«¡Ay! ¡Ay! La patria llorando está. Parecen gritos de parto, los que se oyen por allá»

| 14 de Febrero de 2007 a las 00:00
Por Mayra Pardillo Gómez, de Prensa Latina. Escrito el 22/09/2005 Entre las más bellas canciones del cantautor nicaragüense Carlos Mejía Godoy figura la dedicada a Las mujeres del Cuá, valerosas féminas que enfrentaron el horror y los vejámenes de la Guardia Nacional durante la dictadura de Anastasio Somoza Debayle. Había iniciado esta dinastía con el padre, Anastasio Somoza García -responsable del asesinato de Augusto C. Sandino (1895-1934)-, que fuera ajusticiado en 1956 por el poeta Rigoberto López Pérez y en cuyo acto heroico éste pierde la vida. Amanda Aguilar, hija de María Venancia -fue cocinera de Sandino, conocido como el General de Hombres Libres-, vivió junto a otras una tragedia que conmovió no sólo a los habitantes de este país centroamericano sino también a los del mundo. Vive en la comarca El Carmen, Rancho Grande, en el departamento (provincia) de Matagalpa, cuya cabecera está a 130 kilómetros al noreste de esta capital. Cumplió 115 años el 3 de mayo de 2005 y se llama realmente María de la Cruz, aunque la conocen como Petrona Hernández, mientras su seudónimo en la guerrilla era Amanda Aguilar. Datos consultados reseñan que con su madre se inició la tradición guerrillera, la cual le costaría la vida a ésta y a varios de sus descendientes. La intuición femenina se hace presente cuando Amanda cuenta cómo cuando ladraban los perros en la oscuridad salía y gritaba: '¡Ajá jodidos (una frase muy común entre los nicaragüenses), ojalá que me roben el chancho (cerdo), le voy a decir a la Guardia...!' 'Pero yo sabía que era la misma Guardia', dijo en mayo de 2004 entre risas, en entrevista para la revista Magazine, una publicación quincenal del diario La Prensa. El momento más dramático de esa colaboración revolucionaria ocurrió en 1968. La temida Guardia Nacional incendió sus viviendas y todas las mujeres y niños huyeron hacia el campamento guerrillero de Zinica, al norte del país, entre las montañas. Pronto descubrió la Guardia este lugar y aunque ellas pudieron escapar, en Santa María de Tasuá, en Bocay, fueron apresadas y enviadas al cuartel de El Cuá. El municipio Cuá-Bocay pertenece al departamento de Jinotega, cuya cabecera de igual nombre está a 162 kilómetros al noreste de esta capital. En total fueron 19 las mujeres llevadas al mencionado cuartel. Angelina Díaz Aguilar era la nuera de Amanda, madre de su esposo Jacinto Hernández, un comandante guerrillero asesinado por la Guardia en 1974, cinco años antes del triunfo de la Revolución Popular Sandinista, acaecido el 19 de julio de 1979. La persecución contra ellas, recordó a la Revista, comenzó desde que se incorporaron al sindicato con Bernardino Díaz, en 1966. Por esa época la Guardia llegaba a la finca El Carmen y les destruía en horas de la noche lo que habían cultivado por el día. Al ser capturadas y llevadas a El Cuá, sufrieron momentos terribles. 'Nos sacaban a medianoche y nos decían que nos iban a matar si no decíamos la verdad, que nos iban a desaparecer. A muchas compañeras las violaron. A la Martina la violaron y abortó. A la Cándida Martínez la violaron también', recuerda. Esta última era una 'chavala' (muchacha), casi una niña, cuando fue ultrajada por un guardia. No sabemos si le traicionó la memoria o fue un desliz periodístico, pero si bien ella menciona con el nombre de Martina a quien violaron y abortó, Mejía Godoy utiliza Matilde -quizás así lo quiso él-; el resto de los nombres sí se corresponden. El cantor dice: ...cuando a la pobre Matilde, la patrulla la agarró, la indita abortó sentada con tanta interrogación... Luego comprobamos que, según una proclama del 27 de mayo de 2001, el nombre que aparece es el de Martina González Hernández, aunque este hecho trivial no desvía nuestra atención de algo tan importante como es la esencia misma de cada una de estas vidas. Tras tres meses -otros textos indican que fueron seis meses de encierro- de angustias las liberaron y al poco tiempo María Venancia murió debido al maltrato físico padecido. Cuentan que a pesar de ser una anciana más que centenaria la subieron a una mula y la trasladaron en el animal durante muchas horas hasta encarcelarla, además de amenazarla de muerte. Aurelia Hernández, de 48 años, tampoco olvida el trago amargo que representó ese tiempo en el cuartel de El Cuá. 'Nos decían que nos iban a tirar del avión y nos echarían lejos, nos pegaban con la punta del rifle para que dijéramos la verdad'. Rememoró que a su tío Juan Hernández y a su primo Saturnino González Hernández 'los echaron al avión, a saber a dónde los fueron a dejar, porque se perdieron. Y también mataron a Jacinto Hernández, primo mío'. Ahora Facunda Catalina González, la esposa de Saturnino, tiene 68 años. 'Lo botaron del avión', recalcó ésta. Fueron dejadas en libertad, pero bajo la amenaza de asesinarlas si las volvían a capturar..., ellas siguieron en la lucha hasta el triunfo de la revolución. La triste historia fue narrada en una crónica periodística y a los pocos días salió a la luz un poema del sacerdote y poeta Ernesto Cardenal, inspirado en el dolor de estas mujeres, y otro del historiador Alejandro Dávila Bolaños. Basado en esos tres materiales, Mejía Godoy compuso su hermosa canción. Han transcurrido 37 años desde esta represión contra la mujer nicaragüense y unas han fallecido, otras residen en Matagalpa, en la llamada Costa Atlántica o Caribe y en Managua. Facunda Catalina cierra con una sentencia la entrevista, al afirmar que seguirá siendo sandinista 'hasta que me vaya de este mundo'. La melodía de Mejía Godoy empieza y concluye de igual manera: 'Voy a hablarles, compañeros, de las mujeres de El Cuá, que bajaron de los cerros, por orden del General. De la María Venancia y de la Amanda Aguilar, dos hijas de la montaña que no quisieron hablar'. Historias épicas donde ellas, humildes campesinas, leales y dignas, ocuparon un lugar importante en la lucha revolucionaria de este pueblo.

Otros datos históricos

Don Luis Felipe Kuan Altamirano cuenta que Las mujeres del Cuá eran campesinas originarias en su mayoría de Kuskawás, departamento de Matagalpa. Tenían fuertes vínculos políticos con el líder campesino antisomocista Bernardino Díaz Ochoa. Se habían integrado a la guerrilla y después de un combate son capturadas en la comarca El Bambú en las faldas del cerro Zinica a unos 20 kilómetros al este de San José de Bocay y traídas presas al cuartel de la Guardia Nacional en El Cuá. Fueron hechas prisioneras Matilde Hernández, María Venancia Aguilar, Luz Amanda Aguilar, Benigna Mendiola (que era de Rancho Grande), Petrona Hernández, Marling Hernández. También fueron afectados en la redada los campesinos Esteban y Juan Hernández. Ya en el cuartel de la Guardia Nacional de El Cuá, fueron salvajemente torturadas con el fin de conocer el paradero de los demás guerrilleros perseguidos y en especial saber donde ubicar a Bernardino Días Ochoa que era miembro del Directorio Nacional del FSLN. Al filo de la media noche los lamentos de las víctimas rompían el sepulcral silencio haciendo dormir a los vecinos con los ojos abiertos. Después del interrogatorio, fueron montados en helicóptero Luz Amanda Aguilar, Esteban Hernández y Juan Hernández y dejados caer sobre el cerro El Chachagón donde no fueron hallados nunca. Con el correr del tiempo este suceso caló la conciencia nacional que entre otras cosas inspiró al cantautor nicaragüense Carlos Mejía Godoy el que dedicó a las campesinas torturadas la muy conocida canción testimonial: "Las Mujeres del Cuá". Amanda Aguilar, María González Hernández, Facunda Catalina González Díaz, Angela Díaz, Luz Marina Hernández, Apolonia González Romero, Cándida María González Donaire, Esperanza Hernández García y Natividad Martínez. En Wikipedia, la enciclopedia gratuita de los internautas, así aparece la historia de las Mujeres del Cua: La lucha que el FSLN llevaba a cabo contra el régimen de Somoza y que finalizó con la entrada de los guerrilleros en Managua el 19 de julio de 1979 tuvo una etapa de acciones en las montañas. La comunidad del Cua, en Jinotega, dio cobijo a los miembros del Frente formando lo una especie de servicio de inteligencia que facilitaba las labores logísticas, como la transmisión de correo, la intendencia y la ocultación de guerrilleros. En 1968 la Guardia Nacional, cuerpo armado del gobierno nicaragüense, descubrió las acciones y realizó una campaña de represión y búsqueda de información en comunidad. Destruyó el pueblo y sus habitantes huyeron al campamento que los guerrilleros tenían en las montañas de Zinica (Matagalpa). Descubierto este por las fuerzas gubernamentales fue atacado y aunque pudieron huir fueron detenidas en Santa María de Tasuá, Bocay, y llevados a las instalaciones militares de El Cuá. Entre los arrestados había 19 mujeres Entre los actos de represión se encuentran torturas, vejaciones y desapariciones. Muchos de los miembros masculinos de la comunidad fueron desaparecidos haciéndolos saltar de aviones en vuelo. Las mujeres, que se negaron a hablar y dar información sobre las actividades de los miembros del Frente, sufrieron violaciones y todo tipo de vejaciones. El corresponsal del diario La Prensa en Matagalpa, Alberto Monzón Fornos, que había sufrido penas de cárcel por sus informaciones de denuncia por los abusos cometidos por la autoridades, denunció lo sucedido, dando toda clase de datos detallados, como más tarde reconocía Carlos Mejía Godoy, que popularizó la historia convertida en canción, "hay que tener muchos pantalones para decir con nombres y apellidos los nombres de los campesinos que fueron montados a un avión y ya jamás volvieron". Entre las mujeres que surgieron la represión están, María Venancia, Angelina Díaz Aguilar, Candida Martínez, Martina González Hernández, Aurelia Hernández, Facunda Catalina González, Natividad Martínez Sánchez y Amanda Aguilar (Petrona Hernández). Petrona Hernández, que se llama realmente María de la Cruz, y tiene como alias el de Amanda Aguilar, fue cocinera del General Sandino, Conocido como general de Hombres Libres por su lucha en los años 30 contra la ocupación estadounidenses del país centroamericano, en esa lucha y en los principios que fundamentó Sandino se fundo el FSLN. La relación de la comunidad con la guerrilla no solo era a través de Amanda Aguilar, Angelina Díaz era nuera de Amanda, su hijo Jacinto Hernández era comandante guerrillero muerto en 1975, y las fuerzas gubernamentales se habían fijado en la comunidad en 1966 al sindicarse junto a Bernardino Díaz. El poeta sandinista Ernesto Cardenal y el historiador Alejandro Dávila Bolaños compusieron sendos poemas recogiendo estos sucesos. Más tarde Carlos Mejía Godoy compuso, basándose en el mismo, una canción que tuvo gran difusión, Las Mujeres del Cua.

El poema de Ernesto Cardenal hecho canción por Carlos Mejía Godoy

Voy a hablarles compañeros de las mujeres del Cuá, que bajaron de los cerros por orden del General. De la María Venancio y de la Amanda Aguilar, dos hijas de la montaña que no quisieron hablar. ¡Ay! ¡Ay! A nadie vimos pasar. La noche negra se traga, aquél llanto torrencial. ¡Ay! ¡Ay! La patria llorando está. Parecen gritos de parto, los que se oyen por allá. Dicen que a Chico González, no lo volvieron a ver. De noche se lo llevaron para nunca más volver. A Esteban y Juan Hernández, los subieron al avión, y al aterrizar más tarde, ya nadie más los miró. A la Cándida Martínez, un guardia la conminó: "vení chavala –le dijo– lavame este pantalón". La cipota campesina fue mancillada ahí nomás, y Tacho desde un afiche, reía en el taquezal. ¡Ay! ¡Ay! A nadie vimos pasar. La noche negra se traga, aquél llanto torrencial. ¡Ay! ¡Ay! La patria llorando está. Parecen gritos de parto, los que se oyen por allá. Retoñaban los quequisques, estaba la milpa en flor, cuando a la pobre Matilde la patrulla la agarró. La indita abortó sentada con tanta interrogación. Me lo contó la quebrada que baja del Septentrión. Voy a hablarles compañeros de las mujeres del Cuá, que bajaron de los cerros por orden del General. De la María Venancio y de la Amanda Aguilar, dos hijas de la montaña que no quisieron hablar. ¡Ay! ¡Ay! A nadie vimos pasar. La noche negra se traga, aquél llanto torrencial. ¡Ay! ¡Ay! La patria llorando está. Parecen gritos de parto, los que se oyen por allá.