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Científicos estudian volcanes para predecir erupción

Managua. ACAN-EFE. | 17 febrero de 2008

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Un grupo de científicos estudia una de las zonas volcánicas más activas de Nicaragua, para analizar la influencia de las emanaciones de gases en la atmósfera y las variaciones de temperatura que puedan señalar la cercanía de una erupción. Esta “montaña de fuego” no llama excesivamente la atención por su altitud, ya que sólo alcanza los 728 metros, pero en cambio destaca debido a su devastadora fuerza natural, ya que es el volcán más activo del hemisferio occidental. La actividad eruptiva de esta peculiar formación geológica situada cerca de la ciudad de León, a unos 90 kilómetros al norte de Managua, se ha caracterizado por erupciones que se suceden a intervalos que oscilan entre unos pocos años y a varias décadas. Una de las ocasiones más recientes en la que se pudo observar el característico río de lava deslizándose fuera del cráter y avanzado a más de kilómetro de distancia fue en 1998, cuando agregó un toque dramático a la tragedia ocasionada por el huracán Mitch, que dejó miles de muertos en Centroamérica. Se trata del Cerro Negro, el volcán más “joven” en términos geológicos, de América Central, y por ello uno de los más estudiados por los científicos, que han encontrado en este enorme cono de roca y basalto una oportunidad irrepetible para desentrañar las intimidades de uno de los fenómenos más espectaculares y a la vez destructivos de la naturaleza: las erupciones volcánicas. Un grupo de científicos, con participación de la Universidad Carlos III de Madrid, ha visitado una de las zonas volcánicas más activas de Nicaragua, donde se sitúa el Cerro Negro, para estudiar las emanaciones de gases y las variaciones de temperatura que puedan señalar la cercanía de una erupción. Los datos recopilados en el trabajo de campo se están analizando ahora para determinar el nivel de riesgo y la influencia que puede tener la emisión de los gases volcánicos en la atmósfera. El proyecto, dirigido por el Instituto Tecnológico de Energías Renovables (ITER) de Tenerife (España), está a cargo de un equipo de científicos entre los que se encuentra Isabel Fernández, investiga-dora del Laboratorio de Infrarrojos (LIR) de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).

Primero emanaciones, después erupciones

Las investigaciones se efectúan en colaboración con el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (INETER), un organismo público responsable de la vigilancia sísmica y volcánica. Uno de los objetivos de esta misión científica consiste en evaluar la evolución temporal de la emisión difusa de dióxido de carbono en el Cerro Negro, en el que, según el INETER, es probable que ocurra una nueva erupción en esta década. Esta previsión se ha efectuado teniendo en cuenta las estadísticas de las 23 erupciones que ha sufrido el volcán en los últimos 150 años. Otro de los propósitos del estudio es evaluar la emisión a la atmósfera de varios componentes de los gases volcánicos, como el dióxido de azufre o el ácido clorhídrico, de la caldera de Masaya, otro volcán centroamericano. Una de las técnicas utilizadas para monitorizar los gases volcánicos en este emplazamiento es la denominada “espectro-radiometría Open-Path FTIR”. “Este método se puede utilizar para medir contaminantes en multitud de problemas medioambientales. De hecho, en la UC3M estamos trabajando en un proyecto coordinado con la Universidad Europea de Madrid (UEM) para medir la contaminación asociada al tráfico rodado”, explica Isabel Fernández. “Con este equipo continúa —recibimos información de los gases que se encuentran en la trayectoria existente entre el sensor del dispositivo de medida y una fuente infrarroja, como puede ser la lava proveniente de un volcán”. "Lo más complicado de este tipo de dispositivos es que requiere un elevado tiempo de montaje y mucha precisión para obtener medidas de calidad, y las condiciones que presenta un volcán, en ocasiones, no son fáciles, con vientos rápidos y un penacho de gases tóxicos", señala la investigadora. Ya de vuelta en los laboratorios de la universidad, el siguiente paso es mucho menos emocionante, que escalar los volcanes e investigar sus cráteres, en medio de los trópicos. "Nos va a llevar un tiempo analizar todos los datos que hemos recogido en Nicaragua e interpretarlos para sacar las conclusiones, aunque de momento, adelanta Fernández, los resultados preeliminares indican la presencia de los gases que esperábamos encontrar". Esto es algo significativo, porque el aumento de la concentración de estos gases es uno de los precursores que alerta que puede avecinarse una erupción volcánica.


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