Por Hugo, mi amigo enfermo

31 Diciembre 2012
Por Hugo, mi amigo enfermo

Por Farruco Sesto, http://confarruco.blogspot.com

A veces un hombre necesitaría un poco de calma o de soledad, que tal vez vengan a ser sinónimos.

Entonces  uno quisiera aislarse por un tiempo de los espesos ruidos del mundo para poder manejar pensamientos y estados de ánimo sin tanta confusión alrededor.

A veces un hombre necesitaría un poco de silencio.

Así me siento ahora. Con esas ganas insistentes de ir y perderme por allí, en cualquier lugar adonde el universo no llegue.

Pero, ay, amigos, esto es imposible, ya lo sabemos. Estamos sumergidos hasta lo profundo en esta humanidad de la que formamos parte.

Quisiera callar por un rato, es mi verdad en este instante, pero el compromiso, por ejemplo, de la voz de este blog, no me lo permite. Ahora, cuando esto escribo para comunicarme, estoy de algún modo conspirando contra mí mismo.

Este blog no me permite el retiro interior. Como no me lo permiten la familia, ni los amigos, ni el trabajo, ni las noticias, ni la navidad, ni el fin de año, ni el sentido del deber, ni la moral colectiva, ni la esperanzada angustia de las multitudes, ni el personal impulso (por otra parte contradictorio) de gritar duro, de protestar contra los dioses o contra el destino, o como llamemos a las fuerzas ciegas que nos manejan al azar.

Quiero decir que hay mucho amor en esto. Y que ya no se trata siquiera de política, ni del bien o del mal ni de la lucha trascendente por la construcción de la utopía.

La cuestión es más simple. En tiempo de festividades el más querido amigo, llamado Hugo Chávez, está enfermo. Y todo ello pesa muy fuertemente en el alma.

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