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Estados Unidos no quiere soltar su «patio trasero», por Vicky Pelaéz

El Diario La Prensa, de New York. | 7 de Febrero de 2007 a las 00:00
La pasión de dominar es la más terrible de todas las enfermedades del espíritu humano". Voltaire
La guerra en Afganistán e Irak, que coincide con el viraje de América Latina hacia la izquierda, ha creado la falsa imagen de que Estados Unidos descuida su "patio trasero". Sin embargo, a pesar del fiasco en el Medio Oriente, que ahora es lo prioritario de su política exterior junto con la lucha contra el "terrorismo globalizado", América Latina ocupa un lugar fundamental en la estrategia del Gran Patrón para dominio del mundo. Washington jamás dejará sus históricas apetencias por los recursos naturales del continente, por eso ha cambiado ahora sus planes para lograrlo. Al darse cuenta del fracaso de su proyecto del Área de Libre Comercio en Américas (ALCA), que de estar implantado hubiera significado el total control sobre América Latina en términos socioeconómicos, políticos, financieros, culturales y militares, el gobierno de Bush optó por "enfriar" el creciente sentimiento antinorteamericano regresando a su tradicional política de " divide y reina". Apeló a los Tratados de Libre Comercio (TLC) bilaterales para aislar la rebelión de Venezuela y Bolivia contra el "orden establecido" y crear divisiones dentro del Mercosur. Encontró algunos adeptos. Primero fue Chile, después de un decenio de NAFTA con México, que selló su futuro desarrollo socioeconómico en función del modelo norteamericano. Le siguió El Salvador y simultáneamente varios gobernantes centroamericanos se apuntaron como "voluntarios" para seguir siendo dóciles a los intereses estadounidenses. Mayoritariamente, los dirigentes centroamericanos y del Caribe consideran el mercado y las inversiones norteamericanas como ‘salvavidas’ para las precarias economías de sus países y para su propio bolsillo. En los Andes, Colombia con Alvaro Uribe y el Perú con Alan García se esfuerzan para alejarse de Hugo Chávez y Evo Morales aliándose incondicionalmente con el Gran Patrón como su última oportunidad de sobrevivir y asegurar su futuro económico personal. Ignorando a la oposición que rechaza el TLC por privilegiar a las transnacionales contra los intereses nacionales, ambos líderes suplican a gritos la ratificación del pacto comercial. Así asestaron una herida a muerte a la Comunidad Andina de Naciones y crearon obstáculos para el proceso de integración energética auspiciado por Venezuela. En el Cono Sur, después de jugadas diplomáticas sutiles y coqueteos económico financieros del Departamento de Estado norteamericano, el presidente uruguayo Tabaré Vásquez que hasta ahora no ha hecho nada para el cambio prometido a su país, cedió a las tentaciones y firmó, a pesar de la fuerte oposición popular, un Acuerdo Marco sobre Comercio e Inversiones con Estados Unidos (TIFA) que en realidad constituye otra forma del TLC. Fue un golpe bajo al MERCOSUR y al proceso de integración de América Latina. En el otro lado del continente, Nicaragua su presidente ex sandinista Daniel Ortega, hizo una declaración que sorprendió hasta a sus seguidores diciendo que "el Tratado de Libre Comercio con EE.UU. beneficia el desarrollo nicaragüense", por lo que no permitirá que Nicaragua retire su apoyo al acuerdo. Estados Unidos intenta desviar a Brasil y Argentina de la alianza energética con Venezuela. Por eso, en vísperas del encuentro entre Chávez y Kirchner y la Cumbre Energética del Cono Sur, el Departamento de Estado está enviando a esos países a los subsecretarios para América Latina, Thomas Shannon, y a Nicholas Burns. Simultáneamente, el Comando Sur está fortaleciendo sus 32 bases militares de vanguardia en 32 países de América Latina y el Caribe bajo el pretexto de defensa de "intereses estratégicos y comerciales" norteamericanas. La nominación del siniestro John Negroponte como subsecretario de estado y el reinicio del entrenamiento de militares latinoamericanos en la Escuela de las Américas trae augurios del nuevo ciclo de la lucha, esta vez contra el "populismo radical". Hugo Chávez, Evo Morales y Rafael Correa deben preparar a su pueblo para la defensa de sus intereses. La reciente historia está demostrando que no funciona ningún acto de fuerza ni el del "dominio sin ocupar" mientras la voluntad de los pueblos y sus líderes se oponen a estos intentos.

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