Cartagena, atrapada entre dos tiempos

Cartagena, de Indias, Colombia. Por Adalys Pilar Mireles*/PL | 23 de Noviembre de 2015 a las 09:56

Célebre por su puerto desde la época de la colonia, Cartagena de Indias regala escenas de varios siglos que coexisten en espacios paralelos, dentro y fuera de sus vetustas murallas, conservadas con celo a orillas del Caribe colombiano.

Las bocas o aberturas entre rocas, concebidas otrora para entrar a la fortificada ciudad, permiten transitar en apenas minutos desde el centro histórico donde perduran aún parques y edificaciones del siglo XVI, hasta la faz moderna en la que asoman rascacielos y amplias avenidas.

En el corralito de piedra, como nombran los lugareños a la parte antigua, abundan las plazas adoquinadas, las carrozas o amplias calesas, viviendas de balcones con enredaderas y verjas, monumentos e inscripciones referidos a un pasado del que los cartageneros no pueden ni quieren desligarse.

Fiel exponente de períodos pretéritos, la catedral de Santa Catalina de Alejandría acoge cada domingo a nativos y extranjeros al interior de un espacioso salón que comenzó a erigirse en 1575.

El santuario San Pedro Claver, un templo de culto católico construido de 1580 a 1654, sobresale igualmente entre las reliquias de la urbe, además del convento de La Popa (1611) y el castillo de San Felipe (1536), fortificación militar sobre el cerro de San Lázaro, visible en muchos puntos de la localidad.

Cautiva también a los recién llegados la Torre del reloj, de unos 180 años de historia, situada frente a la que fue la principal entrada del poblado intramuros y el muelle de Los Pegasos, recién remozado.

La estatua de bronce levantada en honor a la india Catalina es otro de los puntos frecuentados por los viajeros.

Luego de admirar el monumento los caminantes preguntan por la historia detrás de la obra artística, la cual reverencia a la integrante de la etnia Calamarí convertida en intérprete y en una de las mujeres más ricas del poblado, gracias a su romance con un español.

Establecido en el asentamiento en 1610 y activo durante dos centurias, el Palacio de la Inquisición permanece intacto aunque en su interior sobreviven escasos vestigios documentales de ese capítulo, algunos recuperados gracias a la contribución de archivos existentes en otras naciones, explicó a Prensa Latina Moisés Álvarez, director del Museo Histórico.

Según datos recopilados durante pesquisas, el tribunal de Cartagena de Indias (tercero de su tipo en América Latina) investigó, procesó y castigó a 900 personas en el transcurso de 200 años, cinco de ellas enviadas a la hoguera por el presunto delito de herejía.

El complejo de casonas donde funcionó el centro de juzgamiento y castigo permanece abierto al público, el reto ahora es buscar elementos sobre la identidad de los hombres y mujeres investigados, torturados y sancionados en estos predios, añadió el estudioso.

Entre los personajes apresados estuvo una mulata de origen dominicano capturada en la capital cubana y enviada a Colombia a quien luego de un largo período de acusaciones por brujería no lograron ajusticiar.

Ante la expectativa de que se alcance la paz en el país -dijo-, la institución amplía su diapasón con investigaciones de procesos más recientes como el conflicto interno sufrido por los habitantes de la nación andina.

No faltan en la ciudad referencias a su homóloga en el Caribe, con la presencia del Café Havana y de una franquicia de la famosa Bodeguita del Medio, sin hablar de la preferencia por los puros elaborados en la isla y el arraigo del son.

Más animada que de costumbre la urbe, patrimonio mundial, recibe siempre por estos días a numerosos viajeros atraídos por la fama de las fiestas de independencia, llamadas también aquí como novembrinas, cuando los lugareños recuerdan la emancipación de Cartagena del dominio español, en noviembre de 1811.

El jolgorio a manera de carnaval llena de alegría incluso a la Calle de la Amargura, uno de los emblemáticos pasajes del lugar, habilitado con mesas e improvisados escenarios para disfrutar de la música, platos típicos y de bailes populares.

Pero más allá de la conmemoración local, los turistas aprovechan la oportunidad para tocar con las manos los altos muros que defendieron a Cartagena de piratas y corsarios, admirar los cañones enfilados hacia el mar Caribe y de paso bañarse en sus playas custodiadas por pelícanos.

Originales en más del 90 por ciento del conjunto, esas paredes son restauradas exclusivamente por los artífices de la Escuela Taller, donde los jóvenes reciben capacitación en oficios tradicionales como la reparación y mantenimiento de viejas construcciones.

Caminando sobre las murallas es posible divisar gran parte de los íconos de ese paraje como antiquísimas fortalezas, parques y monumentos, un museo vivo donde permanecen abrazados pasado y presente.