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«Yo fui de la Sombra Negra», confesión de ejecutor antidelincuencial salvadoreño

Houston. Especial de La Página (El Salvador). | 9 febrero de 2010

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Su primer nombre comienza con J y su segundo apellido con M. Estuvo de alta en la Tercera Brigada de Infantería a principios de la década de los 80 y desde 1997 vive en Houston, Texas, donde goza del TPS. En 1994 dos delincuentes violaron a su sobrina y aunque estos fueron reconocidos, nunca fueron detenidos. La violación ocurrió en una de las calles rústicas de la colonia Milagro de la Paz, conocida como La Curruncha, en San Miguel. LA PÁGINA habló con J. M. quien a raíz de la violación de su sobrina buscó a forma de vengarse y lo hizo a través de una organización que tiempo después fue conocida como “La Sombra Negra”, cuyo centro de operaciones era en San Miguel. -¿Cómo surgió la Sombra Negra? -En realidad no sé. Cuando violaron a mi sobrina siempre supimos quienes fueron los violadores, fuimos a la delegación de a PNC a poner la denuncia porque no confiábamos en el puesto de la PNC de la colonia Milagro de la Paz. Dimos nombres y señas, pero los violadores seguían tranquilos en la colonia, nadie les hacía nada. Un día le comenté a un amigo taxista que sentía deseos de matar a los dos violadores y él me recomendó con un amigo suyo que estaba de alta en la PNC. Me preguntó si tenía el valor de matarlos y le dije que sí. -¿El taxista o el policía era de la Sombra Negra? -El policía sí, el taxista sólo era un informante. El sargento (de la PNC) me dio una pistola Makarov y me dio indicaciones. Durante más de un mes busqué a los delincuentes, pero no los volví a ver. Me puse de acuerdo con el sargento para entregarle el arma, pero él me dijo que era mía, que me la regalaba. Me presentó a cuatro personas más, quienes también estaban de acuerdo en salir a matar delincuentes, especialmente en la Curruncha. -¿Esas personas eran de la Sombra Negra? -Es que para empezar no se llamaba la Sombra Negra. Ellos eran parte de un grupo de exterminio que se hacía llamar “Comando Anti-delincuencial”, lo del nombre de la “Sombra Negra” surgió meses después, cuando un periódico publicó ese nombre, debido a que cuando matábamos a un delincuente dejábamos un mensaje con un rostro negro. El rostro negro indicaba que nos cubríamos el rostro, pero nosotros ni siquiera andábamos de negro. En todo caso el nombre nos gustó y después firmábamos como “Sombra Negra” los comunicados. -¿Cómo se movilizaban? -En vehículos que nos daba un grupo de personas que colaboraban con nosotros, generalmente era autos sin placas de los negocios de renta de autos. -¿Cuántos eran los del Comando Anti-delincuencial? -No éramos más de diez personas. Nos movíamos en grupos de tres o cuatro y en la noche salíamos a buscar a los delincuentes que ya teníamos identificados. Nunca matamos a indigentes o a personas sospechosas, solo a delincuentes reconfirmados. Nunca capturaron a uno de nosotros. -¿A ustedes quien los protegía, quienes eran sus patrocinadores? -Nadie nos protegía. Teníamos contactos en la PNC que nos indicaban en que zonas no había presencia policial. Patrocinadores, pues habían dos o tres empresarios que nos daban los recursos, como vehículos, dinero y hasta armas y municiones. -¿Esos empresarios fueron detenidos? -Eso nos daba risa porque capturaron al ahora alcalde Wil Salgado y a otros comerciantes, pero ellos no tenían nada que ver con nosotros. Quizá ayudaban a los empresarios que nos daban la colaboración, pero en realidad no estaban vinculados con nosotros. Todos decía que Salgado estaba involucrado porque él tenía motivos, ya que había sido víctima de los delincuentes en varias ocasiones, pero en realidad él no era parte de la estructura. -¿En aquella ocasión se mencionaba al entonces gobernador Mario Bettaglio? -Era otra farsa. El gobernador participaba en las reuniones con la PNC donde se discutía el tema, pero que yo sepa no tenía relación con el comando anti-delincuencial. Hay gente que si tuvo relación con el grupo y que viven normalmente, como que si nunca pasó nada. -¿También se procesó al subcomisionado (Carlos Baldémar) Flores Murillo? -Precisamente el comando anti-delincuencial surgió porque este jefe policial demostraba mucha ineptitud. Los dos o tres policías involucrados con nosotros estaban molestos con Flores Murillo porque no actuaba con rigor. Yo creo que el delito de Flores Murillo fue no investigar al comando antidelincencila. No investigaba a los delincuentes, mucho menos a quienes mataban delincuentes. La verdad es que no creo que el sargento y los dos agentes involucrados con nosotros hayan cumplido órdenes de Flores Murillo u otro oficial. Más bien creo que Flores Murillo estaba contento con el accionar de la Sombra Negra, pero que él no era parte. -¿De las personas detenidas, alguno tuvo relación con la Sombra Negra? -Si, efectivamente, dos de los procesados si nos apoyaban. Por supuesto no puedo decir quienes, pero si habían dos. Lo que pasa es que todo apuntaba a Salgado y hasta ahora no creo que él se haya involucrado, talvez alguna vez dio dinero a quienes nos patrocinaban, pero la verdad no estoy seguro. Salgado tenía fama de hablador y quizá por eso lo involucraron. Por supuesto yo no pongo las manos al fuego por nadie, porque es posible que los que ejecutábamos no conocieran a todos los que nos apoyaban. -¿Cómo operaban? -Cuando conocí a los otros miembros, me dijeron que tenían ubicado a un delincuente que había violado y asesinado a por lo menos siete personas en la colonia Milagro de la Paz. A bordo de un pick up doble cabina polarizado, placas falsas, lo fuimos a buscar. Como a la semana lo encontramos, lo subimos al carro y ese tipo iba soberbio, hasta que vio que nos pusimos los gorros Navarone y sacamos las armas. Comenzó a temblar, pero ya nos había confesado que había matado a tres personas. Uno de nosotros lo amarró, lo llevamos al puente Urbina y ahí lo matamos. Uno de nosotros le dio el tiro de gracia y le colocamos un rótulo atribuyéndonos la muerte. Hasta entonces no éramos la Sombra Negra. El tiro de gracia era un disparo en la nuca que les destrozaba el rostro. Actuábamos de las 9:00 de la noche en adelante buscando a los delincuentes. Nunca actuamos de día. -¿Cuántos homicidios cometieron ustedes? -Más de 25 (oficialmente se le atribuyen al menos 17 muertes). Con el grupo que yo me movilizaba sólo matamos como a seis. Que conste no andábamos ebrios ni drogados, tampoco solíamos amenazar a gente que no fueran delincuentes. -¿Entiendo que usted lo hizo por venganza? -Por venganza y porque nadie hacía nada. La PNC no actuaba porque los Derechos Humanos protegían a los delincuentes que se burlaban de ellos, los jueces eran corruptos y miedosos, los fiscales no hacían nada, el gobierno tenía miedo actuar porque estaban frescos los Acuerdos de Paz, en San Miguel hasta había una oficina de la ONU que estaba vigilando en exceso a la PNC, así es que todo se decidió por la vía clandestina. -¿Luego de matar a un delincuente que hacían? -Nos íbamos a esconder el vehículo y las armas. Al siguiente día mirábamos las noticias y los periodistas s encargaban de dar a conocer el historial de los delincuentes. La gente se alegraba. Esperábamos nuevas órdenes para actuar. Las órdenes las daba el sargento, que por cierto no estaba de alta en la Milagro de la Paz como siempre se dijo. Era un sargento de alta en la delegación, que nunca se dio color. -¿Cuántos años se mantuvo vigente la Sombra Negra? -En realidad menos de dos. Cuando terminamos con los delincuentes en La Curruncha, ya sea porque los matamos o se fueron huyendo, nos calmamos. Lo que pasó fue que los medios de comunicación se encargaron de hacer noticias, muchas de ellas falsas. Cuando detuvieron a un grupo de empresarios, comerciantes y ciudadanos, nosotros seguimos operando, pero la gente ya no creía que éramos la Sombra Negra porque según ellos eran los detenidos. -¿Ustedes actuaron en San Miguel y en todo el país? -Ese es un mito. Nosotros solo actuamos en San Miguel, lo que pasa es que comenzaron a decir que estábamos en Lourdes (Colón), Soyapango, Apopa, Sonsonate, Santa Ana, San Salvador en un montón de ciudades. Incluso hasta panfletos de la Sombra Negra salieron en otros sitios. Sin embargo, nosotros, el grupo original, solo actuamos en San Miguel, puntualmente contra los delincuentes de la Milagro de la Paz. -¿Todos los miembros del comando vivían en la colonia Milagro de la Paz? -No todos. Éramos pocos. Bueno, solo tres o cuatro, a lo sumo cinco. -¿Les pagaban? -Nos daban dinero suficiente. Una vez a mi me regalaron 5 mil colones después de que regresamos de una búsqueda de delincuentes. Los miembros del grupo anti-delincuencial teníamos una vida normal, no andábamos de vagos o consumiendo droga. Teníamos trabajos. Tres habíamos sido soldados, los demás no. -¿Quién les pagaba? -No sé. El dinero me lo daba un agente de la PNC, a él no se quien se lo daba. -¿Cuando mataban a alguien en Sonsonate, Soyapango u otro lugar, decían que era la Sombra Negra, pero ustedes no actuaron más allá de San Miguel…? -Lo que pasaba es que la gente mataba delincuentes y para que ya no se investigara decían que era producto de la Sombra Negra. Lo malo es que en nombre de nosotros se amenazaba a gente inocente. Recuerdo que en Soyapango los pandilleros se armaron porque supuestamente los habíamos amenazado. Ya ni existíamos como grupo, pero era evidente que alguien se hacía pasar por el grupo. Nosotros nunca matamos a alguien que no fuera delincuente, ni siquiera matamos a sospechosos, solo a delincuentes consumados. Recuerdo que una vez se amenazó de muerte a varios periodistas en nombre de la Sombra Negra. Eso era falso, nunca amenazamos a periodistas. Muchos se aprovecharon de la Sombra Negra para cometer, en su nombre, homicidios u otros delitos. -¿La gente en El Salvador relaciona a todo grupo de exterminio con la Sombra Negra? -Eso es verdad. Pero la Sombra Negra tuvo una vida efímera y focalizada en matar delincuentes consumado de la colonia Milagro de la Paz. Quedó la fama. -¿En lo personal, usted duerme tranquilo después de haber sido parte de la Sombra Negra? -Sí. Rara vez pienso en ello. Me vine a vivir a este país (Estados Unidos) no huyendo de lo que hice, sino porque quería mejores oportunidades de vida y porque la verdad la delincuencia es insoportable en El Salvador. Eso sí, ya no volvería a ser parte de un grupo anti-delincuencial y no porque el gobierno, la PNC, los fiscales y los jueces hagan un buen trabajo, sino porque nadie tiene derecho a matar a nadie. -¿Habla como si estuviera arrepentido? -Estoy buscando el camino de la salvación, yo fui de la Sombra Negra, ahora soy cristiano. -¿Si alguien violara a un hijo suyo, quizá volvería a matar? -Quizás… -¿Cómo Sombra Negra? -Quizás…


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