Conmovedor adiós a la última sobrevivientes de la masacre de El Mozote

Agencia AFP. Desde San Salvador. | 9 de Marzo de 2007 a las 00:00
Centenares de salvadoreños le dieron este viernes el último adiós a Rufina Amaya, quien era la última sobreviviente de la masacre de El Mozote, la más cruel matanza perpetrada por los militares durante la guerra civil (1980-92). Tras una misa de cuerpo presente, oficiada por tres sacerdotes, entre ellos el belga Rogelio Poncelle y una procesión fúnebre, Amaya fue sepultada en el monumento a las víctimas de El Mozote, donde reposan las osamentas de decenares de personas de esa comunidad enclavada entre cerros en el departamento de Morazán, a unos 200 km al este de San Salvador. En una pequeña pancarta colocada en la casa de la difunta, se podía leer: "Rufina Amaya, el silencio de tu tumba será más fuerte que los gritos en lo alto. Tu verdad seguirá castigando a los asesinos del Mozote". "Rufina: El Salvador ahora te llora, pero todo el pueblo te recordará", consignaba uno de los locutores de una radio comunitaria que transmitía la ceremonia fúnebre para la mujer que aquel fatídico 11 de diciembre de 1981 se salvó a última hora de la "fila de la muerte" ocultándose en el monte. Luego de la matanza, Rufina logró cruzar la frontera con Honduras y refugiarse en un campamento de Naciones Unidas en Colomoncagua, donde relató la tragedia incansablemente a grupos de derechos humanos y periodistas. La masacre fue cometida entre el 11 y 13 de diciembre de 1981, cuando el ahora proscripto batallón militar Atlacatl arremetió contra mujeres, ancianos y niños, en esa comunidad del departamento de Morazán. Cargando con el dolor de ver morir a sus cuatro hijos y su esposo en la peor matanza perpetrada por los militares durante la guerra, Amaya de 64 años, murió el martes de un paro cardíaco. El obispo auxiliar de San Salvador, Gregorio Rosa Chávez, recordó que la oficina de Tutela Legal del arzobispado presentó a Amaya en 1991, cuando se hizo el primer informe sobre la masacre de más de 1.000 personas, de las cuales se habían identificado 809 hasta diciembre pasado. Rosa Chávez calificó a Rufina Amaya como una "mujer valiente" y señaló que "su testimonio fue tremendamente importante para llegar a la verdad". "Rufina no ha muerto porque su esfuerzo y valor le dio vida a las cientos de víctimas de El Mozote que, de no ser por ella, habrían quedado soterradas bajo el más abominable silencio impuesto por la impunidad oficial", consignó este viernes en un comunicado el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (IDHUCA). El ataúd café de Rufina fue depositado en un monumento frente a la pequeña iglesia de la comunidad, donde reposan las osamentas de centenares de las víctimas. Entonando conmovedores cánticos, los presentes depositaron flores al pie del monumento, en el que una placa consigna: "ellos no han muerto, están con nosotros, con ustedes y con la humanidad entera". El testimonio de Rufina ha quedado inscrito en la historia de este país centromaericano en decenas de reportajes, libros y documentales.