En ocasión de las recientes agresiones a Aminta Granera

28 Diciembre 2007
En ocasión de las recientes agresiones a Aminta Granera Hace 2 meses fue instalado el Gabinete de Seguridad del Poder Ciudadano (creado con ese nombre mediante un decreto presidencial). Al acto fueron invitadas las organizaciones de la verdadera sociedad civil, es decir aquellas que por su dinámica e incidencia resultan indispensables para integrar el Sistema de Seguridad Ciudadana (con énfasis en la prevención del delito). En esa ocasión le correspondió a la Primera Comisionada Aminta Granera Sacasa saludar a las organizaciones invitadas, y fue notorio - al momento de que ella se refiriera a las asociaciones de corte confesional - un trato diferenciado: Anunció a un “monseñor” - con su respectivo nombre y apellido - como delegado de la Iglesia Católica, a continuación hizo la salvedad de que el citado tuvo que retirarse para oficiar una “eucaristía” y sólo hasta después advirtió la presencia de invitados a quienes llamó “hermanos evangélicos” (quienes por cierto manifestaron su perseverancia de manera muy efusiva). Lo anterior es un ejemplo de cómo el uso de categorías y términos rituales de un credo en particular en actos de estado, aunque se haga sin mala intención como en este caso, puede traer consigo efectos discriminatorios: El invitado ausente conservó su identidad de fe y su nombre, y los presentes quedaron como personas anónimas cuyas diferencias confesionales pueden ser eliminadas de facto (y en ese sentido pueden ser depositadas en una sola bolsa que posea la etiqueta “hermanos evangélicos”). Lo anterior no es una incomodidad por razones de militancia religiosa (es más, evito referir si poseo o no poseo un credo confesional), lo anterior debe interpretarse como el señalamiento de una situación que – sin que estuviera motivada por una intención malsana - no se ajustó a la naturaleza laica del estado. Sin embargo, la observación no está orientada a poner en duda la solvencia moral de la Primera Comisionada Aminta Granera, y tampoco pretende menoscabarla. Sus valores éticos no están siendo sometidos a revisión. [ A modo de reflexión. Si partimos de que lo único verdaderamente íntimo son nuestros pensamientos y creencias, ¿Podremos ceñirnos plenamente al laicismo y descartar la posibilidad de emitir de manera inconsciente algo tan propio como un criterio de fe? ¿Estaré siendo laico cuando utilizo la categoría fe, confesion o credo? ] En ese orden, considero imperativo establecer la diferencia entre lo que es una crítica y lo que es el montaje de una campaña difamatoria. Recientemente se produjo un incidente en el que una persona, que resultó ser un joven periodista del diario la prensa, intentó romper de manera intempestiva el anillo de seguridad en un acto de gobierno. La versión oficial fue emitida por Aminta Granera, y la primera reacción del periodista fue expresar que la funcionaria “mentía”. Considero lamentable pero comprensible la reacción del periodista, ya que su expresión fue a la luz de una fuerta carga emotiva. Sin embargo, estimo condenable que un medio de comunicación televisivo titulara “Aminta Granera Mentirosa” (sin comillas) a la cobertura noticiosa de la reacción del periodista ante la versión oficial. Asimismo, resulta censurable que algunos dueños de medios de comunicación pretendan desvirtuar la colaboración de civiles con la policía nacional (al utilizar expresiones como “paramilitares” , “camisas azules” o “matones”). Al margen de que la descalificación hacia Aminta Granera constituya irrespeto a la autoridad (y con ello se incurra en la figura delictiva de desacato), la emisión de la palabra “mentirosa” atenta contra la integridad moral de la Jefa Policial y sólo puede ubicarse en el contexto de la “valentía” de personas que se inspiran en esquemas patriarcales (nunca se dijo algo tan fuerte para dirigirse a un jefe policial del sexo masculino). En algunas personas la memoria es demasiado frágil, y por esa razón considero necesario citar 4 precisiones que denotan apego a la ley, prudencia, respeto a los derechos humanos y sujeción a la verdad en el proceder de Aminta Granera: Primero. En la universidad centro americana (UCA) se vivió un momento de confrontación entre estudiantes, personal docente y autoridades universitarias cuando se llevó a cabo - hace casi 8 años – una profunda transformación curricular. La situación era tan tensa que se presentó Aminta Granera – sin violentar los preceptos de autonomía - para que se garantizara la integridad de las personas que se encontraban en el recinto. Aminta Granera reconoció que no podían introducirse por la via de hecho, pero que tendrían que hacer algo en caso de que la vidad de alguien estuviera en peligro (naturalmente que se refería a la búsqueda de una resolución judicial que priorizara la protección de la vida). Segundo. En una ocasión – durante la ultima protesta estudiantil universitaria – se retuvo en el recinto de la Universidad de Ingenieria a un oficial de la Brigada Especial Antidisturbios. A pesar de que ese incidente constituyera una forma de secuestro, se priorizó el diálogo para evitar una incursión policial que pudiera traer consigo graves consecuencias para todas las partes. Tercero. En una ocasión se dio un verdadero exceso en el uso de la fuerza (que incluyó golpes en los genitales) en perjuicio de estudiantes menores de edad del Instituto Miguel de Cervantes. Ante la evidencia de violacion a los derechos humanos, la entonces Inspectora General de la Policía (Aminta Granera) emitió el mismo día una resolución de baja deshonrosa para los oficiales involucrados en ese acto verdaderamente repudiable. Cuarto. A comienzos de este año Aminta Granera hizo públicas las amenazas del cartel de sinaloa (amenazas de atentar contra su integridad física). Poco tiempo después fue desmantelada la banda de ese cartel. Una operación de esa magnitud solo pudo ser con un minuciosos trabajo de inteligencia, en el que estuvo involucrado personal encubierto y posiblemente civiles que colaboran con la institucion. Esto permite deducir que Aminta Granera no mentía ni exageraba cuando hizo públicas las amenazas, sencillamente decia la VERDAD. Ahora pregunto, ¿Por qué tendríamos que pensar que Aminta Granera “miente” en la versión del caso del joven periodista? ¿Por qué tendríamos que pensar que el incidente fue un atropello al ejercicio periodístico y no que se trató de la reacción ante la imprudencia de un particular? ¿Por qué tendríamos que pensar que Aminta Granera va a decir algo que no se ajuste a la verdad para colocar en riesgo su integridad moral? Algunos dueños de medios que se creen la “conciencia ciudadana” y “custodias del dogma y de la fe” al parecer ignoran el verso en el que se soporta la solvencia moral de Aminta Granera: ... Por sus frutos los conoceréis ... (Tomado del Capítulo 7 de la versión de la Biografía de Jesus atribuida a Mateo). Los que sí omiten la verdad son algunos dueños de medios de comunicación, cuando presentan como “insólita” la colaboración de civiles con la institución policial y llaman “paramilitares”, “camisas azules” o “matones” a los civiles de confianza que contribuyen a reforzar la seguridad de funcionarios de estado. La colaboración de civiles con las institucines policiales no es “insólita”, “inaudita” y mucho menos exclusiva de Nicaragua. Desde hace 30 años se introdujo en EE.UU el concepto de organización comunitaria orientada a la prevención del delito. El programa Neighborhood Crime Watch constituye una verdadera red de información integrada por civiles voluntarios y cuenta con el reconocimiento y el apoyo logístico de las autoridades. http://www.citizenscrimewatch.com/ Otro ejemplo - en EE.UU - es el caso de los Angeles Gudianes, que son civiles voluntarios que utilizan – para ser identificados - un uniforme que incluye boina roja y chaqueta roja, realizan patrullaje y están facultados para reducir y detener con el fin de evitar la comisión de un delito (y entregan al detenido a la policía). Y por lo que sé, nadie los llama despectivamente “fascistas”, “brigadas rojas”, “chaquetas rojas” o “paramilitares”. La modalidad de los Angeles Guardianes se está introduciendo en países latinoamericanos, tanto por ser una experiencia exitosa como por el hecho de que esa iniciativa ciudadana parte del criterio de que toda persona tiene la obligación moral de evitar la consumación de un delito. http://www.laraza.com/news.php?nid=39388 http://www.rpp.com.pe/portada/nacional/57040_1.php Naturalmente que lo anterior debe ser incomprensible para el dueño de un medio de comunicación que promueva la política “informativa” de filmar linchamientos (con el fin de exponer esos acontecimientos delictivos como “noticia”). El programa Neighborhood Crime Watch y Angeles Guardianes son 2 ejemplos – en Estados Unidos de America - donde los civiles son los primeros OJOS del engranaje de protección del sitema. Lo más probable es que en otros niveles estén involucrados otros civiles, pero es obvio que por razones de seguridad no lo van a decir (y mucho menos que los vayan a identificar). ¿Será que los que se consideran “pro-norteamericanos” (en Nicaragua) no conocen esas experiencias de iniciativa ciudadana en materia de prevención del delito? ¿O será que los “pro-norteamericanos” aplican la doble “moral” de que en algunos casos las cosas son buenas y en otros “malas”? Resultaría verdaderamente ingenuo quien piense que Nicaragua es el país menos inseguro de centroamerica por el accionar exclusivo de 10 mil policías. Sin embargo, es evidente que existe mucha distancia entre las amplias facultados de los Angeles Guardianes y la simple atribución de proteger una valla de seguridad (pero los que realizan esto último son llamados “camisas azules” por algunos dueños de medios de comunicación). Sólo me quedan 3 preguntas: ¿Qué sentido tiene la exigencia de que se excluya a los civiles de la seguridad de los funcionarios de estado? ¿Qué sentido tiene la promoción de la anulación de la obligación moral que tienen todos los ciudadanos para evitar la consumación de un delito? ¿Qué pretenden los que promueven esto?
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