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Campesinas heroicas: ejemplo y escuela para los jóvenes

Managua. El 19 Digital. | 13 de Marzo de 2009 a las 00:00
Decenas de mujeres campesinas que apoyaron la lucha guerrillera sandinista, que posteriormente se sumaron activamente a la revolución en tareas productivas, y luego resistieron estoicamente el embate de la década neoliberal, siguen constituyendo un ejemplo de firmeza y convicción revolucionaria para las nuevas generaciones que siguen sus pasos en un nuevo ámbito, marcado ahora por la crisis económica mundial. Muchas de esas mujeres heroicas, cuyos nombres y trayectorias se pierden en el tiempo y en la vorágine de los nuevos desafíos, fueron sorprendidas por la revolución triunfante de la década de los ochenta casi en el ocaso de sus vidas, pero eso no impidió que ocuparan las trincheras de la producción y de la defensa, dando a la Patria lo mejor de sus vidas. En las montañas, valles y comarcas de los más recónditos lugares del norte del país, el ejemplo de esas mujeres sigue multiplicándose en cooperativas y colectivos de producción, impulsados por nuevas generaciones y por algunas de sus herederas, que sustentan un legado que traducen en nuevos retos y victorias. En el filo de las bayonetas Entre la larga lista de mujeres heroicas está María Benancia Hernández, quien murió a sus 120 años, un mes después de ser liberada de las cárceles somocistas; Sabina Díaz, Clara Luz Montenegro, Carmen Mendieta, Carmen Sánchez, y Margarita Rugama, asesinada cuando ponía flores en la tumba de su hijo guerrillero; Ángela Rosa Zeledón y María Zeledón. Martha Heriberta Valle, ahora directiva de la Federación Agropecuaria de Cooperativas de Mujeres Productoras del Campo de Nicaragua (FEMUPROCAN), fue una de las discípulas avanzadas de aquella generación de mujeres heroicas, que dejaron tras de sí un legado imperecedero. Valle se incorporó a la lucha desde muy joven, facilitando medios de transporte a los combatientes y luego se trasladó a la montaña donde participó activamente en la organización de las juntas comunitarias que acopiaban alimentos a los campamentos guerrilleros en el norte del país. En estas tareas se vinculó a toda una generación de mujeres que sustentaron la lucha guerrillera desafiando el peligro y aún a riesgo de sus propias vidas, en las comarcas rurales de Rancho Grande, Waslala, Las Brisas, El Cuá, Los Martínez Arriba, Los Martínez Abajo, Estelí y otros lugares. Cuando triunfó la revolución en 1979 Valle se integró a la organización de las mujeres integradas en la producción. Un gran legado de mujeres sencillas “Ellas eran mujeres de gran trayectoria, mujeres sencillas, humildes, analfabetas, pero como decía Jacinto Hernández, los caminos son nuestros y ahí somos grandes profetas. Somos capaces de dominar los caminos y al enemigo también”, rememora Valle. “Considero que estas mujeres fueron valiosas en esos momentos, fueron las mujeres que también se reflejaron en aquella prensa que se dedicaba a hacer las denuncias sobre mujeres violadas, embarazadas que perdieron sus hijos, eso fue una tortura grandísima que sufrieron esas mujeres que estaban en la lucha”, añade Valle. “Estas mujeres que vivían en sus fincas, en sus parcelas, sufrían la represión, sufrían las consecuencias también fuertes porque cuando vos estás asentado en el terreno sos más vulnerable a la represión”, evoca. Para Valle esas mujeres pusieron en práctica toda su creatividad y valor para llevar el mensaje de la revolución burlando a las tropas de la dictadura, informándose clandestinamente con radios de transistores, persuadiendo al campesinado desconfiado, ganándose la confianza de otras mujeres, y confiadas ellas mismas en un triunfo y en un futuro promisorio. EPP: ¿Cómo fue esa relación con las mujeres de El Cuá, qué pasó con esas mujeres? MHV: Estas mujeres en el 79 las organizamos en cooperativas, en grupos, los llamábamos colectivos. La revolución las alcanzó en unas edades de 45 a 50 años. Entonces en el camino fueron falleciendo, pero fueron mujeres que fueron escuela para nosotras. En esa época yo era joven. Por ejemplo, la compañera Ofelia Martínez, fue la última que yo vi, estuve en su entierro, ya cuando estábamos en la oposición, murió como en el 92-93. Fue la última que falleció. Benigna Mendiola fue una de las jóvenes que estaba integrada en esto, todavía sobrevive. La relación fue tan linda, porque nosotros no las consideramos como simples cooperativistas, como simples mujeres, sino como un legado histórico de esos principios y valores que iban dentro de ellas. Y para nosotras esas anécdotas se van fortaleciendo. Hay que recordar los intercambios que hacíamos entre ellas y las mujeres jóvenes, que son las que todavía están viviendo y estamos manejando esos principios. Jamás claudicaron EPP: ¿En la época de la revolución cómo se integraron estas mujeres y luego con la pérdida…? MHV: Cuando se pierde el gobierno, porque la revolución se quedó en nosotras. EPP: ¿Siguió vivo el espíritu de lucha cuando se perdió el gobierno? MHV: la mujer militante de ese sector jamás ha claudicado. Es una mujer que vive con una esperanza en esta revolución. Enormemente. Yo te podría decir, aquí ahora andan de mamás unas que en aquella época eran jóvenes, que ya no pueden salir, esas mujeres cooperativistas que estaban de 30-40 y ahorita están de 70. Hay que recordar que en el campo el rendimiento humano es muy deteriorado por las enfermedades. A todas estas mujeres una parte de nosotras siempre las estuvimos atendiendo. Todavía hay una viva, que era la más joven. En esta semana la vamos a traer a Managua porque tiene cáncer, puede tener unos 75 años. Era de las más jóvenes de esa época, porque en esa época yo era la más joven de todas. Yo, como UNAG, como organización, ahí andaba organizándolas. Pero gran parte de estas mujeres nunca pidieron nada. También veo los rostros de algunos hombres, quiero hablar de Lino Soza un colaborador histórico de Carlos Fonseca, un colaborador que jamás se dio por vencido y que murió en los momentos más difíciles; cuando estaba un gobierno de derecha, vi que lo enterraron en la huesera de Matagalpa, porque no había condiciones. Porque en aquellos días en un primer momento la militancia quiso estar buscando alternativas para sobrevivir con sus familias, los que quedaron vivos o los que quedaron en el partido y la militancia. Entonces hubo como un vacío, desatendida esa parte histórica tan fuerte. Y fueron pocos aquellos militantes que estuvimos solidarizados con otros militantes, pero hubo como más desprendimiento y se cayó la solidaridad, esa sería mi apreciación desde el punto de vista donde yo tenía mi cobertura, porque no puedo hablar en términos generales, pero la realidad es que la solidaridad se cayó. Esa militancia vieja se murió con sus botas puestas. Acordémonos que hubo una invasión enorme del consumismo, de una nueva democracia, entre comillas, la democracia para amparar sus propias acciones. Para mí la democracia se demuestra en la práctica. Para mí un país democrático significa cuando hay educación para la población, que nos cubran los derechos, cuando hay salud; si en esa salud hay que participar, hay que participar; yo creo en la democracia cuando la base participa, porque un gobierno no puede gobernar si la base está adormecida. EPP: ¿En esta nueva etapa de la revolución cómo percibe la situación de la mujer? MHV: Creo y quiero ser bien sincera en este aspecto. Las mujeres no se van a liberar si no participan en los aspectos económicos. Una mujer que no participa en el aspecto económico no tiene esa autoestima para poder hablar. Yo creo que la mujer en estos momentos está participando con una esperanza y una expectativa, pero habría que mejorar los mecanismos para que esta expectativa sea amarrada en común. Yo he tenido una concepción de que no deben ser regaladas las cosas, se debe trabajar en conjunto para que un país como Nicaragua se levante, más en una crisis como la que tenemos. Más participación a mujeres EPP: El Frente ha orientado más participación de las mujeres, ¿cómo ve eso? MHV: Creo que tiene que jugar dos tipos de políticas. Una política dirigida y otra negociadora, porque tenemos un sector que es la mujer de la militancia que no decimos no, que vamos hacia delante, pero tenés un sector que está en los distintos movimientos y ahí es donde hay complicaciones. Rescatar valores Yo digo, hay que hacer un movimiento recogiendo esos valores que tenemos como mujeres y una participación propositiva dentro de la economía. Cuando tenemos reuniones con las mujeres, y si estamos discutiendo con los productores, a veces creen que no producimos, cuidado, a veces el hombre se queda en la hamaca, mientras las mujeres andan trabajando con sus hijos. En el sector vulnerable, medio, pequeño, yo creo que hay que hacer un trabajo participativo en la agenda económica. EPP: ¿Usted considera que esta historia de lucha, sufrimiento, represión, resistencia de la década se traduce en nuevos victorias? MHV: Se puede traducir en nuevas victorias. Yo tengo una gran esperanza en el gobierno sandinista. Porque sé que ningún gobierno nos regala nada, sino que un gobierno nos da oportunidad. Nos da oportunidad a tener derechos y deberes. La mujer está comprobado que en los momentos más difíciles saca fuerza, porque en el sentimiento está la familia y saca mucha fuerza. Y pienso que puede haber nuevas victorias y tengo la esperanza que eso lo logremos: Que hayan más victorias para las mujeres. Hay veces aquí solo se mira al hombre en la parte económica, yo digo que debe hacerse una mesa donde participen las mujeres del sector productivo y del sector informal. Es una forma de que también vayamos entrando en la vía de rescatar la alimentación nacional, pero también crecer como seres humanos.

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