Educación y encarcelamiento en los EE.UU.

13 Febrero 2013

Por Mumia Abu Jamal.

Me han pedido que escriba sobre educación y encarcelamiento, y sobre lo que los conecta.

He oído y leído sobre los "canales" entre escuelas y cárceles; pero en verdad yo no estoy de acuerdo con esas imágenes.

Voy a decirles porqué: hace varios días recibí una carta de un joven que dejó la escuela cuando estaba como en el décimo grado. ¿Porqué? No es simplemente que él estaba aburrido, si no que lo que le enseñaban le parecía sin importancia.

No fue si no hasta varios años después, cuando escuchó y leyó sobre la historia oculta de la que no oyó ni una palabra en la escuela, que lo animó e inspiró --tanto, que sacó su GED (diploma que se gana dando exámenes de revalidación, después de haber abandonado la escuela) --y ahora está estudiando en una universidad.

 

Ése no es un "canal que los conecta", porque el sistema de educación de hoy es una prisión, donde los cuerpos son encerrados en celdas, (les llamamos, "salones de clase"), y las mentes son encerradas dentro de mentiras e ignorancia, mientras los espíritus se secan y se convierten en cáscaras muertas. Las escuelas se han convertido en lugares a los que se envían las mentes a morir.

Ahora voy a hacer trampa --pero no se sorprendan, porque estoy haciendo lo que tanto alumnos como maestros tienen que hacer hoy para escapar la trágica parodia de la manía de los exámenes que está destruyendo las escuelas – bajo Obama justo como bajo Bush, para enriquecer a los saqueadores dueños de las corporaciones del negocio de la educación.

Digo que estoy haciendo trampa porque voy a dejar de hablar, y a pedir que lo haga W.E.B. DuBois, uno de los grandes educadores de los siglos diecinueve y veinte.

DuBois fue professor en algunas de las mejores universidades de los Estados Unidos de Norteamérica: la Universidad de Atlanta, la Universidad Fisk, y la Universidd de Pensilvania, (donde fue conferencista.)

En Aguas Negras, (Darkwater, 1920), que yo considero su mejor libro, DuBois describió con estas palabras como engañaba a sus alumnos:

Con la mayor seriedad yo hacía esfuerzos para no parecer falso en mis clases. Buscaba ser franco y honesto, pero éso era terriblemente difícil. ¿Qué diría Usted a un dulce rostro moreno, aureolado con mil risos de pelo pardo-negro, que de pronto le pregunta: “Confía Usted en la gente Blanca?” Usted no confía, y por más que quiera confiar, Usted sabe que no confía; sin embargo, Usted se pone serio y miente, y dice que Usted confía en la gente Blanca; Usted tiene que decirlo por su salvación y por la salvación del mundo; Usted repite que tiene que confiar en ellos, que la mayoría de los Blancos son honestos; y Usted sabe que en todo instante Usted está mintiendo, los ojos que lo están mirando saben que está mintiendo y miserablemente Usted se sienta y continúa mintiendo, para la mayor gloria de Dios. (W.E.B. DuBois, Darkwater, 47).

Desde ese día –en 1920, casi un siglo después, maestros mienten a los niños sobre como en verdad es esta nación, cual puede ser su papel en el futuro, y cuando los maestros lo hacen, los niños lo saben, y una luz se apaga en sus ojos.

Las escuelas se han vuelto prisiones, en las que la verdad está en una celda.

Cuando Usted enloda la mente de un niño, no tiene que preocuparse ya con "canales de conección". ¡La mente de ese niño ya está encarcelada!

El resto es pura formalidad.

Hace varios días, la ciudad de Filadelfia cerró casi 40 escuelas. ¡40 Escuelas!

¿Es éso porque bajó la población? No. Éso es porque el gobierno de la ciudad ha saqueado los presupuestos de las escuelas.

Los del gobierno de la ciudad se han vendido; y han vendido todo el sistema de escuelas públicas.

Así que, educación es igual a encarcelamiento, porque encarcelar nuestra mente es lo mismo que encarcelar nuestro futuro, nuestras esperanzas --nuestro destino.

Para poner otra vez luz en los ojos de los niños se hace necesaria una revolución popular en la educación.

Se deben organizar otra vez las Escuelas de la Libertad --y vamos a tener que hacer lo que el gran DuBois no pudo hacer –decir la verdad a los niños, porque los niños pueden comprender la verdad.

Los niños necesitan saber que lo que ven, lo que palpan... lo que sienten es real.

Y válido.

Y verdad.

Ése es el comienzo de la educación.

 

¡Comencemos!

Comentar     Arriba