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32 años de la conmemoración del asalto al cuartel San Carlos

Managua. El 19 Digital. | 13 octubre de 2009

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El 13 de octubre de 1977, el F.S.L.N. lanzó una ofensiva. Diversos movimientos armados se iban a dar en varias partes del país, los cuales no se produjeron por falta de coordinación. De una de las islas más preciosas del universo -Solentiname en nuestro Lago Cocibolca- un grupo de chavalos y chavalas salieron en panga tras un objetivo: El Cuartel de la Guardia Nacional en San Carlos. Hermanos valiosos asaltaron el Cuartel. El objetivo militar se logró. Inmediato la represión de la GN. Felipe Peña, Alejandro Guevara -muerto este ultimo en accidente vehicular-, su novia por esos días Nubia luego su esposa, las hermanas de ésta, Gloria y Miriam junto a sus hermanos Julio Ramón e Iván, Laureano Mairena- caído posterior al triunfo de la Revolución combatiendo a la contrarrevolución- y, por supuesto el aguerrido Bosco Centeno y José Arana. Felipe Peña caería heroicamente -en la recta final hacia el triunfo sandinista- en Nueva Guinea junto a entrañables e inolvidables hermanos. Cada uno de estos hombres y mujeres tienen su historia que un día no muy lejano y con el tiempo y sosiego cumpliremos la promesa de escribir sobre su ejemplo para las actuales e inmediatas generaciones. En conclusión: antes del triunfo de la revolución cayeron Elvis Chavarría, Donald Guevara y Felipe Peña. Laureano Mairena “el compañero de la pintora” como solían llamarle sus mas cercanos, cayó siendo Capitán de los Guardafronteras. Sus restos están en el corazón de Solentiname esperando su resurrección. Mientras tanto, pacientemente en ese paraíso terrenal, observa la pintura primitivista de su fiel compañera. Cuenta Nubia Arce: “Tenia yo casi cuatro meses de estar dando clases cuando los muchachos salieron a recibir entrenamiento en las escuelas del Frente… faltaba casi un mes y medio para que se realizara el ataque a San Carlos cuando Alejandro nos habló de los planes para esa acción y nos informó que iba a haber entrenamiento para los que quisieran. Me pregunto si quería participar y yo le dije que si porque estaba consciente de todo lo que sucedía”. Toda una conspiración contra un sistema corrupto que asesinaba al pueblo. Las mansas aguas que se besan entre si, que se abrazan entre si, que circundan la Isla La Juana y otras junto a las garzas blancas delgaditas, muy delgaditas que vuelan en la cresta del río junto a los peces eran testigo de lo que ocurría en Solentiname. Miriam Guevara: “Estábamos en una fiesta, y entonces Laureano me dijo que si yo quería participar en un combate, y yo le dije que si, que estaba que no me aguantaba por ir a un combate. Me dijo entonces que en la semana siguiente íbamos a tener unas rápidas clases…empezamos a tocar y a conocer el M-1, la M-3, el Garand…. allí las desarmamos. Yo nunca las había visto. Comenzamos uno por uno a armarlas y a desarmarlas y a aprender los nombres de las armas y los de las piezas”. Ya la chavalada de San Carlos estaba clara que la única vía para liberar a Nicaragua del sistema oprobioso del somocismo era a través de las armas tal como lo indicara en su oportunidad el comandante en Jefe, Carlos Fonseca Amador. Alejandro Guevara: “Salimos de Solentiname el 12 de octubre de 1977. estábamos en la comunidad sólo los que íbamos a asaltar el cuartel… Teníamos un fusil Garand, una subametralladora M-3, una carabina M-1, una escopeta 12 y una carabina 22”. Era David contra Goliat, pero a este grupo de jóvenes sandinistas le invadía la herencia de Sandino. La moral de Carlos Fonseca y el arrojo de Ricardo Morales Avilés. Elementos que no poseía la guardia pretoriana de Somoza. La guardia tenia su precio, los sandinistas otorgan su vida por Nicaragua. Sobre el asalto al Cuartel San Carlos, Alejandro afirma: “dejé ir mi primera ráfaga... cayó el hombre... y ya comenzamos a disparar”. Felipe Peña: "Todas las armas funcionaron bien en el primer ataque porque la Browning disparó y disparó también la M-3 que llevaba Alejandro, todo disparó bien". Iván: “Me tuve que arrastrar bastante para tirar la granada. La tiré en la cocina. Yo oía que estaban como cuatro o cinco guardias allí platicando, que no sé qué, que no sé cuento, que vamos a hacer esto y lo otro. Cuando la granada reventó ya estaba yo protegido en un pretil. Y se acabó el güiri-güiri“. Bosco: “Miré una ráfaga y tiré una ráfaga en esa dirección. Él me ubicó. Y entonces comenzamos a tirarnos ráfagas el uno al otro. Ahí no mirabas otra cosa que los fogonazos. No siguió disparando: seguramente lo jodí”. La misión se cumplió. El Cuartel San Carlos integrado por asesinos había sido golpeado militarmente. Somoza en el bunker rabiaba impotente. Un grupito, apenas chavalos y chavalas habían golpeado al Ejército asesino creado y financiado por los yanquis. El 13 de octubre de 1977, no sólo fue una lanchita con Felipe Peña canaleteando, sino un impulso determinante en la guerra de liberación que sostuvo nuestro pueblo para que al fin surgiera el 19 de julio de 1979 con su Revolución triunfante. Sandino había resucitado. Hoy sus hijos, nietos y bisnietos seguimos sus pasos. Golpe que encendió la chispa Con la caída en combate de Carlos Fonseca Amador y con el encarcelamiento de muchos de sus líderes, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) buscaba como dar un golpe de contundencia a la Guardia Nacional que hiciera estremecer los cimientos de la dictadura somocista y demostrara al pueblo nicaragüense que el movimiento revolucionario aún estaba vivo. La oportunidad surgió el 13 de octubre de ese mismo año, cuando después de tres meses de planeación, un comando guerrillero tomó por asalto el emblemático Cuartel de San Carlos en el departamento de Río San Juan. El comando compuesto por 25 guerrilleros, incluidas 3 mujeres, iba armado con viejos rifles de diferentes calibres, y tendrían que enfrentarse a un ejército pretoriano apertrechado por los Estados Unidos con armamento muchísimo más moderno. “Nosotros más que nada íbamos armados con el coraje, la convicción y el compromiso de liberar al pueblo de Nicaragua”, asegura Nubia Arcia, una sancarleña que formó parte de la escuadra que tomó por asalto el cuartel. El ataque inició a eso de las 4 de la madrugada. Dentro de la vieja fortaleza, reminiscencia de 300 años de colonialismo español, se encontraban acantonados cerca de 40 guardias, quienes a los primeros disparos respondieron con armas de grueso calibre. Después de cinco horas de combate y muchas bajas en ambos lados, finalmente los guerrilleros decidieron retirarse hacia Costa Rica, en un azaroso viaje que duró varios días. El objetivo estaba logrado. Habían demostrado que la guerrilla aún tenía fortaleza, y por lo tanto encendida la llama revolucionaria en todo el pueblo nicaragüense, ya que a partir de entonces más y más jóvenes fueron a engrosar las filas libertadoras que poco menos de dos años después daría el último zarpazo a la dictadura somocista. “El Frente, dado el contexto estaba planteando una nueva modalidad de lucha, que era llevarla hacia la ciudad”, explica la ex guerrillera, al señalar que luego del asalto a San Carlos iban a venir golpes aún más contundentes contra Somoza. Arcia, quien en 1977 contaba con apenas 22 años de edad, manifiesta que una de las cosas que más les ayudo a que la operación fuera todo un éxito era, además del factor sorpresa, que la gran mayoría de los que formaban el comando fueran oriundos de la zona. Todos, asegura, estaban convencidos que aún y cuando murieran en el intento, dejarían un legado y una herencia que luego sería recordada por miles de nicaragüenses. “Lo más importante ahora es recordar a nuestros héroes a nuestros mártires porque nosotros los vivos aún tenemos un compromiso y muchas cosas por hacer”, expresó al recordar a aquellos de sus compañeros que no pudieron salir con vida del asalto.


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