Vladimir Guerrero, último latino en sumarse a Cooperstown

Washington. Agencia PL | 6 de Agosto de 2018 a las 08:23
Vladimir Guerrero, último latino en sumarse a Cooperstown

El último exjugador latinoamericano y caribeño de las Grandes Ligas de béisbol estadounidense en acceder al Salón de la Fama de Cooperstown, Nueva York, responde al nombre de Vladimir Guerrero, de República Dominicana.

La ceremonia de exaltación en el recinto sagrado se produjo el último 29 de julio y estuvieron presentes centenares de aficionados dominicanos, la mayoría con atuendos deportivos alusivos al homenajeado.

Guerrero se convirtió en el tercer quisqueyano con el anhelado reconocimiento, sueño de casi todos y realidad de muy pocos, y en el primer otrora pelotero de su país en el llamado Templo de los Inmortales que no se desempeñó como lanzador.

Durante 16 temporadas en el 'Big Show' desde 1996 hasta 2011, las primeras ocho con el desaparecido club canadiense Expos de Montreal, el toletero disparó 449 jonrones, impulsó mil 496 carreras y su promedio ofensivo fue de .318.

Conectó dos mil 590 hits, 477 dobles y 16 triples, pisó mil 328 veces el home, recibió 737 bases por bolas, se ponchó en 985 ocasiones, y estafó 181 almohadillas en dos mil 147 partidos.

De esa cantidad total de choques, en mil 608 se desempeñó como jardinero, siempre derecho, menos dos veces que ocupó la pradera central y una la izquierda.

Guante en mano, acumuló tres mil 420 lances, logró tres mil 169 outs, tuvo 126 asistencias y cometió 125 errores para un average defensivo de .963.

Nueve veces fue convocado al Juego de las Estrellas, conquistó ochos bates de plata y en 2004 resultó el Jugador Más Valioso de la Liga Americana con el uniforme de Angelinos de Anaheim.

Además de las seis campañas junto a ese último elenco, el también designado sumó una per cápita con Vigilantes de Texas y Orioles de Baltimore antes de verse obligado al retiro por lesiones en sus rodillas.

En el mencionado acto, al aire libre, Guerrero agradeció a su familia y a Dios por los logros como ligamayorista desde los 21 hasta los 36 años de edad.

También durante el breve discurso, característico de su poco hablar como fue en la etapa de deportista, reconoció a Montreal y Canadá, y la guía de sus dos directores de más tiempo en la Gran Carpa: el también dominicano Felipe Rojas Alou y Mike Scioscia.

Sé que no hablo mucho, pero me siento contento de entrar en el Salón de la Fama con este grupo, jugué con algunos y los vi jugar, expresó el oriundo del pequeño poblado de Don Gregorio, de la sureña provincia de Peravia.

Dicho domingo ingresaron además al Salón de la Fama Chipper Jones, Jim Thome y Trevor Hoffman, elegidos como Guerrero a principios de 2018 por la Asociación de Escritores de Béisbol de América, y Jack Morris y Alan Trammell, seleccionados por el Comité de Veteranos.

Particularmente, el dominicano alcanzó más del necesario 75 por ciento de los votos de los electores para tener su placa en la instalación de Cooperstown durante su segundo año en la boleta.

Jones, custodio del tercer cojín la mayor parte de su carrera de 19 campañas solo con Bravos de Atlanta, fue campeón de la Serie Mundial en 1995.

A sus estadísticas personales llevó 468 bambinazos, mil 623 carreras remolcadas y 303 de promedio al bate, y en 1999 resultó el Jugador Más Valioso de la Liga Nacional.

Thome pegó 612 cuadrangulares en 22 campañas con Indios de Cleveland, Filis de Filadelfia, Medias Blancas de Chicago, Mellizos de Minnesota, Dodgers de Los Ángeles y Orioles de Baltimore.

Esa cantidad de batazos de cuatro esquinas ubica al exjugador, cinco veces seleccionado para el partido de las estrellas, en el octavo puesto de todos los tiempos entre los jonroneros.

Por su parte, Hoffman clasifica como el segundo relevista de más juegos salvados en las Grandes Ligas estadounidenses con 601, por detrás del panameño Mariano Rivera (652), quien en 2019 debe sumarse a los inmortales.

Durante 18 temporadas con Marlins de Florida, Padres de San Diego y Cerveceros de Milwaukee, Hoffman lanzó mil 89 innings y un tercio, su promedio de carreras limpias fue de 2,87 y ponchó a mil 133 rivales.

Morris también estuvo activo como lanzador la última cantidad de años mencionada, y con Tigres de Detroit, Mellizos, Azulejos de Toronto e Indios ganó 198 desafíos y perdió 150.

Retiró a mil 980 contrarios por la vía de los strikes, y conquistó tres clásicos de otoño, incluido el de 1991, cuando bajo el uniforme de Minnesota resultó el Jugador Más Valioso.

A lo largo 20 contiendas, de 1977 a 1996, el casi siempre torpedero Trammel acaparó cuatro guantes de oro, tuvo seis convocatorias al desafío de luminarias, y se hizo de tres bates de plata.

Con Tigres, su único club, conquistó la Serie Mundial de 1984, y a la satisfacción colectiva adicionó el premio de Jugador Más Valioso de esa instancia decisiva.

LATINOS EN COOPERSTWON

El puertorriqueño Roberto Clemente, fallecido en un accidente aéreo el 31 de diciembre de 1972, resultó el primer pelotero latinoamericano en el Salón de la Fama, en 1973.

Tal caso representa uno de los pocos en los cuales el comité de aceptación de Cooperstown no esperó los cinco años reglamentarios para conceder el alta entre los inmortales.

Una década después ingresó el lanzador dominicano Juan Marichal, y posteriormente lo hicieron el torpedero venezolano Luis Aparicio, en 1984, el jugador de cuadro panameño Rod Carew (1991), y el inicialista boricua Orlando Cepeda (1999).

Igualmente, se sumaron el primera base cubano Anastasio 'Tany' Pérez (2000), el camarero puertorriqueño Roberto Alomar (2011), el pitcher quisqueyano Pedro Martínez (2015) y el receptor boricua Iván Rodríguez (2017).

Además, dicho recinto acoge, seleccionados por el Comité Especial de las Ligas Negras, a los peloteros de Cuba: Martín Dihigo (1977), José de la Caridad Méndez (2006) y Cristóbal Torriente (2006).

(*) Corresponsal de Prensa Latina en Estados Unidos yas/