Libia y el colapso del Derecho Internacional

10 Septiembre 2011
Como un colosal tsunami el genocidio cometido contra el pueblo libio rompió todos los diques con que la ONU pretendía acabar con los conflictos bélicos. La guerra contra el pueblo libio barrió con todas las esperanzas de lograr la paz y sin necesidad de hacer augurios, la bandera con la calavera y las dos tibias cruzadas es un peligro mortal para el presente y futuro de la humanidad. Lo de Libia fue un asesinato anunciado, una guerra fabricada con todos los agravantes del más horrendo crimen de lesa humanidad: premeditación, calumnias mediáticas, alevosía, ventaja y robo descarado. No hay tribunal de justicia capaz de cuantificar ni calificar el genocidio, ni lo habrá para castigar a los culpables pues los tribunales internacionales se coluden con los criminales. Que inocentes fueron los países pobres del mundo al suscribir en 1945 la carta que establecía la existencia de la Organización de las Naciones Unidas, institución que tenía el propósito de terminar con las guerras y respetar de ahí en adelante los derechos humanos. Creímos, pobres ilusos, que la carta de la ONU era como un “hasta aquí”. Un muro que detendría las marejadas ambiciosas de los países colonialistas e imperialistas. Pensamos que las Naciones Unidas eran el fin de las guerras fundamentalistas, de las ocupaciones y despojos de los países pobres, de la intervención en los asuntos de los estados. ¡Vaya chasco el que nos llevamos! Al sólo nacer la ONU los poderosos violaron aquella visión paradisiaca de paz y hermandad. Ellos se repartieron las decisiones del organismo en un festín donde sólo participaron los más fuertes. Éstos constituyeron su propio Consejo de Seguridad… ¡Para la seguridad de ellos contra la inseguridad nuestra! El dique del “hasta aquí”, nació con grietas y por ella brotaron aguas podridas de nuevas guerras que contaron con la venia de la ONU y la impunidad que ésta acomoda a las grandes potencias. Acordémonos: Corea, Vietnam, Filipinas, Camboya, Yugoslavia, Palestina, Afganistán, Irak, Sudan, Yemen y la más reciente y terrible: Libia. En nuestro patio latinoamericano las intervenciones, invasiones, ocupaciones, golpes de estado y latrocinios cometidos por el imperio yanqui han hecho que nuestra historia se escriba con torrentes de sangre. Siempre los Estados Unidos han considerado a nuestras repúblicas como su patio trasero donde botar los detritos de sus ambiciones políticas y económicas. No debemos olvidar que la ONU jamás ha puesto a discusión el pretendido mesianismo de los Estados Unidos con su política ancestral del “destino manifiesto”. No debemos olvidar que la ONU ha sido el instrumento servil del Pentágono y por eso secuaz en las maldades de la mafia imperialista que hoy dispone a su placer de las riquezas de los países pobres. Gracias a sus guerras ahora usurpan las riquezas naturales de Irak, Afganistán y Libia. Para apoderarse de Libia propusieron dos argumentos. Acabar con Muhamar Gadafi y así proteger los derechos humanos de ese pueblo e imponerle la cacareada democracia brutal electorera occidental. Se ha pretendido hacer de Gadafi un dictador, pero él es el indiscutible líder libertador de Libia. Sus problemas con la ONU y con las hienas imperiales se sintetizan así: a) Poner fin a una monarquía servil e impuesta por los colonialistas de Europa. b) Expulsar las bases militares gringas, italianas e inglesas que ocupaban la Jamahiriya, c) Recuperar para Libia las fuentes petroleras y otras muchas riquezas naturales que eran explotadas por potencias extranjeras, d) Sacar a los libios del marasmo ancestral y convertir a Libia, en todo sentido, en el estado más desarrollado de Africa, e) Erradicar el analfabetismo y decretar la gratuidad de la educación en todas sus facetas, f) Crear en los libios la conciencia de ser libres y dueños de su propio destino, g) Entregar al pueblo el derecho a la salud gratuita y de calidad, h) Impulsar una reforma agraria integral, redes de comunicación, viviendas, cultura, arte y recreación popular, i) Extraer y llevar hasta las regiones de la costa mediterránea los recursos acuíferos de Kufra, para cambiar las condiciones climáticas y dotar de agua pura a los libios, g) Enseñar al mundo que la verdadera democracia reside en el poder de todo el pueblo, y establecer en Libia un ejemplar proceso de gobierno a través de los congresos populares, j) Predicar , impulsar y trabajar por la unidad de los pueblos africanos. Esto hizo Gadafi, además de ayudar a otros pueblos hermanos –entre ellos Nicaragua - a conseguir su liberación y ayudarles en diferentes facetas de sus necesidades básicas. Sin embargo, para arrasar, masacrar y despojar al pueblo libio se inventó que Gadafi era un tirano que estaba asesinando a su pueblo, jamás se demostró esa falsedad, es imposible trocar una mentira en verdad. Recordemos que similares calumnias se tejieron para arrasar la República Islámica de Irak e invadir Afganistán. ¡Gadafi dictador! La calumnia fue el pretexto y como contradicción el reflejo de la inmoralidad de los agresores imperiales. Dijeron que arrasaban Libia para defender los derechos humanos. ¡Vaya manera de defender los derechos humanos, privando del derecho a la vida a otros seres humanos! Los pueblos pobres del mundo se quedaron perplejos, con las miradas vacías ante el espectáculo del genocidio. Sólo la entereza y autoridad moral de los países latinoamericanos del ALBA han levantado su voz denunciando ante el mundo la barbarie y la complicidad servil de la ONU y de su secretario general. Las hienas están ansiosas de nuevos genocidios. Existe todo un plan para apoderarse con cualquier pretexto de las riquezas de otros pueblos del tercer mundo, Siria, Irán y Corea siguen en la lista del plan diabólico. Obama y la Clinton con sus caras de piedra, amenazan también a Venezuela y los países del Alba. Los criminales han dado luz verde a sus hazañas macabras. Ya no existen recursos jurídicos donde apelar para frenar a los neocolonialistas inventores de las guerras. El canibalismo se ha apoderado de la mafia internacional que, dirigida por los Estados Unidos, mangonea la ONU y su Consejo de Seguridad. Los vende patria de nuestro solar están desgarrándose las túnicas y gritan como plañideras exigiendo que Nicaragua firme su adhesión al Tribunal Internacional de Justicia que, como todos sabemos, no ha sido ratificado, ni lo será, por el criminal imperio yanqui ni por sus secuaces. Mientras ese tribunal sea incapaz de juzgar a tan enormes genocidas, Nicaragua no debe suscribir el tal documento.
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