencontró el pueblo con el pueblo, así aprendieron los muchachos y muchachas a labrar la tierra, palmear tortillas del maíz recién cortado; a sentir como siente el campesino, a entender la selva. Al repique de cada lección junto a lápices y cuadernos, se construyó la historia de la patria en revolución. Así se cumplió con la sagrada tarea encomendada por el comandante Carlos Fonseca Amador de "También enséñales a leer". Fueron los rostros de la juventud, los rostros de los padres y madres que vieron partir a sus hijos e hijas hacia las comunidades más remotas de nuestro país. Fue la afluencia de emociones y sentimientos desbordados; fue la convicción y el deber cristiano de enseñar, que iluminó aquellos caminos de la Nicaragua bendita y libre. Aquellos jóvenes que hoy son nuestros padres nos legaron una época en valores que se construye con la unidad de los corazones valientes y sencillos, que tiene su retribución en la sonrisa y el querer del campesino. Cuantas historias en cada alfabetizador, historias de amor, historias de familias encariñadas, familias que vieron regresar a los muchachos una vez cumplida la tarea y las despedidas llenas de llantos. El joven no sólo cumplió con el deber de alfabetizar, impregnado de sabiduría rural; fue hijo e hija, fue familia, conoció la realidad en las entrañas de la Patria; lo cual, marcó su vida para siempre. A esos miles, a nuestros padres y madres que forjaron esa historia, les rendimos homenaje!!! Honor y gloria para ellos y a los que como Georgino Andrade fueron mártires de esa gesta heroica que nos motiva a nosotros y nosotras, la juventud de hoy, que sigue cumpliendo las tareas heredadas de nuestra revolución y que seguirá firme avanzando por la senda ya trazada, para que Nicaragua triunfe una vez más, en paz y dignidad.
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