Rigoberto López Pérez, marcó el inicio del fin de la tiranía

Managua. Radio La Primerisima. | 20 de Septiembre de 2009 a las 00:00
La acción valiente del héroe nacional, Rigoberto López Pérez, ajusticiando al dictador Luís Anastasio Somoza García, marco el inicio del fin de la tiranía. Esa gesta cumple este 21 de septiembre 53 años. Pascual Rigoberto López Pérez, más conocido por Rigoberto López Pérez, fue un poeta nicaragüense, que nació en León el 13 de mayo de 1929 en el seno de una familia humilde. Era hijo de Soledad López y Francisco Pérez. Cursó sus primeros estudios en el Hospicio de San Juan de Dios, donde había sido internado por mediación de su padrino el sacerdote Agustín Hernández. En esta institución Rigoberto estudio el oficio de sastre. Una vez aprendido el oficio trabajo de sastre a la vez que ingresó en la Escuela de Comercio Silviano Matamoros para cursar estudios de Redacción y Taquimecanografía. Aficionado a la poesía, la lectura y a la música ya durante su estancia en el hospicio destacó por su afición a la lectura entre las obras que leía destacaban las de Rousseau, José Enrique Rodó y Rubén Darío así como Antenor Sandino Hernández. En 1947, con solo 17 años, publicó el poema Confesión de un Soldado. Un año después, en 1948 participó en el grupo musical Buenos Aires junto con sus amigos Humberto Lacayo Amaya, Luis Santamaría Granera, Eloy Loredo Rugama y Róger Morales. Rigoberto componía y tocaba el violín. Entre las composiciones que realizó Rigoberto, fueron interpretadas por el grupo están los valses Claridad y Si el vino me hace llorar. Las relaciones amorosas con Amparo Zelaya Castro le hacieron realizar frecuentes viajes a la capital del país, Managua, intensificando sus actividades contra la dictadura de Anastasio Somoza García y su compromiso por la libertad de su país afiliándose en el Partido Liberal Independiente (PLI), formado por disidentes del oficialista Partido Liberal Nacionalista (PLN), de la familia Somoza, de la mano de José Constantino González, Secretario del General Augusto César Sandino. Entre 1951 y 1956 estuvo residiendo en el extranjero pero realizaba frecuentes viajes a Nicaragua por motivos personales, la familia y su relación amorosa con Amparo, a la vez que se ponía al corriente de la situación política interna. Tenía relaciones con músicos y poetas de otros países, como el salvadoreño Juan Felipe Toruño. El 4 de abril de 1954 la Guardia Nacional (GN) había asesinado a dos compañeros suyos, Adolfo y Luís Báez Bone, junto con otros militares y civiles que querían emboscar al dictador Somoza. Rigoberto conoció a la madre de ambos, la señora Ruth Bone, con la que entabló amistad. El compromiso de Rigoberto López Pérez por la libertad le llevó a plantearse que la única forma de acabar con la dictadura de Somoza era la eliminación física del dictador. Un 17 de septiembre de 1956 llegó a Managua para preparar el plan para ajusticiar al tirano. Entregó cartas para Manuel Díaz y Sotelo, amigo con el que compartía ideario, y al día siguiente se dirigió a su ciudad natal en ferrocarril. La tarde del día 21 de septiembre la dedicó a estar con su madre a la que leyó el poema Confesión de un Soldado, después se vistió con una camisa blanca y un pantalón azul, su madre diría después que quería morir con los colores de la bandera nacional en su cuerpo. Rigoberto se dirigió a la Casa del Obrero, en la ciudad de León, donde se celebraba una fiesta a la que acudía el presidente Somoza García. Por mediación del hermano de su novia, el periodista Armando Zelaya, se infiltró en la misma y durante el acto aprovechó para dispararle 5 balas (4 de las cuales entraron en el cuerpo de Somoza García), con un revólver Smith and Wesson calibre .38, hiriéndolo en el pecho. En la acción Rigoberto recibió una lluvia de balas que le quitarían la vida inmediatamente, mientras que Somoza sería conducido a un hospital militar estadounidense en la Zona del Canal de Panamá con la ayuda que envió el presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower donde falleció una semana después el 29 de septiembre de 1956. Luís Somoza Debayle ocuparía entonces el puesto que dejara vacante la muerte de su padre y su hermano Anastasio Somoza Debayle el cargo de Jefe Director de la GN. En el plan original para ajusticiar al dictador se había proyectado realizar el 14 de septiembre en la celebración del centenario de la Batalla de San Jacinto, en la hacienda San Jacinto a 39 kilómetros al noreste de Managua, a la que Rigoberto había invitado a acudir a la señora Ruth, pero se desestimó por temor a que en la represalia murieran muchos jóvenes estudiantes que participarían en el acto. Después de la acción la Guardia Nacional arrestó, en su casa, a la madre y hermanos de Rigoberto Lopéz, Salvador y Margarita. En el registro desaparecieron manuscritos de poemas dedicados a José de la Cruz Mena y un legado de 300 versos. El cuerpo de Rigoberto López Pérez, según la versión recogida por el Teniente Agustín Torres Lazo en su libro La saga de los Somoza, fue llevado a Managua y enterrado cerca del actual Recinto Universitario Rubén Darío RURD (de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua UNAN-Managua), para que su tumba no se convirtiera en santuario para la oposición. A la vez se abrió una campaña de difamación contra su persona acusándole de borracho. La represión por el asesinato de Somoza García se cebó en el círculo familiar cercano de Rigoberto, su madre, su hermana Margaríta, su novia Amparo Zelaya y su amiga María Lourdes fueron encarceladas en el complejo carcelario de La Aviación (conocido después como Complejo Ajax Delgado) donde fueron torturadas durante varios días. El 21 de septiembre de 1981 a través del decreto número 825, la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional, declara héroe nacional al poeta, Pascual Rigoberto López Pérez. Carta-Testamento de Rigoberto a su madre San Salvador, Septiembre 4 de 1956 Señora Soledad López León, Nicaragua Mi querida madre: Aunque usted nunca lo ha sabido, yo siempre he andado tomando parte en todo lo que se refiere a atacar al régimen funesto de nuestra patria y en vista de que todos los esfuerzos han sido inútiles para tratar de lograr que Nicaragua vuelva a ser (o sea por primera vez) una patria libre, sin afrenta y sin mancha, he decidido aunque mis compañeros no querían aceptarlo, el tratar de ser yo el que inicie el principio del fin de esa tiranía. Si dios quiere que Pérezca en mi intento, no quiero que se culpe a nadie absolutamente, pues todo ha sido decision mia. El Doctor Gerardo Godoy, que nos conoce muy bien a todos nosotros, ha quedado encargado, lo mismo que los demas paisanos residentes en ese país, de ayudarla en todo lo que usted necesita. Como antes le había contado, hace algún tiempo tome una poliza de vida por 10 mil colones con doble indemnización, o sean C 20 mil. Gerardo dará todas las vueltas para que ese dinero le sea entregado a usted, ya que esta a su nombre. Hay una salvedad en esto: Como usted sabe yo siempre he vivido en casa de la familia y quiero que de dicho dinero le sean entregado C 1,000 a la señorita Dina Andrade para que termine sus estudios, ya que posiblemente los tenga que abandonar por falta de recursos. Con Miriam Andrade de Rivera, hermana de ella y comadre mía, puede usted entenderse, ya que usted deberá viajar a esta ciudad (San Salvador) en donde terminados los tramites legales, le entregaran el valor de dicha poliza. Como le dije anteriormente Gerardo y demás compañeros le daran todas las vueltas para el cobro de la mencionada póliza. Espero que tomará todas esas cosas con calma y que debe pensar que lo que yo he hecho es un deber que cualquier nicaragüense que de veras quiera a su patria debía haber llevado a cabo hace mucho tiempo. Lo mío no ha sido un sacrificio sino un deber que espero haber cumplido. Si usted toma las cosas como yo las deseo, le digo que me sentiré feliz. Así que nada de tristeza que el deber que se cumple con la patria es la mayor satisfacción que debe llevarse un hombre de bien como yo he tratado de serlo. Si toma las cosas con serenidad y con la idea absoluta de que he cumplido con mi mas alto deber de nicaragüense, le estaré muy agradecido. Su hijo que siempre la quiso mucho, (firma) Rigoberto