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Alejandro Giammattei: un médico que es candidato oficialista

Varias agencias. Desde ciudad Guatemala. | 8 de Septiembre de 2007 a las 00:00
Alejandro Giammattei: un médico que es candidato oficialista
El médico dedicado a la administración pública Alejandro Giammattei se convirtió, sin pertenecer al equipo, en el "bateador" emergente de la gobernante Gran Alianza Nacional (GANA), al aceptar ser su candidato presidencial para las elecciones del 9 de septiembre. Esta es la primera vez que Giammattei, de 51 años de edad, participa como aspirante a la primera magistratura del país al surgir, en última instancia, como el "salvador" del partido oficial. No obstante, ya había aspirado en dos ocasiones a dirigir el Palacio Municipal de la ciudad, la última de ellas en 2003, por la Democracia Cristiana Guatemalteca (DCG), que gobernó el país entre 1986–1990, con Vinicio Cerezo, el primer presidente civil tras varias décadas de regímenes militares. Después de las frustradas aspiraciones del banquero Eduardo González y el ex ministro de Agricultura, Álvaro Aguilar, por ser los abanderados de la GANA, el colectivo que gobernó con Oscar Berger al frente desde el 14 de enero de 2002, se sacó su último "as" de la manga. Giammattei se ha destacado a lo largo de su vida por sus actividades sociales que desarrolló entre 1986 y 1990 en el Cuerpo de Bomberos Municipales, y durante 1989 sirvió de mediador para poner fin a un motín en Pavón. En 2005 fue nombrado por el presidente Óscar Berger al frente de la Dirección General de Presidios, y de hecho, la mejor carta de presentación de Giammattei, casado y padre de tres hijos, es haber recuperado, en septiembre de 2006 el penal de Pavón, la principal cárcel del país, unos 35 kilómetros al este de la capital, que por más de una década estuvo en manos del crimen organizado. Durante el operativo conjunto de la Policía y el Ejército murieron siete reos, entre ellos un colombiano, que eran considerados los "jefes" dentro de la prisión más grande del país, y la valentía le valió a Giammattei que la población le diera su apoyo. Pero también le acarreó críticas y señalamientos de acuerpar supuestas "ejecuciones extrajudiciales", por parte de diferentes organizaciones de la sociedad civil. El político sostiene que su mayor logro es "estar vivo", luego de superar una osteoporosis degenerativa que lo atacó a los 21 años de edad. Durante los 30 años que lleva de padecer la enfermedad, en tres o cuatro ocasiones ha quedado cuadrapléjico, "sin embargo se ha sobrepuesto a esas adversidades y ahí anda, luchando por sus convicciones", afirma uno de sus asesores, quien prefirió el anonimato. Pero aún con su padecimiento, que lo obliga a apoyarse en un par de aparatos ortopédicos especiales para caminar, Giammattei ha recorrido todo el país enarbolando su consigna "Dios bendiga a Guatemala" y pidiendo el voto de los guatemaltecos para los comicios presidenciales del próximo domingo. Su principal ofrecimiento ha sido la "seguridad total" para los guatemaltecos, lo que según los analistas influyó para que actualmente ocupe el tercer lugar en los distintos sondeos de opinión, con un 14,6% de intención de voto. Guatemala experimenta una grave crisis de inseguridad, con un promedio diario de 15 muertes violentas y decenas de heridos y afectados por hechos delictivos, atribuidos principalmente a las pandillas juveniles (maras). Tras ejercer funciones en diferentes entidades públicas, entre ellas la de coordinador general del Tribunal Supremo Electoral (TSE) en tres ocasiones, Giammattei incursionó en el campo de la política en 1999, al presentarse como candidato a alcalde de la ciudad de Guatemala. Posteriormente se desempeñó como secretario adjunto del derechista Partido Patriota (PP), cuyo abanderado, el general (r) Otto Pérez Molina es uno de los dos favoritos para ganar los comicios del domingo próximo, y también fue candidato a jefe edil por el partido Democracia Cristiana Guatemalteca (DCG), en 2003. Con su candidatura se busca rescatar la credibilidad de la oficialista Gran Alianza Nacional (Gana, derecha), que se ha desprestigiado por la incapacidad del gobierno del presidente Berger de atender varias demandas de la población, principalmente los problemas de inseguridad pública. Giammattei se define asimismo como "temperamental", aunque sostiene que eso y su enfermedad no son impedimentos suficientes para alcanzar sus objetivos, pues afirma que con la experiencia que tiene en el campo de la administración pública, es la mejor opción para dirigir los destinos del país. El domingo próximo alrededor de seis millones de guatemaltecos acudirán a las urnas para elegir presidente, vicepresidente, 158 diputados al Congreso y 332 corporaciones municipales, para un período de cuatro años (2008–2012), que inicia el 14 de enero. En la Administración Pública, Giammattei ha pasado por la Supervisión de Áreas de Salud, la Fundación del Programa de Planificación y Atención en casos de desastres. También atendió en los campamentos de refugiados y desplazados durante el pasado conflicto armado (1960–1996) y entre 1982 y 1986 fue consultor temporal de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). En 1986 fue director de Transportes Públicos Urbanos de la Municipalidad de Guatemala y en 1991 fue Gerente General de la Empresa Municipal de Agua (Empagua). En 1985, 1988 y 1990, colaboró en las actividades electorales organizadas por el Tribunal Supremo, y entre 1992 y 1999 trabajó en el ámbito financiero para la iniciativa privada. Desde el año 2000 trabajó como consultor para diversas empresas relacionadas con la industria y el comercio, hasta que en el 2006 asumió la dirección del Sistema Penitenciario, de la que saltó como candidato presidencial del partido oficial. Giammatte figura en tercer lugar en las intenciones de voto para las elecciones generales, por debajo de Alvaro Colom, de la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE) y del general retirado Otto Pérez Molina, del Partido Patriota (PP). En su plan de trabajo promete una seguridad total, tanto ciudadana, como social, económica, jurídica y ambiental. No obstante, la Administración de Berger no pudo controlar la violencia pese al clamor popular, y los potenciales votantes pueden cobrarle la factura a un Giammattei que en su campaña admitió que el gobierno no fue capaz de controlar este flagelo.

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