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Derecha venezolana promueve políticas de mano dura con fines electoreros

Caracas. AVN. | 3 de Abril de 2012 a las 00:00

Históricamente, los sectores más reaccionarios de las sociedades latinoamericanas han apostado por la "mano dura" y "extra dura" contra la violencia como carta electoral, recordó este martes Pablo Fernández, integrante de la Comisión Presidencial para el Desarme, creada por el gobierno venezolano en 2011.

Durante una entrevista en el programa Agenda Abierta, que transmite Telesur, Fernández explicó que el discurso de la derecha venezolana para abordar la violencia tiene dos orientaciones: los "amigos de la mano dura" y los partidarios de revivir "experiencias fracasadas".

En ambos casos, agrega el especialista, se revela el desconocimiento o la negación de las políticas de seguridad desarrolladas por el gobierno de Hugo Chávez.

En contrapartida, las soluciones pensadas por los gobiernos progresistas se fundan en una visión humanista del conflicto social y optan por tomar en cuenta aspectos marginados por las políticas tradicionales para combatir la inseguridad.

El desarme, la reforma policial, la creación de una universidad de la seguridad y el combate contra el narcotráfico son los ejes que constituyen la política comunitaria del gobierno venezolano, detalló.

La reforma policial tiene por objetivo una transformación del modelo represivo y corrupto a uno que se funde en valores comunitarios. De allí la profesionalización de la labor, plan que se complementa con la destrucción de 300.000 armas en los últimos cuatro años.

Al caracterizar la violencia en Venezuela, Fernández dijo que solamente 15% de los homicidios están vinculados a un hecho delictivo, como el robo; la mayoría de los casos responde a conflictos interpersonales, como ajustes de cuentas y enfrentamientos entre pandillas.

Una política que quiera abordar este punto, explicó, debe rescatar variables de carácter social y cultura marcadas por un modelo económico que ha pervertido las relaciones interpersonales y ha arrojado a los jóvenes a una lógica de consumo distorsionada.

Insistió en que las soluciones deben ser construidas de manera mancomunada y ser asumidas por los gobiernos de la región como parte de políticas conjuntas y no como cruzadas individuales.

 


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